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Carmen González Huguet:
Me siento más cómoda escribiendo
poesía
Su suave voz, pausado hablar y sencilla presencia
apenas revelan la intensidad de su personalidad, la
que ha dado vida a tantas obras literarias ganadoras
de certámenes.
Por Betty Carranza
Confiesa
padecer de terror escénico. Sólo pensar
en pararse frente a un auditorio repleto la intimida,
pero es capaz de volcar lo más profundo de
sus sentimientos en los textos, ya sean narrativos
o poéticos.
La autenticidad y la riqueza de su obra la han llevado
a recibir múltiples galardones, tanto en
el país como en el extranjero.
Palabra de diosa es el último
poemario que ha sido reconocido con el Premio Internacional
de Poesía Rogelio Sinán 2005, otorgado
por la Universidad Tecnológica de Panamá,
el pasado abril, convirtiéndose en la primera
mujer en recibir tan alto honor en casi una década
que se entrega dicho premio.
Su última novela galardonada es En
busca del paraíso, con la que acaba
de ganar los X Juegos Florales de novela corta que
la Alcaldía de San Salvador convoca con motivo
de las fiestas agostinas.
Si bien los premios no son su razón de ser,
sino escribir en sí mismo, han sido siempre
una motivación para seguir en este duro arte,
sobre todo estos dos últimos que han llegado
justo después de debatirse entre la vida
y la muerte. En marzo de este año, a partir
de una crisis cardíaca tuvo que ser sometida
a una cirugía de corazón abierto,
le colocaron una válvula artificial y en
dos ocasiones perdió los signos vitales por
unos segundos.
Hace un par de meses, con 50 libras menos de peso
y ya recuperada volvió a asumir los roles
de su vida normal: madre, esposa, catedrática
y escritora, pero ahora con una visión distinta.
Esa experiencia ha tenido un efecto, a pesar
de todo positivo; primero se me quitó el
miedo a la muerte, y segundo he empezado a arreglar
todas mis cosas para no dejar deudas ni kármicas
ni económicas, asegura.
Desde siempre
Ahora su obra se torna más reflexiva, sobre
todo con respecto a la muerte. Atrás han
quedado los días en que su emergente potencial
artístico estaba enfrascado en crear cuentos
infantiles, cuando ella apenas tenía nueve
años y estudiaba en el Colegio Sagrado Corazón.
Bajo la pluma de grandes escritores como Alejandro
Dumas, Emilio Salgari y Julio Verne conoció
el mundo de la narrativa, por ello su incursión
como escritora fue dentro de esta tendencia. Entonces
la poesía me parecía una cosa
muy difícil, recuerda, a pesar de que
en su casa leer y escribir era de lo más
normal. Su padre y su madre escribían poesía,
pero como algo íntimo, que muy poco compartían.
Su encuentro con la poesía ocurrió
hasta su adolescencia, cuando a los 12 años
su padre le regaló el libro Rimas,
de Gustavo Adolfo Bécquer, y a partir
de ahí me gustó la poesía,
afirma Carmen mientras cruza la pierna y deja entrever
sus calcetines blancos y sus cómodos zapatos
de amarrar de cuero volteado, tipo burros.
Bajo la tutoría de don Víctor Santos,
su maestro de idioma nacional de tercer ciclo, aprendió
las bases de la lengua española y percibió
ese gusto por la poesía. Nos leía
bastante, nos recitaba de memoria a Rubén
Darío y a Pablo Neruda; tenía una
voz preciosa y era delicioso escucharlo, asegura
en su inspirada forma de expresarse.
Fue
un gran estímulo para hacer poesía.
La lectura y la escritura se convirtieron en una
adicción para aquella niña tímida
que pasaba horas refugiada bajo el hechizo de los
libros de la biblioteca del colegio, pero aún
así no veía las letras como una opción
de vida.
Tiempo de cambio
Terminó el colegio justo a finales de los
años 70, cuando el país empezaba a
tornarse convulso y la Universidad de El Salvador
(UES) estaba cerrada. Su aspiración de estudiar
química y farmacia tuvo que enrumbarse hacia
la única opción disponible: ingeniería
química en la UCA.
Se casó muy joven. A los 20 años ya
trabajaba, tenía responsabilidades de hogar
y había perdido a su primer hijo, luego de
diez días de nacido. Una de las cosas
que más me ha dolido en la vida, confiesa
con los ojos humedecidos. Además, toda su
familia de origen, sus padres y hermanos, habían
emigrado a Estados Unidos porque se sentían
amenazados con el incipiente conflicto armado.
Reabrieron la UES y Carmen continuó ahí
sus estudios, pero en 1980 la volvieron a cerrar
y se dedicó en exclusiva a su trabajo como
secretaria.
Sus intenciones de coronar
una carrera profesional continuaron latentes, pero
sus responsabilidadas ya no le permitían
optar por una carrera a tiempo completo como la
ingeniería, sino una que impartiera las clases
después de las cuatro de la tarde. Lo
que pesó en la decisión de estudiar
Letras fue una cosa tan peregrina como el horario,
reflexiona esta mujer de piel blanca y expresivo
rostro carente de maquillaje.
Empezó a llegar de oyente a las clases de
profesorado en letras de la UCA y fueron las amenas
clases del también escritor Francisco Andrés
Escobar las que la convencieron de inscribirse,
además del incidente de cuando siendo aún
alumna oyente (no inscrita) y sin conocerla, Escobar
le pidió que fuera instructora, bajo el argumento
de que tengo la intuición que usted
sería buena instructora.
Escribir, su trabajo
Aun sin la preparación académica específica,
Carmen escribía poesía y lo hacía
muy bien. En 1981 obtuvo su primer triunfo en las
letras, cuando ganó el segundo lugar en los
Juegos Florales de Zacatecoluca y desde entonces
ha sometido a concurso muchas de sus obras, no sólo
en poesía, sino también en cuentos
y novelas cortas.
Con mucho esfuerzo terminó primero el profesorado
y luego la licenciatura en letras. Tuvo a su hijo
Sergio, ahora de 19 años, y pasó por
un duro divorcio, pero siguió adelante con
pluma en mano escribiendo de diferentes temáticas,
desde la poesía social, el tema amoroso hasta
la identidad de la mujer, temáticas de sus
libros Oficio de mujer y Palabra
de diosa.
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La gente no entiende
el estrés que implica estar tratando
de decir algo y no conseguirlo del todo,
buscar la palabra justa y encontrarle una
expresión adecuada. Eso le sigue
pasando a uno, no importa cuánto
tiempo tenga de escribir.
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Volvió a enamorarse,
ahora de Francisco Arturo Escobar, con quien procreó
a su segundo y último hijo Francisco, de
10 años. En el trabajo empezó a ejercer
la docencia intercalada con el desempeño
de diferentes cargos como creativa publicitaria,
asistente de comunicaciones, investigadora literaria
y jefa de la Dirección de Publicaciones e
Impresos. Desde 1997 a la fecha es profesora a tiempo
completo de la Universidad Dr. Matías Delgado
en la facultad de Comunicaciones.
Pero la tarea que nunca ha abandonado es escribir
como una profesión que le demanda tiempo
y disciplina, aunque no siempre es entendida como
tal. Hay gente que piensa que es un hobbie,
se queja mientras abre sus grandes ojos cafés
en señal de incredulidad, y agrega es
necesario trabajar mucho. A veces sí es muy
gratificante, pero otras no; uno se abre las tripas
y tiene que escribir cosas dolorosas, explica.
De hecho, su último poemario Palabra
de diosa fue una forma de vivir el duelo,
ya que a inicios de año murió su mamá.
Lo escribí llorando y hecha pedazos
emocionalmente, reconoce. Pero la vida sigue
y Carmen ahora está comprometida con terminar
su tercera novela corta y un poemario que tiene
ya avanzado, y su gran sueño es ganar un
premio monetario muy grande (como la lotería)
para tener capital suficiente para producir libros.
La verdadera dimensión
de escribir
¿Como
es el proceso de crear?
La gente no se imagina lo difícil que es.
Es muy exigente si uno lo asume en serio, con oficio.
Es un trabajo como la carpintería, que implica
tiempo, disciplina y un gran compromiso con lo que
uno está haciendo. Es un oficio de largo
aprendizaje; uno tiene que leer mucho. El momento
en que uno vuelca una serie de ideas en el papel
es el principio del proceso, pero después
hay que revisar esos textos, corregir, modificar,
botar.
¿Duele botar algo?
Sí, es como estarse mutilando, es estar botando
una parte de mí misma, pero hay que tener
la honradez y la objetividad de decir esto
no sirve. Tener claridad y hacerlo sin lástima,
porque no es cortarse una uña, es cortarse
un dedo. Uno se enamora de las cosas que ha hecho.
Con suerte de lo que uno escribe, el 15% vale la
pena.
¿Usted escribe todos
los días?
Trato, aunque no siempre lo consigo. Trato de escribir
por lo menos una página, un párrafo
o un renglón, aunque sepa que ese texto no
va a quedar, porque los ejercicios son necesarios,
así como para los atletas. Si uno lo deja
un tiempo, cuesta más retomarlo y además
el aprendizaje en esto no termina, uno no puede
decir ya llegué.
¿Tiene algún
ritual a la hora de escribir?
Todos los escritores tienen sus manías. La
poesía sólo la puedo escribir a mano,
en cuadernos con lápiz o con tinta, pero
no en computadora; directamente al teclado no me
sale. La prosa sí, todo lo que es ensayo,
narrativa, artículos, teatro, eso sí
en la computadora. Además, escribo en cualquier
momento, siempre ando mi libreta por si se me ocurre
algo lo anoto, así sea en la espera del dentista
o en la cola del banco.
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Preseas
literarias
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Juegos Florales de Zacatecoluca (segundo
lugar y menciones de honor, poesía,
1981, 1982 y 1997).
Juegos Florales de San Salvador (segundo
y primer lugar, poesía, 1986 y 1987).
Juegos Florales de San Miguel (segundo
lugar, poesía, 1988).
Juegos Florales de Nueva San Salvador (primeros
lugares, cuento y poesía, 1989).
Juegos Florales de Ahuachapán
(primer lugar, poesía, 1997).
Juegos Florales de Santa Ana (mención
honorífica, poesía, 1997).
Juegos Florales de Cojutepeque (primer
lugar, cuento, 1997).
Juegos Florales de San Vicente (primer
lugar, poesía, 2000).
Premio Wang Interdata (San Salvador,
segundo lugar, poesía, 1988).
Premio de la Comisión Interamericana
de Mujeres (capítulo de El Salvador,
como la mujer más destacada en la rama
de Letras, 1987).
Mención de honor en el Certamen
Nacional UCA Editores (San Salvador, 1989,
con su poemario Testimonio).
Juegos Florales Hispanoamericanos (Quetzaltenango,
Guatemala, 1999, obtenido gracias a su poemario
Locuramor).
Nombramiento como Maestre del Gay Saber
(San Salvador, Concultura, 2000).
Premio Internacional de Poesía Rogelio
Sinán 2005, otorgado por la Universidad
Tecnológica de Panamá.
X Juegos Florales de Novela Corta de
la Alcaldía de San Salvador, 2005.
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