En marcha al éxito
Cristina López

Es una joven promesa del deporte nacional que ha cumplido su misión, y también sorprendido al poner en alto el nombre de El Salvador.

Por Betty Carranza

Fotos: EDH

Acaparó los titulares de los medios deportivos nacionales e internacionales a inicios de junio. La razón: ganó la XIX Edición del Gran Premio Internacional Cantonés de Marcha de La Coruña, España.

Llegó a competir como una más del pelotón; jamás su nombre se mencionó entre las favoritas, como el de la alemana o el de la rusa, pero por primera vez una salvadoreña se impuso a las europeas, gracias a su disciplina y a su coraje, el mismo que ha marcado la marcha en varias etapas de su vida.

Nació en octubre de 1982 en Ozatlán, Usulután, siendo la cuarta de cinco hermanos. Su padre, José Rodríguez, se dedicaba a la agricultura, y su madre, Élida Cristina López, a los quehaceres del hogar.

Cristina tenía sólo ocho años cuando don José falleció de un infarto cardiaco y su familia quedó desprotegida en una zona afectada en ese momento por la guerra.

Por ello, su tía Herminia López corrió al auxilio de su hermana Élida e hijos, y de un día a otro Cristina y su familia se mudaron a la capital, a la colonia La Milagrosa, en las afueras del kilómetro ocho de la carretera Troncal del Norte, donde aún vive con su numerosa familia: tres de sus hermanos, su madre, el abuelo, dos primos, su hija y dos sobrinos.

En Ozatlán no había podido empezar la escuela y en la ciudad tampoco le fue posible de inmediato.

La marchista no es una novata. Eso lo demuestran su colección de 35 medallas, tres trofeos y varios reconocimientos.

“Era una colonia muy sola, con pocas casas y no conocíamos a la gente; por eso mi tía tuvo miedo de mandarnos a la escuela”, recuerda la marchista de ojos pequeños y vivaces.

El temor estaba justificado. De su casa a la escuela más cercana, la del cantón Calle Real, se demora unos 20 minutos a pie pasando por una accidentada calle de tierra y atravesando la carretera.

Por ello, Cristina pudo ingresar a primer grado hasta que cumplió 10 años.

Aun así fue una época agradable para Cristina, una niña dedicada a su familia y al estudio, y que en la escuela solía ser premiada por sus buenas notas.

A los 14 años, cuando cursaba cuarto grado, su profesor de educación física alcanzó a percibir el potencial de esta jovencita de tez morena y largas piernas, y la invitó a correr tres veces por semana, a veces dentro de la escuela y otras a la orilla de la carretera.

Acertada decisión


Siguió practicando atletismo y, sin proponérselo, preparando su cuerpo para los retos que vendrían después. Cuando terminó el sexto grado, aprovechó sus vacaciones escolares para ir al INDES a preguntar si podía integrarse en algún deporte, y la respuesta fue positiva.

“Maca”, como llaman cariñosamente al entrenador Nino Rigoberto Medina, ha sido clave para el éxito de Cristina.

Se encontró con Guillermo Hernández Moret, entrenador cubano especialista en marcha, que de inmediato la aceptó para formarla en esta disciplina.

Cristina aceptó el reto, aunque “no tenía idea en qué consistía la marcha”, reconoce con su vocecilla de niña de 12 años.

Inició los entrenos con el mismo empeño con el que corría antes, pero ahora con una dirección técnica mucho más especializada, a manos de su entrenador, quien se convirtió en su principal apoyo para su crecimiento como deportista.

Los resultados no se hicieron esperar. Luego de dos meses de entrenos empezó a competir y a ganar en torneos locales.

A medio año, cuando estaba cursando séptimo grado, su destacada participación en la pista le abrió la oportunidad de integrarse a los programas educativos para atletas del INDES, por lo que dejó su escuela y los continuó en la Villa Olímpica hasta terminar el noveno.

Asumió otro estilo de vida, totalmente marcado por la marcha. El estudio, la alimentación y hasta el tiempo de descanso se determinaban en función de las horas de entreno.

En la pista es toda una guerrera, pero frente a Mónica salta toda su ternura de madre.

Su primera aparición en los medalleros internacionales fue en Argentina, donde se realizó el torneo Panamericano Juvenil de Atletismo en el 2001.

Ahí ganó el ansiado oro y con ello se coronó como la primera salvadoreña que obtenía una medalla en marcha a nivel panamericano. Participó en otras competencias nacionales y extranjeras y siempre logró posiciones destacadas.

Continuó perfeccionándose en el dominio de la técnica, lo más difícil de esta disciplina.

“En la carrera sólo se corre; en cambio, lo que me gustó más de la marcha es la técnica.

Se tiene que mover bien la cadera, poner bien el talón y entroncar la rodilla. No es algo que se aprenda de la noche a la mañana”, explica Cristina.

Mala racha

Su mirada ahora está puesta en el mundial de atletismo que se realizará en agosto en Finlandia.

De hecho, la técnica es lo que evalúan en las competencias. Cada 10 metros hay un juez que verifica no sólo el tiempo, sino la perfección del movimiento de los marchistas. Si alguno salta o simplemente no coloca bien el talón, le sacan una paleta en la primera y segunda falla como una advertencia, pero a la tercera, el atleta es descalificado con una paleta roja.

—¿Te han sacado la paleta roja en alguna competencia? —le preguntamos.
—Sí, en el 2002 fui a competir a Costa Rica. Andaba bastante mal con dolores en las piernas. Competí y gané, pero hice mal un movimiento y me descalificaron justo en la meta —confiesa Cristina.
No era una competencia más; era clasificatoria para participar en los Juegos Centroamericanos del 2002, cuya sede fue precisamente en nuestro país.

—¿Cómo te afectó?
—Me decepcionó. En verdad anhelaba competir en los Juegos y como no pude entrar mejor me salí por completo —agrega mientras su siempre sonriente rostro se torna serio.

Todo parecía estar en contra de Cristina. Recién había fallecido su impulsora incondicional, su tía Herminia, luego de una larga enfermedad, lo que la dejó muy triste y desmotivada y a toda la familia sumida en una crisis económica; por otro lado, empezaba a tener problemas con su entrenador.

Con el triunfo en La Coruña, España, Cristina se ubicó en el lugar 14 del ranking mundial.

En efecto, a finales del 2002, sin mirar atrás, dejó todo ese mundo deportivo que se había convertido en su razón de ser en los últimos años.

Cambio de rumbo


Hizo sus maletas y buscó el apoyo de su hermano residente en Estados Unidos. Emigró al Norte, como cientos de miles de mujeres, en busca de trabajo —y del sueño “americano”— y lo encontró.

Estuvo dos meses en la fría Minnesota y laboró en una fábrica de CDs. Volvió al país “para no perder la visa”, asegura Cristina, y alzó vuelo de nuevo hacia el Norte, siempre a trabajar, pero esta vez encontró más que un empleo.

Conoció al amor de su vida, José Melvin Arita, hondureño también emigrante, quien la llama con frecuencia y continúa siendo su compañero de vida aun en la distancia.

Cristina estuvo seis meses allá y regresó a El Salvador con una criatura en su vientre. Su aspiración por construir una familia unida la hizo emprender el camino de regreso al lado del padre de su hija, pero las autoridades norteamericanas ya no la dejaron ingresar a los Estados Unidos.

En junio del 2001 dio a luz a Mónica Michelle, una hermosa y saludable bebé que desde entonces se ha convertido en la razón de su vida. “Ahora las cosas las hago con más seriedad porque tengo a alguien por quien salir adelante, superarme; uno se siente más responsable”, afirma.

Sus compañeros de marcha son su otra familia. Para ellos, los triunfos de Cristina se han vuelto una motivación.

A pesar de que cuenta con el apoyo del padre de su hija, buscó un empleo en una fábrica de ropa cuando la bebé tenía sólo un mes.

Estar encerrada en un solo lugar durante 12 horas le resultó una experiencia nada agradable que la hizo decidirse a volver a lo que tanto disfruta: la marcha.

Se presentó al INDES de nuevo y fue acogida de inmediato.

A pesar de haberse alejado por dos años de las pistas, no había perdido su condición física y la adaptación fue rápida gracias a la dirección de su nuevo entrenador, el cubano Nino Rigoberto Medina.

Tras el oro
Ahora los días de esta joven madre de 22 años inician a las cuatro de la mañana. Camina desde su casa hasta la Troncal, aborda el bus y se dirige al estadio “Mágico” González, donde inicia su entreno de dos horas a las 5:00 a. m. junto al resto del equipo de marcha.

No era la favorita, nadie la esperaba, pero Cristina se impuso en La Coruña, España.

Las madrugadas no son fáciles, sobre todo porque deja a Mónica aún dormida y a cargo de su prima Evelyn, pero “es un deber, es la única forma de sacarle provecho al entreno”, explica Cristina.

Su especialidad en marcha son los 20 kilómetros y trata de cubrirlos a diario mientras la luz del sol aún es tenue para gastar menos energía y concentrarse en la técnica.

Después del entreno matutino se dirige a la Villa Olímpica, desayuna y a las 9:30 está recibiendo clases de primer año de bachillerato. Al mediodía es la hora del almuerzo y luego tiene una hora más para descansar y recobrar fuerzas para hacer su entreno de la tarde que termina a eso de las 6:00 p. m., y sólo entonces retorna a casa para jugar con su pequeña hija, dormirla y después dedicarse a hacer las tareas escolares.

Todo el esfuerzo ha valido la pena. Su colección personal de 35 medallas, tres trofeos y otros tantos reconocimientos lo demuestran. Por supuesto, el oro conseguido en España es su logro más importante hasta hoy, no sólo por haberse impuesto a la europeas, sino porque “hice algo que impresionó al país”, reconoce con sencillez.

De eso no cabe duda. Desde su regreso de España no ha dejado de figurar en los noticieros y páginas deportivas, aunque sentirse observada por las cámaras le ha resultado incómodo, lo acepta con resignación; en fin, ha logrado resaltar la importancia de esta disciplina poco conocida y poco apoyada financieramente.

Ahora Cristina goza de una beca que le significa un respiro económico y el equipo de marcha ha recibido el respaldo de patrocinios con empresas como Industrias La Constancia.

Su última hazaña ha sido la medalla de oro ganada en Nassau, Bahamas, justo el domingo 10 de julio, en el XX Campeonato Centroamericano y del Caribe de Atletismo Mayor.

Por supuesto, su prioridad es continuar desarrollándose como marchista, ganar más competencias como el Mundial de Finlandia, donde ya tiene asegurada una plaza y, por qué no, conseguir el oro olímpico.

Pero sus planes a largo plazo van más allá: quiere culminar su bachillerato y continuar la licenciatura en deportes y dedicarse a esto el resto de su vida, ya sea como atleta o como entrenadora; además está en la búsqueda de establecer un negocio para invertir lo que gane como marchista y poder darle a su hija una buena educación y mejor calidad de vida.

En plena
competencia, Cristina mostró lo mejor de su técnica.
La medalla ganada en Bahamas la dedicó a su hija, a su familia, a su
entrenador y a su país.
No importa el
cansancio, Cristina siempre está dispuesta a dar más.

En sus palabras

¿Qué se siente regresar a las pistas?
Se siente bonito, porque uno lo hace mejor que antes; ahora me va mejor.

Cristina tomando un merecido
descanso en las playas de Bahamas después de ganar la presea dorada.

¿Qué te gusta de esta disciplina?
Que compito y siempre estoy ganando. Yo digo que competir para perder no funciona.

¿En qué piensas cuando caminas?
Cuando estoy entrenando pienso que tengo que hacerlo bien para ganar la competencia. Cuando ya estoy compitiendo voy concentrada en cada uno de mis movimientos, en hacerlos de forma correcta y en cumplir con la marca (tiempo) que he estado entrenando.

¿Cómo eres como mamá?
Juguetona; juego mucho con mi bebé, aunque cuando esté más grande tengo que ser más exigente.

¿Cómo te gusta vestirte?
Jeans, blusas escotadas y zapatos deportivos, dentro y fuera del entrenamiento.

¿Tienes alguna rutina de belleza?
Quisiera tenerla, pero no la tengo. No tengo tiempo, todo se lo dedico al entreno y lo poco que me queda se lo dedico a mi bebé. Quisiera arreglarme el pelo o aprender a maquillarme.

Agradecimientos a: Boutique Koko, Avenida Olímpica, teléfono 2245-4649. Maquillaje y peinado de Vidal´s Hair Design, Galerías, teléfono 2245-0885. Palomitas, 9ª Calle Poniente y 87ª Avenida Norte #604, colonia Escalón, teléfono 2263-2858. Zapatos de Park Avenue, Galerías, teléfono 2224-1343. Fotos: César Avilés.
   
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