María Eugenia Brizuela de Ávila
Talento y disciplina

Su sola presencia es agradable. La suavidad de su voz y sus gestos nos revelan a una mujer de carácter tranquilo, pero de personalidad intensa.

Por Betty Carranza

Fotos: Lizette Moreno

La conocimos como la primera mujer canciller de la República durante la administración del presidente Francisco Flores.

Le tocó defender los territorios en litigio con Honduras ante el Tribunal Internacional de La Haya, gestionar la ayuda que requirió el país luego de los terremotos del 2001, pero sobre todo viajar al extranjero a mostrar una nación con un proceso de paz exitoso.

Es abogada de profesión y desde el año anterior se desempeña como presidenta del Banco Salvadoreño.

Tan altas responsabilidades no le son extrañas a esta mujer de grandes retos. Nació en la década de los 50 y como tal, toda su formación estaba destinada a prepararla para el matrimonio.

Al acabar la secundaria en la Escuela Americana realizó estudios de lengua francesa e historia del arte en Europa, un tipo de educación rica en cultura general, pero no una carrera para ejercerla.

Esto no coincidía con sus aspiraciones.“Soy cuarta generación de abogados en mi familia.

En mi casa siempre había escuchado la lógica jurídica y para mí era una inspiración enorme poder seguir los pasos de mi papá”, reconoce.

Sin embargo, rompió los esquemas, aunque para ello dejara su educación en la Universidad de La Sorbona en París, Francia, para ingresar a la facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador, al principio sin el beneplácito de su padre.

Esfuerzo y disciplina

Decidida a ser abogada, trabajaba y estudiaba a la vez. Cursó tres años en esa universidad en un ambiente ya convulsivo a finales de los años 70, hasta que fue cerrada por tiempo indefinido, lo que significó retraso en sus estudios y el inevitable cambio a la Universidad Dr. José Matías Delgado, donde se recibió con uno de los promedios más altos en calificaciones.

Fotos: Lizette Moreno

Su anhelo por ser profesional tampoco reñía con su deseo de realizarse como esposa y como madre.

Entre los estudios y el trabajo contrajo matrimonio con el ingeniero Ricardo Ávila, quien la apoyó para continuar su proyecto de vida.

“Yo iba embarazada a la universidad y no cabía en los escritorios cuando ya andaba en los nueve meses. Me tenía que sentar de lado”, recuerda con su fácil sonrisa los embarazos de sus dos primeros hijos, José Ricardo y Leonor.

Sin duda, es una mujer talentosa que ha sabido llevar todo lo que se propone, pero el éxito no le ha llegado por casualidad, sino por disciplina, responsabilidad y concentración.

De hecho, así son sus días: se levanta antes de las 6:00 am para llevar a su hijo Roberto al colegio, luego se encaminia a la iglesia a hacer sus oraciones, es su momento de comunicación con Dios, a quien considera el centro de su vida, y antes de las 8:00 de la mañana ya está en su despacho, dispuesta a concentrarse al máximo en su trabajo que termina a al caer la noche y al volver a casa comparte con su familia la cena.

Recorrido profesional

Trabajó desde muy joven. Sus vacaciones mientra estudiaba en el colegio las pasó como telefonista en la funeraria La Auxiliadora, la empresa de su papá.

Como profesional se integró a diferentes empresas privadas dedicadas a la banca, bienes raíces, servicios funerarios, aseguradoras y asesorías empresariales, como el Banco Salvadoreño, Inversiones Visión y Parque Jardín Los Olivos.

También estuvo ligada al sector público como miembro del Consejo Directivo del Instituto Salvadoreño del Seguro Social y del Fondo de Inversión Social.

A la par siempre ha tratado de estar ligada a la cátedra, tarea que considera noble y enriquecedora porque le permite ayudar a la formación de las nuevas generaciones de abogados y a mantenerse actualizada en los conocimientos.

Condecoración Para María Eugenia, de todos los premios y las condecoraciones recibidas, la más importante es la “Dama de Gran Cruz de la Orden Piana”, otorgada por el Papa Juan Pablo II y entregada por el Nuncio Apostólico monseñor Giaccinto Berlocco en mayo de 2004.

Pero sin duda el trabajo que más satisfacciones le ha dejado fue el de ministra de Relaciones Exteriores, aun cuando ser funcionaria pública no entraba en su proyecto de vida. Cuando el entonces presidente electo Francisco Flores le propone el cargo, su primera reacción fue decir no.

La elección del ex presidente tampoco era antojadiza; ella había dirigido y coordinado el equipo técnico encargado de diseñar el plan de gobierno junto a Evelyn Jacir de Lovo, Miguel Lacayo y Carlos Lovo, entre otros.

La experiencia fue satisfactoria, pero se trataba de un trabajo tras bambalinas y la propuesta ahora implicaba salir a la luz pública.

El argumento de Flores fue contundente: ella había hecho nacer al bebé (como llamaban al plan de gobierno). ¿Cómo no va a verlo crecer y caminar? No tuvo más camino que considerar la opción; acompañó al mandatario electo a una gira por la región donde se terminó de enamorar del proyecto y al regreso aceptó.

La decisión pasó por el consenso de su familia, sobre todo porque el cargo la haría eventualmente alejarse de casa. La unidad y la comprensión construida en años se impuso y tanto sus tres hijos como su esposo le dieron todo su respaldo.

El mayor sacrificio


Su primera expedición como canciller a Europa la hizo reflexionar al conversar con un colega suyo que le preguntó cómo iba la guerra en el país. “¡Ni cuenta se había dado que había acabado la guerra! Y sólo le dije: soy la feliz portadora de que hace ocho años firmamos la paz”, recuerda.

A partir de este hecho, supo cuál sería su misión: ser la vocera para anunciar que El Salvador había cambiado y que las partes que se habían enfrentado en el conflicto ahora están sentadas discutiendo los principales temas del país en la Asamblea Legislativa.

Esta tarea no podría hacerla desde acá, por eso su gestión estuvo enfocada al extranjero, lo que le implicó múltiples viajes a distintos países del mundo.

Distanciarse de su casa y de sus seres queridos fue algo duro, sobre todo porque el cumpleaños de su hijo menor (de ocho años entonces) coincidió con un viaje a España, y al felicitarlo por teléfono soltó en llanto, y los reclamos no se hicieron esperar. “Eso fue como meterme una daga en el corazón. En ese momento tomé la decisión de renunciar”, dice sin poder evitar que sus ojos se pongan llorosos.

Estuvo a punto de tomar el primer avión de vuelta a casa, si no es por su esposo, que logró controlar la situación y la llamó para tranquilizarla. “Él siempre me ha apoyado. Si no tuviera su apoyo, yo no llego a primera base”, reconoce.

Recuerdos

Por supuesto, también hay recuerdos extraordinarios, como cuando conoció al emir de Qatar (Estado árabe) y la invitó a una visita oficial a su país, aun cuando nunca se habían tenido relaciones diplomáticas entre ese país y El Salvador. “No tuve que usar velo (obligatorio para las mujeres en esa cultura), aunque claro que fui con vestidos largos y cerrados, pero fui la primera mujer en entrar al despacho del emir en una reunión oficial. Hasta salió en la primera plana de los periódicos de ese país”, recuerda.

O la ocasión en que la invitó la presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, a participar en una reunión de su gabinete de gobierno realizado en una comunidad en la zona rural del país, donde tuvo que caminar como una hora entre veredas, pero iba preparada con pantalones vaqueros y zapatos cómodos.

De hecho, su casa es en sí una muestra de los muchos países que ha visitado. En cada rincón se encuentra un detalle que evoca recuerdos. como la estatuilla del cazador montado a caballo que lleva en su brazo un halcón, representación de la forma en que cazan en los países árabes. Además de la réplica de la Virgen Alada que trajo de Perú.

Pero lo más impresionante es la enorme vitrina donde guarda de forma ordenada las decenas de reconocimientos y fotos con personalidades importantes, como el recientemente fallecido Papa Juan Pablo II, el presidente de Estados Unidos, George Bush hijo, y con el expresidente español José María Aznar.

Siempre femenina

Ser canciller le cambió la vida y volver a su estilo normal no ha sido fácil. “Mayu” —como cariñosamente la llaman sus amigos— ha sido siempre aficionada al deporte. En su adolescencia fue seleccionada nacional de voleibol y campeona nacional de “squash”; con sus hijos siempre ha aprovechado sus vacaciones para practicar en familia “ski” acuático y en nieve y, cada vez que tiene tiempo, también juega un poco de baloncesto con ellos.

Todo eso quedó relegado durante su gestión pública y a pesar que de eso hace casi un año, aún no ha vuelto a encontrar el espacio para practicar sus deportes favoritos de forma sistemática. Eso sí, junto su esposo y sus hijos vive la pasión del fútbol de los grandes equipos europeos, sobre todo si se trata del Real Madrid.

María Eugenia con ejecutivos del Banco Salvadoreño, como siempre se distingue por su presencia muy elegante, sobria y femenina.

De igual forma, a pesar de que le gustan los “jeans” y la ropa informal para fines de semana, aún no los ha vuelto a vestir, porque quedó tan acostumbrada a la ropa formal que ha sido difícil volver a la normalidad.
Al hablar de guardarropa, María Eugenia aclara que le gustan todos los colores, pero sobre todo le gusta vestirse muy femenina, con vestidos, faldas y diseños que destaquen su femineidad. Esto tiene una justificación: “en las fotos aparece un montón de hombres (funcionarios) y yo solita entre ellos, por eso me gusta que se note que ahí hay una mujer”, explica.

Ese es su estilo, elegante y sobrio. El maquillaje suele ser discreto, que destaca en su suave piel trigueña, la cual no es casualidad. “Soy loca crema”, confiesa. Para ella, eso sí es importante: mantener la piel fresca, saludable y que las cremas le disminuyan las líneas de expresión marcadas por su fácil sonrisa. El cabello lacio también recibe sus cuidados básicos, aunque no es usuaria frecuente del salón. Ella misma lo seca y gusta de usar accesorios como diademas, ganchos o colas.

Aun cuando siente gran añoranza por sus años como canciller y reconoce que ser empleada pública ha sido el trabajo que más ha disfrutado, casi al final de su gestión decidió no continuar, a pesar de que el presidente Antonio Saca tuvo la gentileza de ofrecerle dirigir un ministerio. “Regresé a la empresa privada y lo hice para regresar a mi casa. Una como mujer tiene prioridades y la mía es mi familia”, reflexiona.

Hoja de vida

María Eugenia Brizuela de Ávila es licenciada en Ciencias Jurídicas; realizó estudios de Lengua y Civilización Francesa, además de Historia del Arte en Europa.

Obtuvo una maestría en Administración de Empresas y se especializó en materia de seguros.

Está casada con el ingeniero Ricardo Ávila y tiene tres hijos: José Ricardo, de 24 años; Leonor Eugenia, de 21, y Roberto Antonio, de 14.

Fue ministra de Relaciones Exteriores de 1999 a 2004.

Como canciller fue además presidenta de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y presidenta del Comité Interamericano contra el Terrorismo (organización de la OEA).

   
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