Poder inteligente

No existe un manual que nos indique cómo educar a nuestros hijos; sin embargo la experiencia enseña que una de las mejores maneras de hacerlo es estableciendo límites que deben respetar todos los miembros de la familia.

Según la doctora Claudina de Campos, el método más infalible para establecer esas normas es el ejemplo.

Todo el bla, bla, bla de “no debemos ser agresivos” cae en saco roto cuando en casa se vive todo lo contrario.

Los niños aprenden lo que ven. Por eso la primera responsabilidad de los padres es hacer un análisis interno para definir lo que desea enseñar a sus hijos y lo que debe cambiar en su proceder para poder hacerlo bien.

¿Desde cuándo?


La disciplina se comienza a ejercer desde que son recién nacidos. Aunque parezca mentira, ellos entienden bien de horarios, e interpretan los tonos de voz.

Posteriormente aprenden el significado de la palabra “no”, aproximadamente al año y medio de vida.

Es por eso que si le decimos al niño que no debe gritar será necesario que a la vez hablemos en voz baja. El adulto debe someterse al límite primero.

Es como colocar una barda a una altura donde no la salte ni el adulto ni el niño. Probablemente no necesite ser tan alta cuando ambos establezcan un respeto mutuo y aprendido este principio se comenzará a reproducir la conducta con los amigos, vecinos y con toda persona a su alrededor.

Ese es el primer límite conocido. Y aunque no todos los niños tienen el mismo tipo de desarrollo promedio, es necesario establecer lo que el niño sí puede hacer, por ejemplo expresar sus emociones.

“Creo que hay un concepto equivocado del límite, por ejemplo es en casa donde el niño aprende a mentir.

Entonces ¿por qué se abren espacios para la mentira? Probablemente se vuelve un valor familiar inadecuado”, afirma la especialista.

Otro espacio donde se aprende a respetar los límites es en la escuela. Si el niño llega tarde y por eso no lo dejan entrar, el padre debe ayudar a su hijo a respetar esa sanción; igual si obtiene una baja calificación.

Si no se trata de un error del maestro, no es prudente luchar para que le regalen una nota mejor. Debe aceptarse el resultado obtenido.

No a los extremos

Establecer límites no es tan difícil, solo deben seguirse las normas básicas de respeto con quienes nos rodean: no gritarse, saludar por la mañana y por la noche, decir la verdad, permitir el espacio de comunicación a todos por igual, respetar los bienes de cada quien, etcétera.

En el hogar debe haber una “democracia autocrática”, donde todos tienen la oportunidad de exponer su pensar, pero donde el poder está centralizado en la figura de los padres.

El poder repartido entre todos no funciona. Por eso es importante definir quién manda, quién toma las decisiones y qué normas básicas de respeto se van a aplicar entre todos.

Un proceso de disciplina equilibrado, no exigente, es aquel donde se establecen permisos, valores y normas y es el que garantiza la formación de personas estables, capaces de formar su propia familia, en otras palabras miembros funcionales de la comunidad.

Sanciones

• A la hora de aplicar una sanción por una falta cometida es aconsejable eliminar algo que los niños disfrutan, como suspender su programa favorito durante unos días, no muchos, porque si no el castigo se vuelve exagerado en relación a la falta.

• Las sanciones deben ser cortas, con respuestas de recuperación rápidas para evitar la formación de niños rebeldes. Así aprende a valorar la sanción. Los padres deben tener mucho criterio para saber qué es importante para ellos.

• Ambos padres deben estar de acuerdo con el castigo y respetarlo, discutirlo si desean, pero en privado. Si el niño se cuela entre los dos hará siempre lo que él quiera. Esto suele suceder con padres divorciados y lo único que consiguen es educar personas anárquicas y rebeldes. Al final estos niños no aprenden normas básicas de respeto ni de organización y se vuelven expertos en el chantaje y la manipulación.

   
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