Poder inteligente
La mejor forma de establecer límites
y disciplina en los niños es que los padres mismos
sean capaces de asumir valores y respetar reglas. Es
casi imposible tratar de enseñar lo que no se
practica.
Por Por Glenda Chávez
No
existe un manual que nos indique cómo educar
a nuestros hijos; sin embargo la experiencia enseña
que una de las mejores maneras de hacerlo es estableciendo
límites que deben respetar todos los miembros
de la familia.
Según la doctora Claudina de Campos, el método
más infalible para establecer esas normas es
el ejemplo.
Todo el bla, bla, bla de no debemos ser agresivos
cae en saco roto cuando en casa se vive todo lo contrario.
Los niños aprenden lo que ven. Por eso la primera
responsabilidad de los padres es hacer un análisis
interno para definir lo que desea enseñar a sus
hijos y lo que debe cambiar en su proceder para poder
hacerlo bien.
¿Desde cuándo?
La disciplina se comienza a ejercer desde que son recién
nacidos. Aunque parezca mentira, ellos entienden bien
de horarios, e interpretan los tonos de voz.
Posteriormente aprenden el significado de la palabra
no, aproximadamente al año y medio
de vida.
Es por eso que si le decimos al niño que no debe
gritar será necesario que a la vez hablemos en
voz baja. El adulto debe someterse al límite
primero.
Es como colocar una barda a una altura donde no la salte
ni el adulto ni el niño. Probablemente no necesite
ser tan alta cuando ambos establezcan un respeto mutuo
y aprendido este principio se comenzará a reproducir
la conducta con los amigos, vecinos y con toda persona
a su alrededor.
Ese es el primer límite conocido. Y aunque no
todos los niños tienen el mismo tipo de desarrollo
promedio, es necesario establecer lo que el niño
sí puede hacer, por ejemplo expresar sus emociones.
Creo que hay un concepto equivocado del límite,
por ejemplo es en casa donde el niño aprende
a mentir.
Entonces ¿por qué se abren espacios para
la mentira? Probablemente se vuelve un valor familiar
inadecuado, afirma la especialista.
Otro espacio donde se aprende a respetar los límites
es en la escuela. Si el niño llega tarde y por
eso no lo dejan entrar, el padre debe ayudar a su hijo
a respetar esa sanción; igual si obtiene una
baja calificación.
Si no se trata de un error del maestro, no es prudente
luchar para que le regalen una nota mejor. Debe aceptarse
el resultado obtenido.
No a los extremos
Establecer límites no es tan difícil,
solo deben seguirse las normas básicas de respeto
con quienes nos rodean: no gritarse, saludar por la
mañana y por la noche, decir la verdad, permitir
el espacio de comunicación a todos por igual,
respetar los bienes de cada quien, etcétera.
En el hogar debe haber una democracia autocrática,
donde todos tienen la oportunidad de exponer su pensar,
pero donde el poder está centralizado en la figura
de los padres.
El poder repartido entre todos no funciona. Por eso
es importante definir quién manda, quién
toma las decisiones y qué normas básicas
de respeto se van a aplicar entre todos.
Un proceso de disciplina equilibrado, no exigente, es
aquel donde se establecen permisos, valores y normas
y es el que garantiza la formación de personas
estables, capaces de formar su propia familia, en otras
palabras miembros funcionales de la comunidad.
Sanciones
A la hora de aplicar una sanción por una
falta cometida es aconsejable eliminar algo que los
niños disfrutan, como suspender su programa favorito
durante unos días, no muchos, porque si no el
castigo se vuelve exagerado en relación a la
falta.
Las sanciones deben ser cortas, con respuestas
de recuperación rápidas para evitar la
formación de niños rebeldes. Así
aprende a valorar la sanción. Los padres deben
tener mucho criterio para saber qué es importante
para ellos.
Ambos padres deben estar de acuerdo con el castigo
y respetarlo, discutirlo si desean, pero en privado.
Si el niño se cuela entre los dos hará
siempre lo que él quiera. Esto suele suceder
con padres divorciados y lo único que consiguen
es educar personas anárquicas y rebeldes. Al
final estos niños no aprenden normas básicas
de respeto ni de organización y se vuelven expertos
en el chantaje y la manipulación.
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