Ahhh... Si fuéramos niños

Por naturaleza somos los adultos los encargados de enseñar a los niños, pero ¿acaso no podemos aprender de ellos? Busca el niño que vive en ti.

Por Betty Carranza

¿Te es difícil hacer amigos?
A los niños no. Para ellos no existen barreras, basta estar cerca de otros niños por unos minutos y ya... saben qué decir, tienen de qué jugar y un motivo para reír, aunque más tarde también lo tendrán para pelear. La razón es simple: carecen de prejuicios, no les importa la raza, el color, la religión o el estatus social. Las barreras solo están en nuestra mente.

La próxima vez que te inviten a una fiesta asiste y sé tú la que rompa el hielo.
¿Te cuesta perdonar o pedir perdón?
Aun cuando los hayas reprendido o les hayas quitado su juguete favorito, no te guardarán rencor (al menos no por mucho tiempo). Una vez secas sus lágrimas vuelven a abrazarte y a besarte como siempre. Si han cometido una falta y les dices que pidan perdón, van y lo hacen, sin pedir justificaciones, sin pretextos, sin vergüenza.
Propónte que si cometes un error de inmediato te disculparás.
¿Eres esclava de la agenda?
Los niños simplemente no la necesitan, nunca olvidan las promesas que les hiciste de llevarlos de paseo. Quizá no dimensionen muy bien el tiempo, pero recuerdan todo, por eso te estarán preguntando hasta el cansancio cuánto falta para ese día especial.
Prioriza esos momentos importantes con la familia. Si temes olvidarlo, anúdate un listón al dedo índice si es necesario.

¿Te molesta que te critiquen?
Ellos reciben mejor las críticas que los adultos. Si les señalas sus errores no se molestan; de hecho, les explicas en qué están fallando y cómo superarlo y listo, pondrán su empeño en aprender cuanto les enseñes. Los adultos en general nos molestamos cuando nos hacen ver nuestras debilidades y nos resistimos al cambio.
Cambia de mentalidad. Toda crítica te abre la posibilidad de ser mejor.
¿Piensas antes de reaccionar?
Los niños no, son espontáneos y si algo les gusta lo expresarán de inmediato, y si les desagrada, también. Por ejemplo, si un adulto va a una cena y la anfitriona le insiste en probar un platillo, terminará comiéndolo, aunque no quiera. Un niño no, no puede “programar” su expresión corporal para fingir que le gusta.

No seas tan rígida, sé auténtica y expresa tus emociones más allá de un frío “gracias” o “lo siento”.

Asi son ellos:

• Son alegres, no importan los problemas o las dificultades. Siempre ríen de todo.
• Son curiosos, andan en busca de respuestas para todo y no se conforman con lo que ya saben.
• Aceptan la ayuda de otros fácilmente, no son orgullosos ni engreídos.
• Se aceptan a sí mismos sin complicarse, por ejemplo les gusta verse fotografiados o en vídeo sin pensar en cómo se verán.
• No son hipócritas. Si alguien no les agrada se alejan, no pueden fingir.
• Se admiran de las cosas sencillas, como una flor o un perro.
• Se entretienen con cualquier cosa, pues la imaginación es el mejor juguete.


Fuente: Johanna García-Prieto, gerente administrativa de Gymboree, teléfonos 263-2410 y 263-5865. Modelos Fernando, Juan José y Paulina, de Gymboree. Fotos: Arely Umanzor.

   
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