Sinfonía de talentos

La música es la mayor inspiración de sus vidas. su talento y disciplina las ha llevado a formar parte de la Orquesta Sinfónica de El Salvador.

Por Betty Carranza

Este es un acercamiento la vida de 10 mujeres salvadoreñas como todas, madres, esposas, profesionales, algunas estudiantes universitarias, pero su pasión por la música les ha marcado la vida.

Cada día dedican largas horas al estudio de su instrumento favorito, que aún cuando lo disfrutan, no deja de ser un sacrificio... y vale la pena, sobre todo cuando llega la hora del concierto, el momento de entregar lo mejor de sí mismas al público.

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes
Instrumento: Corno Francés


Juanita, como cariñosamente le llaman sus compañeras, fue la primera salvadoreña en ingresar a la Orquesta, allá por 1971, cuando las pocas mujeres ejecutantes eran extranjeras.

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes
Con solo 13 años de edad, entró como archivista, recibía una beca de 50 colones mensuales, cursó su educación básica y media por las noches, mientras en el día se dedicaba unas siete horas al estudio del corno francés.

Es la tercera de ocho hermanos, todos músicos de profesión, inspirados por su padre Gregorio Jiménez, también ex-cornista de la Sinfónica Nacional, quien los crió en un ambiente rico en estímulos artísticos como libros, instrumentos y música clásica, pero también fue un hombre severo.

“Mi papá nos motivaba, pero también era exigente. No nos dejaba salir a bailar, no existía eso. Nuestra vida era estar estudiando cada uno su instrumento”, recuerda Juanita.

Ser cornista es más que tocar un instrumento, es todo un estilo de vida riguroso. Ella cuida su dieta para no ganar libras de más, hace gimnasia todos los días, practica las técnicas de respiración propias de su oficio y, por supuesto, jamás fuma, todo con el fin de tener una condición física óptima que le permita llenar de aire los siete metros del tubo enrollado que constituye el corno.

Se casó a los 19 años, con un músico de profesión, con quien ha procreado dos hijos, ahora estudiantes universitarios. Junto a su esposo han creado el estudio de grabaciones Producciones Musicales.

Además entre sus proyectos se encuentra grabar un disco de música cristiana junto a todos sus hermanos, aun cuando la mayoría de ellos reside fuera del país e integra orquestas sinfónicas en Norteamérica y Europa.
Maira Elizabeth Quintanilla de Ayala
Instrumento: Violín

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Formó parte de la primera generación que ingresó a la Escuela de Arte. Desde los 12 años toca el violín y nunca deja de aprender algo más, confiesa.

Arquitecta de profesión, jamás ha pensado dejar la música, siempre ha encontrado la forma de combinar ambas carreras, ya que “la música para mí es un equilibrio emocional”, reconoce.

Ella disfruta mucho su carrera como violinista, aunque acepta que no es bien remunerada como en otros países. Sentir la música y ejecutarla le trae mucha satisfacción. Por supuesto, no todo es disfrutar.

Maira suele llegar dos horas antes del ensayo con la orquesta a estudiar los papeles que le corresponden y sobre todo los pasajes más difíciles, pues la música también es un trabajo y el director exige calidad en la interpretación.

Siempre sonriente, amable y entusiasmada por la vida, es casada con un pastor evangélico con quien tiene un hijo adolescente. A ella le gusta compartir cuanto tiene.

En la arquitectura se involucra en proyectos de beneficio social y hace trabajos a bajo costo para personas de escasos recursos. En su iglesia predica, brinda consejería a los fieles y ahí también ha llevado su música: imparte clases de violín a un grupo de siete señoritas.

Carolina de Ramírez
Instrumento: Viola

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Desde la escuela se involucraba en las actividades artísticas y más tarde “curioseaba” cómo se tocaba la guitarra y sin un instructor aprendió a tocarla. Estudió bachillerato en arte, donde al explorar los instrumentos de cuerda se enamoró del violín.

En 1989 ingresó a la Orquesta Sinfónica como violinista; en ese tiempo habían 16 violinistas y un solo atril de viola, lo que la motivó a conocer ese instrumento, muy parecido al violín, pero más grande y con un sonido más grave.

“Me encantó el sonido de la viola y había una disponible, así es que me la prestaron. Sin maestro agarré el instrumento y empecé a estudiarlo”, recuerda. De forma autodidacta y aprovechando el contacto con algunos máster nacionales y extranjeros se empapó de la técnica y al poco tiempo empezó a formar parte de la sección de violas.

Carolina, además del violín, la guitarra y la viola toca la flauta dulce y el piano, imparte clases con el Método Suzuki y es madre de tres adolescentes, Carolina, Saraí y Andrea, quienes han seguido sus pasos y son integrantes de la Sinfónica Juvenil.

Esta guapa y animada mujer también es intérprete de sordos y con ellos formó un coro que se presentó en un concierto navideño hace un par de años.

Junto a su esposo, otro músico de profesión, dirige la Escuela de Arte Concertante y ya empezaron a obtener frutos, algunos de sus alumnos forman parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Metztly Xochiquetzal de Flores
Instrumento: Violín

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Su padre sentía gran respeto por las culturas precolombinas, por ello le eligió un nombre de origen náhuatl. Jamás pensó en dedicarse a algo diferente a la música, quizá porque su casa siempre estuvo ambientada con música clásica y flamenco.

De hecho, recuerda cómo sin haber visto un violín en su imaginación veía el movimiento de las personas tocándolo.

Por ello, cuando llegó la hora de elegir el instrumento en que quería especializarse en la escuela de arte, sin dudarlo optó por el violín.

Metztly tiene dos grandes pasiones: la música clásica y la regional popular mexicana. Vivió en ese país por algunos años y de ahí le nació esa inclinación. Incluso, junto con otra compañera de la Orquesta, está conformando un grupo de mariachi integrado sólo por mujeres.

A primera vista, parece una persona seria, pero de inmediato su trato resulta amigable. Ella es madre de un bebé de un año y maestra del Método Suzuki, una experiencia muy gratificante, sobre todo porque ha trabajado con niños que sufren problemas de dislexia y falta de motricidad fina y que han llegado a tocar difíciles piezas de Bach, “no a un grado de perfección, pero lo han logrado”, reconoce orgullosa.

Aradenia Beatriz Díaz Muñoz
Instrumento: Corno Francés

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Es la más joven de la orquesta. Su primer encuentro con la música fue como integrante de la banda de paz de la escuela Santa Catarina, en San Jacinto. Sin elegirlo, le asignaron el único intrumento disponible en ese momento, la trompeta. Su talento le facilitó el aprendizaje y al poco tiempo la designaron como solista.

Un día cualquiera Aradenia asistió a un concierto didáctico que presentó la Orquesta Sinfónica Nacional y quedó tan impresionada que su maestro la motivó a estudiar música, “pero en ese momento no creí que pudiera llegar hasta aquí (Orquesta Sinfónica)”, recuerda.

Desde agosto de 1998 hasta el año pasado, Aradenia formó parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil donde cambió la trompeta por el corno francés.

A pesar de que no es músico de profesión, el cargo que ocupa le demanda mucha calidad en la ejecución, por eso ella ha tomado algunos cursos, consulta libros especializados y dedica todo el tiempo que puede al estudio de su instrumento, aunque para esto tenga que desvelarse.

A sus cortos 19 años, ella tiene múltiples compromisos, ya que cursa primer año de licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad de El Salvador y es aficionada al modelaje.

Margarita Acevedo de Pérez
Instrumento: Viola

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Su padre fue copista de la Orquesta y también toca trompeta, quizá por ello Margarita mostró inquietud por la música cuando tenía solo cuatro años.

Un tío suyo fue quien le dio sus primeras clases de viola y desde entonces la adoptó como el instrumento de su predilección, aunque cuando cursó el bachillerato en artes también aprendió a tocar violín y flauta dulce.

Es maestra de violín con el Método Suzuki, especializado para la enseñanza de niños. “A todos los niños les gusta la música. Lamentablemente la gente cree que no tienen esa capacidad y sí, todos tienen la habilidad de aprender a ejecutar un instrumento”, analiza.

Margarita está casada con el oboísta Heriberto Pérez, con quien tiene dos niñas, una de ellas está siguiendo sus pasos, pues a los nueve años ejecuta el violoncello y forma parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Además de dar clases particulares y en una escuela privada, comparte sus conocimientos de flauta dulce con niños de la comunidad “22 de Abril”, con quienes ha tenido una de sus vivencias más enriquecedoras.

Después del terremoto de 1986 suspendió las clases, pero los niños le pidieron continuar, a pesar de que muchos de ellos se ponían muy nerviosos con las réplicas constantes. Accedió y su sorpresa fue que los niños aprendieron a dominar su temor. “Es una de las experiencias más lindas que he tenido”, reconoce.

Delia Rebeca Girón
Instrumento: Flauta Transversal

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Cualquier canción en la radio o la televisión era suficiente estímulo para que Rebeca cantara y bailara, según le recuerda su madre. Por ello fue ella quien la inscribió en cursos libres de música, lo que la llevó más tarde a estudiar el bachillerato en artes.

A decir verdad, el talento le venía en las venas: su mamá estudió ballet y formó parte de la coral salvadoreña.

Al inicio, Rebeca estudiaba piano, pero cuando conoció el mundo de las flautas quedó enamorada del sonido de la flauta transversal y decidió especializarse en ella, su talento y disciplina la valieron para ingresar en la Sinfónica en 1987.

Esta joven, sonriente y enérgica mujer también ha hecho carrera dentro de la música popular. Por años formó parte de la orquesta y mariachi de Quique Samour y ahora es la directora, arreglista y tecladista del mariachi “show” las Reinas de Sívar, integrado sólo por mujeres y que está próxima a lanzar.

Por si fuera poco, también forma parte de Música Antigua, un grupo especializado en música clásica de los siglos X, XI y XII.

Definitivamente, Rebeca es una amante de la música en cualquiera de sus géneros, por ello reconoce “cuando me dedico mucho a la música popular, me hace falta la clásica y viceversa”.

Gabriela María Funes Bustamante
Instrumento: Violín

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

A sus 22 años puede decir que la mitad de su vida la ha dedicado a la música. Comenzó sus clases de violín a los nueve años y durante seis años asistió cada tarde al CENAR hasta graduarse de la escuela básica de música, lo que le permitió ingresar a la Sinfónica Juvenil, donde estuvo por siete años más y desde el 2003 forma parte de la Sinfónica Nacional.

Grabriela está cursando el tercer año de medicina y todo lo ha logrado gracias a su disciplina, perseverancia y la convicción de que puede lograr cuanto se proponga, incluso llevar con éxito dos carreras a la vez.

“En estos tiempos las exigencias son mayores. Hay que ser realistas: por el arte casi no se vive. La sociedad demanda carreras universitarias”, analiza.

Aunque muy madura en su forma de ver la vida, Gabriela es una joven como las demás, le gusta escuchar rock alternativo, salir con sus amigos de paseo y gozar de una buena charla, aunque no es extraño verla alejarse a estudiar con libros en mano en los recesos de los ensayos de la Sinfónica.

Tiene dos hermanas menores que han seguido su ejemplo. Una de ellas toca el violoncello y la otra la viola, ambas forman parte de la Sinfónica Juvenil y, cuando tienen tiempo, se unen las tres y aprovechan para dar pequeños recitales a la familia.

Alba Josefina Márquez de Bautista
Instrumento: Violoncello

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Es sin duda la más sonriente, bromista y alegre de todas. Su aspecto esbelto la vuelve una mujer muy elegante, sobre todo por la postura erguida que debe adoptar en los conciertos.

Cuando se inició en la música era tan pequeña que seguramente no fue ella quien decidió, quizá fue la influencia y el entusiasmo de su abuelo, quien tocaba mandolina al oído, lo que la llevó a sus primeras clases de cuerdas.

Por ello, en su recuerdo simplemente ya aparece acariciando un violoncello. Se graduó de la escuela libre del Centro Nacional de Arte y desde 1984 está en la Sinfónica.

No importa cuánto tiempo lleve como músico profesional, en esta carrera “uno llega a viejito y sigue practicando, si no se enfría”, justifica sus largas jornadas de estudio del instrumento.

Otra de sus aficiones es la música de cámara, que se ejecuta en grupos pequeños de cuatro integrantes donde todos tienen que acoplarse y sonar como si fueran un solo instrumento.

Con un sentido del oído tan bien educado, Josefina es una mujer muy exigente para escuchar música popular, le gustan géneros como el bolero o el tango, “siempre que estén bien afinados”, enfatiza.

Su esposo también es músico, toca la flauta y entre ambos están guiando a su hija de ocho años por este apasionante mundo de los sonidos armoniosos.

Ana Jantzen Lozano Leiva
Instrumento: Violín

Juana Fidelina Jiménez de Fuentes

Tiene una sonrisa de niña inocente y lo es, eso se nota cuando habla de su trabajo con los niños a quienes enseña a tocar violín con el Método Suzuki.

Creció en un ambiente musical, su padre se educó con los salesianos y aprendió a tocar piano y clarinete; él se convirtió en su mayor motivación y con él consiguió sus primeras notas, aunque sin conocimientos técnicos.

Luego ingresó al CENAR, donde finalmente conoció la solfa y las partituras y descubrió su vocación por el violín.

Ana Jantzen se decidió por esta carrera porque “las artes me parecen misteriosas, elevan el espíritu. Una carrera artística es sublime”, expresa con una fascinación que trasluce su rostro.

Aun así reconoce que ser músico profesional es una carrera difícil como cualquiera, tanto su aprendizaje como su ejecución, y para una mujer y madre como ella lo es más porque le implica dejar a su hija, incluso en las noches de conciertos.

Por ello aprovecha su tiempo libre al máximo, disfruta salir de paseo con Tania, su hija, y trata de compartir las tareas cotidianas del hogar como cocinar.

Fotos: Maritza Santos y César Avilés. Agradecimientos a Silvia Herrera, administradora de la Orquesta Sinfónica de El Salvador.

 


 

   
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