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Justine Pasek
El rostro de la solidaridad
Bellísima, suave, delicada, de tierna sonrisa
y pausado hablar, su presencia es casi como la de un
ángel, pero se trata de una mujer de trabajo
que está dispuesta a hacer la diferencia.
Por Betty Carranza
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saber
que podés hacer una diferencia cuando
llevás un mensaje positivo, sobre todo
cuando hacés voluntariado. Foto:
Maritza Santos. Locación: La Parfumerie,
C.C. Galerías.
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Sonriente y tranquila llegó Justine Pasek
a nuestro país procedente de Panamá.
Justo al arribo, la primera cita de la Miss Universo
2002 fue con la revista Mujeres.
Su maquillaje era tenue, muy al natural, por ello
lo que más destacaba era el acabado mate
y aterciopelado de su piel blanca, sus enormes y
expresivos ojos miel y la
cabellera castaña larga, lacia y con movimiento.
Nacida en Ucrania, de padre polaco y madre panameña,
Justine ha vivido en el país canalero desde
el año y medio de nacida.
Fue hija única durante ocho años;
de hecho después de pedir hermanito
por mucho tiempo, un día finalmente llegó
y ya no me hizo tanta gracia, reconoce entre
risas delatadoras.
Pero se justifica. Poco tiempo después nació
un tercer retoño, las tareas de la casa se
multiplicaron y debió apoyar a su mamá
en el cuidado de los bebés.
Quizá por ello se siente muy a gusto cuando
hay niños a su alrededor y, de alguna forma,
extraña esos días, porque ahora sus
hermanos son adolescentes y están gigantes,
explica.
Fue una niña inquieta, le atraía más
corretear con otros niños y andar en bicicleta
que jugar con muñecas, excepto que fueran
las barbies. Practicó ballet
de los ocho hasta los 12 años, y fue aficionada
de la natación. Buena parte de su infancia
transcurrió en los alrededores del Canal.
Su padre era empleado de ahí, así
es que vivieron rodeados de extranjeros, especialmente
estadounidenses, con quienes aprendió a hablar
el inglés con naturalidad, lo que a la larga
le ha significado una ventaja en el mundo del modelaje,
marcado por constantes viajes a distintos países.
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Así
es Justine
Revista
Mujeres (RM):
¿Cómo te gusta vestir a diario?
Justine Pasek (JP): Para mí
la comodidad es bien importante y me gusta
mucho sentirme femenina; cada día,
dependiendo del humor, puedo buscar algo
diferente.
RM: ¿Un personaje que admires?
JP: Más que personajes particulares
admiro muchísimo a mujeres que conozco
a diario en el ambiente laboral y personal,
porque son muy emprendedoras, perseverantes
y buenas de corazón.
RM: ¿Tienes alguna fobia?
JP: Sí, a las arañas,
son muy feas y me dan miedo. Lo que más
miedo me da es caminar y encontrarme con
una telaraña.
RM: ¿Un secreto de belleza
para las lectoras?
JP: Pienso que no hay secretos. Hay
que ir ensayando y conocién lo que
mejor te hace lucir, también es importante
descansar y estar feliz y contenta contigo
misma. Si eres infeliz o no te sientes bien
es difícil que el maquillaje cubra
eso. No hay corrector para un sentimiento
de inconformidad o de infelicidad.
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Antes y después
Su experiencia como Miss Universo sin duda cambió
el rumbo de su vida. Cuando terminó sus estudios
de secundaria estaba dispuesta a cursar la carrera
de ingeniería ambiental, pero de inmediato
empezaron sus constantes viajes para modelar en
Estados Unidos y Europa, que la llevaron a competir
en el certamen y finalmente a ser reconocida como
la mujer más bella del planeta.
Esta vivencia le dejó un gran legado. Antes,
Justine era una chica sensible a los problemas sociales,
pero pensaba que como persona anónima no
tendría muchas posibilidades de generar cambios.
Con el tiempo y las posibilidades que su reinado
le dieron conoció muchas fundaciones dirigidas
precisamente por personas normales, cuya única
diferencia era su compromiso por las causas nobles.
Reconoce que su mayor aprendizaje fue saber
que podés hacer una diferencia cuando llevás
un mensaje positivo, sobre todo cuando hacés
voluntariado.
Ahora mucho más motivada, Justine apoya decididamente
actividades de promoción y recaudación
de fondos de diferentes fundaciones de su país,
relacionadas con la desnutrición, la prevención
del VIH-sida y enfermedades como la osteoporosis.
Además, Justine ha sido nombrada embajadora
de buena voluntad por la Organización para
la Agricultura y la Alimentación de las Naciones
Unidas (FAO), lo que la ha llenado de alegría
y de responsabilidades, como utilizar su perfil,
notoriedad y convocatoria ante los medios y la sociedad
para hablar sobre la desnutrición y apoyar
programas de la FAO.
Todas estas actividades las combina con su trabajo
como Rostro Dior para Latinoamérica, viaja
dos veces al mes por los países de la región,
a fin de promover la marca y compartir con las clientas,
por eso estuvo presente en el Festival de Belleza
de Almacenes Simán y en Kismet Metrocentro.
Próximamente también tiene en planes
lanzar una línea de juguetes para niñas
y ya está trabajando en eso.
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Tiro
al plato
Miss Universo: Trabajo
Panamá: Lindo
VIH-sida: Problema
El Salvador: País hermano
Belleza: Felicidad
Futuro: Felicidad otra vez
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