5 actitudes que te llevan a pique

El éxito laboral no sólo depende de tu preparación académica o técnica, tu actitud es determinante y vale mucho a la hora de tu evaluación.

Por Betty Carranza

Expresiones como “yo era puntal, no faltaba, no pedía permiso y no sé por qué mi quitaron”, hacen pensar que el patrón fue injusto al efectuar un despido.

Pero si analizamos el caso puede ser que el empleado se confió, se limitó a “ocupar” su cargo sin esforzarse en desempeñar lo mejor posible sus funciones.

El mercado laboral exige más que experiencia, la efectividad es esencial. Ya no es cierto que con la antigüedad en un cargo se ha ganado el “derecho de piso” y somos inamovibles.

Tu actitud es determinante. Te presentamos algunas que con frecuencia minan el crecimiento profesional.

1. La irresponsabilidad

Es más que el hecho de faltar al trabajo. Hay empleados que se limitan a hacer hasta donde les da la gana o sólo acciones para que el jefe las mire. Ni qué decir de los que sólo salen del compromiso.

La falta de responsabilidad nos lleva a asumir una actitud cómoda, a anteponer los intereses personales a los de una organización a priorizar desde una perspectiva individualista.

En consecuencia, el trabajo no se hace “a conciencia”, no se logra dar lo mejor de sí mismo ni se busca alcanzar la mayor calidad ante todo; a la larga, se dejan de cumplir el 100% de las funciones establecidas en el contrato, por lo que resulta poco eficiente para la empresa.

Una persona responsable experimenta la satisfacción de un trabajo bien hecho lo que se convierte en una “carga positiva” para asumir nuevos retos bajo cualquier circunstancia.

2. Falta de motivación personal

Decir “no hago más porque mi jefe (o la empresa) no me motiva” es algo irreal. La motivación es la razón que nos impulsa a realizar determinada actividad y su origen está en nosotros mismos.
Si una persona no tiene definida la razón que lo impulsa a salir adelante, es casi imposible que otro logre impregnarle ese entusiasmo. La ausencia de motivación hace que el individuo esté siempre desganado y con una actitud negativa hacia el trabajo.

Las empresas sólo pueden estimular positivamente la motivación de las personas, pero no crearla ni definirla.

Un empleado motivado tiene claros objetivos personales como laborales y es un verdadero empuje, tanto para la empresa como para sí mismo. Su positivismo lo hace trabajar con ahínco, marcarse metas, planes y proyectos y perseverar en sus aspiraciones.

3. Malas relaciones interpersonales

El éxito o fracaso en las empresas también tiene que ver con la forma en como interactúan cada una de las personas que conforman el equipo. Hay quienes son genios en su profesión, pero no tienen un sentido de ingregración y complementariedad y se convierten en “islas”, cuyos conocimientos y experiencias no se ponen al servicio de los demás, lo que a su vez limita la posibilidad de lograr una sinergia junto a sus compañeros de trabajo.

El problema de fondo es su falta de madurez emocional, que no les permite aceptar otros puntos de vista sin sentirse heridos o dañados, ni integrarse a equipos independientes del famoso “me cae bien o no”. La madurez nos permite aceptar a los otros tal y como son y comprometerse en el logro de los resultados, más que con el simple cumplimiento de un horario.

4. Baja Autoestima

Un pobre concepto de sí mismo hace que una persona sienta que todos a su alrededor quieren hacerle daño o aprovecharse de ella, además hace que tenga problemas para reconocer las cualidades y virtudes de quienes le rodean.

Estos individuos se consideran autosuficientes y quieren sobresalir a costa de todo, creando una autoimagen de superioridad que les impide aprender de los demás, no aceptan sus errores, se viven comparando con el resto, siempre están a la defensiva y mantienen una actitud hostil, lo cual les impide integrarse a su equipo de trabajo.

Una persona que se valora adecuadamente, sin importar sus títulos académicos, cargo, profesión u oficio, reconoce a los demás seres humanos con cualidades y defectos y no tiene dificultades para conformar grupos.

5. Falta de ética

No importa cuán sencilla o compleja sea la función, siempre se debe hacer con profesionalismo. Esto significa buscar la mayor calidad, ya sea en el producto o servicio que la empresa ofrezca, a fin de brindarle al cliente lo mejor por lo que paga, de esto dependerá en mucho la fidelidad de los usuarios.

El fin no justifica los medios. Una persona ética hará su trabajo de la mejor manera, sin engaños ni fraudes.

Fuente: Licda. Yara Caminos, sicóloga y gerente de Recursos Humanos.
modelo: karen castillo. fotos: Maritza santos.

 

   
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