Expresiones como yo era puntal, no faltaba,
no pedía permiso y no sé por qué
mi quitaron, hacen pensar que el patrón
fue injusto al efectuar un despido.
Pero si analizamos el caso puede ser que el empleado
se confió, se limitó a ocupar
su cargo sin esforzarse en desempeñar lo
mejor posible sus funciones.
El mercado laboral exige más que experiencia,
la efectividad es esencial. Ya no es cierto que
con la antigüedad en un cargo se ha ganado
el derecho de piso y somos inamovibles.
Tu actitud es determinante. Te presentamos algunas
que con frecuencia minan el crecimiento profesional.
1. La irresponsabilidad
Es más que el hecho de faltar al trabajo.
Hay empleados que se limitan a hacer hasta donde
les da la gana o sólo acciones para que el
jefe las mire. Ni qué decir de los que sólo
salen del compromiso.
La falta de responsabilidad nos lleva a asumir una
actitud cómoda, a anteponer los intereses
personales a los de una organización a priorizar
desde una perspectiva individualista.
En consecuencia, el trabajo no se hace a conciencia,
no se logra dar lo mejor de sí mismo ni se
busca alcanzar la mayor calidad ante todo; a la
larga, se dejan de cumplir el 100% de las funciones
establecidas en el contrato, por lo que resulta
poco eficiente para la empresa.
Una persona responsable experimenta la satisfacción
de un trabajo bien hecho lo que se convierte en
una carga positiva para asumir nuevos
retos bajo cualquier circunstancia.
2. Falta de motivación personal
Decir no hago más porque mi jefe (o
la empresa) no me motiva es algo irreal. La
motivación es la razón que nos impulsa
a realizar determinada actividad y su origen está
en nosotros mismos.
Si una persona no tiene definida la razón
que lo impulsa a salir adelante, es casi imposible
que otro logre impregnarle ese entusiasmo. La ausencia
de motivación hace que el individuo esté
siempre desganado y con una actitud negativa hacia
el trabajo.
Las empresas sólo pueden estimular positivamente
la motivación de las personas, pero no crearla
ni definirla.
Un empleado motivado tiene claros objetivos personales
como laborales y es un verdadero empuje, tanto para
la empresa como para sí mismo. Su positivismo
lo hace trabajar con ahínco, marcarse metas,
planes y proyectos y perseverar en sus aspiraciones.
3. Malas relaciones interpersonales
El éxito o fracaso en las empresas también
tiene que ver con la forma en como interactúan
cada una de las personas que conforman el equipo.
Hay quienes son genios en su profesión, pero
no tienen un sentido de ingregración y complementariedad
y se convierten en islas, cuyos conocimientos
y experiencias no se ponen al servicio de los demás,
lo que a su vez limita la posibilidad de lograr
una sinergia junto a sus compañeros de trabajo.
El problema de fondo es su falta de madurez emocional,
que no les permite aceptar otros puntos de vista
sin sentirse heridos o dañados, ni integrarse
a equipos independientes del famoso me cae
bien o no. La madurez nos permite aceptar
a los otros tal y como son y comprometerse en el
logro de los resultados, más que con el simple
cumplimiento de un horario.
4. Baja Autoestima
Un pobre concepto de sí mismo hace que una
persona sienta que todos a su alrededor quieren
hacerle daño o aprovecharse de ella, además
hace que tenga problemas para reconocer las cualidades
y virtudes de quienes le rodean.
Estos individuos se consideran autosuficientes
y quieren sobresalir a costa de todo, creando una
autoimagen de superioridad que les impide aprender
de los demás, no aceptan sus errores, se
viven comparando con el resto, siempre están
a la defensiva y mantienen una actitud hostil, lo
cual les impide integrarse a su equipo de trabajo.
Una persona que se valora adecuadamente, sin importar
sus títulos académicos, cargo, profesión
u oficio, reconoce a los demás seres humanos
con cualidades y defectos y no tiene dificultades
para conformar grupos.
5. Falta de ética
No importa cuán sencilla o compleja sea
la función, siempre se debe hacer con profesionalismo.
Esto significa buscar la mayor calidad, ya sea en
el producto o servicio que la empresa ofrezca, a
fin de brindarle al cliente lo mejor por lo que
paga, de esto dependerá en mucho la fidelidad
de los usuarios.
El fin no justifica los medios. Una persona ética
hará su trabajo de la mejor manera, sin engaños
ni fraudes.
Fuente: Licda. Yara Caminos,
sicóloga y gerente de Recursos Humanos.
modelo: karen castillo. fotos: Maritza santos.