Casada, no anulada

El día de tu boda juraste estar con él en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad... ¡pero no convertirte en su sombra! Tienes una vida propia y nadie puede vivirla por ti.

Por Betty Carranza

Compartir es sin duda uno de los pilares fundamentales del matrimonio o de la vida en común. Se comparten actividades, intereses, proyectos de vida, responsabilidades hogareñas y la vida misma.

Pero hay mujeres como Marta, quien con su boda marcó el punto final de su vida como ser individual: renunció a su grupo de amigas de toda la vida, a jugar baloncesto con las compañeras de trabajo y hasta a las sesiones de masajes reductivos que de vez en cuando se obsequiaba a sí misma.

Ahora su existencia la llenan Fernando, su esposo, y Diego, su hijo de tres años.

La causa de esta autorrenuncia en general es una baja autoestima, es decir, el poco valor que la mujer se da a sí misma y, por ende, para ella pierden importancia sus necesidades de realización personal.

Muchas veces las mujeres y también los hombres buscan una pareja a la que admiran por su carácter firme y decidido, por su personalidad arrolladora y sin pensarlo se vuelven en su sombra, toman una posición cómoda, no se toman la molestia de pensar, hacer propuestas o tomar decisiones.
Incluso se obsesionan y se justifican con el eterno “tengo que” cocinar lo que a él le gusta, ir donde él quiere, hacer lo que los niños prefieran, sin dejar espacio para ellas mismas.

Esa relación de dependencia no es constructiva para ninguna de las partes y, en definitiva, tampoco es amor. A largo plazo, el que no hace nada se anula a sí mismo y quien lleva el liderazgo se cansa de ser el único en aportar ideas y se hastía de oír “lo que tú quieras mi amor”.

Toma tu vida


El que quieras compartirlo todo con tu hombre no significa perder la individualidad. Estar casada o en una relación formal no implica inevitablemente renunciar a emprender acciones que te gratifican, como ir a degustar un café con unas amigas o tomar las clases de cerámica que tanto quieres, por el simple hecho de que a él no le agrada que salgas sola.

Tampoco se trata de “tomar las armas” y embarcarte en una competencia diaria y perpetua sobre quién manda en casa y ver a tu esposo como a un rival a vencer.

Luchar por tu independencia, en el sentido de que “yo hago lo que me da la gana”, no es una buena opción, porque el matrimonio es una comunidad, donde los dos se sienten libres y complementarios y ambos encuentran su plenitud como personas, no un pupilaje donde viven dos solteros y cada quien hace de su vida lo que quiere.

El objetivo es encontrar el equilibrio y este depende de cada pareja, no hay una medida universal. Lo básico es reconocer que tanto el hombre como la mujer tienen igual dignidad, aunque cada uno experimenta el mundo de forma diferente, solucionan, sienten, plantean y reaccionan de manera distinta.

Comunícate

Si sientes la necesidad de tener tu propio espacio fuera de los marcos del matrimonio debes comunicárselo a tu pareja. Él no sabrá tus prioridades si no se las dices, por supuesto sin reclamos, en un diálogo respetuoso, fraterno, auténtico y sin chantajes.

Eso sí, las libertades son recíprocas; ambos deben entender que tanto tú como él tienen derecho a conservar su intimidad y los dos deben aprobar sus respectivas decisiones. De no ser así se convertirían en un punto de conflicto.

Otro aspecto básico para que esto funcione es la confianza mutua. De nada sirve que él salga solo con sus amigos si durante su ausencia tú permites que los malos pensamientos se apoderen de tu mente.

A la hora de definir tu espacio personal, distingue entre intimidad y soledad. La primera es necesaria para tu autorrealización, mientras que si caes en la soledad corres el riesgo de distanciarte emocionalmente de tu esposo y generar problemas por diferencia de intereses.
Beneficios

El que cada uno conserve su propio espacio tiene ventajas tanto individuales como de pareja. Así, por ejemplo, aprovecha tus instantes de soledad para poner tus pensamientos e ideas en orden.

Hasta las actividades que cada uno haga por separado pueden enriquecer la relación; así en una conversación con tus amigas supiste de un lugar donde pueden ir de paseo el fin de semana y luego planeas un viaje a ese sitio con tu esposo e hijos.

Puede ser que tú y tu pareja tengan las mismas amistades, disfruten de los mismos pasatiempos, pero habrá algunas actividades tan tuyas o tan de él que querrás hacerlas sola, como ir a la sala de belleza o disponer de tiempo para leer un libro. Un manejo inteligente del tiempo y espacio de intimidad dará nuevos bríos a la relación y te harán sentir satisfecha de tu vida.


Fuente: Dra. María Teresa de Sánchez, Diplomada en Ciencias de la Familia y Asesora de Familia Unida. teléfonos 263-7713 y 264-2709.

 

   
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