¡Al agua patos!

Es un atractivo natural para el ser humano, entonces ¿por qué a la primera gota que toca nuestro hijo, le sigue el regaño “no te mojés”?

Por Betty Carranza

La edad adulta causa estragos: ¡nos olvidamos de ser niños! Ellos son seres libres y ávidos de conocimiento y experiencias. Por ello no sabrán que el agua moja sino hasta que estén empapados, aunque se los hayamos advertido cientos de veces y en todos los tonos de voz que se nos ocurran.

La consabida frase “no... y punto” ya no funciona, no es un argumento válido que los detenga en su misión de conquistar el entorno.

De hecho, el repetitivo “no hagas esto o lo otro” sólo hará que active en el cerebro del niño mayor curiosidad y finalmente decida experimentar.

Como en nuestra infancia, a los niños de hoy les atrae jugar con agua (o lluvia), ya sea en el jardín, la pila, el baño y, por supuesto, en las piscinas y en el mar. ¿No será mejor aprovechar este recurso para su proceso de aprendizaje?

Sumérgete con él

Saca ventaja de la curiosidad que el agua despierta en tu hijo y enséñale por qué flotan algunos objetos y otros no, lo importante que es para la vida y la forma de cuidar este recurso natural tan valioso.

Si tanto le gusta el agua a tu hijo, asígnale tareas de acuerdo a su edad, tales como regar las plantas, bañar al perro, lavar el auto o el baño. A la vez que se divierte estarás inculcándole el valor de la responsabilidad.

También es un buen pretexto para que se inicie en el mundo del deporte. La natación es un excelente ejercicio para desarrollar su motricidad gruesa y aprender le resultará más fácil si está entre los cuatro y los ocho años.

Tampoco seas temerosa ni fomentes miedos; el niño no se va a enfermar sólo por mojarse, a menos de que se quede largo rato con su ropa mojada, ni se ahogará en una piscina si lo supervisas.

Si es sensible de sus vías respiratorias, habla con él y explícale que puede juguetear con agua un rato, pero luego debe secarse y cambiarse de ropa. Tal vez no lo entienda, pero al menos no lo privarás de la diversión.

Si la familia va de paseo, durante el viaje platícale de cómo se van a divertir jugando juntos y las precauciones que se deben tener, así cuando lleguen no se lanzará solo a la piscina, sino que querrá que tú retoces con él. Y para su seguridad —y tu tranquilidad— colócale flotadores.

Todo esto te obliga a no ser mamá “a control remoto”, que se queda en una hamaca dando órdenes y regaños. ¡Ánimo! Disfruta tú también del chapuzón.

Fuente: Licda. Rosemary Kattán de Santos, sicóloga,
terapeuta educativa y de lenguaje, teléfono 288-2116.
Foto: César Avilés.

 

   
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