| Dosis
de riesgo
Administrar cualquier medicamento a su hijo, sin consultar
al pediatra, puede causarle severas complicaciones, lesiones
permanentes y hasta la muerte.
Ixchel Pérez
El Diario de Hoy
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El
medicamento que salva es el mismo que puede destruir,
si no se administra con responsabilidad. A pesar de
este riesgo, muchos padres se atreven a dar medicinas
a su hijo sin consultar al pediatra. Le dan lo
que le hizo bien al vecinito, lo que se le recetó
en otra ocasión o lo que ellos creen que lo va
a curar, asegura el Dr. Ángel Duarte, pediatra.
La medicación sin prescripción es una
práctica muy arraigada en el país, debido
a factores culturales y económicos. Además
de que aquí se permite la venta irrestricta de
casi todo tipo de medicamentos, las personas tienen
una cultura de esperar a ver qué pasa con el
niño, se atienen, afirma Duarte.
Esta práctica es muy peligrosa, sobre todo en
niños menores de seis años. Uno de los
riesgos latentes es la mezcla de medicinas incompatibles,
cuya interacción en el organismo provoca reacciones
adversas. Por ejemplo, la teofilina que
es un broncodilatador no se puede ingerir al mismo
tiempo que un antistamínico, porque el niño
se intoxica, explica Duarte.
También se corre el riesgo de que procesos de
gravedad clínica queden enmascarados
por la administración de fármacos incorrectos.
Los síntomas desaparecen, pero la enfermedad
permanece y empeora de tal manera que después
es más difícil de controlar. El padecimiento
también puede agravarse cuando se administra
un medicamento que, simplemente, no tiene ningún
efecto.
Pero en la administración indiscriminada de medicamentos,
El riesgo mayor lo representan los antibióticos,
que tienen muchos efectos secundarios, según
Duarte. Pueden generar resistencia a las bacterias
(la medicina ya no hace efecto), sobrecrecimiento de
agentes de la flora bacteriana (como hongos), pérdida
de apetito, decaimiento, diarreas y problemas severos,
agrega.
Mal cálculo
Las confusiones en la dosificación de los fármacos
incrementan las posibilidades de lastimar a sus hijos.
Las dosis en pediatría se calculan de acuerdo
con el peso del niño, mientras que la mayoría
de las dosis precalculadas, que aparecen en las indicaciones
de las medicinas, se recomiendan según la edad.
Si usted le da al niño la cantidad de medicamento
que dice en la caja y el está muy gordito o muy
flaco, le causará complicaciones, asegura
Duarte.
Los horarios en que el niño recibe las medicinas
(cada ocho, seis o doce horas) dependen de la vida media
del producto, es decir, del tiempo en que este permanece
activo en el organismo. Esto sólo lo puede calcular
un profesional. Si usted administra el medicamento con
demasiada distancia, no surte los efectos deseados,
y si lo hace con mucha frecuencia, los niveles de medicamentos
se acumulan y producen efectos tóxicos o aumento
de efectos adversos.
Además, las medicinas vienen en diferentes presentaciones
(jarabe, gotas, pastillas) y la cantidad a administrar
varía de una a otra. Usted puede dar la misma
cantidad de jarabe y de gotas, pero la concentración
de las sustancias activas es diferente. Así,
si da una cucharadita del acetaminofén que viene
en jarabe, da 120 ml de sustancia activa; pero si da
una cucharadita del acetaminofén que viene en
gotero, da 500 ml, afirma Duarte.
El peligro es evidente. Exponer a sus hijos a un medicamento
sin la autorización del pediatra es actuar de
forma irresponsable. Consulte a un profesional, si no
quiere que el remedio sea peor que el mal.
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