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Botulismo
infantil
Peligro en la salud del bebé
El botulismo infantil se presenta
en niños menores de seis meses. Estreñimiento,
succión anormal, llanto débil y debilidad
muscular progresiva son algunos de los síntomas
notorios.
El
botulismo infantil es causado por la bacteria Clostridium,
que vive en el suelo y el polvo, y que puede contaminar
los alimentos, especialmente la miel.
La bacteria Clostridium produce una toxina (veneno)
llamada botulínica, que bloquea los mensajes
normales entre los músculos y los nervios y afecta
a los músculos de todo el cuerpo. La toxina afecta
primero a los músculos intestinales.
Esta enfermedad ocurre en todo el mundo y el 98% de
los casos se presenta en niños entre uno y seis
meses de edad. Es imposible impedir la mayoría
de los casos de botulismo infantil, ya que las esporas
de la bacteria Clostridium se encuentran en el suelo
en todas partes.
Cuidado con la miel
Los niños con botulismo infantil pueden requerir
hospitalización durante un período prolongado.
En casos graves podría requerir varias semanas
de hospitalización e incluso soporte respiratorio.
Para evitar los contagios no son necesarios el aislamiento
ni las precauciones especiales, ya que esta infección
no se transmite de persona a persona.
La mayoría de casos no se puede prevenir. Los
padres pueden eliminar un factor de riesgo si no le
dan miel al niño menor de un año de edad.
Es necesario llamar al pediatra de inmediato cuando
el bebé tiene problemas para respirar, si parece
tener dificultades para pasar alimentos y cuando está
babeando de manera anormal. También si parece
que el bebé no está comiendo bien, si
llora débilmente, si no puede mantener la cabeza
erguida por sí mismo, o si ya no succiona de
manera normal.
Aunque puede que el problema sólo sea estreñimiento
de poca importancia sería mejor que lo examine
un médico, sobre todo si han pasado tres días
desde la última defecación.
Los médicos diagnostican el botulismo infantil
examinando las deposiciones del niño. A través
de ese examen se puede detectar la presencia de la bacteria
Clostridium o de la toxina del Clostridium botulinum.
Un niño con esta enfermedad es tratado en un
hospital. Una vez dados de alta sólo requiere
cuidados rutinarios.
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