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Cinco
mil personas, entre ingenieros espaciales y científicos,
trabajan en los cuarenta edificios de la NASA, en ;a ciudad de Los
Angeles, California. Apenas 300 son latinos y sólo uno es
salvadoreño.

Bernardo
lópez nació en Santa Ana hace 36 años
y desde junio del año pasado está contratado
por la División de Ingeniería e Investigaciones
para Sistemas Mecánicos del Jet Propulsion Laboratory
de la NASA.
Aunque su trbajo no es ir espacio, sí lo es garantizar
junto a un equipo de profesionales que los satélites
que se envíen resistan los acmbios de temperatura,
los niveles de vibración y otros fenómenos
propios del universo.
Ayudado por simulaciones en computadoras y por más
de una veintena de libros, realiza investigaciones de las
estructuras que componen los satélites para evitar
que éstas se rompan una vez que han sido lanzados
al espacio.
Muchos de estos aparatos registran mediciones topográficas,
tala de árboles, cambio en los niveles de humedad
y hasta el volumen de los ríos, de ahí la
importancia de que permanezcan intactos en la galaxia.
Pese a lo complicado que suena su labor, el ingeniero López
se siente muy a gusto, ni siquiera tien un horario establecido,
a veces puede ingresar a su oficina a las diez de la noche
y marcharse hasta bien entrada la tarde del día siguiente.El
asegura que cuenta con el apoyo de su familia: su esposa,
de origen cubano, y sus tres hijas de nueve, siete y tres,
quienes están orgullosas por la posición que
ha alcanzado en sí mismo.
Criado en la ciudad de Santa Ana, se graduó de bachiller
en el Instituto Nacional de esa ciudad como uno de los alumnos
más destacados. Eran los años 80, los primeros
del conflicto en El Salvador y el reclutamiento de jóvenes
por parte de la guerrilla o del ejército eran comunes.
Este temos hizo que dejara el país de compastriotas.
En casi tres semanas cruzó Guatemala y México
hasta llegar a Los Angeles. En su querida Santa Ana quedaria
su madre, quien viajaría a acompañarlo un
par de años más tarde.
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Una vez
en Los Angeles, tías maternas ya establecidas le dieron
su primer techo y comida y le ayudaron a buscar empleo en
una fábrica de máscaras antigases para los soldados
estadounidenses.
Cuando los primeros sueldos llegaron se inscribió en
la escuela para estudiar inglés intensivo. Poco a poco
fue abriéndose campo. Obtuvo un puesto como conductor
de camiones de carga y luego otro como dependiente de almacén.
al mismo tiempo que ingresaba a la Universida Estatal de Claifornia
para estudiar contabilidad.
Esta carrera le ayudó a convertirse en cajero de banco,
le facilitó mejores ingresos y la posibilidad de estudiar
lo que siempre había querido: ingeniería mecánica
con especialidad en el diseño de aviones.
Desde que era chiquito me encantba deshacer los radios
y todas las cosas mecánicas, destruir mis juguetes
y revisar lo que tenían dentro y luego volverlos a
armar. Los aviones me encantaban, cuenta.
Aprendió a diseñar aviones y cohetes de guerra,
combinando los estudios con los números. Tanto le apasionó
su carrera que ganó una beca para laborar en una de
las más
prestigiosas industrias de satélites por más
de siete años.
Su dedicación a los estudios y su perseverancia en
el trabajo hicieron que un profesor de la universidad lo animara
a solicitar empleo en el Jet Propulsion Laboratory
de la NASA en la ciudad de Los Angeles.
Convencido de su capacidad, no dudó en hacerlo. Nunca
pensé que mi sondición de latino o salvadoreño
fuese un problema, creo que si tienes capacidad debes mostrar
lo que sabes, por esa capacidad se te van a abrir las puertas,
no por tu acento o color de piel, dice.
Más allá
de la NASA
Y es ese
talento el que lo hace no sólo estar entre los cinco
mil empleados del Jet Propulsion Laboratory, sino
ser parte de los quince profesionales que en noviembre de
1998 fueron invitados por la Comisión Nacional de Desarrollo
para realizar las consultas con los salvadoreños que
residen en el exterior.
Integrados en la Mesa 16, el grupo ha hecho varias
propuestas importantes que traería valiosas beneficios
para la juventud salvadoreña.
Estamos pidiendo que se permita la transferencia de
tecnología... llevar el conocimiento que tenemos algunos
profesionales en Estads Unidos a El Salvador, refiere.
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SOBRE LA MESA 16
En mayo de 1997, el Presidente Armando Calderón Sol
nombró la Comisión Nacional de Desarrollo para
que realizara diferentes consultas sobre los problemas y necesidades
de distintos sectores del país.
Aglutinados
en diferentes grupos que la Comisión enemura en mesas,
profesionales, organizacionales de derechos humanos, de género,
etc., participaron en las consultas.
La Comisión
tuco a bien incluir dentro de estas consultas a quince profesionales
salvadoreños que viven en Los Angeles, que integraron
la Mesa 16.
Algunas de las propuestas presentadas por ellos son:
* Promover el intercambio estudiantil en las áreas
educativa, artística, cultural y deportiva.
Apoyar
la realización de estudios sobre la comunidad salvadoreña
en el extranjero.
* Impulsar la creación de grupos de ballet, teatro
y talleres de pintura y artesania en el exterior.
Creación
de redes de participación que canalicen un intercambio
de conocimientos en ciencia, tecnología y servicios.
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Por eso él no quiere regresar al país, y aunque asegura
sentirse un guanaco como cualquier otro a quien le hacen
falta los tamales y las pupusas de arroz, se siente comprometido
a ayudar al país desde la posición en que se encuentra.
Quiere participar activamente en la capacitación de jóvenes
interesados en la ingeniería espacial o en otras áreas
que él domina, está dispuesto a brindar a las nuevas
generaciones de salvadoreños un poco de la capacidad y la
experiencia que ha conquistado.

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