Artículos de este especial

Portada de especial
El sueño americano, un alto precio que pagar
Queso duro a media hora del capitolio
Aferrados a sus raíces
Unidos en la distancia
De mesera a propietaria
Lazos de solidaridad
Watsonville en manos de un salvadoreño
La santaneca de Univisión
De ilegal a la NASA
   
Hablemos
El Diario de Hoy
   
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Comunidad salvadoreña de El Diario de Hoy

 

De mesera a propietarios

Veinticinco días le tomó a Haydeé Vanegas cruzar la frontera. Una vez en Washington D.C. trabajó con seis años logró hacerse de su propio negocio.

Cuando Haydeé dejó Polorós, en el departamento de La Unión, para viajar a Estados Unidos, ni siquiera conocia San Salvador. Cruzó la frontera México- Estados Unidos llena de miedo. Su padre lqa llevo consigo para reunirla con sus tres hermanos mayores que ya vivián en Washington D.C., convencido de que en “el norte” ella podría también trabajr y ayudar a la mamá y a los dos niñas menores que quedaban en el cantón.
Y no se equivocó. Aunque a Haydeé le costó aprender inglés y paso muchas noches llorando por que le hacia falta su mamá y sus hermanas, logró emplearse en “Yolis Café”, un restaurante ubicado en Washington D.C. donde se ganaba la vida como mesera de dos de la tarde a tres de la madrugada. “Yolis Café” iba a cerrar, así que Haydeé encontro dónde invertir su dinero.

 

Haydeé junto a su esposo Mario (izquierda) cocinero del restaurante y Jaime, uno de los tantos primos a los que ella continua ayudando.

“De lo que ganaba, le enviaba a mi mamá y el resto lo guardaba; no sabía para qué, pero ahorraba.
Como no podía pasear o gastar por el empleo, se me fue haciendo bastante y logré juntar 30 mil dólares”, cuenta emosionada. Su padre, primos y amigos que llegaban desde Polorós buscando empleo, ayudaron a Haydeé a establecer este negocio. Entre ellos iba Mario, un amigo de infancia que se convirtió no sólo en el chef principal del lugar, sino también en su esposo.
Aquel restaurante cerró y ahora Haydeé posee uno más grande, donde la especialidad es la comida salvadoreña y mejcana.
Doce empleados estan a su cargo, sólo una es hondureña, el resto son primos y amigos que siguen llegando de Polorós y que siempre encuentran en esta joven de 29 años una puerta habierta para salir adelante.

 
 


JOSÉ REYES “EL ABANDONADO”

Así conocen a este hombre en la ciudad de Washington, no porque esté abandonado, sino porque este es el título de una de sus canciones.

José Reyes es un salvadoreño que ha grabado dos discos compactos, con música cumbia y norteña, que si bien no son exitosos se han ganado el reconocimiento de los salvadoreños que reciden en las áreas de Washington D.C., Maryland y Virginia.
*”Yo no vivo de la música, sólo vivo mi sueño”, dice este hombre a quien no le importe regalar sus discos con tal de hacer lo que siempre soñó: cantar.



José empezó a ganarse la vida lavando cacerolas en un comedor, ahora es dueño de dos restaurantes y tiene a su cargo a no menos de 20 empleados.

Pese a sus éxitos, sigue siendo un hombre humilde que quiere cantar y demostrar con ello que algunos sueños son posibles.

 




Una pareja de éxito

Rosibel y Manuel Arbaiza son una pareja de salvadoreños que de inmigrantes ilegales en Estados Unidos pasaron a convertirse en propietarios de tres salones de belleza y la única zapateria ADOC que existe en ese país.

Manuel viajó en 1972, cuando era un quinceañero. Unos primos que vivían en Washisgton lo impulsaron a dejar San Salvador e ir en busca de los dólares. Ocho días se tardó en cruzar Guatemala y México hasta entrar a Estados Unidos.
Rosibel, quien nació en Intipucá llegó un poco más tarde, a mediados de los ochenta, también lo hizo por tierra, ayudada por un “coyote”.
El consiguió empleo en un restaurante, primero limpiando pisos, luego sirviendo mesas hasta que ocupó el puesto de cantinero. En sus ratos libres se iba a un salón de belleza ubicado en la Calle Mt Pleasant, en el centro de Washington D.C., para cortarse el cabello. Fue allí donde conoció a Rosibel.

  Entre toques de tijera se enamoraron. A él le apasionó el espíritu soñador de Rosibel. “Todos los días me decía que algún día ese salón de belleza sería suyo”, cuenta Manuel. Por eso la joven trabajaba entre diez y doce horas diarias, ahorrando cada centavo para conquistar su sueño. “No sabia si iba a poder comprar un salón como ese,pero estaba trabajando para ver si lo lograba”, dice Rosibel con humildad.
cuando se casaron habían ahorrado más de quince mil dólares y abrieron una pequeña peluquería y les fue tan bien que en menos de diez años establecieron dos más, una en la Columbia Road, donde vivien y trbajan la mayoria de compatriotas en Washington D.C., y otra en Maryland.
La habilidad en los negocios llegó más lejos. Hace dos años Manuel descubrió que existía una preferencia por los zapatos ADOC en los Estados Unidos. “Quiza por nostalgia la gente los mandaba a traer allá”, dice. Así que hablo con los dueños de esta empresa en El Salvador y junto a su hermano abrió la primera sucursal en Estados Unidos, con una inversión de 40 mil dólares obtenidos con préstamos y ahorros.
 

Mauel y Rosibel se enamoraron en Estados Unidos y juntos alcanzaron el “sueño americano”

Y le va tan bien que ni él mismo se lo cree. “A veces vendo 20 pares en un solo día. Los jamaiquinos son los mejores clientes compran “burros” y los mandan a su país para sus hijos”, cuenta entre sonrisas.
Ahora esta peculiar pareja, padres de cuatro hijos entre los 21 y los nueve años, es propietaria de cuatro empresas, tiene a su cargo 20 empleados, 16 de ellos salvadoreños y todavía quieren llegar más lejos: abrir otra zapateria en Maryland, ciudad cercana a Washinton D.C. y, si Dios se los permite, otros salones de belleza.
Rosibel no duda que puedan hacerlo, la clave de todo, según ella, es “trabajo duro, sacrificio y el deseo de hacerlo”.



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