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Watsonville en manos de un salvadoreño
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Comunidad salvadoreña de El Diario de Hoy

 

Watsonville en manos de un salvadoreño

Es el primer alcalde salvadoreño en todo Estados Unidos y pese a que ha vivido allí por más de 25 años, todavía extrana la yuca con pepescas de Mejicanos, la tierra donde vivió su infancia.

Oscar Ríos, un hombre sencillo, regordete y alegre, es el primer salvadorezño que ocupa un puesto en el Consejo de Alcaldes de Watsonville, una pintoresca ciudad ubicada en el corazón del Valle del Pájaro en California, a unos 350 kilómetros de Los Angeles.

Es una rica comunidad agrícola, famosa por el cultivo de fresas, manzanas y flores, y por su diversidad de etnias. Cerca del 60 por ciento de sus 37 mil habitantres son latinos.
La mayoría de ellos mejicanos, principalmente de Jalisco y Puebla. Gente que se gana la vida en las casi cien compañias que se didican al cultivo y comercio de verduras, frutas y flores tanto en Watsonville como en el Valle del Pájaro.

Es un pueblo ern el que la gente se reúne cada tarde en el parque central, al final de la jorbnada, para escuchar melodias norteñas o folclóricas tocadas por pequeñas bandas de música que acuden hasta allí.
Esta numerisa presencia latina aunada al trabajo comunitario que Oscar Ríos comenzó desde joven han hecho que ocupe por tres períodos consecutivos una silla dentro del grupo de concejales de la ciudad.
Electo por primera vez en 1989, estableció alianzas con importantes compañias de negocios, fue responsable de un presupuestoi de 54 millones de dólares, facilitó la creación de cien nuevos empleos. En su segundo período en 1996, impulsó la construcción de parques y lugares de recreo en las escuelas del distrito. Hoy, su meta primordial es trabajar de cerca no sólo con los salvadoreños que comienzan a llegar a la ciudad, sino con todos los latinos que viven en ella. Una de las tareas más importante es concientizar a la gente, en especial a sus paisanos, sobre la necesidad de obtener la ciudadanía estadounidense y así, a través del voto, ayudar a otros millares de hispanos a mejorar su calidad de vida.

  “Huésped de honor”

En marzo pasado, Oscar Ríos estuvo de visita en El Salvador como observador de las elcciones presidenciales y el alcalde capitalino Héctor Silva le entrego las llaves de la ciudad y lo declaró “Huésped de honor”, reconociendo su esfuerzo por salir adelante en un país extraño.
Oscar no había venido en 25 años a El Salvador y su emosión era evidente.
En ese momento habló de lo orgulloso que se sentía de sus raíces y hoy luego de dos meses todavía conserva el recuerdo de esa visita.
Venir a El Salvador le permitió disfrutar de muchas de las comidad que viviendo en Estados Unidos le hacen tanta falta, como la yuca con pepesca, los tamales de elote y las pupusas de chicharrón.
“También me hace falta la sopa de mondongo. Cada 31 de diciembre no sreunimos todos en la ciudad de San Francisco y mi mamá nos hace esta sopa y la comemos. Nada de pavo, lo nuestro es la sopita”, dice con una carcajada.
“Cunado emigré a San Francisco, estudié en escuelas donde sólo se hablaba inglés, todos los eramos latinos nos confundíamos y había estadounidenses que se reían de nosotros”, recuerda Oscar, quien está divorciado y es padre de dos hijos.
Sin embargo logró salir adelante, comenzó su carrera política siendo adolescente como consejero de jóvenes con problemas de drogas en la asociación “Horizontes sin límites”. Más tarde, mientras se ganaba la vida como aprendiz de carpintero integró otras organizaciones como La Raza, donde aprendió a brindar asesoria legal e incluso ayudó en la traducción de documentos.
Al tomar el puesto como Coordinador de Eduacaicón con el Comité Unido de San Fracisco, participó activamente en temas como leyes de inmigración, derechos humanos de los inmigrantes y otros.
Todo este trabajo político permitió que alcanzara por tres períodos distintos un puesto en la alcaldía de Watsonville.

 

 


LA “CAPITAL DE LA FRESA”

La ciudad de Watsonville está localizada en el Valle del Pájaro, alrededor de la bahía de Monterrey.
* Se caracteriza por una abundante agricultura, que aporta al país más de 750 millones de dólares anuales.

La producción de fresas está a la cabeza dentro de la lista de cultivos agrícolas.

Además de los tradicionales servicios municipales, en Watsonville opera un aeropuerto, dos bibliotecas y un sistema regional de tratamiento de agua. También está provisa de su propio departamento de policía y su delegación del Cuerpo de Bomberos.

Watsnville es un pueblo joven, casi el 32 por ciento de la población está abajo de los 18 años.


 

Ahora es el responsable de un presupuesto anual de 20 millones de dólares y se refiere a Watsonvilee como “mi pueblo”, pero no olvida a El Salvador a la que llama su patria.
Aunque no tiene planes de regresar, dice que le gustaria integrar un esfuerzo para yudar a las nuevas generaciones de salvadoreños.
“A mí desde pequeño me enseñaron a ser honrado, a respetar a mis adultos y los jóvenes salvadoreños de estos días tienen que conservar esos valores, yo quiero hacer algo por eso”. dice.
Mientras hace posibles sus sueños, continuará trabajando por los latinos de Watsonville que apoyan el trabajo de un hombre que siendo también hispano, supo abrirse campo para formar parte de la vida pilítica de California.



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