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Tiene 57 años de edad y está
seguro que por el resto de su vida jamás olvidará ese 13
de enero. Fue el primero que pudo contemplar la dimensión de la
tragedia de Las Colinas, justo desde el filo del derrumbe.
Al recordar ese momento, Alvaro Peñate dice: me temblaron
los pies, sentía que mi corazón se salía del pecho,
pero al final le di gracias a Dios porque estábamos vivos. Miré
que las casas de la hacienda y todo estaba destruido, las paredes rajadas,
las tejas caídas y las vigas quebradas.
Inmediatamente caminé por la vereda a buscar a Alfonso, un amigo,
y miré que la tierra se estaba rajando, de repente no podía
ver por la gran polvazón, mientras seguía temblando. Lo
que me preocupó fue cuando vi el desbordamiento de tierra que bajaba
hacia Las Colinas, pensé que todo se iba a derrumbar.
En ese momemto mi corazón palpitaba fuerte y me acordé que
en esas casas soterradas habían amigos que venían aquí,
pero ahora hay muchos muertos, dice ahora, doce días después
del terremoto.
A la pregunta sobre qué hará ahora, ve hacia el vacío
y responde con resignación que quiere seguir como vigilante en
la finca si se lo permiten, si no, se irá a Zapotitán a
trabajar en las tierras.
Aquí me gusta mucho por el clima, pero según dicen
nos tenemos que ir porque es muy peligroso. Ya viene el invierno y esto
no es nada bueno para nosotros que somos los únicos que nos quedamos
aquí, agrega.

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Según Peñate, estas tragedias
ya están escritas en la Biblia, aunque es el hombre avaro el que
está provocando estas cosas. Aquí querían hacer una
calle al pegue del barranco y eso ayudó a que la tierra se aflojara,
comenta.
El horror que vivió el 13 de enero lo ha marcado para toda su vida.
Con la sencillez de su humildad asegura que un mago lo había pronosticado
hace ocho años en un periódico. Ahora sólo
me queda mirar desde aquí arriba los casas caídas y muchos
amigos en el cementerio y otros allí, enterrados, quizás
para siempre.
Vi la muerte desde aquí arriba. Desgraciadamente, los de abajo
no tuvieron la misma suerte .
Don Alvaro.

El peligro persiste en
Las Colinas. Otro temblor o una mínima lluvia podrían provocar
que el terreno agrietado se desborde.
Grietas, destrucción e incertidumbre
es lo que queda en la cima de la hacienda La Gloria y en El Colegio Josué.
Jesús nuestro padre nos ha mandado castigo tras castigo.
Lo triste es que las grietas del corazón por la pérdida
de tantos hombres, niños, ancianos, mujeres no se curan. Hoy ya
es tarde para que ellos se arrepientan de sus pecados. Pediré a
Dios Todopoderoso que los perdone para que todos se vayan al cielo.
expresa don Alvaro.
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Con los ojos húmedos y la boca reseca
por el fuerte viento, este hombre solo atina a decir: los días
que vienen me los voy ha tomar con mucha generosidad. Cada día,
al levantarme y al acostarme, voy a rezar por nuestras madres, hijos y
familiares.
Este país lo que necesita ahora es que nos echemos la mano. Por
eso, cuando alguien venga aquí, sin pensarlo dos veces, estoy a
la orden...

Las grietas en las tierras
de la hacienda La Gloria son reflejo de la magnitud del terremoto del
pasado sábado 13 de enero.
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