28 de enero de 2001


Alvaro Peñate cuidaba el casco de la finca La Gloria, a 20 metros en la cima del derrumbre que causó la tragedia en la colonia Las Colinas.

La vivienda del señor Peñate quedó destruida por completo.


Escríbanos

Tiene 57 años de edad y está seguro que por el resto de su vida jamás olvidará ese 13 de enero. Fue el primero que pudo contemplar la dimensión de la tragedia de Las Colinas, justo desde el filo del derrumbe.
Al recordar ese momento, Alvaro Peñate dice: “me temblaron los pies, sentía que mi corazón se salía del pecho, pero al final le di gracias a Dios porque estábamos vivos. Miré que las casas de la hacienda y todo estaba destruido, las paredes rajadas, las tejas caídas y las vigas quebradas.
Inmediatamente caminé por la vereda a buscar a Alfonso, un amigo, y miré que la tierra se estaba rajando, de repente no podía ver por la gran polvazón, mientras seguía temblando. Lo que me preocupó fue cuando vi el desbordamiento de tierra que bajaba hacia Las Colinas, pensé que todo se iba a derrumbar.
En ese momemto mi corazón palpitaba fuerte y me acordé que en esas casas soterradas habían amigos que venían aquí, pero ahora hay muchos muertos”, dice ahora, doce días después del terremoto.
A la pregunta sobre qué hará ahora, ve hacia el vacío y responde con resignación que quiere seguir como vigilante en la finca si se lo permiten, si no, se irá a Zapotitán a trabajar en las tierras.
“Aquí me gusta mucho por el clima, pero según dicen nos tenemos que ir porque es muy peligroso. Ya viene el invierno y esto no es nada bueno para nosotros que somos los únicos que nos quedamos aquí”, agrega.

 

Según Peñate, “estas tragedias ya están escritas en la Biblia, aunque es el hombre avaro el que está provocando estas cosas. Aquí querían hacer una calle al pegue del barranco y eso ayudó a que la tierra se aflojara”, comenta.
El horror que vivió el 13 de enero lo ha marcado para toda su vida. Con la sencillez de su humildad asegura que un mago lo había pronosticado hace ocho años en un periódico. “Ahora sólo me queda mirar desde aquí arriba los casas caídas y muchos amigos en el cementerio y otros allí, enterrados, quizás para siempre”.

“ Vi la muerte desde aquí arriba. Desgraciadamente, los de abajo no tuvieron la misma suerte’’ .

Don Alvaro.

El peligro persiste en Las Colinas. Otro temblor o una mínima lluvia podrían provocar que el terreno agrietado se desborde.

Grietas, destrucción e incertidumbre es lo que queda en la cima de la hacienda La Gloria y en El Colegio Josué.
“Jesús nuestro padre nos ha mandado castigo tras castigo. Lo triste es que las grietas del corazón por la pérdida de tantos hombres, niños, ancianos, mujeres no se curan. Hoy ya es tarde para que ellos se arrepientan de sus pecados. Pediré a Dios Todopoderoso que los perdone para que todos se vayan al cielo”. expresa don Alvaro.

 

Con los ojos húmedos y la boca reseca por el fuerte viento, este hombre solo atina a decir: “los días que vienen me los voy ha tomar con mucha generosidad. Cada día, al levantarme y al acostarme, voy a rezar por nuestras madres, hijos y familiares.
Este país lo que necesita ahora es que nos echemos la mano. Por eso, cuando alguien venga aquí, sin pensarlo dos veces, estoy a la orden...”

Las grietas en las tierras de la hacienda La Gloria son reflejo de la magnitud del terremoto del pasado sábado 13 de enero.

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