16 de junio 2002


Las plataneras de la costa ahuachapaneca parecen un mar de color verde que termina cuando inicia el Océano Pacífico. No es que El Salvador sea tierra de plátanos, pero cada vez están ganando terreno en las preferencias de los agricultores.

José Antonio Rodríguez ya tiene sus expectativas con la cosecha del plátano. Cree que el primer año, pagando el crédito, le van a quedar diez mil colones de ganancia.

Era una mañana aciaga para José Antonio Rodríguez, un agricultor de 53 años residente en la zona de Lempa Acahuapa, San Vicente. Cada machetazo que daba a una mata de plátano que había crecido en su terrenito hacía eco en sus penas.
Sabía que la siembra de maíz ya no era una solución para aliviar el hambre y la pobreza de su numerosa familia (nueve hijos). Tenía que encontrar otra forma de cultivar la tierra, pero en ese momento su desesperanza no lo dejaba vislumbrar una salida.
La presencia de un técnico del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria Forestal (CENTA) lo sacó de su letargo. “Él fue quien me orientó para que yo comenzara a sembrar plátano. Solicité un préstamo y ahora ya tengo tres cuartos de manzana cultivadas”, menciona ahora que también ha recuperado las esperanzas.
No es que el plátano (musáceas) sea la panacea que resuelve las carencias de los labradores salvadoreños; sin embargo, es el fruto que más se importa en el país y si se logra cubrir la demanda del mercado local (se descuida más del 50%), podría traer beneficios a la agricultura nacional.
En la actualidad, unas 2,800 manzanas de los campos agrícolas salvadoreños están destinadas al cultivo del plátano, pero para superar el déficit de producción se necesita aumentar a por lo menos 4,700 manzanas.
Los suelos planos y el clima tropical de Cara Sucia, en Ahuachapán, albergan unas 1,515 manzanas cultivadas con plátano. En Lempa Acahuapa, que comprende zonas de los departamentos de Usulután y de San Vicente, se han sembrado unas 700 y en La Paz existen 85.
Lourdes Centeno, técnico en agronegocios del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), menciona que existen otras plantaciones en Sonsonate y La Libertad que por ser pequeñas no están contempladas dentro de los terrenos de producción.
Pero hay una palabra que define a este cultivo: rentabilidad, que según algunos agrónomos supera sin discusión alguna al café y a la caña de azúcar, y sólo puede igualarse con las hortalizas y los cultivos en invernaderos.
Agricultores en grande y en pequeño han descubierto que es más rentable cultivar musáceas que maíz. “He visto que no necesita mucho trabajo, se resiembra cada tres o cuatro años y produce su poquito”, pronuncia Manuel de Jesús Mejía, de 60 años, mientras sus manos ásperas quitan las hojas secas a las parras de plátano.

Cada rácimo tiene entre
cuarenta y sesenta plátanos.

Falta tecnificación

Hace algún tiempo, Manuel ponía sus esperanzas en la cosecha de maíz, pero se dio cuenta de que apenas le daba para el consumo, en cambio el plátano se puede ver como un negocio. Por esa razón se dedica cada vez menos a la labranza de granos básicos.
Su esposa, su hija y dos trabajadores que contrata de forma eventual le ayudan a darle mantenimiento a la platanera. Se encargan de limpiar las parras (quitarles las hojas secas), regarlas en el verano, cortar los racimos y otros quehaceres más.
En el caserío Ista, Cara Sucia, Ahuachapán, Mardoqueo López descubrió los beneficios de sembrar este fruto hace más de 20 años cuando el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA) le regaló unas semillas.
Cuando la mañana aún cubre de rocío las plataneras, Mardoqueo hace un recuento de la corta de ese día y a la vez expresa: “Aunque esté barato es mejor. El maíz es una sola cosecha y el plátano cada 22 ó 15 días se está cortando, según lo apresurado del sazón”.
Aunque son pocos los agricultores que han descubierto la rentabilidad del plátano y algunos de ellos ya estén pensando en su nivel comercial, José Cuéllar, jefe del Departamento de Biotecnología de la Escuela Nacional de Agricultura “Roberto Quiñónez” (ENA), menciona que existen problemas de tecnificación en el manejo del cultivo.

 

La forma empírica en que se maneja, desde la siembra de la semilla, el riego y el control de plagas, frena en gran medida la rentabilidad del fruto. Significa que hace falta tecnificar la forma de cultivo y así las ganancias serán mayores.
Quiñónez agrega que si de una manzana de tierra sembrada —siguiendo manejos tradicionales— se obtienen 15,000 colones de ganancia, al hacerlo siguiendo las medidas técnicas correspondientes se saca el doble.
Dentro de las estrategias implementadas por el MAG desde el año pasado para mejorar la producción de plátano está la propagación masiva in vitro (reproducción en laboratorio). Esta técnica permite la siembra de semilla sana, libre de plagas como el pulgón y enfermedades como la sigatoka negra, llamada también mancha de la hoja.
Sonia Solórzano, encargada del laboratorio de Recursos Filogenéticos del CENTA, dice que el cultivo in vitro es el único método conocido, en la actualidad, para erradicar virus, viroides, micoplasmas y otros patógenos a partir del material enfermo y además los clones pueden ser propagados en cualquier época del año.
No obstante, los productores tradicionales están un poco renuentes al cambio; prefieren extraer ellos mismos las cepas o hijos de las matas que pagar ¢5.75, que es el precio de la semilla reproducida en el laboratorio.

Metas plataneras

El plátano es una de las frutas más ricas y nutritivas procedente de la zona tropical de Asia, que llegó a América en el siglo XVII. En El Salvador tiene un importante mercado, pero la producción interna no alcanza a abastecer más del 50% de esa demanda.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el país es uno de los máximos importadores de plátano junto a Estados Unidos, Antillas Holandesas, Trinidad y Tobago, Aruba, Nicaragua y Barbados. Sus principales proveedores son Guatemala, Honduras y el sur de México.
En el 2000 se desembolsaron 21 millones y medio de colones en la compra de plátano del exterior; en el 2001, las cifras aumentaron y se gastó un poco más de 24 millones. En lo que va del año se han importado de forma aproximada cuatro millones y medio de colones.

Luego de la corta del racimo, los cultivadores cuentan el fruto, en Cara Sucia, Ahuachapán.

Pero el fruto que se trae del exterior es el rechazado de otros países, como los europeos y Estados Unidos. Se trata de plátano considerado de tercera y cuarta categoría (se clasifica de primera a sexta).
Por eso, la idea clave del MAG y de las instituciones que trabajan en el fomento del cultivo del plátano (Universidad de El Salvador, CENTA, ENA, Universidad Católica de Occidente) es trabajar para que el agricultor ya no lo vea como un fruto secundario y al contrario se preocupe por cosechar cantidad y calidad.
Lourdes Centeno detalla que por el momento existen tres fincas que están tomando en cuenta los parámetros de calidad del mercado, tales como contextura firme, color brillante, buen estado de maduración, buen sabor, libre de golpes y clasificación según tamaño.
Estas plataneras han comenzado a comercializar el producto con empresas exigentes como la Diana y la Bocadeli, que lo utilizan para fines agroindustriales en la fabricación de “chips”. Esto ya supone un mercado seguro para los productores, pues sólo la primera fábrica importa casi medio millón de plátanos al mes.
Para este año se piensan producir 250 mil plantas en laboratorio y sumar 200 manzanas más a las 2,800 ya plantadas. Una de las primeras metas es abastecer por completo el mercado local y después se pensaría en la exportación.
También se ha solicitado a la FAO un analista para que cree un Programa Nacional de Plátanos a fin de extender, tecnificar, mejorar la calidad y convertir al plátano en una alternativa fructífera para la agricultura nacional.

Un agricultor se dedica a sembrar cepas o semillas de plátano.

 

El plátano es cargado en un medio de transporte antiguo.

Antes de sembrar

Hace siete años, Mario Chicas se dedicaba a cultivar plátano en Cara Sucia, Ahuachapán. Un día decidió vender las tres manzanas que tenía plantadas, en las que había una inversión de 18 mil colones. Le dieron 58,000, pagó sus deudas y se marchó a Estados Unidos.
Ahora que ha regresado no piensa dos veces en volver a su antigua ocupación, un trabajo que según él conoce como la palma de su mano. “Es más valiente a las plagas, es como tener una vaquita parida que da leche. Como quiera es el más rentable”, relata Chicas.
Labradores como él ya conocen el manejo que se da al plátano. Lourdes Centeno sostiene que antes de incursionar en el mundo de las musáceas un agricultor debe conocer el mercado: qué está demandando en cuanto a variedad, calidad y tamaño.
Según la técnica de agronegocios, aunque está comprobado que este fruto es un cultivo rentable, si toda la gente comienza a sembrarlo, sin tener antes un comprador definido, podría darse una saturación del mercado y generar pérdida a los productores.
También se debe tomar en cuenta la parte técnica. La temperatura óptima para su cultivo es entre 20 y 30 grados centígrados, requiere bastante luminosidad y humedad. Necesita suelos sueltos con una profundidad mayor de 1.2 metros, con buen drenaje y ligeramente ácidos o neutros (Ph 5.5 a 7.0).
En lugares altos arriba de los 800 metros, tales como la zona cafetalera de Ahuachapán, no es recomendable su siembra, debido a que su cosecha es lenta y rinde menos producción. Son perfectas para su florecimiento las áreas costeras regables y donde antes existían plantaciones de algodón.
Por ahora, los agricultores parecen haber seguido las recomendaciones agroclimáticas. En diez u once meses, los admiradores de las musáceas comienzan a beneficiarse de las cosechas, cortan los racimos y luego los comercializan en los mercados locales y cuando son grandes cantidades, en La Tiendona, San Salvador.
Las tres variedades de plátano cultivadas en el país: enano, fhia 21 y usulután, ya comienzan a llamar la atención de los agricultores, pero el verdor de las plataneras necesita ampliarse a más campos agrícolas para extender también su rentabilidad.

En la zona de Lempa Acahuapa,
el plátano es comercializado de forma peculiar: en la carretera.

Cultivo de pobres
El plátano procede del sudeste asiático, entre la India y Malasia. Las primeras noticias históricas son de unos 500 años antes de Jesucristo.

Llegó a África a través de Madagascar. Se establece en las costas del Mediterráneo sobre el siglo VI. A las islas Canarias fue llevado por portugueses procedentes de Guinea durante los años de la conquista. Desde aquí llegó a América.

A comienzos de la década de 1880, algunas casas exportadoras inglesas iniciaron de forma esporádica los envíos de fruta al extranjero.

El plátano se produce y se consume de forma especial en los países en vía de desarrollo. Se comercializa en fresco y, en menor escala, deshidratado y en harina.

El principal productor del mundo es Uganda. En 1999 cosechó 8.9 millones de toneladas. Europa y Estados Unidos son los principales importadores de plátano fresco.

Desde el 95 hasta la
actualidad, el plátano no ha experimentado
cambios en los precios. Esa es una ventaja para los productores.

No se recomiendan las plantaciones en áreas
expuestas a vientos con velocidades mayores a 20 km/hora, ya que pueden causar daños en las hojas y tumbar las plantas.

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