11 de febrero de 2001


Las casas antiguas de Santiago de María han sucumbido, entre ellas una edificada en 1855. Su valor histórico no radicaba solo en su antigüedad, sino también en que fue construida por uno de los fundadores del poblado.


Escríbanos

A don Carlos Ramón Leciñaga le enorgullece contar que la casa que corona el antiguo casco de la finca San Martín, propiedad de su esposa Miriam Urquilla, es quizá la más antigua de Santiago de María y que su constructor, Martín Iglesias, fue el fundador de esta ciudad usuluteca y quien sembrara los primeros cafetos en el país.
Ubicada al final de la 3a. Calle Oriente y asentada sobre unos 30x25 metros dentro de la finca, hasta antes del terremoto del 13 de enero se erguía señorial y reconfortable, como una típica casa de campo a la cual la familia Leciñaga Urquilla escapaba a descansar del ajetreo tecleño y capitalino.
Junto a la finca de once manzanas de café que doña Miriam heredara de su padre, Menotti Urquilla, quien murió en 1982 y era el último sobreviviente directo de don Martín, recibió este edificio, que al parecer fue la casa preferida de su abuelo Martín por sobre otras de sus posesiones.
En esa morada vivió y murió su padre; también ahí nacieron ella y sus hermanos, bajo la asistencia de una partera. “Mi esposa y mis hijas no podían creer cuando les notifiqué lo deteriorada que estaba. Vinieron de inmediato y recogieron muchos objetos valiosos que no se habían dañado”, afirma don Carlos.
Pero de la hermosa casa solo quedan ruinas, así como también del edificio de enfrente revestido de lámina pintada, donde funcionaba la cocina y que a principios del siglo pasado fue usado como cocina-comedor por don Menotti, quien amaba el estilo de vida a la usanza antigua.

Todo por el suelo

Pero esta edificación que ha visto las transiciones de los dos últimos milenios tampoco resistió al terremoto de 1951, que azotó las poblaciones de Santiago de María, Jucuapa y Chinameca. Hubo que rehacerla, pero la familia cuidó que los detalles arquitectónicos, dimensiones y demás ornamentos estuvieran apegados al estilo original que le imprimió don Martín hace 146 años.

Los restos de la casa son apuntalados para evitar que se pierda algún detalle, ya que la restauración debe guardar los rasgos originales, aunque el adobe y el bahareque serán sustituidos por concreto.

 

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Esa reconstrucción en bahareque y revestida de madera y lámina se hizo bajo lineamientos antisísmicos, pero estos no surtieron efecto el 13 de enero.
La casa casi se desplomó. Gran parte de las paredes botaron su revestimiento de madera, algunos accesorios de baño antiguos fueron arrancados, al igual que muchos de los pilares de madera de sus viejas bases de cemento.
El piso verde y decorado fue removido y algunas paredes colapsaron. Parte de las conexiones eléctricas de hace más de cuarenta años y los barandales también se desprendieron, mientras una vieja mesa decorativa de madera y mármol se partió en pedazos.
Pese a todo, los antiguos y elegantes balcones metálicos y algunos muebles están intactos, entre ellos unas cajas pesadas de madera que eran las valijas utilizadas a finales del siglo XIX y principios del XX.
“Todo lo que ustedes ven aquí es de laurel, cedro y pino, que por su calidad ha durado tanto tiempo”, refiere don Carlos mientras señala las singulares puertas de dos hojas pintadas en color gris que armonizan con los tonos pasteles de las paredes.
También sobrevivieron intactas tres lámparas que datan desde 1926 y que funcionan a base de gas y mechero, las cuales alumbraron como nuevas a don Carlos y sus colonos mientras se restablecía el fluido eléctrico en la finca.
Aún con todos esos objetos valiosos que sobrevivieron, así como puertas, ventanas, balcones, techo y barandales, incluyendo una antigua tina, hay que invertir mucho para recuperar el pasado esplendor de la casa.

Costosa reconstrucción

El cariño de la familia Leciñaga Urquilla por este edificio es tal, que si bien están consternados ante tanto valor destruido por el terremoto, es mayor el deseo de recuperar la casa en su diseño original, pero bajo un moderno sistema antisísmico.
“Esta casa es muy querida por la familia, tanto que mi esposa tuvo que vender unas seis manzanas de esta finca hace algunos años para pagar casi ¢300,000 en impuestos (territorial y otros e incluso una multa) porque su padre, don Menotti, no había considerado por años, y todo por el afán de conservarla”, apunta don Carlos.

 

Hoy tendrán que hacer otro esfuerzo, que según don Carlos puede significarles un desembolso de más de ¢600,000, los cuales invertirían en la reconstrucción de la casa principal y dos edificios más, que conforman el casco antiguo de la Finca San Martín, el refugio preferido de uno de los fundadores de Santiago de María.

Los propietarios de la finca San Martín afirman que Santiago de María se originó a partir de esta vivienda bicentenaria restaurada en tres ocasiones. Además de la historia que guarda, servía a los santiagüeños de la tercera edad como sitio de reunión y esparcimiento.

Fin de casas
históricas

De acuerdo a Yolanda Bolaños, directora de la Casa de la Cultura de Santiago de María, aún no se ha levantado un censo sobre cuántas casas históricas han sido destruidas o dañadas por el terremoto, pero considera que practicamente todo ese patrimonio está en el suelo.

“Todas las casas viejas del barrio La Parroquia se perdieron, como es el caso de la propiedad de la familia Munguía que estaba esquina opuesta al parque San Rafael; la que pertenecía a los Ferreiro, una de las primeras familias que llegaron a la ciudad, quedó inhabitable, así como unos mesones frente a la Casa de la Cultura que eran bien antiguos”, afirma Bolaños.

Según cálculos preliminares de la institución, un 90 por ciento de las casas de adobe, incluyendo unas construidas a finales del siglo XIX, sucumbió y con ellas gran parte de la historia de Santiago de María.
A nivel de todo el municipio se cree que quedaron destruidas 3,258 casas, de las que un 90 por ciento eran construcciones de adobe y bahareque, dando como resultado unas 16,600 personas damnificadas.

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