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Ana Milagro Vásquez, de 38 años,
está orgullosa del paisaje que dibujó en una hoja de cartón.
Ella no es pintora, sino ama de casa, no sabe leer ni escribir y perdió
su vivienda durante el terremoto.
Madre de dos hijos, esta mujer cuyo rostro curtido por el sol refleja
largas horas de labores agrícolas, vivía en una humilde
casa de bahareque en el cantón Candelaria, jurisdicción
de El Carmen, en Cuscatlán.
Aunque ahora duerme en unos toldos plásticos, tiene tiempo para
dibujar volcanes con un intenso azul y asistir al taller de expresión
artística que lleva a cabo este organismo estadounidense, que desde
hace doce años trabaja en el desarrollo de las comunidades rurales
de El Salvador.
En total son once mujeres entre amas de casa, vendedoras del mercado,
campesinas y domésticas las que acuden a la escuelita de
la localidad para dibujar sus primeros cuadros y expresar así sus
temores y angustias luego del siniestro.
Esos dibujos les permiten diluir esas emociones que les están
afectando, entonces ahorita están más interesadas en aprender
la técnica que en aquello que les estaba minando sus nervios,
dice la licenciada Guadalupe de Hernández, gerente de desarrollo
comunitario de la asociación.
Durante el taller también hay un espacio de conversación
informal en la que cada una de las asistentes puede hablar de sus emociones
durante y después del sismo y de cómo se sienten ahora.
A través de esta jornada de intervención en crisis,
hemos podido penetrar en los sentimientos de las personas, y ellas han
logrado compartir sus impresiones.

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El resultado es interesante porque más
de tres señoras lograron llorar y no habían podido hacerlo,
no habían tenido un espacio para desahogarse, añade
la licenciada de Hernández.
Esta organización ha realizado al menos cinco jornadas más
en igual número de comunidades, con adultos y niños a quienes
se les ayuda a hablar sobre lo que sintieron para que logren superarlo.
También los niños
Simultáneamente al trabajo con adultos,
los niños tienen un espacio de expresión artística,
juegos y charlas sicológicas.
La metodología seguida por los especialistas es realizar juegos
tradicionales con ellos para ganarse su confianza y romper el hielo,
y que luego, de forma espontánea, hablen de lo que sienten.
Los adultos esperimentamos miedo y hablamos de ello, pero no pensamos
lo que sienten los niños. Ellos no saben lo que es un terremoto,
sólo sienten el efecto y no hablan sobre eso, dice Alma Elizabeth
Flores, también de Save The Children.
En la conversación con los niños los resultados son asombrosos,
porque no sólo se identifican miedos sino carencias emocionales
que ayudan a los padres a mejorar los cuidados.
Cuando
tiembla los padres no abrazan a sus hijos, no es una practica común
en ellos; en estos talleres les enseñamos que hacerlo puede ayudar
a los niños a sentirse más seguros. Ellos cuentan que nadie
lo abrazó y eso les hizo sentirse muy solos, señala
la profesional.
Lo importante, según ella, es que los padres y maestros entiendan
los temores de los pequeños y les ayuden a superarlos.
La organización planea visitar varias comunidades más y
realizar similares esfuerzos, pero los encargados reconocen que no se
suple la demanda urgente de atención sicológica en todas
las zonas afectadas.
Quisiéramos crecer con nuestro trabajo, pero hay tantos afectados
que no alcanzamos a cubrirlos a todos. La atención sicológica
también debe ser prioridad, se habla de reconstrucción a
nivel material, pero el daño a nivel mental, aunque no es palpable,
puede ser muy peligroso, advierte la licenciada Flores.
Y no se equivoca, esta semana se reportaron por lo menos dos muertes de
personas que, al no soportar el dolor de haber perdido familiares y propiedades,
se quitaron la vida.
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De ahí que esfuerzos como éste,
aunque mínimos, sean tan valiosos y dignos de imitarse y ampliarse,
sobre todo en las áreas rurales que continúan siendo las
menos atendidas.
El
proyecto en breve
Save The Children es una organización de desarrollo comunal que
brinda asesoría educativa y en salud a líderes y habitantes
de comunidades rurales de al menos 19 cantones de los municipios de San
Pedro Perulapán, Santa Cruz Michapa, Perulapía e Ilopango.
En las comunidades se llevan a cabo proyectos artísticos
para jóvenes y capacitación en medio ambiente.
La organización administra además un sistema
de plan padrino, en el que personas de otros países patrocinan
niños salvadoreños y se comprometen a cubrirles sus necesidades
más básicas. Actualmente hay un aproximado de 2400 niños
en este proyecto.
Con la emergencia, la institución amplió
su trabajo a otras comunidades y ha llevado a cabo no menos de cinco proyectos
de intervención en crisis en igual número de comunidades.
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