20 de enero 2002



El Salvador quiere entrar en el camino de las energías renovables, como parte de un esfuerzo mundial por disminuir las nocivas emisiones de gases como el CO2 que dañan la capa de ozono.

Cuatro enormes calderas arden día y noche en el ingenio de caña de azúcar Central Izalco de Sonsonate, las cuales impulsan el andar de las máquinas que procesarán, al término de la presente temporada de zafra, más de tres millones de quintales.
En este ingenio se muelen diariamente diez mil toneladas de caña, de las cuales extraen unas 2,700 toneladas de bagazo que en su mayoría sirven de combustible para las calderas. “Aquí no se usa otro combustible, sólo bagazo de caña. El petróleo lo usamos para casos de emergencia, cuando surge algún desperfecto en las calderas”, señala el ingeniero Carlos Roberto Consani, responsable del área de cogeneración de la Central Izalco.
Según el ingeniero Consani, el bagazo tiene un alto poder calorífico para producir energía, pues cada libra con un 50% de humedad alcanza las 3,000 btu (medida calórica británica). Al usarlo como combustible les permite ahorrar cada mes dos millones 800 mil colones.
En la Central Izalco se destina a las calderas el 80% del bagazo; del resto se vende una parte al sector ganadero y la otra se guarda para generar energía durante un mes después de la zafra.
El ingeniero Consani dice que durante la zafra la quema del bagazo les genera 8,700 kilovatios hora diariamente, de los cuales 1,500 venden a la Central Eléctrica de Sonsonate (CLESA), cantidad que aumenta a 5,000 fuera de la temporada.
La Central Izalco, la más grande procesadora de caña en el país, extrae energía eléctrica a partir de la quema del bagazo desde muchas décadas atrás. Por eso aquí nadie lo desecha. Mientras la mayor parte alimenta las calderas, afuera de las instalaciones se acumulan montañas de este desecho molido, a la espera para ser quemado al final de la zafra o ser vendido como alimento para el ganado.

Por su potencial energético, la cascarilla
de café es guardada para quemarla en las calderas
.

Deshacerse de este desecho orgánico y aprovechar su poder calorífico es un beneficio ecológico. Lamentablemente esto sólo es por un tiempo corto. “Hemos identificado en las empresas que utilizan biomasa un déficit de la misma. No pueden ellos suplir para todo el año su capacidad de generar energía con biomasa, más que todo los ingenios azucareros”, señala el licenciado Mauricio Ayala, coordinador de la División de Desarrollo Limpio del Ministerio de Medio Ambiente.
Si pudiera aprovecharse, además del bagazo de caña, otras biomasas (materias orgánicas) disminuiría el uso de petróleo para generar energía eléctrica, donde se originan grandes cantidades de CO2, el principal enemigo de la capa de ozono.
A juicio del ingeniero Consani, la cantidad de energía que la Central Izalco produce con bagazo bastaría para iluminar a la mitad de la ciudad sonsonateca. Pero esta capacidad se agota un mes después de la temporada de caña de azúcar. Esto mismo parece ocurrir a nivel de los beneficios de café

El poder de la cascarilla

Café en pergamino de donde se extrae
la cascarilla.

Se ha estimado que los cafetales tienen un alto valor energético, comenzando por la madera que de ellos se extrae. Solo la poda anual de árboles de sombra y cafetos genera unos dos millones de metros cúbicos de leña, lo que satisface la demanda energética total o parcial del 77.3% de la población salvadoreña.
Pero además de la leña, la cascarilla del café pergamino tiene, además de su virtud como abono orgánico porque ayuda al reciclaje de nutrientes del suelo, un alto valor energético. Se ha determinado que cada año el beneficiado del café genera unos seis millones de quintales de pulpa y 0.7 millones de quintales de cascarilla, cuyo alto poder de combustión ahorraría la utilización de petróleo durante el secado del grano.
En el beneficio de café la cooperativa ATAISI de R.L., del cantón San Isidro, en Sonsonate, conocen ese poder, pero el gerente general, licenciado Antonio López Rivera, reconoce que no le sacan el provecho necesario.
El ingeniero Mauricio Orellana, administrador del referido beneficio, dice que en vista de que los precios internacionales del café siguen inestables no han tenido que echar a andar las calderas para apresurar el secado del grano, proceso que dura unas treinta horas.

 

Mientras este proceso no llega, una bodega alberga enormes cantidades de cascarilla. “Proyectamos beneficiar unos 33,000 quintales de café en esta temporada, de los cuales resultarían más de 6,000 quintales de cascarilla que sería utilizada en gran parte para alimentar las calderas porque levanta rápido el vapor. Es buena como combustible”, afirma el ingeniero Orellana.
Ellos también venden una parte de este desecho orgánico al sector avícola, donde es utilizado para aplacar el mal olor de las granjas; sin embargo, el año anterior estas empresas no han demandado cascarilla porque fueron afectadas por los terremotos.
Los beneficios de café y los ingenios azucareros son apenas dos ejemplos de empresas con potencial de biomasa para generar energía eléctrica.
Pero “la biomasa no es aprovechada para producir energía en El Salvador”, afirma la licenciada Ana Delmy Garay, coordinadora del Programa Iberoamericano para la Ciencia, la Tecnología y el Desarrollo (CYTED), que a través del CONACYT impulsa en el país un subprograma de “Biomasa como fuente de productos químicos y energía”.
En el marco de este programa, San Salvador fue la sede de dos días de conferencia donde científicos extranjeros presentaron los resultados de sus investigaciones sobre el aprovechamiento de biomasas, entre ellas de caña de azúcar, café, banano y bambú. “Pero son pocas las instituciones que han mostrado interés en esto”, afirma la licenciada Garay.
El aprovechamiento de la biomasa abonaría a la reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2), una factura que además pagarían los países industrializados que más contaminan, como el caso de Estados Unidos, que ha emitido hasta el momento 186.1 mil millones de toneladas. El compromiso es reducir en por lo menos un 5% sus emisiones para el período 2008-2012

Las calderas de la Central Izalco generan unas 400,000 libras de vapor por hora. Cada una tiene una ventanilla (ver recuadro) por donde se controla el ingreso de la cantidad adecuada de bagazo para ser quemada.

Venta de reducciones

Este compromiso se ha logrado en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y más específicamente en el Protocolo de Kioto, ratificados por El Salvador.
Uno de los tres mecanismos de flexibilidad creados para apoyar en esta empresa a los países industrializados es el Mecanismo de Desarrollo Limpio, que permite comercializar los CERS (Certificados de Reducción de Emisiones) entre un país desarrollado y uno en desarrollo.
Para esto se han elegido proyectos de energías renovables (cogeneración de energía con biomasa, hidroeléctricos, geotérmicos, solares, eólicos, etc.), así como proyectos de eficiencia energética y uso de combustibles más limpios, entre otros.
El licenciado Mauricio Ayala dice que El Salvador se ha embarcado ya en este proyecto y que han puesto sus ojos en los ingenios azucareros, en las centrales hidroeléctricas y en los beneficios de café, entre otros, quienes al crear y desarrollar nuevos proyectos de generación eléctrica con biomasa obtendrían la oportunidad de que algún país desarrollado les compre sus reducciones.
“Actualmente la eliminación de la tonelada de CO2 anda por los $3 y $5. Por ahora estamos gestionando con el gobierno de Finlandia la venta de 10,000 toneladas de CO2 que durante diez años lograría una empresa salvadoreña”, afirma el licenciado Ayala.
Según el funcionario, existen otras gestiones de venta con gobiernos de Suiza, Holanda, Japón y Canadá, así como con el Fondo Prototipo de Carbono del Banco Mundial.
El MARN también dice estar impulsando un proyecto de “Electrificación con base en recursos de energía renovable”, con el apoyo del PNUD y del GEF, que beneficiaría aquellas zonas rurales donde no llega la red.
El licenciado Ayala reconoce que este es un proceso con muchos retos, pero hay factibilidad de llegar a competir con la generación térmica y llevarla a lugares aislados donde sea costo-efectivas.
Pero parte del éxito que puedan tener las energías renovables radica en la concientización de la población para que participe en este proceso de cambio.

Falta concienciarse

Según un documento presentado el año pasado en la reunión de representantes de organizaciones centroamericanas de ciencia y tecnología convocados por el CYTED, la mayor parte de la población mundial no está consciente de la necesidad de modificar el actual sistema de energía.
“La relación entre el uso de combustibles fósiles, el incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, el calentamiento progresivo del planeta y el concomitante cambio climático no es entendido o al menos tomado con la seriedad que se debiera”, reza parte del informe.
El documento también señala la necesidad de alertar a la sociedad sobre las ventajas de las energías renovables (costos económicos) y de los peligros de la energía fósil.
El informe de la CYTED afirma que la leña y las estaciones hidroeléctricas constituyen las mayores fuentes de energía de la región centroamericana, y que a pesar de que los residuos a
grícolas (cáscara de café, arroz, tallos de maíz y bagazo, entre otros) representan un 10% del suministro total de energía y un 5% del consumo, ésta no se explota como debiera.
El débil aprovechamiento que se hace de la biomasa debe ser considerado como un problema por resolver en países como El Salvador, donde se busca sanear el medio ambiente.


Según la CYTED en Centroamérica hace falta un marco regulatorio para hacer uso racional de la biomasa, campañas informativas, métodos sustentables de explotación de biomasa y el fomento de la diversificación de cultivos agrícolas como una vía efectiva para conservar el agua y el suelo, y aumento de empleo en la zona rural que permita una mejor calidad de vida.

 

La molienda de la caña es el primer paso para obtener azúcar y bagazo.

Otras biomasas

Es biomasa toda aquella materia orgánica de origen vegetal o animal, incluyendo los materiales procedentes de su transformación natural y artificial. Entre estos pueden mencionarse:

Residuos forestales
provenientes de entresacas, podas o limpieza de matorrales, cultivos leñosos como olivos, vides y frutales, así como de cereales (maíz, sorgo, arroz, etc.) y de cultivos herbáceos (remolacha, algodón y girasol).

Residuos industriales forestales que proceden en su mayoría de industrias de tratamiento de madera, chapa de madera, corcho o papel.

Residuos biodegradables de industrias agroganaderas y agroalimentarias, como también los resultantes de actividades urbanas como el biogás y los residuos sólidos.

Cultivos energéticos y biocarburantes.

Uno de los tres generadores que suman 17,500 kilowatts

Demanda energética

Entre 1997-2020, las dos terceras partes del incremento de la demanda de energía provendrá de los países pobres, por lo que éstos deberán desarrollar y emplear derivados de la biomasa para calefacción y alimentación.

Hasta 1997, El Salvador ocupaba los productos de caña de azúcar para producir un 10.8% de energía frente a un 54.1% originado por la leña, un 20% por el sistema geotérmico y un 14.8% por hidroenergía.

Según el último Censo Nacional Población y Vivienda, en El Salvador, el 58.3% de energía primaria proviene de la leña y alrededor del 60% de los hogares queman leña para cocinar.

El documento “Estrategia Nacional del Medio Ambiente” (1994) estimaba en 2.9 millones de metros cúbicos el volumen total de la oferta anual de madera de los bosques y cafetales.

En el sector industria y comercio, el consumo anual total de leña es de 270,000 toneladas. Los mayores consumideros de este recurso son las panaderías, las ladrilleras, las tejerías, los beneficios de café y las caleras.

El consumo de leña constituye casi el 50% en la región centroamericana donde habitan 46 millones de personas.

La Comunidad Europea ha considerado en serio el desarrollo energético a partir de la biomasa, tanto que prevé el cultivo de 20 millones de hectáreas agrícolas y de 10 a 20 millones de hectáreas de tierras marginales en el corto plazo.

Beneficiado de café

Parte del proceso que se sigue es el
despulpe primario del grano (1) clasificación del café según su calidad o peso (2) transporte de la pulpa que se utiliza como abono (3) y la extracción de la cascarilla (4)

 

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