20 de enero 2002



San Lorenzo es un “pueblito” típico de El Salvador, ubicado en Ahuachapán.
Se le atribuyen una serie de postgrados: tierra de humedad y de ríos, amante de las
buenas obras, manantial de hortalizas...

La iglesia parroquial fue construida en 1957.

Al llegar a San Lorenzo pude percibir un ambiente de tranquilidad, las calles lucen solitarias y el ajetreo de otras ciudades es, sin discusión, ajeno a este lugar. Conforme se avanza hacia el arcaico corazón del municipio se pueden divisar algunos lugareños, que con su andar lento y sigiloso regalan una leve sonrisa a los visitantes.
El comercio es escaso, la agricultura constituye la fuente de trabajo de sus habitantes. Hombres y niños de piel aceitunada recorren al medio día las calles, luego de finalizar la jornada matutina, ya sea en el cuido de las hortalizas —que es la principal actividad de la zona—, o en la siembra de granos básicos.
Lázaro Latín Corado, alcalde de San Lorenzo, se refiere a su pueblo natal con orgullo. “El 70% de la población se dedica a la siembra de vegetales, y el otro porcentaje a la siembra de loroco, maíz, maicillo y frijol, esto gracias a que las tierras se prestan para esa variedad de cultivos”.

 

Tierra de humedad

Una de las características que sobresale de este terruño es la humedad de sus tierras y la superficialidad con que se puede encontrar el agua. Jorge Sermeño, agricultor en pequeño, dice con entusiasmo: “aquí uno no puede abrir un hoyo, porque cuando uno lleva un metro ya se encuentra con el agua”.
“El agua es lo que más abunda”, sostiene Sermeño, muestra de ello es la existencia de tres ríos: uno que atraviesa el pueblo y sirve para regar la mayoría de cultivos, llamado San Antonio. Otro denominado Grande de San Lorenzo que sirve de límite con Guatemala, y el último que tiene entre sus atractivos las aguas termales.
Estos afluentes, además de regalar sus aguas para regar los cultivos, se constituyen en sitios turísticos. Corado dice que para la época de vacaciones muchas personas se acercan con el propósito de darse un delicioso baño y de sombrearse bajo la variedad de árboles que existen en las riberas de los manantiales.
Por todo eso, a este rinconcito coloreado con el cerro Chingo y con una serie de cordilleras, y habitado en su mayoría con casas de adobe y teja se le conoce como la tierra donde abunda el agua.

San Lorenzo se conoce como el municipio de los manantiales.

 
Protector de pobres

Lorenzo fue un hombre originario de Roma que luchó por los enfermos y desvalidos en el año 258. Llegó para ser el patrono de este pueblo de tierras húmedas, se quedó y hoy es exhibido con orgullo en el altar de la iglesia del lugar.

Los archivos que guardan la historia de este manantial de hortalizas narran la vida de Lorenzo. Fue un hombre dueño de un gran corazón, amigo del papa Sixto. Desde muy temprana edad sintió lástima por los mendigos y personas desvalidas.

Él era la conexión entre los prisioneros y el Papa. Ayudó mucho a los necesitados, daba comida a los sedientos de pan. Cierto día, mientras departía con el Papa y los cardenales, unos guardias llegaron y lo apresaron.

Se lo llevaron y le exigieron que entregara los tesoros que tenía escondidos, caso contrario lo matarían. Lorenzo con pasividad les contestó que él sólo tenía un tesoro y si lo liberaban estaba dispuesto a entregárselos al día siguiente.
La sorpresa de sus captores fue grande cuando este personaje apareció con varios mendigos y pordioseros, al tiempo que exclamó: “Aquí traigo el mejor de los tesoros”.

Esto fue considerado como una burla para las autoridades de Roma, fue así que el juez lo entregó al verdugo.

Su muerte fue cruel y despiadada. Los verdugos lo pusieron en una parrilla y le prendieron fuego.

Cuando un lado de su cuerpo ya estaba quemado, aún tuvo el valor y la fuerza suficiente para decir que voltearan su cuerpo, y así quemar el otro lado.

La vida y muerte de este hombre caritativo cautivó a los habitantes de este lugar, y cuando se fundó la iglesia, en 1957, no dudaron en nombrar a San Lorenzo como patrono del pueblo.
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