20 de enero 2002


Médicos salvadoreños en Suecia

Resido en Suecia desde hace 12 años. Soy enfermera, salvadoreña, y trabajo aquí en un hospital. Lamento lo sucedido a mis compatriotas.
Me he enterado que entre ellos hay médicos que tienen la esperanza de trabajar aquí en la profesión; pero no saben que la sociedad sueca es muy cerrada. Suecia tiene más de 2,000 médicos extranjeros que ya hablan el idioma, porque aquí todo es en sueco. Han realizado los estudios que el país les exige, como el idioma, estudiar más de media carrera y luego varios años de práctica, y aún así todos estos profesionales no se pueden incorporar y obtener un trabajo. 
Suecia no da las equivalencias que debería darles a nuestros profesionales. Subestiman nuestros estudios, y muchos tienen que volver a empezar el bachillerato.
Yo conocí una pediatra salvadoreña que no se pudo incorporar, no por incapaz, sino porque no pudo romper las barreras del idioma. Ella decidió regresar a El Salvador.
Les deseo mucha suerte a estos médicos que han venido. Si logran quedarse en Suecia, será un largo camino el que tendrán que recorrer para que pisen los pasillos de un hospital sueco como médicos.

Claribel.Fuentes@bredband.net


Crítica al artículo de Marvin Águilar

Me refiero al artículo: “El academicismo de Álvaro Darío Lara”, escrito por Marvin Aguilar, publicado el 6 de enero del corriente año. Deseo expresarle al señor Aguilar que su artículo me causó extrañeza por sus errores crasos de redacción, por las contradicciones en que cae y, sobre todo, por el enfoque que realiza a la hora de comentar o criticar una obra literaria, cualquiera que esta sea.
El artículo de Marvin Aguilar se queda en lo superfluo, en los aspectos formales que conlleva el análisis de una obra y no penetra en aspectos de contenido. Esa es su primera debilidad.
Aún en los aspectos formales, observo falta de acervo cultural. Le haría bien leer sobre Góngora, Quevedo, Severo Sarduy y de Lezama Lima, por mencionar algunos; pero no sólo leerlos, sino analizarlos, estudiarlos. Lecturas que contribuirían a comprender y a penetrar de mejor forma el uso del lenguaje, el empleo y la construcción de la imagen por medio de la cual un poeta expresa su sentir y su pensar.
Estas lecturas ayudarían a comprender que “Minotauro”, por ejemplo, no es una obra tan hermética como supone. En “Minotauro” se habla de cosas sencillas de la vida, y de las más complicadas también, referidas en lenguaje aparentemente hermético y culterano, pero que no lo es. Emplea metáforas e imágenes que aluden tiempos remotos, abordando similares dilemas que planteamos en esta época de fin de siglo y de un próximo por venir, que ya hemos empezado a recorrer.
Si a juicio del señor Aguilar, Álvaro Darío Lara se viste como “un dandi”, ¿A qué traerlo a cuenta? ¿A quién le importa? ¿Qué importancia tiene eso en su obra literaria? ¿Por qué no dejar que cada quien se vista como quiera?

Mario Castrillo
Cip 01-01-0145386
e-mail: mario_castrillo@integra.com.sv


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