31 de diciembre de 2000

Setenta y cinco días han pasado desde que se produjo la intoxicación alcohólica más grande conocida en El Salvador. Ciento cuarenta y dos personas fallecieron al consumir alcohol adulterado, sin que los responsables hayan sido capturados.


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La intoxicación masiva cobró en solo diez días la vida de más de cien personas, principalmente de Ilobasco, San Vicente, La Paz y Chalatenango.
Todo inició en Ilobasco, Cabañas, los primeros días de octubre cuando de la noche a la mañana aparecieron al menos trece personas fallecidas luego de haber consumido alcohol adulterado.
Durante los cuatro días siguientes, 43 ebrios fallecieron intoxicados tanto en Ilobasco como en Sensuntepeque, principales ciudades de Cabañas.
A partir de ese momento se fueron reportando más víctimas que llegaban agónicas a las salas de los hospitales de Cabañas y de San Vicente o que morían a mitad de la calle, víctimas de fuertes dolores y vómitos.
En un lapso de quince días murieron 142 personas —entre ellas dos mujeres— horas después de haber consumido alcohol etílico contaminado con metanol.
Los pocos que se salvaron quedaron ciegos y profundamente consternados por el alcohol mortal que casi les quita la vida. Los que no sobrevivieron dejaron a sus familias sumidas en peor miseria.
Ante semejante tragedia nacional, los diputados aprobaron una ley temporal y de emergencia que durante diez días prohibió la distribución, la venta y el consumo de bebidas alcohólicas y “destiladas” (vodka, ron, whisky y tequila) con una concentración del 25% del volumen de alcohol en adelante, en farmacias, expendios y tiendas de artículos al detalle que no contaran con el permiso respectivo.

  El decreto no abarcó la cerveza, el vino, la champaña y la sidra, ni incluyó la venta de licores en los supermercados, bares, restaurantes y tiendas que estuvieran debidamente legalizadas por las alcaldías.
En caso de encontrar productos adulterados con sustancias nocivas (metanol) se impondrían multas de entre 10 mil y cien mil colones.
Autoridades del Ministerio de Salud y de la Fiscalía procedieron al decomiso de alcohol con nombres tan populares como “Alcoholín”, “Coche bomba” o “Trueno” de los expendios y las farmacias y se capturó a tres mujeres que se dedicaban a venderlo de forma clandestina.
Sin embargo, días después fueron liberadas porque se determinó que ellas no sabían lo que hacían. La ley de emergencia también pasó sin pena ni gloria.
Fuentes de la División de Investigación Criminal de la policía aseguraron en declaraciones vertidas a EL DIARIO DE HOY, el pasado 30 de noviembre, que había suficientes indicios para proceder a las capturas de los verdaderos responsables.
Entre las evidencias están los testimonios de los distribuidores y los propietarios de farmacias que señalan a las empresas Central de Licores y Químicas Aliadas como los proveedores de alcohol en la zonas donde se dieron las intoxicaciones.
Las investigaciones de la policía señalan que ambas empresas evadieron cerca de diez millones de colones en impuestos, lo que motivó al allanamiento cuando la tragedia apenas comenzaba.
Ambas empresas fueron cerradas por el propio representante legal de éstas, quien mientras se desataba el escándalo viajó a Tegucigalpa, Honduras. No se sabe si está en el país.
Decenas de empleados fueron despedidos sin ninguna justificación ni indemnización, porque para colmo las empresas tenían fuertes deudas bancarias.
Lo único que se sabe es que la Fiscalía recogió muestras de alcohol en estas destiladoras para mandarlas a laboratorios especializados y determinar si estaban adulteradas con metanol. Todavía no se han dado resultados al respecto.
Asimismo el Ministerio de Salud tiene hasta marzo del próximo año para realizar un inventario y registrar a los compradores y el uso que den al alcohol que importen.
 

Mientras se prosigue con las investigaciones y se deducen las responsabilidades, decenas de niños y niñas han quedado huérfanos y sumidos en mayor pobreza. No todos eran hijos de ebrios consuetudinarios ni vagos de la calle, sino de hombres que luego de extenuantes jornadas de trabajo decidieron consumir unos tragos, que les arrancaron de manera dramática la vida.

Más de cien personas murieron durante los últimos meses del año a causa de alcohol adulterado. Hasta el momento no se sabe dónde pudo haberse originado la contaminación del alcohol. Varias de las familias afectadas proyectan presentar una denuncia contra el Estado, debido a que es el que autoriza la instalación de cantinas en las ciudades y que, por ende, promueve el acceso a las bebidas emb riagantes a las capas más pobres del país: campesinos y obreros.

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