31 de marzo 2002



El proyecto de estimulación inicial “Aprendamos Juntos” implementado en niños de cero a tres años, ha hecho que manos pequeñas comiencen a tomar las crayolas, miradas tiernas aprecien un dibujo y voces suaves repitan los colores.


Carito, ¿qué hizo ayer?; Kevin, ¿qué hizo ayer?”, pregunta la facilitadora (una de las personas encargada de impartir las clases) a los más de 30 pequeños de dos y tres años que asisten a una de las Casas de Educación Inicial (CEDIN) instaladas en la comunidad Comandari, en Acajutla, Sonsonate.
Algunos de los infantes se quedan callados; otros, luego de pensar responden: “Jugué con mi carrito” o “Jugué con mi muñeca”. Esto sirve para que los niños estimulen los procesos cognoscitivos, porque tienen que recordar, y además se pone en práctica el lenguaje.
Mientras esta escena se desarrolla, Wilber Melgar, de un año, recibe la visita domiciliaria de Dora Vásquez, otra de las facilitadoras. Ella lo invita a subirse y a bajarse de una silla, evalúa si toma varios objetos pequeños con las dos manos, si patea un balón; es decir, si realiza actividades propias de su edad.
Estas acciones son parte del proyecto “Estimulación Inicial en niños y niñas de cero a tres años, Aprendamos Juntos”, implementado desde mayo del 2001 por la Asociación ÁGAPE de El Salvador y el Centro de Apoyo de Lactancia Materna (CALMA), financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Los beneficiados con el proyecto son las comunidades rurales de Suchitoto, Cuscatlán y Acajutla, Sonsonate. Son más de 800 niños y niñas a quienes se les brinda atención integral durante los 365 días del año, a través de visitas domiciliarias a los hogares de los menores de dos años y trabajo grupal de estimulación en los CEDIN a los pequeños de dos a cuatro años.
Ena Rosales, coordinadora del proyecto, dice que las dos finalidades a largo plazo que se buscan con la implementación de “Aprendamos juntos”: disminuir la deserción escolar y evitar la repetición de grados en los estudiantes, son significativas y útiles para el sistema educativo del país.
El proyecto surge de una necesidad identificada por USAID al descubrir que en el país se carece de programas de educación inicial, pese a que los artículos 16 y 17 del capítulo 2 de la Ley General de Educación establece lo siguiente: “La educación inicial comienza desde el nacimiento del niño hasta los cuatro años de edad, y favorecerá las áreas del desarrollo de los niños por medio de actividades de estimulación temprana...”.

Las madres acompañan a sus hijos e hijas a las casas de educación inicial. Ellas son testigos del aprendizaje de sus pequeñitos.

Casos concretos

La mirada curiosa y la conducta inquieta de Karlita, de dos años, llama la atención. Sus manos pequeñas sostienen con dificultad un lápiz de color, pero aun así comienza a hacer trazos sobre un dibujo que representa al cuerpo humano.

 


—¿Te gusta colorear? —le pregunto.
Karlita no contesta, pero a los pocos segundos toma la página y me muestra su obra de arte. De esa forma, la pequeña da los primeros pasos en el mundo de la educación, de lo contrario tendría que esperar hasta los seis o siete años para asistir a la escuela de su comunidad.
Kevin, de tres años, tiene más de seis meses de asistir al CEDIN ubicado en la comunidad Comandari. Ese tiempo le ha servido para mostrar inclinación por los colores. Cuando la facilitadora se le acerca para hacerle una evaluación sobre ese tema, su mirada se llena de felicidad.
La orientadora va mostrando las crayolas y Kevin contesta sin vacilar: café, rojo, negro, celeste. “Cuando empecé a traerlo tenía dos años. Ha aprendido bastante a colorear, hace dibujitos y se sabe todos los colores”, expresa la madre de este posible futuro pintor.
Mientras estos niños aprenden en los CEDIN de sus vecindarios, otras facilitadoras se encargan de visitar los hogares de los infantes de cero a dos años de las comunidades El Venado y Las Tablas, situadas en la carretera a Los Cóbanos, Sonsonate.
En esos lugares, donde el calor del sol es intenso, los terrenos son tan áridos como un desierto y la pobreza crece como la hierba del campo, habitan menores que crecen desprotegidos. Sus madres, quienes en la mayoría de casos trabajan en la tierra, no comprenden la importancia de la estimulación temprana.
Es allí donde las orientadoras desempeñan un papel importante al asistir a las casas de los menores para enseñarles actividades propias de su edad. Después de casi un año de estimulación, Wilber Melgar luce más inquieto y atento a todo lo que sucede a su alrededor.

Antes de tomar el refrigerio las facilitadoras se ocupan de lavar las manos de los infantes.

Una labor de éxitos

La coordinadora Ena Rosales detalla que cada una de las actividades que se realizan en las Casas de Educación Inicial son para favorecer las áreas del desarrollo en los niños. Por ejemplo, el saludo y la bienvenida estimulan el lenguaje, y la actividad “¿qué hicieron ayer?” activa los procesos cognoscitivos del niño, porque lo lleva a recordar.
La actividad de aprestamiento implica dos campos: la percepción y la sicomotricidad fina (en el coloreado con crayolas y el dibujo se activa la visión y el movimiento de las manos). En el recreo se estimula la sicomotricidad gruesa (los menores al correr y saltar ejercitan los miembros superiores e inferiores).
Rosales agrega que la educación formal comienza con el kinder. Pero “Aprendamos juntos” viene a ser como un prematernal o maternal al que no tienen acceso la mayoría de los infantes de las comunidades rurales.
El éxito de este esfuerzo ha sido grande. Las 17 facilitadoras y líderes de las comunidades que fueron capacitadas para trabajar con los pequeños por el equipo técnico (sicólogas, médicas, trabajadora social y enfermera) han contribuido mucho para lograr los objetivos. A cambio de su labor reciben una remuneración simbólica.
“Se han dado cambios cualitativos, las madres se acercan a uno y le dicen “mi hijo ya saluda”, “ya pregunta por la seño(rita)”. Los niños son menos huraños. Hay un dominio de la sicomotricidad fina”, refiere la coordinadora.

 

También se pueden mencionar los logros cuantitativos. En la actualidad están funcionando doce CEDIN en Sonsonate y 10 en Suchitoto, instalados en las diferentes comunidades. El número de menores que asisten a cada casa va desde los 15 hasta los 30.
Pese a que la financiación del proyecto por parte de USAID finalizó el pasado 15 de marzo se están buscando nuevos donantes para manternerlo con vida. Uno de los objetivos es no institucionalizarlo; es decir, se busca que las comunidades se apropien del esfuerzo.
Ese empeño sin dudas arrojará resultados significativos cuando estos pequeñitos se integren a la educación formal. Cuando Karlita llegue a primer grado ya podrá dibujar y colorear con mucha facilidad, mientras que Kevin ya será todo un conocedor de los colores.

Toda la comunidad participa en la estimulación.

Empeño integral

“Aprendamos juntos” es un proyecto que no se limita a trabajar sólo con los menores; la familia también se embarca en dicha experiencia. Además del lado educativo se toma en cuenta la salud y el bienestar de los niños.

Se implementan talleres para las madres, quienes elaboran juguetes educativos para estimular las áreas del desarrollo. Lo novedoso es que se fabrican de los mismos materiales que se encuentran en la comunidad.

Las madres acompañan a los infantes a las Casas de Educación inicial; de esa forma participan de cerca en el proceso enseñanza-aprendizaje de sus retoños.

Las facilitadoras acuden a las escuelas para brindar capacitaciones sobre educación inicial a los maestros y a los jóvenes escolares.

En el primer año de ejecución, “Aprendamos juntos” realizó 2,400 evaluaciones en salud. Dentro de ellas se hicieron consultas, exámenes de laboratorio, entrega de micronutrientes y desparasitantes. La finalidad fue garantizar que estuvieran sanos para una estimulación efectiva.

La relación entre compañeritos es uno de los aspectos que se promueven en los
CEDIN, debido a que activa el lenguaje

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