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Carito, ¿qué hizo ayer?;
Kevin, ¿qué hizo ayer?, pregunta la facilitadora
(una de las personas encargada de impartir las clases) a los más
de 30 pequeños de dos y tres años que asisten a una de
las Casas de Educación Inicial (CEDIN) instaladas en la comunidad
Comandari, en Acajutla, Sonsonate.
Algunos de los infantes se quedan callados; otros, luego de pensar responden:
Jugué con mi carrito o Jugué con mi
muñeca. Esto sirve para que los niños estimulen
los procesos cognoscitivos, porque tienen que recordar, y además
se pone en práctica el lenguaje.
Mientras esta escena se desarrolla, Wilber Melgar, de un año,
recibe la visita domiciliaria de Dora Vásquez, otra de las facilitadoras.
Ella lo invita a subirse y a bajarse de una silla, evalúa si
toma varios objetos pequeños con las dos manos, si patea un balón;
es decir, si realiza actividades propias de su edad.
Estas acciones son parte del proyecto Estimulación Inicial
en niños y niñas de cero a tres años, Aprendamos
Juntos, implementado desde mayo del 2001 por la Asociación
ÁGAPE de El Salvador y el Centro de Apoyo de Lactancia Materna
(CALMA), financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional (USAID).
Los beneficiados con el proyecto son las comunidades rurales de Suchitoto,
Cuscatlán y Acajutla, Sonsonate. Son más de 800 niños
y niñas a quienes se les brinda atención integral durante
los 365 días del año, a través de visitas domiciliarias
a los hogares de los menores de dos años y trabajo grupal de
estimulación en los CEDIN a los pequeños de dos a cuatro
años.
Ena Rosales, coordinadora del proyecto, dice que las dos finalidades
a largo plazo que se buscan con la implementación de Aprendamos
juntos: disminuir la deserción escolar y evitar la repetición
de grados en los estudiantes, son significativas y útiles para
el sistema educativo del país.
El proyecto surge de una necesidad identificada por USAID al descubrir
que en el país se carece de programas de educación inicial,
pese a que los artículos 16 y 17 del capítulo 2 de la
Ley General de Educación establece lo siguiente: La educación
inicial comienza desde el nacimiento del niño hasta los cuatro
años de edad, y favorecerá las áreas del desarrollo
de los niños por medio de actividades de estimulación
temprana....

Las
madres acompañan a sus hijos e hijas a las casas de educación
inicial. Ellas son testigos del aprendizaje de sus pequeñitos.
Casos
concretos
La mirada curiosa y la conducta inquieta
de Karlita, de dos años, llama la atención. Sus manos
pequeñas sostienen con dificultad un lápiz de color, pero
aun así comienza a hacer trazos sobre un dibujo que representa
al cuerpo humano.
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¿Te gusta colorear? le pregunto.
Karlita no contesta, pero a los pocos segundos toma la página
y me muestra su obra de arte. De esa forma, la pequeña da los
primeros pasos en el mundo de la educación, de lo contrario tendría
que esperar hasta los seis o siete años para asistir a la escuela
de su comunidad.
Kevin, de tres años, tiene
más de seis meses de asistir al CEDIN ubicado en la comunidad
Comandari. Ese tiempo le ha servido para mostrar inclinación
por los colores. Cuando la facilitadora se le acerca para hacerle una
evaluación sobre ese tema, su mirada se llena de felicidad.
La orientadora va mostrando las crayolas y Kevin contesta sin vacilar:
café, rojo, negro, celeste. Cuando empecé a traerlo
tenía dos años. Ha aprendido bastante a colorear, hace
dibujitos y se sabe todos los colores, expresa la madre de este
posible futuro pintor.
Mientras estos niños aprenden
en los CEDIN de sus vecindarios, otras facilitadoras se encargan de
visitar los hogares de los infantes de cero a dos años de las
comunidades El Venado y Las Tablas, situadas en la carretera a Los Cóbanos,
Sonsonate.
En esos lugares, donde el calor del sol es intenso, los terrenos son
tan áridos como un desierto y la pobreza crece como la hierba
del campo, habitan menores que crecen desprotegidos. Sus madres, quienes
en la mayoría de casos trabajan en la tierra, no comprenden la
importancia de la estimulación temprana.
Es allí donde las orientadoras desempeñan un papel importante
al asistir a las casas de los menores para enseñarles actividades
propias de su edad. Después de casi un año de estimulación,
Wilber Melgar luce más inquieto y atento a todo lo que sucede
a su alrededor.

Antes de
tomar el refrigerio las facilitadoras se ocupan de lavar las manos de
los infantes.
Una
labor de éxitos
La coordinadora Ena Rosales detalla que cada una de las actividades
que se realizan en las Casas de Educación Inicial son para favorecer
las áreas del desarrollo en los niños. Por ejemplo, el
saludo y la bienvenida estimulan el lenguaje, y la actividad ¿qué
hicieron ayer? activa los procesos cognoscitivos del niño,
porque lo lleva a recordar.
La actividad de aprestamiento implica dos campos: la percepción
y la sicomotricidad fina (en el coloreado con crayolas y el dibujo se
activa la visión y el movimiento de las manos). En el recreo
se estimula la sicomotricidad gruesa (los menores al correr y saltar
ejercitan los miembros superiores e inferiores).
Rosales agrega que la educación formal comienza con el kinder.
Pero Aprendamos juntos viene a ser como un prematernal o
maternal al que no tienen acceso la mayoría de los infantes de
las comunidades rurales.
El éxito de este esfuerzo ha sido grande. Las 17 facilitadoras
y líderes de las comunidades que fueron capacitadas para trabajar
con los pequeños por el equipo técnico (sicólogas,
médicas, trabajadora social y enfermera) han contribuido mucho
para lograr los objetivos. A cambio de su labor reciben una remuneración
simbólica.
Se han dado cambios cualitativos, las madres se acercan a uno
y le dicen mi hijo ya saluda, ya pregunta por la seño(rita).
Los niños son menos huraños. Hay un dominio de la sicomotricidad
fina, refiere la coordinadora.
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También se pueden mencionar los
logros cuantitativos. En la actualidad están funcionando doce
CEDIN en Sonsonate y 10 en Suchitoto, instalados en las diferentes comunidades.
El número de menores que asisten a cada casa va desde los 15
hasta los 30.
Pese a que la financiación del proyecto por parte de USAID finalizó
el pasado 15 de marzo se están buscando nuevos donantes para
manternerlo con vida. Uno de los objetivos es no institucionalizarlo;
es decir, se busca que las comunidades se apropien del esfuerzo.
Ese empeño sin dudas arrojará resultados significativos
cuando estos pequeñitos se integren a la educación formal.
Cuando Karlita llegue a primer grado ya podrá dibujar y colorear
con mucha facilidad, mientras que Kevin ya será todo un conocedor
de los colores.

Toda
la comunidad participa en la estimulación.
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Empeño
integral
Aprendamos
juntos es un proyecto que no se limita a trabajar sólo
con los menores; la familia también se embarca en dicha
experiencia. Además del lado educativo se toma en cuenta
la salud y el bienestar de los niños.
Se implementan talleres para las madres, quienes elaboran juguetes
educativos para estimular las áreas del desarrollo. Lo
novedoso es que se fabrican de los mismos materiales que se encuentran
en la comunidad.
Las
madres acompañan a los infantes a las Casas de Educación
inicial; de esa forma participan de cerca en el proceso enseñanza-aprendizaje
de sus retoños.
Las
facilitadoras acuden a las escuelas para brindar capacitaciones
sobre educación inicial a los maestros y a los jóvenes
escolares.
En el primer año de ejecución, Aprendamos
juntos realizó 2,400 evaluaciones en salud. Dentro
de ellas se hicieron consultas, exámenes de laboratorio,
entrega de micronutrientes y desparasitantes. La finalidad fue
garantizar que estuvieran sanos para una estimulación efectiva.
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La
relación entre compañeritos es uno de los aspectos que
se promueven en los
CEDIN, debido a que activa el lenguaje
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