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Como fiel representante
de la sociedad occidental, soy presa de los estragos que la comida chatarra
y los malos hábitos alimenticios pueden causar en el organismo.
Lo he comprobado por causa y efecto. En busca de una panacea me encuentro
con un régimen alimenticio a base de vegetales verdes que promete
el cielo y la tierra, pero ¿qué tan cierto es?
El desconocimiento y los mitos respecto al vegetarianismo es garrafal.
No es una dieta, no tiene nada que ver con ser budista ni místico;
no es una secta, no se trata de morir de hambre... pero incluso muchos
médicos no lo recomiendan.
Aunque existen muchas
teorías para evitar la carne, como la de no estar preparados
fisiológicamente para consumirla, además de razones morales
como la matanza de animales, la ecología y enfermedades que su-puestamente
causa, esta última vale para mí.
Leí que John Oswald, en 1800, ponía en evidencia que nuestra
repulsión ante la visión y el olor de la sangre derramada
no es una mera reacción estética, sino respuesta fisiológica
a la impureza e incompatiblidad física que nos produce. Cita
un ejemplo: si das a un niño una fruta y un pollito ¿qué
crees que comería?
Desde 1800 se publicaron en Gran Bretaña los primeros libros
(Dr. William Lambe) donde se muestra la eficacia del vegetarianismo
para curar o prevenir enfermedades como el cáncer, y posteriormente
se fundaron la Asociación Vegetariana (1847) y la Asocia-ción
Vegetariana Americana (1850) que declaró: La anatomía
comparativa, la fisiología humana y el análisis químico
proclaman juntos que no sólo la raza humana puede, sino que debe
subsistir con los productos del reino vegetal.
Alimento
en la mira
Según la
teoría, los humanos no tene-mos nada en común con los
carní-voros, cuyas mandíbulas disponen de dientes puntiagudos
que les permiten desgarrar la carne. Su estómago produce diez
veces más ácido clorhídrico que el del hombre y
su sistema digestivo es tres o cuatro veces más corto, por lo
que las toxinas de la carne en estado de putrefacción son eliminadas
rápidamente.
Y nuestro hígado relativamente más pequeño
está constantemente estresado debido a un nivel de ácido
úrico más alto de lo normal.
Por eso al régimen vegetariano exento de las toxinas de
la carne se le atribuye reducir los riesgos de cáncer de
colon, mama, útero y recto, cálculos renales, artritis,
arterioesclerosis y cardiopatías.
Aparte de estas consideraciones, algo que llamó mi atención
es lo relacionado al manejo de las reses y de la carne en cuestión.
En España, por ejemplo, se dice que cada kilo de carne a la pa-rrilla
equivale a fumarse 600 cigarri-llos por la cantidad de benzopireno que
contiene (carcinógeno causante de tumores de estómago).
También hablan del efecto devastador de los antibióticos
y de las hormonas usadas para el engorde que, según un portavoz
de la Organización de Con-sumidores y Usuarios (OCU), es una
práctica habitual y sin control.
Peor aún, el 36% de muestras de hígado vacuno analizadas
en España por la Unión Europea contenía la sustancia
ilegal clembuterol. En El Salvador no existe un estudio que nos informe
sobre qué tipo de carne consumimos.
Los
grandes pesaban...
¡Oh
mortales! No sigáis envenenando vuestro cuerpo con un alimento
tan repulsivo como la carne. Sólo a los animales les es propio
alimentarse de carne y aun no todos la usan. El caballo, el buey y el
carnero pacen las hier-bas de los prados. Únicamente los de índole
fiera y silvestre: tigres, fieros leones, lobos y osos gustan de sangrientos
manjares. ¡Oh dioses! ¿Puede darse mayor delito que introducir
entrañas en las propias entrañas, alimentar con avidez
el cuerpo con otros cuerpos y conservar la vida dando muerte a un ser
que, como nosotros, vive?... ¿Por qué ha de ser la matanza
el único medio de satisfacer vuestra insaciable gula?.
Pitágoras (siglo VI a. de J.C.).
Pitágoras y Porfirio sostenían que la carne de las bestias
contaminaba y brutalizaba el alma humana. También los escritores
Ovidio y Plutarco deploraban la matanza de criaturas inocentes, igual
que otros personajes vegetarianos griegos y romanos, como Homero, Empédocles,
Platón, Teofrasco, Soción, Séneca, etc.
Llegará
un tiempo en que los seres humanos se contentarán con una alimentación
vegetal y se considerará la matanza de un animal como un crimen,
igual que el asesinato de un ser humano.
Leo-nardo da Vinci (1467-1516).
Miguel de Cervantes (1545-1616), autor de El Quijote, pensaba
que la alimentación de un hombre superior debe ser de frutos
y raíces comestibles.
El doctor Carlos Linneo (1707-1778), uno de los más grandes naturalistas
de la humanidad, explicaba: De acuerdo con su anatomía,
el hombre no ha sido dispuesto fisiológicamente para comer carne.
Y añadía: Las frutas son el alimento más
conveniente al hombre, según demuestra la analogía con
los cuadrúmanos en la estructura de su dentadura y de su aparato
digestivo".
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La Organización Mundial de la Salud
ha hecho énfasis en el cambio de alimentación para prevenir
enfermedades del corazón: disminución radical de productos
de origen animal y aumento de frutas, verduras, legumbres y cereales.
También el Centro Alemán para la Investigación
del Cáncer (DKFZ) demostró que quienes lle-van una dieta
exclusivamente vegetariana tienen menor tendencia a cáncer relacionado
con la dieta.
Según el estudio EPIC, realizado en 500,000 personas de nueve
países europeos, la dieta se relaciona con uno de cada tres casos
de cáncer, además de la falta de ejercicio. Pe-ro la tan
cuestionada car-ne roja sólo aumenta el riesgo un 10 ó
15% con-sumida en grandes cantidades y confirma que fumar y beber en
exceso aumentan el riesgo 50 veces. Los resultados finales serán
dados a conocer hasta el 2003. (CancerStop.net, julio 2001).
Visión médica
A veces encuentro personas en las colas del supermercado que cada día
de su vida ingieren carne: llevan moli-da, para guisar o bisté,
pollo, hígado, etc.
Aunque creo que difícilmente podrían seguir un régimen
vegetariano, el equilibrio debiera ser la meta a seguir.
Para el doctor Luis Carías, oncólogo internista, las aseveraciones
de que la carne sea impropia o perjudicial no son fundamentadas, ya
que los procesos neoplásicos surgen de una serie de factores
inhe-rentes y externos a cada individuo, como los hereditarios, los
alimenticios, el medio ambiente y el consumo de drogas (cigarro/alcohol),
aunados a enfermedades con-traídas con cada estilo de vida. En
países desarrollados, la carne produce daños, pero se
debe al manejo de la misma y sus procesos, añadió.
El especialista opina que los vegetarianos crean una serie de
conceptos para extender su régimen, pero las proteínas
animales no pueden ser sustituidas y muchas personas, especialmente
mujeres jóvenes y adolescentes, lo entienden como un ré-gi-men
para perder peso y lo que consiguen es una desnutrición que sí
pue-de desencadenar otros padecimientos.
padecimientos.
Aclara que en casos especiales enfermedades del colon sí
debe excluirse la carne porque genera nitrosamina, un cancerígeno
comprobado. Para el médico la carne no podría considerarse
como causa del cáncer, sino como un factor externo más
si es consumido en grandes cantidades.
La experiencia
habla
El doctor Óscar
Molina, médico naturista, explica que hasta hace poco la nutrición
se basaba en la proteína. Sin embargo, recientes estudios indican
que la proteína animal y sus toxinas han propiciado el azote
de los siglos XX y XXI: las enfermedades degenerativas.
Para Molina, la ignorancia y el poco interés por la nutrición
en el país es alarmante, teniendo en cuenta que en ocho años
que dura la carrera de medicina no incluye ninguna cátedra en
la materia.
Explica que esta proteína sí puede sustituirse. La
tradicional combinación de maíz y frijol contiene los
ocho aminoácidos esenciales y así muchos platillos son
resultado de un saber ancestral, añade.
Molina explica que la carne, por ser de alta descomposición,
genera demasiadas toxinas y los órganos encargados de limpiarlo
riñones e hígado trabajan más y sufren
envejecimiento prematuro, permitiendo que las mismas queden depositadas
en el organismo.
Lo que el cuerpo necesita es energía y la fuente primaria
es el sol. Las plan-tas proveen energía de primera mano porque
con la ayuda de los cloroplastos y minerales de la tierra convierte
sus rayos produciendo ta-llos, hojas y frutos, aclara.
Como médico no recomiendo el régimen vegetariano
puro. He sido ovolactovegetariano por 25 años y mis tres hijos
lo son desde su na-cimiento. Y según el renombrado pediatra y
gastroenterólogo José Ro-berto Perdomo, sí es apropiado
para un niño. Mi hijo de 20, estudia en la universidad, es excelente
alumno y muy respetuoso de la vida. En mi caso particular, sigo este
régimen por cuestión de moral universal: ya sea que mate
o compre el animal muerto me vuelvo cómplice de la muerte de
un ser que como todos sigue un ciclo de vida, que de paso, por ser superio-res
debiéramos proteger.
Añade que este sistema favorece a las sociedades porque la producción
de proteína vegetal es menos costosa y deteriora menos el medio
ambiente. Además, al no consumir carne estamos obligados a mayor
variedad de vegetales, cereales y nuestra dieta se amplía en
la gama de antioxidantes que, en sí mismos, nos protegen del
temido cáncer.
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El término
vegetariano fue acuñado por los fundadores de la
Asociación Vegetariana Británica en 1842, y deriva del
latín vegetus, que significa completo, sano, fresco o vivaz.
El significado original implica un equilibrado sentido filosófico
y moral de la vida, que va más lejos de una mera dieta de verduras
y frutas. Significa un paso esencial en busca de una sociedad mejor.
Según la
Sociedad Vegetariana Británica, el vegetarianismo es una práctica
alimentaria que evita la ingestión de animales y el veganismo,
además el consumo de ninguno de sus derivados.
Existen diversas clases de vegetarianos. Los estrictos, que no comen
nada de procedencia animal (carnes, huevos, leche y derivados, levadura,
gelatinas, etc.). Su dieta consiste en tubérculos, tallos, frutos
y frutas, hojas, setas, semillas, legumbres y cereales.
Los lactovegetarianos sólo añaden a su dieta leche y derivados,
y los ovolactos, leche y huevos. Los frutarianos no ingie-ren nada que
para su obtención sea nece-sario sacrificar un ser vivo (por
ejemplo, para comer una papa es necesario matar la planta).
Y finalmente los semivegeta-rianos que siguen un régimen ovolacto
que ocasionalmente incluye pescado.
Ventajas
y desventajas
Para la doctora
Margarita de Villalobos, especialista en nutrición, el apogeo
de este tipo de alimentación se debe a preocupaciones filosóficas,
religiosas y ecológicas y por lo que se percibe como más
sano. Sin embargo, especifica que la principal desventaja es que
son bajas en hie-rro, calcio y vitamina B12.
Eliminar la carne es parte del tratamiento de personas que padecen
del ácido úrico elevado, insuficiencia renal aguda o crónica
y problemas hepáticos, pero se conoce que su consumo excesivo
también eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares y arterioesclerosis,
de la vesícula biliar, así como cáncer de colon
y de mama.
La doctora recomienda que quienes opten por este régimen no descuiden
el consumo de proteínas. Obviamente considera que el régimen
ovolactovegetariano es mejor, pues además de ingerir proteínas
del huevo y la leche, las que provienen de la soya (leche tofu,
carne de soya, frijoles, germinados) son de gran valor nutricional.
En el libro Nutrición efectiva, igual comida vegetariana,
la nutrióloga Margarita Chávez expresa que la principal
ventaja de este tipo de alimentación es una mayor ingestión
de vitaminas y mi-nerales, disminución del colesterol en la sangre
y, por ello, menor riesgo de enfermedades coronarias, cáncer
de colon, obesidad, alcoholismo y tabaquismo.
Sin embargo, al igual que la doctora de Villalobos, no lo recomienda
en lactantes, niños, adolescentes y embarazadas por la disminución
de calcio, hierro y B12.
Chávez explica que se ha comprobado la relación entre
la alimentación occidental (rica en grasas animales, saborizantes,
colorantes artificiales y conservantes, embutidos y procesados) con
obesidad, enfermedades cardiovasculares, cáncer de colon y seno,
por lo que debe tomarse en cuenta esta opción alimenticia.
Pese a sus bondades, antes de iniciarse en este estilo de vida es conveniente
asesorarse con un experto para conocer los requerimientos diarios de
energía y la manera correcta de combinar los alimentos.
Para obtener una proteína vegetal de buena calidad es necesario
sustituir la carne por una mezcla de cereal con leguminosa, por ejemplo
tortilla con frijoles, en caso de vegetarianos puros. Quienes siguen
una dieta ovolactovegetariana o semivegetariana difícilmente
tendrán problemas para cubrir sus requerimientos diarios energéticos
y de nutrición, explicó.
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Curiosidades
-El riñón
filtra la sangre. Trabaja hasta tres veces más en quienes
consumen carne moderamente que un vegetariano.
n Aunque la cantidad insuficiente o inadecuada de proteínas
produce pérdida de fuerza, el exceso de proteína
no puede ser usada por el cuerpo. Más bien se convierte
en desechos nitrogenados que sobrecargan los riñones. La
fuente primaria de energía son los carbohidratos; las proteínas
sólo como último recurso
.
- Al ser digeridas, la mayoría de las proteínas
se disgrega y descompone sus aminoácidos, que son usados
por el cuerpo para crecimiento y reemplazo de tejidos. A excepción
de ocho, los restantes 14 aminoácidos son sintetizados
por el organismo. Esos ocho existen en abundancia en productos
como leguminosas, granos y cereales. Otros, como el queso, el
maní y las lentejas, contienen más proteínas
que un kilogramo de hamburguesa, decarne de cerdo o de res.
-El organismo realiza mayor trabajo para desdoblar proteínas.
Con los vegetales es más fácil: los aminoácidos
ya se hallan desdoblados y no todos están en un mismo vegetal,
por lo que deben incluirse varios tipos. Esto al final es una
ventaja porque hay más diversidad de platillos, evita el
monocultivo, mantiene la diversidad de las especies y abre la
búsqueda de plantas comestibles.
n Los carnívoros, para expulsar desechos de carne rápidamente,
poseen un tracto digestivo de tres veces la longitud de sus cuerpos.
El hombre tiene un tubo digestivo de hasta doce veces
su cuerpo.
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