30 de septiembre de 2001

La cetrería no es algo nuevo en el país, pero lo que sí es novedoso es el servicio turístico que ofrecen las aves de rapiña, que han sido criadas, amansadas y entrenadas para cazar conejos.


Para quienes sólo han visto aves de rapiña detrás de las rejas del zoológico, ahora hay algo más emocionante que puede experimentar: ver cómo un gavilán en pleno vuelo se acerca a usted, y sentir cuando el ave se posa suavemente sobre su brazo extendido.
O si lo prefiere puede ir en una noche de cacería a la zona costera de La Paz y ver hasta dónde puede llegar la agresividad natural de un ave de rapiña, que se lanza velozmente sobre su presa, sin importarle salir lastimada al atravesar ramas y arbustos, hasta atrapar el conejo que ingenuamente se le cruza en su camino.
La idea de compartir un poco de su tiempo con la cetrería suena muy interesante, y lo mejor de todo es que en un día podrá conocer qué se siente ser cetrero, como caminar entre la espesura de un bosque o en el campo abierto, y ver cómo el ave sigue sus pasos en pleno vuelo, la que estará atenta a que usted extienda su brazo en señal de llamada, para que en cuestión de segundos se apresure a poner sus garras en su brazo protegido con un guante especial para cetreros, que no permite que las garras del animal le dañen.
Cuando ya tenga el animal en su brazo, y a una distancia de menos de 50 centímetros, podrá apreciar lo imponentes que son sus colores y su figura, con sus garras afiladas y fuertes, así como un pico duro y filoso, y si se anima también le podrá acariciar, sin que ella le tenga miedo o le agreda.
Este es el nuevo concepto de turismo de cetrería, que la empresa “Cadejo Eco-Aventures” ha establecido en El Salvador desde hace apenas cuatro meses. Un servicio turístico que junto al “surf”, los paseos con bicicletas de montaña y el buceo, entre otros, forman la reciente modalidad en el país del turismo de aventuras.

Gavilanes de ataque

La cetrería se le conoce como un arte y un deporte de cacería utilizando aves de rapiña en cautiverio; con ellas se puede cazar otras aves y algunos mamíferos, como conejos y liebres.
En la cetrería se utilizan diferentes especies de rapaces, como águilas, halcones, gavilanes y azores, por mencionar algunos.
En este tipo de cacería dos son los protagonistas: la rapaz y la presa. El hombre es un mero espectador, que muy escasamente interviene.
Cuando se sale a cazar con las aves de “Cadejo Eco-Adventures”, prepárese para disfrutar la compañía de gavilanes de Harries, una especie fácil de reproducir en cautiverio, pero difícil para adaptarse al cetrero, o sea la persona que la amansa y las entrena para cazar.
Uno de los gavilanes utilizados es una hembra bautizada “Chita”, comprada en Portland, Oregon, Estados Unidos. En su pata izquierda tiene un anillo de registro que la acredita como ave de cautiverio.

 

Esta bella rapaz tiene cuatro años de edad, pesa casi dos libras y tiene un temperamento tranquilo, lo que permitió entrenarla en tres meses; mientras tanto su compañero macho, “Chucky”, que es muy nervioso, se tardó siete meses, asegura Roy Beers, uno de los promotores de esta nueva modalidad de turismo.
Por el momento, este servicio turístico ha sido dirigido hacia los extranjeros que visitan El Salvador, a un precio que oscila entre los $75 y $80 por persona; también hay precios para los turistas mochileros, aquellos que visitan el país en buses. Para ellos el valor es de $50.
Si estos precios le parecen caros, en la ciudad de Manchester, en Vermont, Estados Unidos, el mismo servicio turístico le cuesta $140 por persona, asegura Roy Beers.
No obstante, los turistas nacionales también podrán disfrutar del mismo entretenimiento, pero a un precio más cómodo, con una tarifa que todavía no ha sido definida y que actualmente están estudiando.

Cómo los entrenan

El amansamiento, en forma general, consiste en que el ave tenga familiaridad con su amo, inculcándole la confianza de que él no le hará ningún daño y que puede comer en su mano sin correr peligro, además de acostumbrarla a su presencia.
Cada vez que el ave se pose en su brazo, el cetrero le proporciona un pedazo de carne, como recompensa por haber llegado hasta ahí; de esta manera, cuando el ave mira un brazo extendido se lanza hacia él para obtener el trozo de carne a la que ya está acostumbrada.
Después de lograda su confianza, incia el entreno diario de una hora para enseñarles a cazar. La preparación consiste en ponerles un muñeco que semeja a un conejo, que estará amarrado con una cuerda a un rin de bicicleta.
Colocan el peluche en un lugar escondido, cerca o alejado del ave. Luego con los pedales de la bicicleta halan al muñeco con mucha velocidad.
Cuando el ave mira que el muñeco se mueve como que va corriendo, se lanza con rapidez y fuerza hacia lo que supone es su preza, y al atraparlo sumerge sus potentes garras y extiende sus alas para cubrirlo de otras rapaces. Después pasa a desgarrarlo con su pico.
De esta manera el ave se mantiene con su instinto natural para emprender una cacería. Ya en la realidad, cuando logra capturar una presa su recompensa es comérsela, y lo que sobre es llevado a sus demás compañeros que quedaron enjaulados.
Aunque la cetrería pareciera algo cruel, la verdad es que el ave no caza para su amo, sino para ella misma, tal como lo haría si viviera libremente. Y lo mejor de todo es que esta actividad no riñe con la ley, porque la cacería deportiva es permitida por la Ley de Conservación de Vida Silvestre.
Por lo tanto, si se anima, ahora ya puede disfrutar el arte de cazar con aves, en una actividad emocionante y diferente, tal como lo hacían los antiguos reyes y príncipes del Viejo Mundo.

Entrenados para cazar

Para que los gavilanes de Harries se mantengan como expertos cazadores, es necesario que entrenen con un peluche que parezca un conejo.

 

 

 

 

Roy Beers con su gavilán Chita en un sesión de entreno en San Salvador.

En contraluz vemos a chita en un vuelo silencioso, lista para capturar a su preza.

Aves en cautiverio

• El Club y Escuela de Cetrería de El Salvador es miembro de la Federación Internacional de Cetrería y Conservación de Aves de Presa (su página electrónica es www.i-a-f.org).

• En la actualidad, la mayoría de cetreros trabaja con aves en cautiverio.

• Los gavilanes Harris en cautiverio tienen un precio que oscila entre 600 y 800 dólares. En cautiverio pueden vivir hasta 40 años.

• Para información sobre el servicio turístico o sobre el club de cetreros llame a los teléfonos 223-4934 y 223-4728; escriba al correo info@cadejoadventures.com o visitar su página electrónica www.cadejoadventures.com.

El cascabel en las patas lo utiliza el cetrero para saber en todo momento en dónde está el ave.

Las aves son pesadas para mantenerlas en forma para la cacería.


Historia de la cetrería

La referencia más antigua sobre se ha encontrado en las ruinas de Bogazkab, en las planicies de la Turquía asiática. Así lo confirma un bajorrelieve que data del siglo XIII a.C., en el que se ve a un personaje que lleva en su mano derecha un ave de rapiña.
Los asirios también legaron pruebas gráficas de que practicaban la cetrería. En un bajo relieve procedente de Nínive (ciudad de la antigua Mesopotamia) y fechado en el siglo VIII a.C., se ve a un cazador con una ave de rapiña en su mano derecha que está aleteando.
Las pruebas escritas de la existencia de la cetrería en la antigüedad son tan pobres y ambiguas como las iconográficas. Con Aristóteles se inicia una larga tradición de menciones sobre unos cazadores de Tracia que utilizaban aves de rapiña para cazar aves.

Parece ser que desde las estepas de Asia, la cetrería se introdujo en Europa de mano de los pueblos bárbaros germánicos. A partir de esta época, las mejores noticias sobre la cetrería las encontramos dentro de las leyes de los pueblos bárbaros que invadieron Europa.
En las Leyes Burgundias, otorgadas bajo el reinado de Gundobad (500-505 d.C.), la pena por robar una ave de cetrería era que el ladrón debía de dar seis onzas de carne de su propio pecho para alimentar al ave, o en su defecto pagarle al dueño seis sueldos y pagar, además, una multa de otros dos.
A decir verdad, las leyes medievales sobre las aves de cetrería eran terribles para los que las infringían.

La Edad Media fue la edad dorada de la cetrería. A lo largo de los mil años que abarca este período histórico, y en especial lo que se conoce como la baja edad media, más o menos desde el siglo X hasta el XV, la caza con halcones y azores disfrutó de su mayor auge y difusión.
La cetrería fue un deporte, por emplear un término actual, que era básico en la educación de todo caballero medieval. Todas las obras medievales que tratan de la educación de los caballeros, nobles y príncipes hablan del papel fundamental que juega la caza en su educación.

 

Durante el Renacimiento, la cetrería siguió teniendo una gran estima y fue preciada por los nobles, como lo demuestran las muchísimas representaciones que se conocen y conservan, así como por los libros que sobre el tema se escribieron y publicaron, no sólo en España sino en toda Europa.
Sin embargo, a lo largo del siglo XVII se inició un lento e inexorable declive de la cetrería. En gran medida se debió al perfeccionamiento y a la popularización de las armas de fuego; así, los aficionados a la caza tuvieron una nueva modalidad, menos engorrosa y complicada, que les colmó de satisfacciones.
En el siglo XVIII hay un cierto interés academicista y la cetrería aparece en las páginas de algunos reputados literatos españoles, como Jovellanos, o en las páginas del padre Sarmiento dedicadas a la etimología de la palabra cetrería.

En 1775 nació el “Hawking Club” que desapareció en 1838. Sin embargo, ese fue el origen del resurgimiento de la cetrería en Europa, pues con algunos de los miembros del desaparecido Hawking Club y bajo el patrocinio de la casa real holandesa se fundó el “Royal Loo Hawking Club”, que luego desapareció.
A pesar de ello, la cetrería fue ganando adeptos e incluso se llegó a utilizar como arma bélica durante el sitio al que sometió Bismark a la ciudad de París en 1871, pues se utilizaron algunos halcones peregrinos para abatir las palomas mensajeras que los parisinos utilizaron para comunicarse con el gobierno que se encontraba en Tours.

El renacimiento total de la cetrería se dio en el período de entre-guerras. En 1923 H. Goering fundó la “Deutscher Falkenorden”, que aún existe, con lo que es el club cetrero de mayor solera. En 1946 se fundó el “British Falconers Club” y así, poco a poco, se fueron fundado clubes por toda Europa, Norteamérica y el resto del mundo.

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