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Su ubicación en la estratosfera,
a más de 20 kilómetros sobre la superficie terrestre,
y su consistencia delgada, no nos permiten ver su enorme importancia,
como la constatamos en los árboles y el agua, pero existe, y
de ella depende en gran parte nuestra supervivencia.
El ozono se produce cuando se da el efecto de la luz solar sobre el
oxígeno, y constituye la única sustancia en la atmósfera
capaz de absorber la dañina radiación ultravioleta, conocida
como UV-B, proveniente del sol.
Aunque el contenido de ozono representa una cantidad inferior a una
parte por millón con respecto a otros gases, su ausencia pondría
en peligro la existencia de todos los seres vivos.
La pérdida del ozono estratosférico significa además
un efecto preponderante dentro del cambio climático, en los que
influyen entre otros factores el calentamiento de la tierra, la desertificación
y la pérdida de la biodiversidad.
Por eso la disminución del ozono en la superficie terrestre permite
un aumento de los niveles de radiación UV-B y se ha manifestado
más visiblemente en la región Antártica en forma
de agujero que año con año crece en tamaño.
Su destrucción o adelgazamiento, que tiene un ritmo del 3% cada
diez años, obedece a la presencia en la atmósfera de los
halones y de los clorofluorocarbonos (CFCs), conocidos como SAO (sustancias
agotadoras del ozono), las que por años estuvieron presentes
en aerosoles caseros, extintores, sistemas de refrigeración industrial,
domiciliar y vehicular.
Reconversión
En 1987 se firmó el Protocolo de
Montreal, mediante el cual los países industrializados se comprometieron
a erradicar los CFCs para el 2010 y sustituirlos por otros menos dañinos.
También dispusieron un financiamiento para el proceso de reconversión
en los países en desarrollo a través del Fondo Multilateral.
El licenciado Francisco Guevara Masís, coordinador de la Oficina
de Protección de la Capa de Ozono del Ministerio de Medio Ambiente
(MARN), dice que gracias a ese fondo se están realizando acciones
de recuperación en El Salvador.
Hasta 1987 se producían y consumían en el mundo un millón
de toneladas de SAO al año. Para 1997 se consumían en
los países en desarrollo 100,000 toneladas.
La meta es reducir a cero el consumo de estas sustancias y sustituirlas
por los HFC (hidrofluorocarbonos) que excluyen el cloro, el principal
contaminante de la capa de ozono. Para lograrlo, cada país en
desarrollo firmante del Protocolo debe reducir paulatinamente las cuotas
de importación de SAO para contribuir a este esfuerzo mundial.
En El Salvador, el decreto 38 ha permitido desde 1999 la regulación
de las importaciones de CFCs. Para este año, la cuota establecida
es de 156,000 kilogramos de CFC11, 89.000 kilos de CFC12 y 5,000 kilos
de CFC115, que son las principales SAO que circulan en el país.
Para controlar que el importador ingrese la cantidad de SAO que le corresponde
y retirarlo de la aduana debe primero contar con un visado en la Junta
de Vigilancia de Química y Farmacia y una licencia de importación
del MARN.

Medición de fuga
de gas refrigerante con monómetro.
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Por otro lado se está
capacitando personal de aduana y se les dotará de equipo para
identificar las SAO.
Las cuotas irán disminuyendo cada año hasta llegar a cero
en el 2010, pero el licenciado Guevara Masís considera un paso
importante que ahora al país ingresen aerosoles, colchones de
espuma, vasos de durapax, extintores, equipos de aire acondicionado
y de refrigeración nuevos (vehicular y refrigeradores) sin gases
nocivos.

Los extinguidores
ya están reconvertidos
Otro esfuerzo lo constituye
la capacitación de unos 200 técnicos en buenas prácticas
de refrigeración entre 1999 y el 2000 y la dotación de
equipo que sirve para recuperar el gas contaminante (R12 o Refrigerante
12).
Pero hay dos problemas: que el mercado nacional aún ofrece modelos
antiguos de refrigeradores que contienen CFCs y los talleres de refrigeración
aún usan estas sustancias para limpieza de sistemas de refrigeración
y aires acondicionados. Regular el uso de estas sustancias en
estos lugares se haría en el futuro, afirma el licenciado
Guevara Masís.

Educación,
la clave
Por eso en todo este esfuerzo por retirar
las SAO del mercado depende en gran parte del consumidor, quien primeramente
debe estar consciente del daño que causan a la capa de ozono
y eso sólo se logra con educación.
El licenciado Guevara Masís señala que se ha educado a
través de campañas de divulgación, pero el doctor
Ángel Ibarra, cree que esos esfuerzos son pobres porque no llegan
a todos, y que deberían incorporarse esos conocimientos al pensum
de materias en las escuelas.
El problema es de liderazgo del MARN. Si queremos tener éxito
en el aporte que El Salvador dé a la restauración y conservación
de la capa de ozono, debemos tener mayor agresividad. Yo catalogaría
los proyectos impulsados como tibios y hay cosas que se pueden mejorar,
manifiesta el doctor Ibarra.
Tanto el doctor Ibarra como la doctora Diana Burgos, del CDC, coinciden
con el MARN en que el público consumidor es clave en esta lucha
contra las SAO, pero aducen falta de información y educación
para que tome un papel más activo.
El esfuerzo por el ozono es lo mejor que tenemos a nivel mundial
y del país, (aunque) aquí los resultados no son totalmente
exitosos. Se ha fallado en la agresividad, en la falta de control y
supervision del MARN, por su falta de peso político e institucional,
para aplicar a profundidad el Protocolo de Montreal, dice el Dr.
Ibarra.
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Cada 16
de septiembre se celebra el Día Internacional para la Protección
de la Capa de Ozono.
Javier López y Jorge
Villalta, propietarios de taller de reparación e instalación
de aire acondicionado, coinciden en sus clientes no tienen la conciencia
ecológica y que aunque se les proponga una reconversión
de los sistemas de refrigeración de sus refrigeradores o vehículos
se niegan porque les resulta caro.
Aunque se dice que El Salvador aporta muy poco a la destrucción
de la capa de ozono, puede contribuir a salvarla si invierte en la compra
de productos sin SAO. Si no controlamos el uso de esos productos
dañinos probablemente mucha gente va a morir de cáncer
sin tener mayor conocimiento de eso, sentencia la doctora Burgos.
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Para
consumidores
Cuando compre un refrigerador
pregunte que gas refrigerante usa, y no compre si contiene un
CFC porque estaría aumentando la demanda de estos aparatos
con este contaminante.
Para constatar si usa gas refrigerante amigable con la
capa de ozono, reconózcalos en sus etiquetas por su nombre
técnico 134a que puede representarse como R-134a o HFC134a.
En el caso de sistemas de aire acondicionado optar por
los de tuberías y no por los de ventana. Puede reconocer
el gas refrigerante como HFC22, el cual es veinte veces menos
dañino que los CFC.
Si el sistema de refrigeración de su vehículo
o de su refrigeradora ya no enfría obedece a alguna fuga
y no porque se le haya acabado el gas refrigerante, el cual nunca
se agota si el sistema está en buenas condiciones.
Si ha decidido sustituir gas refrigerante 12 por el 134a,
de su vehículo o refrigeradora, debe llevarlo a un taller
donde tengan una máquina recuperadora de gas refrigerante.
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La reconversión
de refrigeradores aún no es rentable.
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