30 de septiembre de 2001

Cuidar la capa de ozono, que nos protege de los rayos ultravioleta, significa la vida misma. Los salvadoreños podemos contribuir a protegerla si usamos productos que no contengan sustancias que la dañen.


Su ubicación en la estratosfera, a más de 20 kilómetros sobre la superficie terrestre, y su consistencia delgada, no nos permiten ver su enorme importancia, como la constatamos en los árboles y el agua, pero existe, y de ella depende en gran parte nuestra supervivencia.
El ozono se produce cuando se da el efecto de la luz solar sobre el oxígeno, y constituye la única sustancia en la atmósfera capaz de absorber la dañina radiación ultravioleta, conocida como UV-B, proveniente del sol.
Aunque el contenido de ozono representa una cantidad inferior a una parte por millón con respecto a otros gases, su ausencia pondría en peligro la existencia de todos los seres vivos.
La pérdida del ozono estratosférico significa además un efecto preponderante dentro del cambio climático, en los que influyen entre otros factores el calentamiento de la tierra, la desertificación y la pérdida de la biodiversidad.
Por eso la disminución del ozono en la superficie terrestre permite un aumento de los niveles de radiación UV-B y se ha manifestado más visiblemente en la región Antártica en forma de agujero que año con año crece en tamaño.
Su destrucción o adelgazamiento, que tiene un ritmo del 3% cada diez años, obedece a la presencia en la atmósfera de los halones y de los clorofluorocarbonos (CFCs), conocidos como SAO (sustancias agotadoras del ozono), las que por años estuvieron presentes en aerosoles caseros, extintores, sistemas de refrigeración industrial, domiciliar y vehicular.

Reconversión

En 1987 se firmó el Protocolo de Montreal, mediante el cual los países industrializados se comprometieron a erradicar los CFCs para el 2010 y sustituirlos por otros menos dañinos. También dispusieron un financiamiento para el proceso de reconversión en los países en desarrollo a través del Fondo Multilateral.
El licenciado Francisco Guevara Masís, coordinador de la Oficina de Protección de la Capa de Ozono del Ministerio de Medio Ambiente (MARN), dice que gracias a ese fondo se están realizando acciones de recuperación en El Salvador.
Hasta 1987 se producían y consumían en el mundo un millón de toneladas de SAO al año. Para 1997 se consumían en los países en desarrollo 100,000 toneladas.
La meta es reducir a cero el consumo de estas sustancias y sustituirlas por los HFC (hidrofluorocarbonos) que excluyen el cloro, el principal contaminante de la capa de ozono. Para lograrlo, cada país en desarrollo firmante del Protocolo debe reducir paulatinamente las cuotas de importación de SAO para contribuir a este esfuerzo mundial.
En El Salvador, el decreto 38 ha permitido desde 1999 la regulación de las importaciones de CFCs. Para este año, la cuota establecida es de 156,000 kilogramos de CFC11, 89.000 kilos de CFC12 y 5,000 kilos de CFC115, que son las principales SAO que circulan en el país.
Para controlar que el importador ingrese la cantidad de SAO que le corresponde y retirarlo de la aduana debe primero contar con un visado en la Junta de Vigilancia de Química y Farmacia y una licencia de importación del MARN.

Medición de fuga de gas refrigerante con monómetro.

 

Por otro lado se está capacitando personal de aduana y se les dotará de equipo para identificar las SAO.
Las cuotas irán disminuyendo cada año hasta llegar a cero en el 2010, pero el licenciado Guevara Masís considera un paso importante que ahora al país ingresen aerosoles, colchones de espuma, vasos de durapax, extintores, equipos de aire acondicionado y de refrigeración nuevos (vehicular y refrigeradores) sin gases nocivos.

Los extinguidores ya están reconvertidos

Otro esfuerzo lo constituye la capacitación de unos 200 técnicos en buenas prácticas de refrigeración entre 1999 y el 2000 y la dotación de equipo que sirve para recuperar el gas contaminante (R12 o Refrigerante 12).
Pero hay dos problemas: que el mercado nacional aún ofrece modelos antiguos de refrigeradores que contienen CFCs y los talleres de refrigeración aún usan estas sustancias para limpieza de sistemas de refrigeración y aires acondicionados. “Regular el uso de estas sustancias en estos lugares se haría en el futuro”, afirma el licenciado Guevara Masís.

Educación, la clave

Por eso en todo este esfuerzo por retirar las SAO del mercado depende en gran parte del consumidor, quien primeramente debe estar consciente del daño que causan a la capa de ozono y eso sólo se logra con educación.
El licenciado Guevara Masís señala que se ha educado a través de campañas de divulgación, pero el doctor Ángel Ibarra, cree que esos esfuerzos son pobres porque no llegan a todos, y que deberían incorporarse esos conocimientos al pensum de materias en las escuelas.

“El problema es de liderazgo del MARN. Si queremos tener éxito en el aporte que El Salvador dé a la restauración y conservación de la capa de ozono, debemos tener mayor agresividad. Yo catalogaría los proyectos impulsados como tibios y hay cosas que se pueden mejorar”, manifiesta el doctor Ibarra.
Tanto el doctor Ibarra como la doctora Diana Burgos, del CDC, coinciden con el MARN en que el público consumidor es clave en esta lucha contra las SAO, pero aducen falta de información y educación para que tome un papel más activo.
“El esfuerzo por el ozono es lo mejor que tenemos a nivel mundial y del país, (aunque) aquí los resultados no son totalmente exitosos. Se ha fallado en la agresividad, en la falta de control y supervision del MARN, por su falta de peso político e institucional, para aplicar a profundidad el Protocolo de Montreal”, dice el Dr. Ibarra.

 

Cada 16 de septiembre se celebra el Día Internacional para la Protección de la Capa de Ozono.

Javier López y Jorge Villalta, propietarios de taller de reparación e instalación de aire acondicionado, coinciden en sus clientes no tienen la conciencia ecológica y que aunque se les proponga una reconversión de los sistemas de refrigeración de sus refrigeradores o vehículos se niegan porque les resulta caro.
Aunque se dice que El Salvador aporta muy poco a la destrucción de la capa de ozono, puede contribuir a salvarla si invierte en la compra de productos sin SAO. “Si no controlamos el uso de esos productos dañinos probablemente mucha gente va a morir de cáncer sin tener mayor conocimiento de eso”, sentencia la doctora Burgos.

Para consumidores

• Cuando compre un refrigerador pregunte que gas refrigerante usa, y no compre si contiene un CFC porque estaría aumentando la demanda de estos aparatos con este contaminante.

• Para constatar si usa gas refrigerante amigable con la capa de ozono, reconózcalos en sus etiquetas por su nombre técnico 134a que puede representarse como R-134a o HFC134a.

• En el caso de sistemas de aire acondicionado optar por los de tuberías y no por los de ventana. Puede reconocer el gas refrigerante como HFC22, el cual es veinte veces menos dañino que los CFC.

• Si el sistema de refrigeración de su vehículo o de su refrigeradora ya no enfría obedece a alguna fuga y no porque se le haya acabado el gas refrigerante, el cual nunca se agota si el sistema está en buenas condiciones.

• Si ha decidido sustituir gas refrigerante 12 por el 134a, de su vehículo o refrigeradora, debe llevarlo a un taller donde tengan una máquina recuperadora de gas refrigerante.

La reconversión de refrigeradores aún no es rentable.

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