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Valentín Ramírez supo a los
21 años que una mujer, quien no era su madre, lo había
llevado en 1953 (a los cuatro meses de nacido) al Hogar del Niño
San Vicente de Paúl en el barrio San Jacinto.
En el centro permaneció hasta los 19 años cuando era momento
de buscar el rumbo de su propia vida.
Pero los sentimientos por el Hogar no cesaron. El 17 de septiembre,
a los 48 años, fue homenajeado por la institución como
Hijo Meritísimo, por su dedicación durante
más de 20 años al bienestar de los niños y de los
jóvenes internos.
Todo el tiempo fue un sueño para mí servir en el
hogar, dijo en un acto especial como parte de las celebraciones
del 125¼ aniversario de fundación de la entidad.
Su contribución ha sido impartir clases de deporte y aconsejar
a los adolescentes. Consejos tan apreciados por ellos, como es el caso
de Heriberto Robles Castillo, un joven alto, moreno y extrovertido,
quien dice que don Valentín le ha ayudado a portarse bien.
El homenajeado recuerda los años cuando las misas, las clases
y las fiestas comenzaron a ser mixtas. Se divierte al relatar que ningún
adolescente bailaba la música de marimba y los valses en el auditorio,
porque les daba pena que el otro sexo los viera.
Lo mismo sucedió cuando las reglas en el comedor cambiaron. La
mesa la compartirían entonces con las niñas. Nadie
comió y sólo pasábamos viendo para abajo porque
nos daba pena si botábamos la comida, comenta.
La solución fue llevarse los alimentos hacia afuera y comer rápido.
La calle la conoció a los 15 años, pero sentía
ansiedad cuando se alejaba de los muros del Hogar.
Cuando llegó la hora de partir definitivamente, en abril de 1972,
aceptó el ofrecimiento de un orientador para ir a trabajar a
Chinameca, en San Miguel.
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Pero como no soportaba el
calor, a los 15 días regresó a San Salvador.
Cuando volvió a ver el centro se alegró muchísimo.
Esa era mi desesperación, dijo.
Tuvo el apoyo de amigos como doña Rosita (la cocinera), Israel
y su esposa Blanquita González, la familia de Germán Machado
(su compañero de cuna) y muchos otros que le demostraron que
Dios no lo abandonaba.
A los 21 años obtuvo empleo en la Dirección de Publicaciones
en oficios varios, después de haber trabajado en una cooperativa
de taxis lavando carros. En la actualidad está en la sección
de encuadernación y con mucho orgullo dice que opera una máquina.
Es
muy humano
Desde 1981 comenzó a colaborar en
el Hogar del Niño oficialmente dando deportes. Desde
entonces, cada vez que termina su jornada laboral a las 5:00 de la tarde
se dirige hacia la institución. Ahí se queda hasta las
9:00 de la noche, cuando vuelve a su casa que queda en el barrio San
Jacinto, muy cerca del Hogar.
Los fines de semana también permanece en la institución.
Don Valentín aconseja a los alumnos para que conozcan el mundo
de afuera y no cometan errores como lo hicieron muchos de sus hermanos,
que no pudieron salir adelante.
Hoy veo a mis ex alumnos como hombres y me dicen tenés
razón, uno sale afuera a sufrir.
Tiene el deseo de llegar a tener su propia familia algún día
y con mucha certeza dice que no ha extrañado el amor de un padre
y de una madre porque nunca supo su significado. Para él, las
hermanas de la compañía Hijas de la Caridad de San Vicente
de Paúl han sido el padre y la madre que nunca conoció.
Y hacia su familia corrió minutos después de que ocurrieran
los terremotos de 1986 y de principios de este año para saber
cómo estaban.
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Valentín (izq.),
junto con Germán Machado, a quien también llevaron al
Hogar del Niño cuando era un recién nacido.

La directora del Hogar
Sor Telma E. Monjes le entregó una placa de reconocimiento.
Sor Telma Edelmira Monjes, directora del
Hogar del Niño San Vicente de Paúl, reconoce
el cariño que le tienen los alumnos a don Valentín y que
merece el título de Hijo Meritísimo por su
gran entrega a la obra.
El orientador Reynaldo Granados agradece el apoyo que él le da
a los niños y a los jóvenes. Es dinámico,
servicial, excelente amigo y se ha dado a querer con todos y los niños
lo quieren mucho. Es muy humano, señala.
Somos una familia, la familia más grande del mundo,
comenta don Valentín, un hombre que ha sabido apreciar lo que
la vida le dio.
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