|
Con victoria sobre Brasil,
Alemania, Inglaterra y otros catorce países más
con trayectoria futbolística, los salvadoreños
obtuvieron el segundo lugar en el campeonato de fútbol
realizado como parte de los juegos especiales a nivel
mundial.
Sí, la medalla de plata hoy cuelga en los cuellos
de estos salvadoreños que llenos de humildad
y colmados de un gran entusiasmo siguen entrenando casi
en el anonimato, dispuestos a cosechar el campeonato
en los próximos juegos especiales que se realizarán
en Irlanda del Norte en el 2003.
A simple vista los once integrantes parecen un equipo
casi como cualquier otro, acatando las instrucciones
de su entrenador, corriendo tras la pelota o concentrados
en sus ejercicios.
Nadie imaginaría que tras estos muchachos entusiastas,
cuyas edades oscilan entre los 19 y los 27 años,
se esconde una discapacidad: retardo mental.
Al hablar con algunos de ellos se evidencia que tienen
problemas de tartamudez o son lentos para comunicarse
y otros confiesan tener dificultades de aprendizaje.
Edgar Miranda, uno de los goleadores, repitió
tres veces el cuarto grado y debió pasar al menos
doce años recibiendo tratamiento en el Instituto
Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos.
Sin embargo, esto no parece frenarlo. Si bien está
consciente de su discapacidad, también reconoce
que ésta no lo limita para realizar lo que tanto
desea: jugar fútbol.
Nuestra discapacidad existe si pensamos en ella,
por eso yo la olvido a la hora de jugar. Creo que si
tú querés hacer algo, tenés que
pensar que podés hacerlo y entonces vas a poder.
Los límites se los pone uno, dice Edgar,
de 19 años.
Trabajo de equipo
Y esta manera de pensar
es, según palabras del entrenador Roberto Polanco,
lo que sin duda los ha llevado a cosechar semejante
triunfo.
Ellos son disciplinados y siempre dispuestos;
hacen cosas que personas normales no harían.
Acatan los ejercicios, son puntuales y tienen un espíritu
de lucha admirable. Estoy seguro de que a futuro seremos
campeones, dice el señor Polanco, quien
manifiesta que entrenar a este equipo ha sido una excelente
experiencia.
Ellos tienen aptitudes que una persona normal
no tiene; se adaptan a las técnicas. Si yo les
digo que se acuesten en el lodo, lo hacen. Una persona
normal no lo hace. No tengo problemas de maras ni de
vicios; ellos rinden de forma exagerada. Es admirable
como se entregan al trabajo de equipo. El resultado
es ver hasta dónde han llegado, añade.
Además de equipo son como una familia; se apoyan
y cuidan porque hacen día a día enormes
esfuerzos para jugar. Y es que todos los integrantes
de esta peculiar selección son de escasos recursos
que se la pasan en aprietos, incluso para asistir a
los entrenos.
Algunos faltan porque no tienen dinero para el
pasaje. Es duro ver eso, pero lo que sí llena
de satisfacción es cuando los ves en la cancha
dando lo mejor de sí... Tienen buena técnica
y son profesionales, dice.
Edgar trabaja en una fábrica confeccionando lámparas
y vitrales. Héctor Salazar, delantero izquierdo
del equipo, es auxiliar de servicio en la Escuela de
Ciegos. Gary Saravia, también delantero, es comerciante
de ropa en el centro de San Salvador, y Gustavo Deras
se dedica a recoger botellas de licor para luego revenderlas
porque no encuentra otra forma de ganarse la vida.

|
|

Ninguno de ellos tiene
salario como miembro del equipo ni recibe ayuda adicional.
Aun así ninguno se ausenta de los entrenos porque
han encontrado en el fútbol una forma de integrarse
a la sociedad.
La gente nos ve y descubre que no somos inválidos
o tontos, sino capaces de hacer grandes cosas,
dice Víctor Melvin Flores, con seis años
de estar entrenando.
Le queremos demostrar a otros que media vez tengan
la gana de hacer algo, lo van a hacer; mientras tengan
carácter y mientras quieran, lo van a hacer,
no importa qué deficiencia tengan, física
o mental. Mientras quieran lo van a hacer, añade
Edgar.
Un
reto sin apoyo
Uno de los aspectos que
más preocupa tanto al entrenador como a los jugadores
es el escaso apoyo que reciben no sólo del gobierno
sino de todos los salvadoreños.
De hecho, al coronarse subcampeones, los medios de comunicación
apenas se dieron por enterados y el equipo no recibió
los honores que merecía.
Un año después siguen entrenando en una
cancha prestada en el Centro de Transmisiones de la
Fuerza Armada en el ex-cuartel El Zapote. Nos
prestan la cancha, pero cuando llueve o ellos tienen
evento nos cancelan el permiso y nos quedamos sin entrenar.
Yo creo que al igual que la selección nacional
deberíamos de tener un lugar donde ir a las prácticas,
dice el entrenador.
Tampoco cuentan con apoyo económico. Sobreviven
con el mismo presupuesto destinado para el Comité
de Olimpiadas Especiales, encargado de fomentar la participación
de atletas en nueve deportes más.
Sólo el entrenador recibe un salario, pagado
por el Banco Agrícola Comercial, que dota de
uniformes a todo el equipo, junto con Embotelladora
Salvadoreña.
Pese a estos inconvenientes, cada sábado se siguen
reuniendo, convencidos de que en los próximos
juegos van a conquistar la copa mundial.
Son subcampeones porque llegaron al conocimiento
de que tienen problemas de discapacidad, pero que eso
no los limita. Yo les digo que el reto son los 400 sábados
que quedan para que sea el mundial de Irlanda. Les digo
que piensen en eso como un rompecabezas de 400 piezas,
de las cuales cada sábado vamos poniendo una
hasta que en el campeonato vamos a poner la última
pieza y vamos a ganar, dice el señor Polanco.
Es un reto que están asumiendo con estusiasmo,
pero también con dificultades y una meta que
podría alcanzarse si existiese mayor apoyo y
reconocimiento para ellos.
Si bien perdimos al final la copa, le ganamos
a equipos de gran trayectoria futbolística como
Croacia, Alemania, Inglaterra, Brasil y México,
que tienen más apoyo. Ojalá a nosotros
nos apoyaran más para buscar el título,
dice Gary Saravia.
Esta es la primera vez que un equipo salvadoreño
de fútbol se agencia un título de subcampeón
en un mundial de fútbol de juegos especiales
y la historia podría ser mejor si se invirtiera
en equipos como este, que está demostrando que
sí puede poner en alto a nuestro país
y por eso son dos veces campeones.
|