Vamos al especial

 
 

 

En junio de 1999, el equipo salvadoreño de fútbol con retardo mental se coronó subcampeón mundial en las Olimpiadas Especiales, realizadas en Carolina del Norte, Estados Unidos, venciendo a equipos de al menos 16 países.


 

Con victoria sobre Brasil, Alemania, Inglaterra y otros catorce países más con trayectoria futbolística, los salvadoreños obtuvieron el segundo lugar en el campeonato de fútbol realizado como parte de los juegos especiales a nivel mundial.
Sí, la medalla de plata hoy cuelga en los cuellos de estos salvadoreños que llenos de humildad y colmados de un gran entusiasmo siguen entrenando casi en el anonimato, dispuestos a cosechar el campeonato en los próximos juegos especiales que se realizarán en Irlanda del Norte en el 2003.
A simple vista los once integrantes parecen un equipo casi como cualquier otro, acatando las instrucciones de su entrenador, corriendo tras la pelota o concentrados en sus ejercicios.
Nadie imaginaría que tras estos muchachos entusiastas, cuyas edades oscilan entre los 19 y los 27 años, se esconde una discapacidad: retardo mental.
Al hablar con algunos de ellos se evidencia que tienen problemas de tartamudez o son lentos para comunicarse y otros confiesan tener dificultades de aprendizaje. Edgar Miranda, uno de los goleadores, repitió tres veces el cuarto grado y debió pasar al menos doce años recibiendo tratamiento en el Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos.
Sin embargo, esto no parece frenarlo. Si bien está consciente de su discapacidad, también reconoce que ésta no lo limita para realizar lo que tanto desea: jugar fútbol.
“Nuestra discapacidad existe si pensamos en ella, por eso yo la olvido a la hora de jugar. Creo que si tú querés hacer algo, tenés que pensar que podés hacerlo y entonces vas a poder. Los límites se los pone uno”, dice Edgar, de 19 años.

Trabajo de equipo

Y esta manera de pensar es, según palabras del entrenador Roberto Polanco, lo que sin duda los ha llevado a cosechar semejante triunfo.
“Ellos son disciplinados y siempre dispuestos; hacen cosas que personas normales no harían. Acatan los ejercicios, son puntuales y tienen un espíritu de lucha admirable. Estoy seguro de que a futuro seremos campeones”, dice el señor Polanco, quien manifiesta que entrenar a este equipo ha sido una excelente experiencia.
“Ellos tienen aptitudes que una persona normal no tiene; se adaptan a las técnicas. Si yo les digo que se acuesten en el lodo, lo hacen. Una persona normal no lo hace. No tengo problemas de maras ni de vicios; ellos rinden de forma exagerada. Es admirable como se entregan al trabajo de equipo. El resultado es ver hasta dónde han llegado”, añade.
Además de equipo son como una familia; se apoyan y cuidan porque hacen día a día enormes esfuerzos para jugar. Y es que todos los integrantes de esta peculiar selección son de escasos recursos que se la pasan en aprietos, incluso para asistir a los entrenos.
“Algunos faltan porque no tienen dinero para el pasaje. Es duro ver eso, pero lo que sí llena de satisfacción es cuando los ves en la cancha dando lo mejor de sí... Tienen buena técnica y son profesionales”, dice.
Edgar trabaja en una fábrica confeccionando lámparas y vitrales. Héctor Salazar, delantero izquierdo del equipo, es auxiliar de servicio en la Escuela de Ciegos. Gary Saravia, también delantero, es comerciante de ropa en el centro de San Salvador, y Gustavo Deras se dedica a recoger botellas de licor para luego revenderlas porque no encuentra otra forma de ganarse la vida.

 

Ninguno de ellos tiene salario como miembro del equipo ni recibe ayuda adicional. Aun así ninguno se ausenta de los entrenos porque han encontrado en el fútbol una forma de integrarse a la sociedad.
“La gente nos ve y descubre que no somos inválidos o tontos, sino capaces de hacer grandes cosas”, dice Víctor Melvin Flores, con seis años de estar entrenando.
“Le queremos demostrar a otros que media vez tengan la gana de hacer algo, lo van a hacer; mientras tengan carácter y mientras quieran, lo van a hacer, no importa qué deficiencia tengan, física o mental. Mientras quieran lo van a hacer”, añade Edgar.

Un reto sin apoyo

Uno de los aspectos que más preocupa tanto al entrenador como a los jugadores es el escaso apoyo que reciben no sólo del gobierno sino de todos los salvadoreños.
De hecho, al coronarse subcampeones, los medios de comunicación apenas se dieron por enterados y el equipo no recibió los honores que merecía.
Un año después siguen entrenando en una cancha prestada en el Centro de Transmisiones de la Fuerza Armada en el ex-cuartel El Zapote. “Nos prestan la cancha, pero cuando llueve o ellos tienen evento nos cancelan el permiso y nos quedamos sin entrenar. Yo creo que al igual que la selección nacional deberíamos de tener un lugar donde ir a las prácticas”, dice el entrenador.
Tampoco cuentan con apoyo económico. Sobreviven con el mismo presupuesto destinado para el Comité de Olimpiadas Especiales, encargado de fomentar la participación de atletas en nueve deportes más.
Sólo el entrenador recibe un salario, pagado por el Banco Agrícola Comercial, que dota de uniformes a todo el equipo, junto con Embotelladora Salvadoreña.
Pese a estos inconvenientes, cada sábado se siguen reuniendo, convencidos de que en los próximos juegos van a conquistar la copa mundial.
“Son subcampeones porque llegaron al conocimiento de que tienen problemas de discapacidad, pero que eso no los limita. Yo les digo que el reto son los 400 sábados que quedan para que sea el mundial de Irlanda. Les digo que piensen en eso como un rompecabezas de 400 piezas, de las cuales cada sábado vamos poniendo una hasta que en el campeonato vamos a poner la última pieza y vamos a ganar”, dice el señor Polanco.
Es un reto que están asumiendo con estusiasmo, pero también con dificultades y una meta que podría alcanzarse si existiese mayor apoyo y reconocimiento para ellos.
“Si bien perdimos al final la copa, le ganamos a equipos de gran trayectoria futbolística como Croacia, Alemania, Inglaterra, Brasil y México, que tienen más apoyo. Ojalá a nosotros nos apoyaran más para buscar el título”, dice Gary Saravia.
Esta es la primera vez que un equipo salvadoreño de fútbol se agencia un título de subcampeón en un mundial de fútbol de juegos especiales y la historia podría ser mejor si se invirtiera en equipos como este, que está demostrando que sí puede poner en alto a nuestro país y por eso son dos veces campeones.

 
 


Datos de interés

Los Juegos Especiales del Mundo se realizaron en Carolina del Norte, Estados Unidos, del 26 de junio al 4 de julio de 1999; participaron 150 países, cerca de siete mil atletas, 2000 entrenadores y 35 mil voluntarios.
En fútbol participaron unos 20 países, entre ellos Inglaterra, Croacia, Brasil, Argentina, México, Costa Rica y otros, siendo coronado campeón Argentina y subcampeón El Salvador.
Este mundial nació junto a las Olimpiadas Especiales surgió en 1968 cuando la Fundación “John F. Kennedy” decidió comenzar a realizar un evento deportivo y recreativo para niños y niñas con retardo mental.
El Salvador ha participado en al menos cuatro mundiales de este tipo, siendo la primera vez que obtiene un título de subcampeón.
El requisito para participar en Olimpiadas Especiales es precisamente que los jugadores padezcan retardo mental.


 
 

 


“Sólo queremos una oportunidad”

“Mi meta es ser campeones mundiales en Irlanda, ganar la copa. Si ganamos el segundo lugar, ¿por qué no podríamos ganar la de oro y ser campeones? Necesitamos más apoyo”.

Héctor Salazar, 27 años.“Yo pienso que la ayuda es en la cancha. El entrenador nos da el valor que nos permite adquirir disciplina y jugar bien y alcanzar estos logros, pero queremos el apoyo de la gente también”.

Víctor Melvin Flores, 20 años.“A gente como nosotros, en otros países le dan apoyo; aquí nada. En otros países les dan importancia. Incluso los dejan jugar en equipos importantes de la liga mayor. Aquí hay varios que podemos jugar fútbol bien y no nos dejan entrar. Mi sueño sería jugar en un equipo de la liga mayor”.
Gustavo Deras, 20 años.


 
 

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