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A muchos les da igual:
contratan al que esté de turno o en meta, otros
preguntan en cuál carro viajarían. Pero
el no vicentino o el turista extranjero encuentra en
estos modelos de vehículo un gusto especial al
viajar.
Los extranjeros los prefieren para trasladarse
al volcán (Chichontepec) donde van a escalar
y se toman fotos con ellos, dice Nicolás
Rojas, propietario y conductor de un Chevrolet Veler
año 1963, el más antiguo de los taxis
que se estacionan a un costado del parque central de
San Vicente.
Y es que no pueden pasar inadvertidos. Destacan entre
otros taxis de modelos más recientes por su forma
alargada, ancha y sus peculiares detalles en su carrocería,
los retrovisores, los asientos amplios y acolchonados
y toda la tapicería interna.
Todo este ambiente permite transportarse cuatro décadas
atrás. Son ocho taxis los que imprimen este sello
peculiar al servicio en esta ciudad vicentina gracias
al gusto personal de algunos taxistas por estos modelos
viejos.
Nicolás Rojas es uno joven que los ama, por ello
se esmera por mantener en buen estado su Lever.
Raúl Aguilar tiene un Nova del 65
para servicio de taxi y otro para uso familiar. Sus
dueños se enorgullecen al poseerlos y contonearse
con ellos por las calles del barrio o la ciudad.
El mantenimiento que dicen brindarles los ha vuelto
fuertes y son capaces de recorrer largas distancias,
ya sea a San Salvador, Santa Rosa de Lima o San Miguel.

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La gente cree que
por ser viejitos se van a quedar en el camino, pero
no es cierto, dice Raúl Aguilar.
Como en tiempos de antaño, estos vehículos
trasladan a muchos pasajeros a la vez, sin mayores incomodidades,
siempre y cuando el cliente lo quiera. Los taxistas
cuentan que para 1978 eran capaces de transportan diez
personas hasta Apastepeque, que dista a unos seis kilómetros
de San Vicente.
Una de las virtudes de estos carros es que son bastante
confortables, por eso es que a muchos clientes les gusta
contratar a los choferes para recorrer largas distancias.
Tampoco les importa pagar el servicio, que hasta San
Miguel puede costar, ida y vuelta, ¢350 y a Santa
Rosa de Lima ¢450.
Unos
se salvaron
Hace dos años estos
carros estuvieron a punto de desaparecer, de hecho muchos
los sustituyeron por modelos más recientes porque
según los taxistas, la Ley de Transporte les
exigía modelos de 1986 para el servicio.
Don Ernesto Jovel, el más antiguo de los taxistas
de San Vicente, tuvo que vender su Chevrolet Impala
modelo 55 a un comerciante enamorado que le insistía
se lo vendiera. Hoy lo que importa es que estén
en buenas condiciones, dice con tranquilidad Raúl
Aguilar.
Lo que les preocupa es que ante tanta competencia de
autobuses, pick-ups y microbuses, la clientela
les ha disminuido; sin embargo, siguen esperando clientes
a un costado del parque para poder sobrevivir.
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