Vamos al especial

 
 

 

Los narradores de esta historia son taxistas de Cojutepeque, San Vicente y la zona metropolitana de San Salvador, a quienes por razones de seguridad no les publicamos los nombres.


 

Algunas personas creen que los taxistas no sabemos hacer otra cosa, pero muchos nos dedicamos a la ‘taxiada’ porque nos quedamos sin trabajo; otros lo hicimos un oficio que nos acarrea problemas y hasta la muerte.
“Pero con tal de ganar y sobrevivir, uno se arriesga. Nunca sabemos a quién llevamos a la espsalda. Recorrido un buen trecho, los delincuentes se descubren y nos dicen que ‘esto es un asalto’, que ‘nos llevas a donde te digamos’ y que ‘danos todo el pisto o te morís’. Cuando se siente lo helado del cañón de la pistola o la punta del cuchillo, uno ve la muerte. Por eso debemos aprender a desarrollar la intuición de las mujeres, a conocer al pasajero y a desarrollar estrategias para detectar a los delincuentes.
“Desconfío de los clientes que están urgidos y no regatean (pedir rebaja) por la tarifa; hay otros que solos se delatan. Por eso uno debe analizar bien al pasajero y si no parece confiable, mejor se excusa uno.
“El taxista debe saber las zonas y las horas en que no debe trabajar. En San Salvador entramos en el día casi a cualquier zona, pero en la noche no llevamos a nadie a Apopa, a San Antonio Abad, a San Ramón y a las colonias Bosques del Río y El Pepeto de Soyapango.
“En San Vicente ninguno se arriesga a llevar a nadie en la noche a Puente Negro, La Flecha o Quebrada Seca. Pero esto de excusarnos nos gana enemistades y luego vienen las venganzas. No, si este trabajo no es fácil”.

Historias que contar

“En este país no hay taxista que no lo hayan asaltado. El dinero que reunimos en la semana se lo llevan los ladrones en un rato.
“ ‘Reíte con la gente, hacé como que no pasa nada’, me decían unos ladrones mientras me apuntaban. Y yo me reía con todos, diciéndoles adiós como que era loco. Me llevaron a un lugar desolado fuera de Cojutepeque y allí me robaron todo.
“Uno se confía porque muchos asaltantes parecen humildes. En enero de este año, como a las ocho de la noche, tres muchachos me pidieron un viaje a Soyapango, pero luego me pusieron una pistola en el cuello y me obligaron a llevarlos a Suchitoto.
“Les pedía que fueran considerados conmigo porque me estaba portando bien, que los llevaría a donde dijeran, que no los delataría, que no me mataran porque, como a ellos, me esperaba mi familia. Dijeron que a los taxistas los eliminaban para que no hablaran. Al llegar a Suchitoto me robaron y me dejaron libre.
“Hay compañeros que los acusan de cómplices porque vieron huir a los asaltantes de un banco o negocio en un taxi, pero somos obligados a transportarlos.
“Uno se acostumbra a ver de todo, a compañeros muertos y que uno pueda ser el próximo. Hace un año, un amigo murió asesinado en San Ramón. Lo escuché pedir auxilio por la radio.
“Yo tengo muchísimos años de ‘taxiar’ y este trabajo siempre ha sido arriesgado, aunque antes de la guerra nos preocupaban más los accidentes de tránsito. Hoy el peligro de ser asaltado o morir está presente a toda hora y en todos lados.
“Por eso el taxi no es para mujeres. Pienso que uno de hombre tiene más fuerza y posibilidad de salir librado. Si una mujer quiere ‘taxiar’, que no lo haga ‘ruleteando’ para que no le pare a cualquiera. Lo mejor es que trabaje a través de una base de radio.
“Hace más de un año, una mujer ‘taxió’ aquí en el hospital (Zacamil), pero no sabemos por qué dejó este trabajo. El trabajo parece fácil, pero no lo es. Trabajamos desprotegidos.
“Casi nunca denunciamos los robos en la policía porque al final no resuelven nada. No se interesan porque nos roben doscientos o quinientos colones. La ley protege al delincuente.
“Cualquiera puede decir que tampoco somos unos santos. Es cierto, hay algunos que cobran más de lo debido, al borracho que lo hacen pagar hasta tres veces o de la muchacha que soporta los piropos y el irrespeto. Pero habemos muchos con buenos principios.

 

“ Reíte con la gente, hacé como que no pasa nada’ me deían unos ladrones... Me llevaron a un lugar desolado y me robaron todo”.

Taxista entrevistado.

Como cualquier ciudadano somos víctimas de la delincuencia. La única manera de cuidar nuestra vida y nuestros bolsillos es siendo precavidos”.

Consejeros, analistas y amigos

“Hay que ser analista para detectar al delincuente, pero también para opinar sobre la situación del país cuando los clientes lo toman en cuenta en sus conversaciones sobre política, economía y otros temas.
“En este negocio hay que estar más o menos enterado de lo que pasa en el país, leer los periódicos, escuchar las noticias o leer otras cosas porque los turistas extranjeros le preguntan a uno de todo.
“Hay otro tipo de personas que demandan de uno atención o consejo; es parte de la atención al cliente. Es que aquí hasta le hacemos de sicólogos. Uno debe aprender a escuchar. Una vez tuve que tranquilizar a una joven que lloraba en el camino porque el novio con el que se iba a casar la había golpeado después de que lo sorprendiera con otra mujer. Al final se despidió agradecida.
“Hay muchos que nos dan su amistad, vuelven a requerir de nuestro servicio, que los llevemos al banco, que traslademos a sus hijos del colegio a su casa. Algunos hasta nos invitan a comer.
“Si hay un estímulo para el taxista es ganarse la confianza del cliente. Es una gran recompensa al trabajo de todo el día, porque al final terminamos estresados de pelear con otros conductores por el tráfico o por tragar humo.
“Un taxista también debe aprender a guardar el secreto más íntimo del cliente; ni siquiera delatamos al delincuente. Yo tengo clientes que llevo a moteles, a ‘night club’ y hasta he polarizado un poco las ventanillas del carro (aunque está prohibido) solo para complacerlos”.

Poca clientela

“En estos días en que tenemos tanta competencia de microbuses y de ‘pick-ups’ debemos cuidar a nuestros clientes. Y es que taxis hay muchos, pero clientes pocos. Hoy nos buscan más por emergencia y seguridad que por comodidad y rapidez.
“Los taxistas debemos aprovechar las noches del jueves, viernes y sábado, que es cuando mayor movimiento nocturno de gente hay. El resto de la semana es muy poco lo que se gana. A veces sacamos apenas el salario mínimo al mes y la vida está muy cara.
“La gran mayoría no somos dueños de los carros, sino que pagamos alquiler. Esto no tiene cuenta porque debemos pagar entre 100 y 125 colones diarios al dueño del carro, invertir entre 80 y 100 colones en combustible, ¿y para mantener a mi familia?
“También nos afectan los taxis piratas, esos que los pintan de amarillo, no están autorizados y cobran la carrera igual que nosotros. Hay algunos piratas que lo hacen porque necesitan trabajar, pero otros por puro negocio ponen a trabajar hasta cuatro carros; hay competencia desleal. Pero en ambos casos no saben en el caballo en que se están montando”.

 
 


Víctimas del trabajo

No existen estadísticas que especifiquen cuántos taxistas son víctimas de robo u otras causas. Tanto la Policía Nacional Civil como el Instituto de Medicina Legal “Roberto Masferrer” dicen no registrar esa información en detalle, como tampoco número de accidentes o denuncias impuestas por estos choferes.
Algunas gremiales de taxistas, como la Asociación de Empresarios de Taxis Salvadoreños, indican que desde 1992 unos 16 agremiados han sido asesinados solo en Sonsonate.
La Asociación de Empresarios de Taxis de El Salvador, la gremial de taxistas más grandel país, dice no llevar un control exacto de taxistas asesinados, pero estima que en lo que va del año han ocurrido unas 20 muertes y que en su mayoría corresponden a Sonsonate.

En todo el país

Según la oficina de Registro Público de Vehículos Automotores del Viceministerio de Transporte, hasta el 17 de octubre se habían inscrito 5,588 vehículos “clase alquiler”, distribuidos a nivel nacional.
Solo en San Salvador circulan 4,081 taxis, en San Miguel 576, en La Libertad 245, en Sonsonate 126 y en Usulután 116. El resto de departamentos del país registra menos de cien unidades.
Muchos taxistas trabajan en cooperativas. Solo la Asociación de Empresarios de Taxis de El Salvador agrupa a 23 asociaciones de varios departamentos, además de (una cifra no definida) de taxistas independientes.
Su forma de trabajo es variada. Algunos se estacionan en puntos estratégicos y de allí se turnan haciendo meta según el orden de llegada; otros “ruletean”, es decir recorren las calles en busca de clientes.
Existen taxistas que laboran auxiliados por un operador de radio que les asigna las carreras que son reservadas por teléfono, mientras los “independientes” hacen su propio horario y deciden si “ruletear” o estacionarse en lugares concurridos.


 
 

Vamos a la segunda parte
de este artículo

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