29 de julio de 2001


“Un herbario no es una simple colección de plantas disecadas, sino una base de datos educativa y cultural, que requiere de un buen financiamiento para el desarrollo de las investigaciones en la flora de cada región”. (Nohemy Ventura, bióloga y curadora del herbario de la Universidad de El Salvador).


Escríbanos

Arrancarle secretos a la naturaleza a través de las plantas para luego coleccionarlas en los herbarios no es nada fácil, conocer cuáles son los organismos que las componen, cuál es la materia viva que existe en ellos, cómo es y cómo funciona es tarea de biólogos y curadores especialistas en flora.
Con las colecciones de David J. Guzmán, Salvador Calderón y Félix Choussy ,—obras extraviadas— El Salvador fue considerado como pionero de las investigaciones botánicas en el área centroamericana durante la década de los veinte y treinta.
En la actualidad sólo dos centros se encargan de almacenar y hacer investigaciones sobre la flora. Uno de ellos se encuentra ubicado en el Jardín Botánico La Laguna, que funciona como una institución privada.
El otro está ubicado en la Escuela de Biología de la Facultad de Ciencia Naturales y Matemáticas de la UES. Posee un aproximado de 33,000 muestras de vegetación y figura como el más antiguo, pues data de los años 50.
Se dice que este último lugar existe desde la época del Instituto Tropical de Investigaciones Científicas (ITIC) fundado en 1947. Es un banco de datos que ha sido catalogado de acuerdo con Dalla & Harmas, con agregados de Engler & Diels (en orden alfabético, por género y especie, entre otros).
“Un herbario no es una simple colección de plantas disecadas, sino una base de datos educativa y cultural, que requiere de un buen financiamiento para el desarrollo de las investigaciones en la flora de cada región”, explica la licenciada Nohemy Ventura, curadora del herbario de la UES.
Estas son colecciones de ejemplares disecados, identificados, clasificados, intercalados y ordenados de manera alfabética por familia y dentro de ésta de igual manera por géneros. Son catalogados con base a la evolución de cada grupo taxonómico.
“Nosotros, pese a que fuimos los pioneros con relación a la región centroamericana y latinoamericana. No tenemos estudios de flora ni inventarios fidedignos que demuestren lo que poseemos”, refiere la licenciada Ventura.


En el país, afirma, hay una gran variedad de plantas con propiedades curativas, pero no las conocemos, porque no hay un inventario ni investigaciones que nos expliquen qué hacer con ellas, todo por falta de un financiamiento local.
La bióloga viajó hace seis meses a Londres para identificar un estudio que realizó sobre la biodiversidad de helechos en los cafetales, un proyecto aún en marcha que espera culminar este año.
“El simple hecho de estar con los mejores científicos y en el museo más grande del mundo es una experiencia gratificante”, expresa con aire orgullo la curadora Ventura.
A lo que secundó que es interesante como otros países le dan importancia a la flora de El Salvador y lo mejor de todo es que estén adiestrando a científicos nacionales para desarrollar las investigaciones que tanta falta hacen para formar una enciclopedia de flora del país.
El proyecto se da a partir de la degradación ambiental extrema que posee el país. Sólo el 2% de los bosques de cobertura originales permanece bajo condiciones naturales, y la mayoría de las tierras restantes está erosionada.

Investigaciones recientes

Más del 90% del café de El Salvador crece en plantaciones con sombra y más del 80% de los bosques del país está asociado a este monocultivo, por lo que ambos porcentajes dieron paso a investigaciones de la biodiversidad en los cafetales.
“Este proyecto, que comenzó en mayo de 1999 y culminó en abril del 2000, fue apoyado por la Iniciativa Darwin del Gobierno del Reino Unido”, explica Jesús Reyes, biólogo de la UES y encargado de realizar parte de la investigación.

 

En él participaron PROCAFE, el Jardín Botánico La Laguna, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la UES, continúa el biólogo, quien funge como colaborador del reservorio de esta última institución.
“A nosotros nos tocó investigar sobre la biodiversidad de árboles y helechos que se encuentran en los bosques de sombra en cafetales. Los resultados fueron excelentes. Encontramos especies nuevas”, expone Reyes.
En cuanto a árboles colectaron 3,000 muestras y para sorpresa se encontraron con una diversidad de especies maderables, frutales, medicinales no registradas en el país. La información fue trasladada al Museo de Historia Natural en Londres para su clasificación.
Uno de los avances que se tiene en este proyecto es la aparición de nuevas especies frutales. Por ejemplo se detectaron ocho del género “ingas” (pepetos). En cuanto a los helechos sólo se identificaron 36; seis aún no han sido clasificadas por los especialistas extranjeros.
Según Jesús Reyes, esta investigación reveló que los cafetales de sombra, además de representar el 3% del producto interno bruto y que generan un aproximado de 134,000 empleos, son rentables para el medio ambiente, por lo que dice que de no desplazados por cultivos de café de sol, terminarán con la diversidad de especies en el agroecosistema, aumentarán la erosión, habrá menor fertilidad y estructura del suelo.
Como producto directo de este estudio estará la publicación de dos libros que seran guías de identificacion de campo, uno sobre árboles de sombra en los cafetales y otro sobre los helechos. Ambas ediciones han sido trabajadas por científicos salvadoreños e ingleses.

Colectar y procesar

Los herbarios son resguardos del patrimonio cultural. En ellos se tiene la riqueza de biodiversidad vegetal, de ahí que es estudiada, archivada y documentada. Pero ¿cuál es el mecanismo y las herramientas que se necesitan para tener uno e incrementarlo?
El primer paso a dar es la colecta de las muestras de plantas, que según la licenciada Ventura deben tener como requisitos indispensables hojas, flores o frutos, con un tamaño no menor de 30 centímetros. El número a pepenar deberá ser no menos de cinco. Esto se da criterio del investigador.
Enseguida se deben tomar los datos en una libreta, información que deberá contener lugar, fecha, nombre del colector y planta, forma de vida (árbol, hierba, bejuco, epífita, entre otros), clima, color de la flor, fruto y condición del suelo.
Al recoger estos datos de la pieza debe ser etiquetada y enviada para su respectiva identificación. En el caso de las recientes investigaciones se remitieron todas las muestras al Museo de Historia Natural de Londres, que determina por medio de un experto a qué categoría taxonómica pertenece (familiar, género y especie).
Según los biólogos, las plantas entre más frescas estén es más fácil identificarlas. Como se toman varias muestras de la misma especie, las sobrantes se someten a una prensa artesanal, para ser apretadas y amarradas para su secado.

En 1996, el libro “Index Herbariorum” registró 2,677 herbarios distribuidos en 147 países del mundo, entre ellos se incluye al ITIC de la Universidad de El Salvador.

Atribución en tiempo y espacio.

Tomando lo anterior como base, estos estudios permiten conocer mejor la composición de comunidades vegetales y son también información de primera mano para estudios en el medio terrestre sobre aspectos ecológicos, de ordenación territorial e impacto ambiental.
En la actualidad, ambos lugares pertenecen a la Asociación Red de Herbarios de Mesoamérica y del Caribe, que promueve políticas y estrategias para el conocimiento y el aprovechamiento de la diversidad florística de la región.
Sin embargo, la necesidad de conocer la composición vegetal de un determinado grupo de plantas en el país para ser inventariadas es poco. Existen logros, pero la expansión de estos se determina con apoyo financiero, el cual en estas tierras es muy escaso.

 

Con este proceso de extracción de líquido se pretende preservar las estructuras del material botánico para su futura identificación y almacenamiento. Las muestras son colocadas en papel periódico, separadas cada una por un pliego de cartón corrugado, luego atadas con fuerza y colocadas en la secadora.
Posterior a esto se ubican en una fuente de calor, que puede ser la luz solar, lámpara de gas o por medio de energía eléctrica. Esto para secar la planta y quitarle la clorofila o el agua.
Ya identificadas las plantas y procesadas se almacenan en un mueble metálico, el cual es sujeto de revisiones constantes, porque no se descarta que aún secos sean atacados por insectos, polillas y hongos.

De mucha importancia

Los herbarios son indispensables para la conservación y el aprovechamiento de los recursos naturales. Con ellos se forma un listado de las especies vegetales que están presentes en una área o región.
El de la UES y el Jardín Botánico, según el Convenio sobre la Biodiversidad Biológica en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro (1992), contribuyen a establecer estrategias para definir el uso y el aprovechamiento sostenible de los recursos biológicos de las naciones.
La finalidad de estos reservorios es tener la representación sistematizada de la biodiversidad vegetal con el fin de estudiar con precisión la variabilidad taxonómica y su distribución en tiempo y espacio.
Tomando lo anterior como base, estos estudios permiten conocer mejor la composición de comunidades vegetales y son también información de primera mano para estudios en el medio terrestre sobre aspectos ecológicos, de ordenación territorial e impacto ambiental.
En la actualidad, ambos lugares pertenecen a la Asociación Red de Herbarios de Mesoamérica y del Caribe, que promueve políticas y estrategias para el conocimiento y el aprovechamiento de la diversidad florística de la región.
Sin embargo, la necesidad de conocer la composición vegetal de un determinado grupo de plantas en el país para ser inventariadas es poco. Existen logros, pero la expansión de estos se determina con apoyo financiero, el cual en estas tierras es muy escaso.

¿Curador vegetal?

Los curadores de la flora son taxónomos, científicos que poseen un entrenamiento en algún campo de la botánica. Ellos buscan por medio de sus investigaciones respuestas a los siguientes cuestionamientos ¿cómo pueden ser reconocidos los vegetales? (identificación), ¿con qué nombre deben ser llamadas las plantas para que la información sobre ellas pueda ser libremente intercambiada sin ambigüedad? (nomenclatura), ¿cuáles son sus parientes más cercanos?
¿Hay alguna otra planta parecida o tiene propiedades similares o sistema genético compatible? (clasificación), ¿en dónde y cómo se encuentra? (ecología-biogeografía), ¿presentan alguna propiedad aprovechable? (manejo de recursos).
El curador debe tener habilidades para colectar, preservar sus muestras, recabar información y analizar los datos para lograr la adecuada identificación. El nombre del organismo es la clave para todo lo que tenga que decirse o escribirse sobre la especie a la que pertenece.
Debido a la complejidad de la nómina se creó el Código Internacional de Nomenclatura Botánica que reglamenta este aspecto. Las herramientas esenciales de los taxónomos son los especímenes del herbario, un microscopio y una dotación de literatura botánica.

Nuevos pepetos

Calderonni (Fabaceae): zapato de mico, zapato de verde de mico, caito de mico.
Laurina (Fabaceae): pepeto, caspirol, nacaspilo.
Oerstediana (Fabaceae): cujepurito, pepeto purito, cujinuil, pepurito.
Paterno (Fabaceae): paterno, nacaspilo.
Pavoniana (Fabaceae): pepeto guano, pepeto siniquil, cujinicuil, cuje, cujín.
Punctata (Fabaceae): pepeto, pepeto guamito, pepeto negro, cuje, cuje guamito.
Vera (Fabaceae): pepeto chumayo, pepeto de río.

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