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La Dirección de Publicaciones e
Impresos de Concultura realizó la primera edición dentro
de la colección Orígenes de Obras escogidas,
David J. Guzmán.
Este libro, cuyo compilador, editor de texto, introducción y
notas están a cargo del escritor Carlos Castro, es de capital
importancia porque en él nos muestra la vida, la visión
nacional, la concepción filosófica personal liberal y
lo adelantado para su época del Dr. Guzmán.
Deja claro que Joaquín David Guzmán Martorrel nació
en San Miguel el 15 de agosto de 1843 y no en San Salvador, como muchos
creen o aseguran, basados en razonables dudas que surgieron respecto
a su nacimiento. Por lo que considero oportuno profundizar en lo claro
que debió ser siempre su origen. Así que realizaré
un análisis lógico-histórico.
Su padre Joaquín Eufrasio Guzmán aprendió las artes
del comercio en San Miguel, poseyó propiedades agrícolas
añileras, fue gobernador del departamento, haciendo grandes obras,
como el puente sobre el río Grande (Urbina) y el primer hospital
de la ciudad.
David J. Guzmán fue hermanastro de Adelaida Guzmán, esposa
de Gerardo Barrios, y sus restantes ocho hermanos nacieron en aquella
ciudad. Su madre de familia migueleña y su padre
están enterrados en el actual cementerio de la ciudad, en el
cuadro número cuatro. Y finalmente, el parque frente a la Catedral
Basílica lleva el nombre de General Joaquín Eufrasio Guzmán.
¿Más aún? Inicia su afán político
en San Miguel con los comités democráticos,
fue diputado por ese distrito, así como de Usulután y
de Morazán.
Es en su ciudad natal donde madura las ideas liberales que plasmó
junto a otros en las Constituciones de 1871, 1872 y 1883, entre las
que destacan tolerancia religiosa, voto de censura para ministros de
Estado, independencia de poderes, secularización del matrimonio,
educación y registro civil.
Con toda esta vida productiva concretizada, mientras no estaba de viaje
en la capital o haciendo ciencia en La Unión, siempre residió
donde nació, en San Miguel.
Carlos Castro nos ilustra sobre como este hombre excepcional fue médico,
diputado, funcionario de gobierno, explorador, investigador científico,
educador, pedagogo, periodista, conferencista y comisionado exportador.
Descubrimos así al más prolífico e importante aportador
a la patria en la historia de la ciencia del siglo XIX y principios
del siglo XX. Esta edición de nueve partes nos describe a un
David J. Guzmán en su esencial conceptualización humana,
nos deja ver al apasionado por sus ideas, sus debilidades ideológicas,
aciertos y desaciertos que solo con el tiempo transcurrido podemos notar.
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Nos desarrolla la geología, la sismología y la mineralogía
de El Salvador, realizando un interesante recorrido por la actividad
sísmica.
Realiza un encaramiento con la etnología y la arqueología,
de donde una maravillosa y admirada por él civilización
indígena es poseedora de una igualitaria realidad característica,
común a otros avanzados pueblos, incluso los descritos por la
Biblia (refutado y aceptado); lamenta la falta de comprensión
a justo tiempo para que no fuese aun a estos días una incógnita
nuestro origen.
Sin saberlo fue un ecologista. Lo demuestra su llamado a despertar la
preocupación nacional en torno a la climatología,
el ambiente y la fauna. En botánica aporta al mundo descubriendo
al psylly psalle Guzmanensis, o gusano de seda silvestre, encontrado
en la cordillera de Apaneca.
Pionero de lo que hoy sería la diversificación de
los cultivos, identifica cien frutos y árboles comestibles
y maderables que pueden ser explotados en El Salvador.
Ciencia, progreso, educación también estuvieron en sus
investigaciones. El origen del museo de Nicaragua, del Nacional y como
frente a un impotente David J. Guzmán lo clausuran.
Enumera el aporte del americanismo al castellano, dando paso al nacimiento
de un lenguaje nativo y del nuevo mundo. En la parte final encontramos
una serie de anexos que inducen a concluir que efectivamente este oriundo
de la región ultralempina, cuyo intelecto en 1916 creó
la Oración a la Bandera Patria, sí es migueleño.
Nuestra ciudad está en deuda con Carlos Castro por devolvernos
a David J. Guzmán con esta publicación que tan acertadamente
editó Concultura.
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SOLO
NECESITO
D,Frank
A Patty
Solo necesito tu mirada,
tus ojos lindos en los míos.
Solo necesito tu pensamiento,
para saber que me amas.
Solo necesito tu sonrisa,
para entemder cómo eres.
Solo necesito un momento tuyo,
para comprender tu presente.
Solo necesito
tu mirada,
tu pensamiento,
tu sonrisa,
tus momentos,
para saber que eres mía.
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