29 de julio de 2001


Escríbanos

La Dirección de Publicaciones e Impresos de Concultura realizó la primera edición dentro de la colección “Orígenes” de “Obras escogidas, David J. Guzmán”.
Este libro, cuyo compilador, editor de texto, introducción y notas están a cargo del escritor Carlos Castro, es de capital importancia porque en él nos muestra la vida, la visión nacional, la concepción filosófica personal liberal y lo adelantado para su época del Dr. Guzmán.
Deja claro que Joaquín David Guzmán Martorrel nació en San Miguel el 15 de agosto de 1843 y no en San Salvador, como muchos creen o aseguran, basados en razonables dudas que surgieron respecto a su nacimiento. Por lo que considero oportuno profundizar en lo claro que debió ser siempre su origen. Así que realizaré un análisis lógico-histórico.
Su padre Joaquín Eufrasio Guzmán aprendió las artes del comercio en San Miguel, poseyó propiedades agrícolas añileras, fue gobernador del departamento, haciendo grandes obras, como el puente sobre el río Grande (Urbina) y el primer hospital de la ciudad.
David J. Guzmán fue hermanastro de Adelaida Guzmán, esposa de Gerardo Barrios, y sus restantes ocho hermanos nacieron en aquella ciudad. Su madre —de familia migueleña— y su padre están enterrados en el actual cementerio de la ciudad, en el cuadro número cuatro. Y finalmente, el parque frente a la Catedral Basílica lleva el nombre de General Joaquín Eufrasio Guzmán.
¿Más aún? Inicia su afán político en San Miguel con los “comités democráticos”, fue diputado por ese distrito, así como de Usulután y de Morazán.
Es en su ciudad natal donde madura las ideas liberales que plasmó junto a otros en las Constituciones de 1871, 1872 y 1883, entre las que destacan tolerancia religiosa, voto de censura para ministros de Estado, independencia de poderes, secularización del matrimonio, educación y registro civil.
Con toda esta vida productiva concretizada, mientras no estaba de viaje en la capital o haciendo ciencia en La Unión, siempre residió donde nació, en San Miguel.
Carlos Castro nos ilustra sobre como este hombre excepcional fue médico, diputado, funcionario de gobierno, explorador, investigador científico, educador, pedagogo, periodista, conferencista y comisionado exportador. Descubrimos así al más prolífico e importante aportador a la patria en la historia de la ciencia del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta edición de nueve partes nos describe a un David J. Guzmán en su esencial conceptualización humana, nos deja ver al apasionado por sus ideas, sus debilidades ideológicas, aciertos y desaciertos que solo con el tiempo transcurrido podemos notar.

 


Nos desarrolla la geología, la sismología y la mineralogía de El Salvador, realizando un interesante recorrido por la actividad sísmica.
Realiza un encaramiento con la etnología y la arqueología, de donde una maravillosa y admirada por él civilización indígena es poseedora de una igualitaria realidad característica, común a otros avanzados pueblos, incluso los descritos por la Biblia (refutado y aceptado); lamenta la falta de comprensión a justo tiempo para que no fuese aun a estos días una incógnita nuestro origen.
Sin saberlo fue un ecologista. Lo demuestra su llamado a despertar “la preocupación nacional” en torno a la climatología, el ambiente y la fauna. En botánica aporta al mundo descubriendo al psylly psalle Guzmanensis, o gusano de seda silvestre, encontrado en la cordillera de Apaneca.
Pionero de lo que hoy sería “la diversificación de los cultivos”, identifica cien frutos y árboles comestibles y maderables que pueden ser explotados en El Salvador.
Ciencia, progreso, educación también estuvieron en sus investigaciones. El origen del museo de Nicaragua, del Nacional y como frente a un impotente David J. Guzmán lo clausuran.
Enumera el aporte del americanismo al castellano, dando paso al nacimiento de un lenguaje nativo y del nuevo mundo. En la parte final encontramos una serie de anexos que inducen a concluir que efectivamente este oriundo de la región ultralempina, cuyo intelecto en 1916 creó la “Oración a la Bandera Patria”, sí es migueleño.
Nuestra ciudad está en deuda con Carlos Castro por devolvernos a David J. Guzmán con esta publicación que tan acertadamente editó Concultura.

 

SOLO NECESITO

D,Frank

A Patty

Solo necesito tu mirada,
tus ojos lindos en los míos.

Solo necesito tu pensamiento,
para saber que me amas.

Solo necesito tu sonrisa,
para entemder cómo eres.

Solo necesito un momento tuyo,
para comprender tu presente.

Solo necesito
tu mirada,
tu pensamiento,
tu sonrisa,
tus momentos,
para saber que eres mía.

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