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El sonar del mariachi rompió el
sonido del silencio a las cuatro de la madrugada. Novia mía,
cascabel de plata y oro, ¡tienes que ser mi mujer...!, cantaron
con gallardía. De templo, la naturaleza La ceremonia nupcial rompió con
todos los esquemas tradicionales. Se realizó en un pequeño
bosque de Lomas de Altamira, en San Salvador. |
Amigos dijo para pedir la bendición de Dios por esta boda no es necesario cerrar los ojos. Él está en cada hoja de los árboles que nos rodean, en los rayos del sol y en la frescura del aire que llega a nuestros pulmones. Tercera generación Después de esas palabras de salutación,
hubo otro toque fuera de lo común. Quien presidió la ceremonia
nupcial fue el pastor Jonathan Mejía, abuelo del novio, quien
además casó a los padres de éste.
Un besó pactó ante Dios y los hombres este matrimonio. Luego los nuevos esposos fueron bañados con pétalos de rosas, en medio de burbujas que se tornaban de color al contacto con los rayos de sol. Seis años de noviazgo llegaron a su fin y una una vida de casados dio inicio hasta que la muerte los separe.
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Boda
de Rizos y
Durante dos años, Keneth escribe en este diario la columna Rizos
y enredos de juventud, donde aborda temas que bullen en la mente
de los jóvenes.
Las más de 200 invitaciones las hizo la novia con papel reciclado,
plantas y listón.
Después de la ceremonia, los invitados se embriagaron hasta la
saciedad en la fiesta. Sí, se embriagaron, pero de alegría
natural, ya que no hubo ni una tan sola gota de licor. Una de las parejas invitadas, y que también no profesa esa religión, manifestó al oír la música: ¡Nos pican los pies por bailar, pero si lo hacemos vamos a ser el lunar de la fiesta!. El pastor Jonathan Salinas casó a su nieto Keneth y también a los padres de éste. |
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