29 de julio de 2001


Hasta qué grado los insecticidas naturales pueden ser dañinos al igual que los de origen químico es una interrogante que es necesario hacer por el bien de nuestra salud y el medio ambiente.


Escríbanos

Por siglos, el hombre ha luchado por combatir insectos plaga que compiten por alimento o fibra o afectan la salud pública. Así ha extraído de las plantas o la tierra algunos compuestos para usarlos como insecticidas. Aunque en el siglo veinte fueron remplazados por los de tipo sintético (obtenidos mediante químicos).
Los sintéticos dieron un nuevo orden de control de insectos, pero también representaron una nueva cadena de riesgos. Su potencial negativo incluye impacto ambiental sobre la calidad del agua y hábitat silvestres, resistencia de especies que son objeto de control, problemas de seguridad y exposición del consumidor a los residuos de pesticidas en el alimento, en el aire y en el suelo.
Por otro lado, los pesticidas resultan en grandes beneficios económicos y de salud para la sociedad. Su uso incrementa y estabiliza los rendimientos de cultivos, protegen la integridad natural del alimento, facilitan el almacenaje para asegurar las provisiones alrededor de un año y con presentación atractiva a los productos alimenticios. Se ha estimado que sin los pesticidas, el 40% de la provisión alimenticia del mundo estaría en riesgo.
Por ese potencial de consecuencias adversas de los pesticidas químicos se han creado regulaciones para controlar cuáles, cómo y cuándo pueden ser usados o aplicados, así como los residuos permitidos en alimentos.
Sin embargo, los insecticidas naturales también representan riesgos y beneficios, los cuales es necesario considerar, así como sus formas de uso.

Naturales, pero...

Numerosos químicos se producen naturalmente y funcionan en algún grado como insecticidas. La mayoría está presente en organismos vivos, desde las algas azul-verde hasta los fungi (hongos) y las angiospermas (semillas encerradas en un fruto).
Plantas de diferentes familias contienen químicos secundarios, que no son típicamente importantes para el metabolismo basal y se cree que resultan de la coevolución de las plantas y de los insectos.
Estos químicos a menudo también reprimen microorganismos parásitos y patogénicos (que causan enfermedades), también algunos vertebrados hervíboros. Los compuestos son tan variados como las plantas de las cuales han sido aislados y el rango de su efecto protector va desde repelencia, disuasión de la alimentación y oviposición hasta toxicidad aguda e interferencia con el crecimiento y el desarrollo.
El extracto de piretro que contienen arriba de seis compuestos como las piretrinas es considerado el insecticida natural por excelencia. Cantidades suficientes de piretro podrían causar toxicidad aguda si son ingeridas, pero las oportunidades de envenenamiento accidental son extremadamente bajas.
No se han demostrado problemas crónicos para esta clase de químicos, excepto por la dermatitis y ocurre como una respuesta alérgica en individuos que son sensibles al extracto de piretro.

 

Aunque los peces experimentan efectos tóxicos cuando se exponen a bajas concentraciones, la naturaleza muy degradable de las moléculas cambia a riesgos mínimos para éstos bajo condiciones normales de uso.
El registro de seguridad para este grupo de compuestos tras muchas décadas de uso ha sido excepcional con relación a mamíferos y aves.
La rotenona, un insecticida cuyos compuestos pueden ser extraídos de al menos siete géneros de leguminosas (guisantes, lentejas y judías), es ampliamente usado en jardines y como un piscicida para eliminar especies indeseables de peces en lagos.
Estos compuestos actúan como toxinas respiratorias, bloqueando el transporte de electrones. Generalmente, los primeros síntomas tóxicos ocurren en la función del sistema nervioso y la muerte es causada por lo general por fallo respiratorio.
Se ha intentado estudiar el potencial carcinogénico de la rotenona, pero sus resultados han sido erróneos. Sólo se ha comprobado irritaciones de piel, pero el registro para la seguridad de los trabajadores ha sido bueno tras muchas décadas de uso.
En el caso de la nicotina, un potente insecticida que es extraído del tabaco (Nicotiana tabacum) y ampliamente usado y diseminado por más de un siglo, la exposición crónica a esta sustancia afecta varias condiciones reproductivas y cardíacas. Los riesgos han sido juzgados como suficientes para cancelar o restringir su uso en Estados Unidos.


Cientos de accidentes fatales y cientos más de suicidios han resultado de los insecticidas a base de nicotina. Una dosis tan baja como un miligramo por kilogramo o un total de 66 miligramos por kilogramototales puede ser fatal para un humano, aunque muchos individuos han sobrevivido a dosis considerablemente mayores.
Como un estimulador neurotóxico afecta primeramente los ganglios. La nicotina y sus compuestos relacionados inducen a una rápida toxicidad y en cinco minutos a la muerte debido a fallo respiratorio y parálisis. También puede ser severa cuando se absorbe por la piel o por inhalación, sobre todo durante la fumigación de invernaderos.
Iguales riesgos de muerte pueden producir los alcaloides de solanum, presentes en hortalizas tan comunes en nuestro medio como tomate, patata y berenjena (miembros de las solanáceas). Entre sus compuestos mejor conocidos están la chaconina, la solanina, la tomatina, la atropina y la escopolamina, que poseen efecto insecticida poderoso en la mayoría de los insectos, aunque algunas especies han aprendido a tolerar las toxinas.
La mayoría de estos compuestos ha demostrado ser embriotóxicos y teratogénicos (malformaciones congénitas) en vertebrados. Nuevas razas de solanáceas resistentes a insectos requieren evaluación segura completa antes de distribuirlas.
Otros compuestos como los azadirachtinas y el Bacillus thuringiensis (Bt), que en la actualidad se están comercializando, también presentan sus riesgos. El primero, extraído de las semillas de neem, y el segundo de origen microbial, están causando considerable emoción con respecto al control de insectos.

 

Se ha comprobado que las azadirachtinas, la toxina principal del aceite de neem, tienen efectos en mamíferos, pero más terapéuticos que tóxicos y tienen numerosos usos medicinales en el sur de Asia y sus efectos adversos suceden sólo cuando se exponen a dosis extremadamente altas.
El Bacillus thuringiensis (Bt) ha sido desarrollado como una alternativa natural con riesgos ambientales mínimos.
La cadena humana de alimentación incluye muchos tóxicos originados de las plantas que poseen gran riesgo para la salud pública. La habilidad de ciertas plantas para envenenar humanos se conoce desde hace siglos, como el caso de una de las plantas de la familia del perejil, que fue responsable de la muerte del filósofo Sócrates.
La actividad biológica de un químico está en función de su estructura más que en su origen, sea este natural o sintético. Las propiedades biológicas, especialmente la seguridad de uno químico, dependen de su estructura y de la forma o la dosis en que el químico es usado.

Insecticidas
del futuro

En el futuro, más insecticidas naturales y biorracionales serán incluidos en el repertorio de manejo de plagas:

* El ácido anacárdico que imparte resistencia a ácaros, por ejemplo, en ciertas razas de geranios. El ácido anacárdico insaturado W5 es importante en la resistencia.

* Los venenos de escorpiones, arañas, centípedos (gusanos del suelo) y serpientes, que han sido probados que causan parálisis y muerte en los insectos.

* Cucurbitacinas u otros semioquímicos, que sirven como atrayentes. La coevolución de insectos con las kairomonas (sustancias que promueven la comunicación entre especies, especialmente de la emisora) de las plantas provee oportunidades únicas para capitalizarlas en la relación natural con las plagas y el hospedero. También pueden ser usadas en combinación con tóxicos para controlar poblaciones plaga mediante el uso de cebos.

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