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En una vieja casa de esquina en la ciudad
de Ilobasco (Cabañas) que está seriamente dañada
y está por derrumbarse, el espíritu de sus inquilinos por
conservar la vieja herencia de la artesanía tradicional popular
no desfallece.
Es el hogar de dos mujeres, María Veraliz y María Natalia,
y de un joven, Ember, todos de apellido Estrada, famosos en todo el pueblo
por asegurar la tradición de hacer año con año esos
muñecos rústicos que adornan los nacimientos navideños.
Tanto Veraliz como su madre María Natalia están conscientes
de pertenecer al escaso grupo de artesanos que produce estas típicas
figuras porque poco se venden, pero en ellas impera más su apego
sentimental porque por ellas han tenido casa, comida y dinero para comprar
la salud.

María Natalia está consciente de esto desde que tenía
13 años cuando a escondidas de sus padres alternaba la escuela
con el aprendizaje con una vecina que se llamaba Amparo Martínez,
quien le enseñó a elaborar los "pitos pitadores"
con figuras de tecolotillos y caballitos.
"Vendía la gruesa (144 unidades) a ¢1.50 a comerciantes
de juguetes de las fiestas de los pueblos", recuerda hoy María
Natalia, quien a sus 79 años aún trabaja activamente.
Este arraigo y la necesidad de sobrevivir permite a estas artesanas trabajar
en la fabricación de estos juguetes para ofrecerlos a los comerciantes,
quienes buscan este producto ya terminado en los últimos meses
del año.
Este ha sido el trajín en la casa de los Estrada desde hace más
de 20 años, porque pese a que su venta está mala "no
pasan de moda", según Veraliz. Y en efecto, el Niño,
María, José, los magos, el buey y la mula siguen siendo
la razón principal de los nacimientos, acompañados por diversidad
de figuras según el gusto del cliente.
Por eso las piezas populares de barro predominan sobre otras piezas decorativas
y modernas que ellas compran y revenden. Canastos llenos con infinidad
de figurillas sin pintar por aquí, mesas inundadas con otro sinnúmero
a medio pintar por allá u otras exhibiéndose coloridas y
orgullosas al público en unas vitrinas se observan por doquier.
En casa de otros artesanos, el panorama cambia. Si la casa de Veraliz
y su madre se distinguen por su artesanía tradicional popular,
la de Herber Romero, por ejemplo, lo hace por medio de su cerámica
más refinada y moderna.
Estilo
diferente
Por eso Veraliz y
Herber tienen clientes diferentes. Mientras los clientes de ella están
entre los amantes de los nacimientos navideños o de los juguetes
tradicionales como los rústicos pitos, los de Herber son amantes
de la decoración y están en el extranjero.
"No es que mi cerámica sea mejor; yo diría que es diferente",
explica Herber, quien dice haber creado unos 500 diseños a lo largo
de sus 30 años de carrera como artesano del barro.
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Sus típicas
indias mexicanas y sus fachadas con apariencia añeja le han ganado
aceptación fuera del
país. Reconoce que las indias son imitaciones de unas similares
que hacen en México, pero que se diferencian principalmente por
el color añejo y el tipo de flores.
También acepta haber tomado la idea de las fachadas de unas traídas
de España, pero las suyas reflejan la cultura arquitectónica
de nuestras ciudadas y pueblos.
En el taller de este artesano no solo se elaboran indias y fachadas de
casas, también hay jarrones y figuras de esclavos africanos, entre
una variedad de piezas con el sello particular de Herber.
Su natural inquietud artística, aunada al asesoramiento que recibe
de algunas pintoras nacionales en cuanto a técnicas como el añejado,
le han impulsado a crear nuevos estilos.
Su obra más reciente son unos cuadros diseñados en alto
relieve, en los que toman vida las figuras de coloridos animales y paisajes
o en los que denota el traslado de los tradicionales temas en la pintura,
como los bodegones, al campo de la cerámica.
Cuadros y fachadas añejadas los vende principalmente en el mercado
centroamericano. Pese al éxito que este artesano ha tenido con
sus diseños también debe esforzarse por vender su trabajo
y promocionarlo en el extranjero.

"Este es un oficio
de lujo porque le compran a uno los que tienen dinero que les sobra",
dice Herber.
Herber y sus ocho trabajadores son una muestra del batallón de
ilobasquenses que luchan a diario por subsistir del barro. La mayoría
coincide en que el negocio no es como antes, porque los turistas han disminuido
sus visitas a Ilobasco.
Por eso, a la par de innovar sus productos, salen de las fronteras del
pueblo para poder vender; de lo contrario, enfrentan dos realidades: dejan
de sobrevivir del barro o la tradición se muere.

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El
barro y sus fases
* La cerámica
actual de Ilobasco encuentra en la tradicional utilitaria su primer antecedente,
aunque en la actualidad se limita a la fabricación de comales y
macetas, porque otros utensilios, como azucareras, picheles y tazas, los
ofrece el mercado en aluminio y porcelana.
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Sin saber fechas exactas, más que fue después de la llegada
de los españoles a nuestras tierras, cuando la cerámica
sufre modificaciones, es que surgen los juguetes tradicionales populares
tan imprescindibles en los nacimientos navideños y donde el Niño
Dios, la Virgen María y José son adorados por músicos,
pastores, lavanderas, vendedoras, el diablo, Santa Claus y hasta por la
Sihuanaba y el Cipitío.
* Dentro de estos
juguetes populares se distinguen las viejecillas "temblorosas",
llamadas así porque sus brazos, cabeza y otros miembros unidos
con alambre les dan movimiento, así como los pitos pitadores (porque
no todos pitan).
* Las famosas miniaturas
también marcan un momento importante en la tradición del
barro en este pueblo. Fueron creadas por doña Dominga Herrera (ya
fallecida) en 1926, cuando decidió moldear una muñequita
y desde entonces lo repitió una y otra vez.
* No todos los artesanos
en Ilobasco hacen miniaturas, porque a juicio de algunos, eso requiere
una habilidad especial y quienes la tienen cuentan sin querer la vida
común de su pueblo, desde lavar en ríos, moler en piedra
hasta un médico atendiendo a un paciente o una pareja en actos
eróticos. De allí que dividan las miniaturas en tres tipos:
típica, de profesiones y pornográficas.
* Ahora los artesanos
y los vendedores ilobasquenses prefieren hablar más de la cerámica
decorativa o artítica para la que utilizan técnicas y diseños
más refinados y modernos que se plasman en diversidad de objetos
decorativos y utilitarios.
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Utilizando técnicas y diseños rústicos o refinados,
la actividad artesanal en Ilobasco es sostenida por más de 80 familias.
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