29 de abril de 2001

Los artesanos de Ilobasco no están quietos. Unos no paran de cosechar viejos estilos que no quieren morir, otros crean nuevos e imponen un ritmo evolutivo en su ya antigua tradición del barro.


Escríbanos

En una vieja casa de esquina en la ciudad de Ilobasco (Cabañas) que está seriamente dañada y está por derrumbarse, el espíritu de sus inquilinos por conservar la vieja herencia de la artesanía tradicional popular no desfallece.
Es el hogar de dos mujeres, María Veraliz y María Natalia, y de un joven, Ember, todos de apellido Estrada, famosos en todo el pueblo por asegurar la tradición de hacer año con año esos muñecos rústicos que adornan los nacimientos navideños.
Tanto Veraliz como su madre María Natalia están conscientes de pertenecer al escaso grupo de artesanos que produce estas típicas figuras porque poco se venden, pero en ellas impera más su apego sentimental porque por ellas han tenido casa, comida y dinero para comprar la salud.


María Natalia está consciente de esto desde que tenía 13 años cuando a escondidas de sus padres alternaba la escuela con el aprendizaje con una vecina que se llamaba Amparo Martínez, quien le enseñó a elaborar los "pitos pitadores" con figuras de tecolotillos y caballitos.
"Vendía la gruesa (144 unidades) a ¢1.50 a comerciantes de juguetes de las fiestas de los pueblos", recuerda hoy María Natalia, quien a sus 79 años aún trabaja activamente.
Este arraigo y la necesidad de sobrevivir permite a estas artesanas trabajar en la fabricación de estos juguetes para ofrecerlos a los comerciantes, quienes buscan este producto ya terminado en los últimos meses del año.
Este ha sido el trajín en la casa de los Estrada desde hace más de 20 años, porque pese a que su venta está mala "no pasan de moda", según Veraliz. Y en efecto, el Niño, María, José, los magos, el buey y la mula siguen siendo la razón principal de los nacimientos, acompañados por diversidad de figuras según el gusto del cliente.
Por eso las piezas populares de barro predominan sobre otras piezas decorativas y modernas que ellas compran y revenden. Canastos llenos con infinidad de figurillas sin pintar por aquí, mesas inundadas con otro sinnúmero a medio pintar por allá u otras exhibiéndose coloridas y orgullosas al público en unas vitrinas se observan por doquier.
En casa de otros artesanos, el panorama cambia. Si la casa de Veraliz y su madre se distinguen por su artesanía tradicional popular, la de Herber Romero, por ejemplo, lo hace por medio de su cerámica más refinada y moderna.

Estilo diferente

Por eso Veraliz y Herber tienen clientes diferentes. Mientras los clientes de ella están entre los amantes de los nacimientos navideños o de los juguetes tradicionales como los rústicos pitos, los de Herber son amantes de la decoración y están en el extranjero.
"No es que mi cerámica sea mejor; yo diría que es diferente", explica Herber, quien dice haber creado unos 500 diseños a lo largo de sus 30 años de carrera como artesano del barro.

 

Sus típicas indias mexicanas y sus fachadas con apariencia añeja le han ganado aceptación fuera del
país. Reconoce que las indias son imitaciones de unas similares que hacen en México, pero que se diferencian principalmente por el color añejo y el tipo de flores.
También acepta haber tomado la idea de las fachadas de unas traídas de España, pero las suyas reflejan la cultura arquitectónica de nuestras ciudadas y pueblos.
En el taller de este artesano no solo se elaboran indias y fachadas de casas, también hay jarrones y figuras de esclavos africanos, entre una variedad de piezas con el sello particular de Herber.
Su natural inquietud artística, aunada al asesoramiento que recibe de algunas pintoras nacionales en cuanto a técnicas como el añejado, le han impulsado a crear nuevos estilos.
Su obra más reciente son unos cuadros diseñados en alto relieve, en los que toman vida las figuras de coloridos animales y paisajes o en los que denota el traslado de los tradicionales temas en la pintura, como los bodegones, al campo de la cerámica.
Cuadros y fachadas añejadas los vende principalmente en el mercado centroamericano. Pese al éxito que este artesano ha tenido con sus diseños también debe esforzarse por vender su trabajo y promocionarlo en el extranjero.

"Este es un oficio de lujo porque le compran a uno los que tienen dinero que les sobra", dice Herber.
Herber y sus ocho trabajadores son una muestra del batallón de ilobasquenses que luchan a diario por subsistir del barro. La mayoría coincide en que el negocio no es como antes, porque los turistas han disminuido sus visitas a Ilobasco.
Por eso, a la par de innovar sus productos, salen de las fronteras del pueblo para poder vender; de lo contrario, enfrentan dos realidades: dejan de sobrevivir del barro o la tradición se muere.

 
El barro y sus fases

* La cerámica actual de Ilobasco encuentra en la tradicional utilitaria su primer antecedente, aunque en la actualidad se limita a la fabricación de comales y macetas, porque otros utensilios, como azucareras, picheles y tazas, los ofrece el mercado en aluminio y porcelana.

* Sin saber fechas exactas, más que fue después de la llegada de los españoles a nuestras tierras, cuando la cerámica sufre modificaciones, es que surgen los juguetes tradicionales populares tan imprescindibles en los nacimientos navideños y donde el Niño Dios, la Virgen María y José son adorados por músicos, pastores, lavanderas, vendedoras, el diablo, Santa Claus y hasta por la Sihuanaba y el Cipitío.

* Dentro de estos juguetes populares se distinguen las viejecillas "temblorosas", llamadas así porque sus brazos, cabeza y otros miembros unidos con alambre les dan movimiento, así como los pitos pitadores (porque no todos pitan).

* Las famosas miniaturas también marcan un momento importante en la tradición del barro en este pueblo. Fueron creadas por doña Dominga Herrera (ya fallecida) en 1926, cuando decidió moldear una muñequita y desde entonces lo repitió una y otra vez.

* No todos los artesanos en Ilobasco hacen miniaturas, porque a juicio de algunos, eso requiere una habilidad especial y quienes la tienen cuentan sin querer la vida común de su pueblo, desde lavar en ríos, moler en piedra hasta un médico atendiendo a un paciente o una pareja en actos eróticos. De allí que dividan las miniaturas en tres tipos: típica, de profesiones y pornográficas.

* Ahora los artesanos y los vendedores ilobasquenses prefieren hablar más de la cerámica decorativa o artítica para la que utilizan técnicas y diseños más refinados y modernos que se plasman en diversidad de objetos decorativos y utilitarios.

* Utilizando técnicas y diseños rústicos o refinados, la actividad artesanal en Ilobasco es sostenida por más de 80 familias.

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