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Un disco cóncavo que concentra los
rayos del sol sobre una olla de aluminio esmaltada de negro, capaz de
cocinar tres libras de frijoles en menos de dos horas, es la nueva y
mejorada cocina solar que tiene el Centro Salvadoreño de Tecnología
Apropiada (CESTA).
La ventaja de esta cocina es que cuece tan rápido como
una estufa convencional; genera temperaturas de 300 grados centígrados
que ablandan los granos más duros (frijol y maíz) en un
lapso de dos a tres horas, explica Juan Perdomo, coordinador de
áreas mecánicas del CESTA.
La nueva tecnología consiste en una parábola de 1.20 metros
de diámetro con una profundidad de 80 centímetros. Matemáticamente
está calculada para que todos los rayos del sol se doblen hacia
un solo punto, en este caso donde se encuentra la olla.
Esta tecnología ha sido distribuida como proyecto piloto a diez
familias en cinco comunidades de la zona paracentral del país,
la mayoría en Santa Cruz Michapa y Tenancingo, departamento de
Cuscatlán.
El objetivo de implementarlas en estas áreas en para combatir
la pobreza y mejorar las condiciones de vida y el medio ambiente en
áreas rurales, explica el encargado del proyecto José
Acosta.
Según este promotor, el proyecto piloto tiene dos meses de ejecución
y han tendido buenos resultados, aunque no es la solución al
problema energético, pero sí es un aporte a la población
rural para ahorrar tiempo, salud y energía.
Cómo
funciona
Lidia Recinos, de 45 años, es beneficiaria
del proyecto y predica con el ejemplo al cocinar todos los días
en el corredor de su casa en Tenancingo con uno de estos reflectores
solares. Incluso cuando las nubes ocultan el sol lo hace.
Hace unos tres meses, esta residente del caserío Las Crucitas
tardaba de dos a tres horas buscando leña. Hoy, como dice ella,
ya no voy. Ahorro ese tiempo y me evito la molestia del humo y
el calor de los tizones que tanto me dañaban la vista.
Lo mejor de todo es que pongo tres libras de frijoles y sólo
le doy dos horas para que estén. Por muy duros que sean siempre
se ablandan, asegura.
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Con justa razón, esta
cuscatleca expone las ventajas de esta tecnología y es que la
luz solar sólo se concentra en un punto: la olla. Este proceso
es similar a la de un vehículo aparcado al sol con todas las
ventanas cerradas.
Los rayos ultravioleta son absorbidos como calor por el interior del
carro. Las ventanas cerradas ayudan a mantener el calor y el aire caliente
dentro del mismo.
En una cocina solar, el calor es capturado dentro de un área
cerrada (olla) y es absorbido por la comida. Además no produce
desechos ni gases contaminantes que perjudiquen a quien la manipula.
Estas parábolas, como las llama José Acosta, del CESTA,
podrían colaborar en la protección del medio ambiente.
Si el método se distribuyera a todas las familias del planeta
que cocinan con leña se podrían dejar de emitir 800 millones
de toneladas de dióxido de carbono al año.
El promotor de las cocinas solares tiene mucha confianza en esta nueva
tecnología que por el momento no es vendida ni regalada. Está
en calidad de depósito como proyecto piloto que ayudará
a preservar el medio ambiente y a paliar un poco la crisis económica
de las zonas rurales.

Los especialistas recomiendan
usar gafas al manipular los alimentos. Las temperaturas altas que se
producen por el reflejo del sol pueden dañar la vista.
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La fabricación de
estos receptores solares cuesta de 800 a 900 colones.
Algo
más
La primera cocina solar
fue inventada por Horace de Saussure, naturalista suizo que experimentaba
desde 1767. Él divulgó con éxito cocinar las frutas
en aquella época con temperaturas iniciales de 87.5° C (189.5°
F).
La
cocina solar parabólica es el último modelo desarrollado
en Alemania por Dieter Seifert y EG Solar. Esta tecnología está
lista para comenzar a cocinar desde dos horas después de la salida
del sol hasta dos horas después de su puesta.
En
El Salvador, el proyecto de las cocinas solares se desarrolla desde
hace seis años. El CESTA es la institución encargada de
la fabricación de estos receptores solares.
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