28 de octubre de 2001

Estas cocinas no necesitan madera, carbón, diesel, queroseno, parafina ni electricidad. Trabajan con energía solar y tienen como misión combatir la pobreza y mejorar las condiciones de vida y el medio ambiente en las áreas rurales.


Escríbanos

Un disco cóncavo que concentra los rayos del sol sobre una olla de aluminio esmaltada de negro, capaz de cocinar tres libras de frijoles en menos de dos horas, es la nueva y mejorada cocina solar que tiene el Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA).
“La ventaja de esta cocina es que cuece tan rápido como una estufa convencional; genera temperaturas de 300 grados centígrados que ablandan los granos más duros (frijol y maíz) en un lapso de dos a tres horas”, explica Juan Perdomo, coordinador de áreas mecánicas del CESTA.
La nueva tecnología consiste en una parábola de 1.20 metros de diámetro con una profundidad de 80 centímetros. Matemáticamente está calculada para que todos los rayos del sol se doblen hacia un solo punto, en este caso donde se encuentra la olla.
Esta tecnología ha sido distribuida como proyecto piloto a diez familias en cinco comunidades de la zona paracentral del país, la mayoría en Santa Cruz Michapa y Tenancingo, departamento de Cuscatlán.
“El objetivo de implementarlas en estas áreas en para combatir la pobreza y mejorar las condiciones de vida y el medio ambiente en áreas rurales”, explica el encargado del proyecto José Acosta.
Según este promotor, el proyecto piloto tiene dos meses de ejecución y han tendido buenos resultados, aunque no es la solución al problema energético, pero sí es un aporte a la población rural para ahorrar tiempo, salud y energía.

Cómo funciona

Lidia Recinos, de 45 años, es beneficiaria del proyecto y predica con el ejemplo al cocinar todos los días en el corredor de su casa en Tenancingo con uno de estos reflectores solares. Incluso cuando las nubes ocultan el sol lo hace.
Hace unos tres meses, esta residente del caserío Las Crucitas tardaba de dos a tres horas buscando leña. Hoy, como dice ella, “ya no voy. Ahorro ese tiempo y me evito la molestia del humo y el calor de los tizones que tanto me dañaban la vista”.
“Lo mejor de todo es que pongo tres libras de frijoles y sólo le doy dos horas para que estén. Por muy duros que sean siempre se ablandan”, asegura.

 

Con justa razón, esta cuscatleca expone las ventajas de esta tecnología y es que la luz solar sólo se concentra en un punto: la olla. Este proceso es similar a la de un vehículo aparcado al sol con todas las ventanas cerradas.
Los rayos ultravioleta son absorbidos como calor por el interior del carro. Las ventanas cerradas ayudan a mantener el calor y el aire caliente dentro del mismo.
En una cocina solar, el calor es capturado dentro de un área cerrada (olla) y es absorbido por la comida. Además no produce desechos ni gases contaminantes que perjudiquen a quien la manipula.
Estas parábolas, como las llama José Acosta, del CESTA, podrían colaborar en la protección del medio ambiente. Si el método se distribuyera a todas las familias del planeta que cocinan con leña se podrían dejar de emitir 800 millones de toneladas de dióxido de carbono al año.
El promotor de las cocinas solares tiene mucha confianza en esta nueva tecnología que por el momento no es vendida ni regalada. Está en calidad de depósito como proyecto piloto que ayudará a preservar el medio ambiente y a paliar un poco la crisis económica de las zonas rurales.


Los especialistas recomiendan usar gafas al manipular los alimentos. Las temperaturas altas que se producen por el reflejo del sol pueden dañar la vista.

 

La fabricación de estos receptores solares cuesta de 800 a 900 colones.

Algo más

La primera cocina solar fue inventada por Horace de Saussure, naturalista suizo que experimentaba desde 1767. Él divulgó con éxito cocinar las frutas en aquella época con temperaturas iniciales de 87.5° C (189.5° F).

La cocina solar parabólica es el último modelo desarrollado en Alemania por Dieter Seifert y EG Solar. Esta tecnología está lista para comenzar a cocinar desde dos horas después de la salida del sol hasta dos horas después de su puesta.

En El Salvador, el proyecto de las cocinas solares se desarrolla desde hace seis años. El CESTA es la institución encargada de la fabricación de estos receptores solares.


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