Vamos al especial

 

 
 

 

Ser madre.  ¿Un privilegio o una carga?

Las mujeres son el único sostén económico en el 25-30% de las familias a nivel mundial y soportan una carga de trabajo triple (el doméstico, el empleo retribuido y la reproducción), además de trabajar por término medio un 25% más tiempo que los hombres. (Atlas GAIA de la Economía Verde).


 

Los recuerdos de la niñez con la fecha de la celebración del día de la Madre me remontan a trabajos artesanales en el kinder o en la escuela, actos en el anfiteatro o planes con mis hermanos para comprar un regalo.
Ahora, muchos años después, el ambiente en torno a dicha celebración ha cambiado su inocencia y se ha transformado según las condiciones mercantiles de los tiempos.
El aparato comercial obliga a la compra de regalos; periódicos y canales de televisión están saturados con ofertas y paquetes tentadores; trabajos psicológicos especialmente diseñados con la intención de explotar esa mentalidad de recompensa hacia aquellos “oficios de servicio” (madre, secretaria, enfermera) a los cuales nos han hecho creer debe asignárseles un día.
Un día, cuando en realidad y sobre todo en el caso de las madres, esta profesión consta de 365 días no retribuidos. Esta imagen constituida en torno a la madre, reflejo de la abnegación, el servicio, la sumisión, la entrega o el sacrificio.
Lo que en realidad se oculta es la capacidad y la posición que a la mujer le corresponde en el mundo.

Eterna manipulación

Cierto es que desde que una mujer se dedica exclusivamente a la “profesión” de madre cambia su rol dentro de la sociedad; pierde su condición de mujer.
Esta situación se origina en el hogar mismo, donde las mujeres (niñas y adolescentes) crecen y se educan para ello. La sociedad se encarga de crear modelos y reglas. Así las niñas tienen acceso a casitas de plástico, cocinitas, bebés y un repertorio de objetos que hacen que se identifiquen con lo que será su rol. La sociedad determina que desde pequeñas deben ser guiadas para que se conviertan en el futuro en una “buena madre”, eclipsando sus capacidades y sus cualidades.

 

Ilustración de una madre

Se “supone” que las mujeres “son buenas cuidadoras” y por lo tanto están mejor adaptadas para trabajos tipo servicio.

Mujer y religión

Jesús, en los evangelios, preconizó la igualdad de los derechos de la mujer, pero las religiones se convierten en apostolados de su marginación social y espiritual.
La teología escolástica medieval define a las mujeres como “hombres defectuosos”. Esta antropología, defendida por San Agustín y más tarde reforzada por Santo Tomás, declara que las mujeres no poseen la imagen de Dios, sino cuando la reciben del hombre que es “su cabeza”. (Efesios 5:22-23).
Desde los primeros florecimientos culturales del Paleolítico Superior, la creencia apuntaba a que la fecundidad era una clara prueba de amistad por parte de los dioses (quienes estaban investidos con el máximo poder celestial que pudieron imaginar).

 

Esta es la razón por la que no se han hallado más que representaciones de diosas madres y diosas de la fertilidad en los yacimientos arqueológicos pertenecientes al período que oscila entre el 30,000-10,000 a.C. Dada la evidente incapacidad de los hombres para parir y, por tanto, para detentar el control de la capacidad generadora, la imagen de Dios fue exclusivamente femenina hasta el 3,500 a.C. aproximadamente. A partir de esa fecha, debido a un conjunto de cambios sociopolíticos y económicos, la imagen del dios varón se apropió de la atribución generadora de la diosa y relegó a ésta el papel de la madre, esposa o amante del dios masculino.
En la actualidad, el modelo de mujer que la Iglesia quiere imponer es el de un ser volcado en la maternidad por encima de todo, que sea dócil y servil al varón, aun a riesgo de su propia vida. Como ejemplo: “Uno de los actos más solemnes del Pontificado fue la canonización de dos italianas cuyos mayores méritos fueron, el de una dejarse morir de cáncer de útero por no querer abortar para someterse al tratamiento médico dejando huérfanos a sus cuatro hijos, y el de la otra, soportar hasta la muerte los malos tratos de su marido”.
Este es mi homenaje para la verdadera madre, la que lucha y se entrega, para todas ellas, madres fuertes y valerosas; para la mía y las de mis amigos, respetos y admiración. Su espíritu me ha hecho pensar (y ojalá haga pensar a otros) que debe revisarse ese calificativo de “sexo débil”.

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