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A pesar
de verse seria, Aída es
extrovertida, le gusta cocinar y
escuchar música ranchera.
¿A quién
no le temblaron las piernas cuando en la escuela le tocaba exponer un
tema? Pero, ¿qué pasaría si usted tiene
que hablar frente al Papa o algún presidente? A lo mejor le da
un ataque de nervios.
El secreto para controlar estos nervios los tiene Aída Mancía,
una santaneca que ha hecho su profesión a fuerza de voz. Sus
sonidos bucales son envidiados por muchos que desean ocupar su puesto:
el de maestra de ceremonias de la Presidencia de El Salvador.
Hablemos quiso conocer parte de sus secretos, de cómo ha logrado
escalar hacia el éxito, y esto es lo que nos platicó.
¿De dónde
es originaria?
Muchos piensan que soy extranjera, pero no. Soy santaneca de nacimiento
y de corazón. Viví en la aldea de San Antonio, hoy convertida
en barrio.
¿Cómo se desarrolló su infancia?
Nací el 29 de noviembre de 1953 en Santa Ana. La infancia con
mis hermanos fue bonita. En ese entonces no había mucha delincuencia;
se podía recorrer la ciudad con confianza. De esta época
solo eso recuerdo.
Debido a que la Ciudad Heroica solo nos daba una secundaria, mis padres
deciden emigrar a San Salvador para que nos desarrolláramos a
nivel educativo.
El primer lugar donde vivimos fue la 9ª Avenida Sur y las primeras aulas
donde estudié en la capital estaban en el Instituto Obrero José
Celestino Castro, que ya no existe. Allí me formé
y descubrí mis dotes para hacer teatro. De esta faceta de mi
vida recuerdo a don Miguel Ángel Ortega, quien fundó el
grupo teatral.
Del Celestino Castro salgo beneficiada en 1969 con una beca
para estudiar bachillerato en artes, y tuve el orgullo de integrar la
primera promoción de bachilleres en arte en el país.
¿Qué
personajes le gusta representar en teatro?
La gente se motiva por mi voz; es bien grave. El personaje que me encanta
representar es el papel de mala. Es bien difícil y por eso me
gusta. Para decirle que en 1989 representé a la madrastra en
la Cenicienta y me encantó ver cómo los niños se
quedaban petrificados al escuchar a la brujita. En verdad daba miedo.
¿Cuál
es el secreto para mantener esa voz?
No hay ningún secreto, todo se lo debo a Dios; tal vez no me
dio otros dones, pero le agradezco todos los días de la vida
por haberme dado la gravedad en la voz.

En
Radio El Mundo, por las mañanas tiene a su cargo el programa
de poemas.
¿Cómo
llegó a Casa Presidencial
Dios pone las cosas por una causa y creo que éste era el papel
que Él tenía destinado para mí.
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Todo comenzó cuando una ex alumna
que tuve en la Universidad José Matías Delgado
le preguntó a Francisco Imendia (entonces Secretario de Comunicaciones)
que si necesariamente tenía que ser hombre el maestro de ceremonias.
Él respondió que no.
Francisco era conocedor de mi trabajo, habíamos sido compañeros
en la universidad y colegas en la Radio Nacional. Así fue como
llegué para el período del doctor Armando Calderón
Sol en 1994. Desde esa fecha he experimentado los momentos más
bonitos de mi vida y de mi profesión. Ante todo porque soy la
primera mujer en ser maestra de ceremonias en el país (de la
Presidencia de la República).
¿Tuvo
miedo de aceptar el cargo?
Sí, iba con mucho temor. Pensé que no les gustaría
mi trabajo por ser mujer.
¿Alguna
anécdota especial en su labor cómo maestra de ceremonia?
Cuando vino el Papa (1996) nunca pensé estar tan cerca de él;
me sentía más cerca del cielo. Cuando lo vi se me ahogó
la voz por los nervios y me puse a llorar. Sin embargo, exclamé
¡Dios mío, dame control para poder continuar! Y seguí
con el evento.
En esta época estaba pasando una etapa difícil con mi
madre (Marta Mancía de Pineda). Ella por su diabetes tenía
un hoyo en el pie y no se le sanaba; le pedí al Señor
Jesús que me diera una prueba de que estaba conmigo.
Me puse en sintonía con Él y le rogué que por medio
del representante suyo en la tierra (el Papa) me ayudara con mi madre.
Concluye el evento, el Santo Padre me vio y vi en él un rostro
con total calma y serenidad; tenía unos ojos llenos de amor.
Luego exclamé: ¡Dios, dame una manifestación más
y que esa vista sea la cura para mi madre!
Para sorpresa mía, antes de que el Santo Padre se fuera, se me
acerca uno de sus asistentes y me dijo: Para esta maestra de ceremonia,
dos rosarios.
Yo no los había pedido, no sabía que los daban o cuál
era su significado. A la semana del evento, mi mamá había
sanado su pierna. Esto vino a fortalecer más mi fe y tengo bien
claro que nuestro Señor Jesucristo está detrás
de cada uno de nosotros.
¿Cuáles
son las cualidades que debe tener un maestro de ceremonia?
Tiene que ser respetuoso con los tiempos, no hablar antes ni demasiado
pausado. Tiene que practicar mucho. Por ejemplo, antes del arribo del
presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ensayamos tres veces para
recalcar los tiempos.
¿Considera
fácil su trabajo?
No es tan difícil, hay que estar en la jugada. Por ejemplo, cuando
se firman acuerdos se debe tener un marco de referencia de lo que se
va a hacer. Para ejecutar este trabajo se necesita hacer ensayos de
lectura, de lo contrario uno se atropella a cada rato y ese trabajo
no sirve.
¿Qué
ha significado Casa Presidencial para usted?
Ser la primera mujer maestra de ceremonia en esa institución
y conocer el lado humano de los presidentes.
¿Está
en todas las actividades del presidente?
No. Sólo trabajo a nivel nacional; me encantaría que alguna
vez me llevaran para que vea los protocolos de otros países.
A lo mejor, me autoevalúo al verlos.
¿Cómo
incursiona en la radio?
Fue en 1971, cuando tuve la oportunidad de trabajar en un noticiario
en Radio Teatro. Era tan difícil entrar, se tenía que
estar acreditado para ejercer esta profesión. De lo contrario
no había trabajo. Hoy es fácil entrar; no necesita autorización.
¿Cuál
ha sido su gran sueño?
Trabajar en radio, en especial en YSU y lo logré. En 1976, Roberto
Tobías (hoy mi esposo) era el director de la emisora y buscaba
talentos; querían lo mejor en voz. Me invitan a grabar un programa
y fui contratada. Así fue como integré un equipo de locutores
destacados, como Tony Alvarenga, Salvador Escobar Tobi, Mauricio Morataya
y Daniel Guevara.
¿Cuánto
ganaba un locutor para esa época?
Mil doscientos colones y con horas extras se ganaba más. Esto
era un doble esfuerzo porque había que trabajar en dos emisoras.
Ganar en ese entonces ¢800 representaba un buen salario.
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Para
Radio Clásica graba un programa
que se llama Palco en la ópera,
que se transmite los domingos.
¿Qué
importancia tuvo YSU para usted?
Aquí viví los mejores años de mi vida, me formé
como profesional. Además conocí a Roberto Tobías
y me casé con él en 1978.
¿Cuáles
son sus pasiones?
Leer poemas. En Radio El Mundo, donde trabajo desde hace más
de 25 años, lo hago en el programa Tú, el amor y
la música.
¿Cómo
es el carácter de Aída Mancía?
Yo no soy seria, como muchos piensan. A mí me encanta relajarme
con mi familia en mis tiempos libres. Me gusta todo tipo de música,
hasta ranchera. Uno de mis pasatiempos favoritos es cocinarle a mis
hijos y a mi esposo, aunque no soy experta en la cocina. Esto lo hago
porque me gusta reunir a la familia.
¿Qué
se necesita para ser una persona exitosa?
Hay que ser humilde, tener siempre los pies en la tierra. Si piensan
que todo lo pueden y saben, están perdidos. El éxito se
logra con humildad y con la influencia del Señor.
¿Todo ha
sido éxito en
su vida?
No, mi camino también ha sido de llorar. Perdí a mi tercer
hijo en 1987 y es una historia escabrosa de mi vida. Mientras muchos
estaban de fiesta en Santa Ana, mi esposo recorría sus calles
con un ataúd. Por eso adoro a mi esposo. Mi cariño se
fortaleció más hacia él; ha compartido mis triunfos
y mis caídas. Vivíamos para ese entonces en Santa Ana
porque el terremoto de 1986 derrumbó la casa en la capital. Por
causas del estrés se me complicó el embarazo, me hicieron
una cesárea y a los cuatro días el niño murió.
¿Cuál
es su mensaje para las mujeres salvadoreñas?
Hay que perseverar. Nosotras tenemos las mismas capacidades que los
hombres; las oportunidades son para los dos. Yo en mi profesión
he hecho lo que he querido, por eso me considero exitosa y no una persona
frustrada.

La
puntualidad y la responsabilidad
son sus grandes aliadas.
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Su
lado humano
La maestra de ceremonias no es muy seria como muchos piensan;
es muy sentimental.
Ella llora por las injusticias y las maldades de las personas.
También suelta en llanto cuando declaman un poema o cuando
se entona el Himno Nacional.
A esta santaneca le encantan las rancheras y le gusta cocinar.
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Como maestra
de ceremonias he conocido el lado humano de los presidentes de la República
y de las primeras damas.
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