28 de abril 2002



Su voz grave ha deleitado los oídos de algunos presidentes de América,
inclusive los del Santo Padre, desde que en 1994 la nombran maestra de ceremonias
de la Presidencia de El Salvador.

 


A pesar de verse seria, Aída es
extrovertida, le gusta cocinar y
escuchar música ranchera
.


¿A quién no le temblaron las piernas cuando en la escuela le tocaba exponer un tema? Pero, ¿qué pasaría si usted tiene que hablar frente al Papa o algún presidente? A lo mejor le da un ataque de nervios.
El secreto para controlar estos nervios los tiene Aída Mancía, una santaneca que ha hecho su profesión a fuerza de voz. Sus sonidos bucales son envidiados por muchos que desean ocupar su puesto: el de maestra de ceremonias de la Presidencia de El Salvador.
Hablemos quiso conocer parte de sus secretos, de cómo ha logrado escalar hacia el éxito, y esto es lo que nos platicó.

¿De dónde es originaria?
Muchos piensan que soy extranjera, pero no. Soy santaneca de nacimiento y de corazón. Viví en la aldea de San Antonio, hoy convertida en barrio.


¿Cómo se desarrolló su infancia?

Nací el 29 de noviembre de 1953 en Santa Ana. La infancia con mis hermanos fue bonita. En ese entonces no había mucha delincuencia; se podía recorrer la ciudad con confianza. De esta época solo eso recuerdo.
Debido a que la Ciudad Heroica solo nos daba una secundaria, mis padres deciden emigrar a San Salvador para que nos desarrolláramos a nivel educativo.
El primer lugar donde vivimos fue la 9ª Avenida Sur y las primeras aulas donde estudié en la capital estaban en el Instituto Obrero “José Celestino Castro”, que ya no existe. Allí me formé y descubrí mis dotes para hacer teatro. De esta faceta de mi vida recuerdo a don Miguel Ángel Ortega, quien fundó el grupo teatral.
Del “Celestino Castro” salgo beneficiada en 1969 con una beca para estudiar bachillerato en artes, y tuve el orgullo de integrar la primera promoción de bachilleres en arte en el país.

¿Qué personajes le gusta representar en teatro?
La gente se motiva por mi voz; es bien grave. El personaje que me encanta representar es el papel de mala. Es bien difícil y por eso me gusta. Para decirle que en 1989 representé a la madrastra en la Cenicienta y me encantó ver cómo los niños se quedaban petrificados al escuchar a la brujita. En verdad daba miedo.

¿Cuál es el secreto para mantener esa voz?
No hay ningún secreto, todo se lo debo a Dios; tal vez no me dio otros dones, pero le agradezco todos los días de la vida por haberme dado la gravedad en la voz.

En Radio El Mundo, por las mañanas tiene a su cargo el programa de poemas.

¿Cómo llegó a Casa Presidencial
Dios pone las cosas por una causa y creo que éste era el papel que Él tenía destinado para mí.

 

Todo comenzó cuando una ex alumna que tuve en la Universidad “José Matías Delgado” le preguntó a Francisco Imendia (entonces Secretario de Comunicaciones) que si necesariamente tenía que ser hombre el maestro de ceremonias. Él respondió que no.
Francisco era conocedor de mi trabajo, habíamos sido compañeros en la universidad y colegas en la Radio Nacional. Así fue como llegué para el período del doctor Armando Calderón Sol en 1994. Desde esa fecha he experimentado los momentos más bonitos de mi vida y de mi profesión. Ante todo porque soy la primera mujer en ser maestra de ceremonias en el país (de la Presidencia de la República).

¿Tuvo miedo de aceptar el cargo?
Sí, iba con mucho temor. Pensé que no les gustaría mi trabajo por ser mujer.

¿Alguna anécdota especial en su labor cómo maestra de ceremonia?
Cuando vino el Papa (1996) nunca pensé estar tan cerca de él; me sentía más cerca del cielo. Cuando lo vi se me ahogó la voz por los nervios y me puse a llorar. Sin embargo, exclamé ¡Dios mío, dame control para poder continuar! Y seguí con el evento.
En esta época estaba pasando una etapa difícil con mi madre (Marta Mancía de Pineda). Ella por su diabetes tenía un hoyo en el pie y no se le sanaba; le pedí al Señor Jesús que me diera una prueba de que estaba conmigo.
Me puse en sintonía con Él y le rogué que por medio del representante suyo en la tierra (el Papa) me ayudara con mi madre.
Concluye el evento, el Santo Padre me vio y vi en él un rostro con total calma y serenidad; tenía unos ojos llenos de amor. Luego exclamé: ¡Dios, dame una manifestación más y que esa vista sea la cura para mi madre!
Para sorpresa mía, antes de que el Santo Padre se fuera, se me acerca uno de sus asistentes y me dijo: “Para esta maestra de ceremonia, dos rosarios”.
Yo no los había pedido, no sabía que los daban o cuál era su significado. A la semana del evento, mi mamá había sanado su pierna. Esto vino a fortalecer más mi fe y tengo bien claro que nuestro Señor Jesucristo está detrás de cada uno de nosotros.

¿Cuáles son las cualidades que debe tener un maestro de ceremonia?
Tiene que ser respetuoso con los tiempos, no hablar antes ni demasiado pausado. Tiene que practicar mucho. Por ejemplo, antes del arribo del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ensayamos tres veces para recalcar los tiempos.

¿Considera fácil su trabajo?
No es tan difícil, hay que estar en la jugada. Por ejemplo, cuando se firman acuerdos se debe tener un marco de referencia de lo que se va a hacer. Para ejecutar este trabajo se necesita hacer ensayos de lectura, de lo contrario uno se atropella a cada rato y ese trabajo no sirve.

¿Qué ha significado Casa Presidencial para usted?
Ser la primera mujer maestra de ceremonia en esa institución y conocer el lado humano de los presidentes.

¿Está en todas las actividades del presidente?
No. Sólo trabajo a nivel nacional; me encantaría que alguna vez me llevaran para que vea los protocolos de otros países. A lo mejor, me autoevalúo al verlos.

¿Cómo incursiona en la radio?
Fue en 1971, cuando tuve la oportunidad de trabajar en un noticiario en Radio Teatro. Era tan difícil entrar, se tenía que estar acreditado para ejercer esta profesión. De lo contrario no había trabajo. Hoy es fácil entrar; no necesita autorización.

¿Cuál ha sido su gran sueño?
Trabajar en radio, en especial en YSU y lo logré. En 1976, Roberto Tobías (hoy mi esposo) era el director de la emisora y buscaba talentos; querían lo mejor en voz. Me invitan a grabar un programa y fui contratada. Así fue como integré un equipo de locutores destacados, como Tony Alvarenga, Salvador Escobar Tobi, Mauricio Morataya y Daniel Guevara.

¿Cuánto ganaba un locutor para esa época?
Mil doscientos colones y con horas extras se ganaba más. Esto era un doble esfuerzo porque había que trabajar en dos emisoras. Ganar en ese entonces ¢800 representaba un buen salario.

 

Para Radio Clásica graba un programa
que se llama “Palco en la ópera”,
que se transmite los domingos.

¿Qué importancia tuvo YSU para usted?
Aquí viví los mejores años de mi vida, me formé como profesional. Además conocí a Roberto Tobías y me casé con él en 1978.

¿Cuáles son sus pasiones?
Leer poemas. En Radio El Mundo, donde trabajo desde hace más de 25 años, lo hago en el programa “Tú, el amor y la música”.

¿Cómo es el carácter de Aída Mancía?
Yo no soy seria, como muchos piensan. A mí me encanta relajarme con mi familia en mis tiempos libres. Me gusta todo tipo de música, hasta ranchera. Uno de mis pasatiempos favoritos es cocinarle a mis hijos y a mi esposo, aunque no soy experta en la cocina. Esto lo hago porque me gusta reunir a la familia.

¿Qué se necesita para ser una persona exitosa?
Hay que ser humilde, tener siempre los pies en la tierra. Si piensan que todo lo pueden y saben, están perdidos. El éxito se logra con humildad y con la influencia del Señor.

¿Todo ha sido éxito en
su vida?

No, mi camino también ha sido de llorar. Perdí a mi tercer hijo en 1987 y es una historia escabrosa de mi vida. Mientras muchos estaban de fiesta en Santa Ana, mi esposo recorría sus calles con un ataúd. Por eso adoro a mi esposo. Mi cariño se fortaleció más hacia él; ha compartido mis triunfos y mis caídas. Vivíamos para ese entonces en Santa Ana porque el terremoto de 1986 derrumbó la casa en la capital. Por causas del estrés se me complicó el embarazo, me hicieron una cesárea y a los cuatro días el niño murió.

¿Cuál es su mensaje para las mujeres salvadoreñas?
Hay que perseverar. Nosotras tenemos las mismas capacidades que los hombres; las oportunidades son para los dos. Yo en mi profesión he hecho lo que he querido, por eso me considero exitosa y no una persona frustrada.

La puntualidad y la responsabilidad
son sus grandes aliadas.

Su lado humano

La maestra de ceremonias no es muy seria como muchos piensan; es muy sentimental.

Ella llora por las injusticias y las maldades de las personas.

También suelta en llanto cuando declaman un poema o cuando se entona el Himno Nacional.

A esta santaneca le encantan las rancheras y le gusta cocinar.


“Como maestra de ceremonias he conocido el lado humano de los presidentes de la República y de las primeras damas”.
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