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Este
niño poeta de Santa Tecla
dentro de sus inquietudes literarias
se define como romántico.
Rafael Menéndez es un niño
flaco, de apenas once años, a quien le apasiona el estudio de
la sociología, la biología y las matemáticas.
Empero, aunque la materia de Lenguaje y Literatura le gusta muy poco,
cuando le hablan de poesía se entusiasma y se transporta e imagina
lo plasmado.
Aunque su veta artística proviene de un familiar lejano por parte
de su madre, el pintor Camilo Mineros, prefiere los versos a la pintura,
en la que incursionó a los cuatro años.
Y es que este niño es diferente a los demás; obvia los
juegos propios de su edad y prefiere reunirse con Jeremías, René
y Boris, sus amigos, con quienes habla de sus inquietudes literarias.
Lo anterior podría ser normal hasta cierto punto si no fuera
porque Rafael, al no encontrar a sus amigos prefiere alejarse a un lugar
apartado y escribir versos o leer un libro de poesía.
Canto
a la naturaleza
Este niño poeta de Santa Tecla, dentro de sus inquietudes literarias
se define como romántico y entre sus temas poéticos está
la naturaleza.
Busco plasmar la naturaleza. Lo hago porque es como un amigo que
yo tengo, porque ella es bondadosa, nos da donde vivir,
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alimentación, aire, oxígeno.
Dios me la ha regalado para mi inspiración, acota.
Con más de treinta poemas escritos, Rafael busca dejar constancia
de ello, labor que realiza especialmente por las noches, cuando reina
el silencio.
No obstante, lamenta que su primer poema Estero se haya
quedado en La Colina, donde vivió hasta diciembre del 2000.
Un día que fuimos al mar nos metimos junto a unos amigos
a la playa de San Diego, ahí surgió el poema Estero,
y lo motivó al describir la naturaleza, cuando el sol le está
pegando directamente al mar y se observa un gran brillo. Lamento mucho
que se haya quedado en La Colina, dice.
Según Menéndez, él y su familia vivieron en la
colonia La Colina por siete años, pero tuvieron que irse en diciembre
del 2000, ya que el propietario de la casa que alquilaban se las pedía
para habitarla.
Al solicitarle que nos recite uno de sus versos, el rostro de Rafael
y la mirada lo delatan como amante de la poesía, toma pose y
transmite ese sentimiento como sólo los poetas saben hacerlo:
Mi primer poema fue de calma/de donde proviene toda el alma/por
un amor de niño/por todo el cariño...
Mientras describe cuándo y dónde se inspira, Rafael no
deja de expresar con sus ojos negros las sensaciones que ello le produce.

Los
domingos se reúne en la iglesia Bautista.
Poeta
y carpintero
Pero no sólo la poesía atrae a este niño, pues
se dedica a la carpintería, especialmente en el área del
sisado (realiza diseños a los muebles de madera), que luego son
comercializados en el mercado de Santa Tecla.
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Su
madre, Mirna Menéndez, lo educa espiritualmente.
Lo anterior le ha dado cierta experiencia
y con toda propiedad nos habla del tipo de madera y cuál es la
que le facilita su labor.
Primero aprendí a identificar la madera, por ejemplo cuál
era cedro, caoba, pino, laurel. Me pusieron a pintar, después
a lijar y últimamente a tallar. En ellas hago flores y hojas,
añade.
De acuerdo al niño poeta, el dueño de la carpintería,
Álvaro Flores, le dio la oportunidad de que aprendiera porque
vio las aptitudes que poseía, pero con la condición de
que no dejara de estudiar.
Rafael estudia sexto grado en el Centro Escolar Católico Alberto
Masferrer, en donde lleva buenas notas, y los domingos se reúne
en el Tabernáculo Bíblico Bautista de Santa Tecla, donde
asiste junto a su madre Rocío y sus hermanos Jackeline, Sofía
y Gustavo
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Todo
parece mentira
Todo parece
mentira,
qué triste ha quedado nuestra casa
qué inmenso dolor dejó tu ausencia.
Dios te ha llamado a su presencia
para darle el reposo que tu alma necesita.
Si con lágrimas lográramos tu regreso
lloraríamos toda la vida.
Tu espíritu ha volado hacia Dios,
tu cuerpo está sembrado en el tiempo,
mas entre nosotros está plasmado
por el recuerdo del buen hermano que fuiste.
Dios nos lo dio,
Dios nos lo quitó.
Que sea su voluntad...
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