28 de enero de 2001


El mundo entero, de una u otra manera, se vio consternado con la tragedia padecida por los salvadoreños. Muchas naciones extendieron y siguen extendiendo sus manos solidarias en una misma misión: asistir durante la emergencia, aliviar el dolor y reconstruir el país.


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Apenas catorce horas después de ocurrido el terremoto, un grupo de 135 mexicanos arribó al aeropuerto militar de Ilopango para asistir a las víctimas e iniciar labores de rescate.
Tres horas después ya estarían trabajando en Las Colinas, el centro de la tragedia, en busca de sobrevivientes. Entretanto, las autoridades del Comité de Emergencia Nacional comenzaban a organizarse y a contabilizar las víctimas.
Del contingente extranjero llegado al país, la mayoría son médicos, ingenieros y rescatistas especializados, pero también hay soldados que desde el mismo día del terremoto trabajan intensamente en la colonia Las Colinas buscando sobrevivientes en un primer momento y ahora, quince días después, fragmentos humanos entre los escombros.


Otros montaron pequeños hospitales de emergencia a mitad del Estadio Las Delicias para asistir a heridos o sobrevivientes histéricos que no entendían lo que sucedía.
Todos ellos apenas y tuvieron tiempo de preparar un ligero equipaje en sus países y traer los medicamentos y equipo que tenían disponible. Pocos lograron avisar a sus familiares de tan inusitado viaje.
“Mi familia no sabe que estoy aquí, la salida fue tan de repente que ni siquiera he tenido tiempo de comunicarme con ellos y decirles lo que estoy haciendo... y quizás sea mejor para que no se preocupen, porque ven las noticias y si supieran que yo estoy aquí se angustiarían”, dice el teniente mexicano Guillermo San Miguel, de 26 años.
Luego vendrían los 83 venezolanos -entre bomberos, rescatistas, militares, médicos y paramédicos- que tampoco vacilarían en viajar en helicóptero hasta Comasagua, un lugar al que ni siquiera las autoridades habían llegado aún para asistir a gente desesperada, angustiada y llena de miedo que lo había perdido todo.
A ellos se sumarían los 90 nicaragüenses que con equipo médico y de rescate también se instalarían en Comasagua para atender a los más de 15 mil damnificados de esa ciudad de La Libertad.
Armados con sofisticados equipos de rescate y detección de posibles sobrevivientes, llegarían después los taiwaneses. Ellos traían un equipo que permitía detectar los latidos del corazón de personas soterradas introduciendo aparatos en la tierra.

Trabajo intenso

Delegaciones de al menos doce países llegarían a El Salvador en la primera semana de la tragedia.
“Se siente el sacrificio a la hora de despedirse de la familia. Queda una tristeza, pero cuando se está en el ambiente ayudando, entonces eso nos hace priorizar lo que vale el trabajo que hacemos”, dice el general Antonio Redón, uno de los jefes de la delegación mexicana y padre de seis hijos.

 

Utilizando desde pesada maquinaria para remover escombros hasta palas, el ejército mexicano permaneció hasta 24 horas los primeros dos días de la tragedia buscando sobrevivientes.
“Es impresionante lo que ha pasado aquí. La fuerza de la naturaleza ha sido implacable y yo nunca había estado ayudando en una tragedia como esta. Me han impresionado los niños abrazados a sus padres que hemos tenido que sacar de entre la tierra”, dice el teniente San Miguel.
Ni el candente sol, el olor a muerte o el frío nocturno que se cernía esta semana en el país, los hizo moverse de ahí. Desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde continuaron limpiando el área y extrayendo fragmentos humanos.
Junto a los franceses estuvieron alertas a atender a los dolientes que, angustiados, llegaron hasta esa montaña de tierra que se formó en Las Colinas en busca de sus familiares.
Los venezolanos tampoco se movieron de Comasagua, donde instalaron carpas en medio de una ciudad devastada para atender los numerosos casos de enfermedades respiratorias y diarreicas que comenzaron a presentarse, sobre todo en niños.

Organizados y dispuestos

Los miembros de la delegación de República Dominicana, junto a los mexicanos, el ejército salvadoreño y la Fundación Salvadoreña, FUSAL, mantienen hasta hoy un albergue modelo en el Estadio Las Delicias, en Santa Tecla.
Orgullosos de su trabajo, los 21 dominicanos que llegaron a El Salvador tres días después del desastre están ubicados en una tienda de campaña convertida en hospitalito, donde trabajan más de doce horas al día atendiendo consultas y emergencias y manejando el albergue.
Atendiendo a 135 familias, los dominicanos los han clasificado por edades y hasta por profesiones para implementar un programa de terapia ocupacional e involucrar a los albergados en distintas tareas.
“Aquí tenemos disciplina, mantenemos monitoreo de los alimentos, de las aguas que consumen, para tener la certeza de que no se vaya a producir ningún brote epidémico; brindamos consultas, terapia familiar, ocupacional, entrenamiento para formar líderes locales que cooperen dentro de su espacio y se mantengan ocupados”, dice Atahualpa Read, coordinador general del grupo.
La delegación, compuesta por miembros de las fuerzas armadas de República Dominicana, Cruz Roja y Secretaría de Estado de Salud Pública, incluye médicos, cirujanos, epidemiólogos, ortopedas, pediatras y hasta un experto en evaluación de desastres y manejo de albergues.
Por medio de computadoras ordenan los víveres, ropa, alimentos y todo lo que ingresa al albergue, para distribuirlo equitativamente a las familias.
Según el jefe de esta delegación, el contralmirante Radhamés Lora Salcedo, los dominicanos se sienten hermanados con los salvadoreños por las tragedias naturales.
“Nosotros tenemos algo en común: que la desgracia nos toca de vez en cuando. A ustedes los teremotos, a nosotros los huracanes, y son cosas naturales que no podemos evitar. La lógica indica que debemos estar unidos para enfrentarlos y esa es la misión nuestra aquí”, expresa.
Tanto los miembros de la delegación dominicana como del resto de países están autoabastecidos con alimentos y duermen en albergues junto a los damnificados.
“Yo he sentido mucho frío porque mi país es caliente. No me he quitado las botas para dormir y me he puesto dos pantalones y aún así no lo soporto, pero ahí voy acostumbrándome”, cuenta Miguelina Tactuk, pediatra de la delegación dominicana.
Ni la barrera del idioma en algunas brigadas extranjeras, ni el intenso trabajo al que han sido sometidos, los ha hecho vacilar un momento. Coordinados por el COEN, han viajado a donde sea necesario para montar sus brigadas médicas y asistir a los pacientes o participar en remoción de escombros y rescates.
Si bien el trabajo es intenso, también lo es la nostalgia por el hogar y la familia.
“Nos comunicamos con la familia según nos lo permiten las circustancias. Tenemos teléfonos o vamos a la embajada, no tenemos una comunicación diaria pero es suficiente que sepan que estamos bien. Todos somos humanos, tenemos un alto espíritu de cuerpo -como decimos- y nos hace falta la casa”, dice el contralmirante Radhamés Lora Salcedo, jefe de la delegación de República Dominicana.

 

Según él, son las mujeres quienes más sufren la nostalgia por los hijos, pero poco a poco se van acostumbrando. “Cuando alguna de las muchachas se desanima y le da su tristeza, se le da una palmadita para que se levante y ya. Nosotros estamos insertados dentro de este microambiente, vamos acomodándonos y dando lo mejor de nosotros, porque es un compromiso con este país”, añade.
La mayoría de las delegaciones viene abastecida con alimentos no perecederos, pero otros también han probado las tortillas y lo que haya para comer en el lugar donde lleguen.
Algunos de ellos ya se fueron, como los taiwaneses y españoles, pero otros continúan aquí, incansables, brindándonos su mano solidaria.
Es muy seguro que pasarán muchos lustros para que esta tragedia que hoy padecemos sea un dato más en nuestra historia de desastres. Los humanos tendemos a borrar de la memoria las cosas malas, pero conservarmos las buenas, por eso, este enorme gesto de hermandad que hoy nos brinda el mundo entero, perdurará para siempre.

Países amigos

Coordinados por el COEN a través del ejército salvadoreño, las delegaciones de rescatistas, técnicos y médicos de los distintos países fueron enviados a las zonas más afectadas:

Alemania: San Miguel

Turquía: San Miguel

España: Santa Tecla

México: Santa Tecla

Estados Unidos: Usulután

Colombia: Usulután

Panamá: Usulután

Guatemala: San Agustín y Armenia

Nicaragua: Comasagua, La Libertad

Japón: Santiago de María

República Dominicana: Santa Tecla

Taiwan: Juayúa

Israel: Santa Tecla

Venezuela: Comasagua

Honduras: El Congo, Santa Ana

Cuba: El Congo, Santa Ana.

Algunas delegaciones han ido rotando para asistir en otras zonas.
Fuente: COEN.

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