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Apenas catorce horas después de ocurrido
el terremoto, un grupo de 135 mexicanos arribó al aeropuerto militar
de Ilopango para asistir a las víctimas e iniciar labores de rescate.
Tres horas después ya estarían trabajando en Las Colinas,
el centro de la tragedia, en busca de sobrevivientes. Entretanto, las
autoridades del Comité de Emergencia Nacional comenzaban a organizarse
y a contabilizar las víctimas.
Del contingente extranjero llegado al país, la mayoría son
médicos, ingenieros y rescatistas especializados, pero también
hay soldados que desde el mismo día del terremoto trabajan intensamente
en la colonia Las Colinas buscando sobrevivientes en un primer momento
y ahora, quince días después, fragmentos humanos entre los
escombros.

Otros montaron pequeños hospitales de emergencia a mitad del Estadio
Las Delicias para asistir a heridos o sobrevivientes histéricos
que no entendían lo que sucedía.
Todos ellos apenas y tuvieron tiempo de preparar un ligero equipaje en
sus países y traer los medicamentos y equipo que tenían
disponible. Pocos lograron avisar a sus familiares de tan inusitado viaje.
Mi familia no sabe que estoy aquí, la salida fue tan de repente
que ni siquiera he tenido tiempo de comunicarme con ellos y decirles lo
que estoy haciendo... y quizás sea mejor para que no se preocupen,
porque ven las noticias y si supieran que yo estoy aquí se angustiarían,
dice el teniente mexicano Guillermo San Miguel, de 26 años.
Luego vendrían los 83 venezolanos -entre bomberos, rescatistas,
militares, médicos y paramédicos- que tampoco vacilarían
en viajar en helicóptero hasta Comasagua, un lugar al que ni siquiera
las autoridades habían llegado aún para asistir a gente
desesperada, angustiada y llena de miedo que lo había perdido todo.
A ellos se sumarían los 90 nicaragüenses que con equipo médico
y de rescate también se instalarían en Comasagua para atender
a los más de 15 mil damnificados de esa ciudad de La Libertad.
Armados con sofisticados equipos de rescate y detección de posibles
sobrevivientes, llegarían después los taiwaneses. Ellos
traían un equipo que permitía detectar los latidos del corazón
de personas soterradas introduciendo aparatos en la tierra.
Trabajo intenso
Delegaciones de al menos doce países
llegarían a El Salvador en la primera semana de la tragedia.
Se siente el sacrificio a la hora de despedirse de la familia. Queda
una tristeza, pero cuando se está en el ambiente ayudando, entonces
eso nos hace priorizar lo que vale el trabajo que hacemos, dice
el general Antonio Redón, uno de los jefes de la delegación
mexicana y padre de seis hijos.

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Utilizando desde pesada maquinaria para remover
escombros hasta palas, el ejército mexicano permaneció hasta
24 horas los primeros dos días de la tragedia buscando sobrevivientes.
Es impresionante lo que ha pasado aquí. La fuerza de la naturaleza
ha sido implacable y yo nunca había estado ayudando en una tragedia
como esta. Me han impresionado los niños abrazados a sus padres
que hemos tenido que sacar de entre la tierra, dice el teniente
San Miguel.
Ni el candente sol, el olor a muerte o el frío nocturno que se
cernía esta semana en el país, los hizo moverse de ahí.
Desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde continuaron
limpiando el área y extrayendo fragmentos humanos.
Junto a los franceses estuvieron alertas a atender a los dolientes que,
angustiados, llegaron hasta esa montaña de tierra que se formó
en Las Colinas en busca de sus familiares.
Los venezolanos tampoco se movieron de Comasagua, donde instalaron carpas
en medio de una ciudad devastada para atender los numerosos casos de enfermedades
respiratorias y diarreicas que comenzaron a presentarse, sobre todo en
niños.
Organizados
y dispuestos
Los miembros de la delegación de República
Dominicana, junto a los mexicanos, el ejército salvadoreño
y la Fundación Salvadoreña, FUSAL, mantienen hasta hoy un
albergue modelo en el Estadio Las Delicias, en Santa Tecla.
Orgullosos de su trabajo, los 21 dominicanos que llegaron a El Salvador
tres días después del desastre están ubicados en
una tienda de campaña convertida en hospitalito, donde trabajan
más de doce horas al día atendiendo consultas y emergencias
y manejando el albergue.
Atendiendo a 135 familias, los dominicanos los han clasificado por edades
y hasta por profesiones para implementar un programa de terapia ocupacional
e involucrar a los albergados en distintas tareas.
Aquí tenemos disciplina, mantenemos monitoreo de los alimentos,
de las aguas que consumen, para tener la certeza de que no se vaya a producir
ningún brote epidémico; brindamos consultas, terapia familiar,
ocupacional, entrenamiento para formar líderes locales que cooperen
dentro de su espacio y se mantengan ocupados, dice Atahualpa Read,
coordinador general del grupo.
La delegación, compuesta por miembros de las fuerzas armadas de
República Dominicana, Cruz Roja y Secretaría de Estado de
Salud Pública, incluye médicos, cirujanos, epidemiólogos,
ortopedas, pediatras y hasta un experto en evaluación de desastres
y manejo de albergues.
Por medio de computadoras ordenan los víveres, ropa, alimentos
y todo lo que ingresa al albergue, para distribuirlo equitativamente a
las familias.
Según el jefe de esta delegación, el contralmirante Radhamés
Lora Salcedo, los dominicanos se sienten hermanados con los salvadoreños
por las tragedias naturales.
Nosotros tenemos algo en común: que la desgracia nos toca
de vez en cuando. A ustedes los teremotos, a nosotros los huracanes, y
son cosas naturales que no podemos evitar. La lógica indica que
debemos estar unidos para enfrentarlos y esa es la misión nuestra
aquí, expresa.
Tanto los miembros de la delegación dominicana como del resto de
países están autoabastecidos con alimentos y duermen en
albergues junto a los damnificados.
Yo he sentido mucho frío porque mi país es caliente.
No me he quitado las botas para dormir y me he puesto dos pantalones y
aún así no lo soporto, pero ahí voy acostumbrándome,
cuenta Miguelina Tactuk, pediatra de la delegación dominicana.
Ni la barrera del idioma en algunas brigadas extranjeras, ni el intenso
trabajo al que han sido sometidos, los ha hecho vacilar un momento. Coordinados
por el COEN, han viajado a donde sea necesario para montar sus brigadas
médicas y asistir a los pacientes o participar en remoción
de escombros y rescates.
Si bien el trabajo es intenso, también lo es la nostalgia por el
hogar y la familia.
Nos comunicamos con la familia según nos lo permiten las
circustancias. Tenemos teléfonos o vamos a la embajada, no tenemos
una comunicación diaria pero es suficiente que sepan que estamos
bien. Todos somos humanos, tenemos un alto espíritu de cuerpo -como
decimos- y nos hace falta la casa, dice el contralmirante Radhamés
Lora Salcedo, jefe de la delegación de República Dominicana.
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Según él, son las mujeres quienes
más sufren la nostalgia por los hijos, pero poco a poco se van
acostumbrando. Cuando alguna de las muchachas se desanima y le da
su tristeza, se le da una palmadita para que se levante y ya. Nosotros
estamos insertados dentro de este microambiente, vamos acomodándonos
y dando lo mejor de nosotros, porque es un compromiso con este país,
añade.
La mayoría de las delegaciones viene abastecida con alimentos no
perecederos, pero otros también han probado las tortillas y lo
que haya para comer en el lugar donde lleguen.
Algunos de ellos ya se fueron, como los taiwaneses y españoles,
pero otros continúan aquí, incansables, brindándonos
su mano solidaria.
Es muy seguro que pasarán muchos lustros para que esta tragedia
que hoy padecemos sea un dato más en nuestra historia de desastres.
Los humanos tendemos a borrar de la memoria las cosas malas, pero conservarmos
las buenas, por eso, este enorme gesto de hermandad que hoy nos brinda
el mundo entero, perdurará para siempre.
Países
amigos
Coordinados por el COEN a través del
ejército salvadoreño, las delegaciones de rescatistas, técnicos
y médicos de los distintos países fueron enviados a las
zonas más afectadas:
Alemania: San Miguel
Turquía: San Miguel
España: Santa Tecla
México: Santa Tecla
Estados Unidos: Usulután
Colombia: Usulután
Panamá: Usulután
Guatemala: San Agustín y Armenia
Nicaragua: Comasagua, La Libertad
Japón: Santiago de María
República Dominicana: Santa Tecla
Taiwan: Juayúa
Israel: Santa Tecla
Venezuela: Comasagua
Honduras: El Congo, Santa Ana
Cuba: El Congo, Santa Ana.
Algunas
delegaciones han ido rotando para asistir en otras zonas.
Fuente: COEN.

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