28 de enero de 2001


Don Juan Manuel Castro ha sobrevivido en cinco ocasiones y no ha sufrido un rasguño, tampoco secuelas emocionales, sólo le han marcado experiencias y una gratitud hacia Dios por el inexplicable don de no sufrir como otros. Estas son sus palabras, esta es su historia.

Terremoto de 2001


Escríbanos

El 7 de junio de 1917 estaba por cumplir los seis años de edad. Mientras mi madre vendía en una tienda situada sobre la Cuarta Avenida Sur, yo bailaba en la acera al compás de una música de piano (organillero) que un tío me enviaba todos los días porque me encantaba bailar.
“De repente sentí un temblor fuertecito. La música y yo nos detuvimos un momento. Pero los temblores siguieron sucesivamente con intervalos de minutos y cada vez más fuertes hasta que a las 9:30 p.m. ocurrió el mayor de todos y el que empezó a botar las casas de bahareque, lámina y adobe que predominaban en el San Salvador de aquel entonces.
“Mi casa no se cayó porque mi padre la había construido con cemento en 1915 y no sufrimos daños, pero mucha gente se quedó sin hogar, tanto que en el patio de mi casa albergamos a unas seis familias. El terremoto también provocó incendios como el del almacén Fénix y el Teatro Colón que estaban frente al ahora parque Barrios”.
“Quedamos a oscuras y sólo veíamos la silueta del volcán de San Salvador que arrojaba enormes cantidades de lava incandescente. En cuestión de minutos, gran parte de San Salvador había quedado en el suelo, no había calle donde no hubieran casas derrumbadas”.
“Recuerdo los lamentos de la gente, cada quien invocaba al santo de su devoción. No hubo muchos muertos porque el terremoto nos dio oportunidad de salir de las casas. Recuerdo bien el ruido que hacían las casas al caer simultáneamente y la polvareda que se levantó, tanto que mi mamá me acostó en un saco de yute y me tapó con un cartón para que no me afectara el polvo”.
“Después del terremoto las calles quedaron llenas de escombros y muchos damnificados se instalaron en las plazas. En aquel tiempo no vino mucha ayuda como en la actualidad, tampoco soñábamos con instituciones de socorro, lo único que transitaba en las calles era un ambulancia con heridos tirada por mulas y que pertenecía a la policía”.
“Por mi edad no advertía la magnitud de lo que había ocurrido y quizá disimulé el siniestro o lo tomé como broma, pero la gente adulta estaba alarmada. Recuerdo que se reunían en las casas y rogaban a Dios que no les enviara otra desgracia”.

Dios no escuchó

“Apenas dos años después del terremoto de 1917, en abril de 1919, ocurrió la desgracia que no deseaba la gente. El siniestro nos tomó por sorpresa. No hubo temblores con antelación y fue a la media noche”.
“Mucha más gente murió porque nos encontró dormidos. Los daños materiales no se notaron porque sólo cayeron las casas que no sucumbieron hacía dos años atrás. Mucha gente tampoco se había repuesto y no habían levantado sus casas formalmente”.

Terremoto de 1917

 

“Yo contaba con siete años y tampoco sufrí daños. Mi casa también sobrevivió.
En el kindergarten nacional, donde estudiaba, nos dieron vacaciones todo el mes de abril para mientras se arreglaban las cosas”.
“San Salvador fue el más afectado; Santa Tecla, Ciudad Delgado y otros pueblos cercanos probaron un pedacito de este terremoto, pero no fue la gran cosa”.
“45 años después me tocó vivir otro terremoto, el del 3 de mayo de 1965. Yo contaba con 54 años, estaba casado, tenía hijos y hacía cuatro años había comprado esta casa (en la colonia Santa Eugenia)”.
“Eran las 3:50 a.m. que es cuando uno disfruta el sueño más placentero. Sentí una sola sacudida. Los adornos de la casa se cayeron y quebraron, pero el mayor ruido que yo más recuerdo es el gran concierto que ofrecieron las campanas de la iglesia María Auxiliadora en el sector de Don Rúa”.
“Fue un terremoto de menor importancia, no se vieron cantidades de damnificados en las calles o plazas y las casas que se cayeron fueron aquellas mal construidas. Mi casa no se dañó y tampoco me asusté, sólo resentí que me despertara de mi dulce sueño”.

Terremoto de 1917

Los más impresionantes

“Pese a estar algo así como vacunado contra los terremotos y haberlos paladeado bastante, el terremoto de 1986 me dejó impresionado por su intensidad. Recuerdo cómo levantaba del suelo el sofá donde estaba sentada mi esposa, Leticia, y cómo hacía bailar una máquina de 3,000 libras de peso”.
“Mi esposa no reaccionaba, se le trabó la lengua. En medio del movimiento le dije: No te preocupes. Esto es cosa de Dios no de los hombres. Yo no estaba asustado pero ella sí. El temblor pasó, el servicio telefónico no se interrumpió y la energía eléctrica se restableció al siguiente día”.
“Salí ileso una vez más, pero pude ver a través de las imágenes de los periódicos y la televisión cuánta destrucción hubo y todo el sufrimiento de la gente al quedarse sin hogar o haber perdido a sus seres queridos, pero también cómo el país recibió mucha ayuda de los países amigos”.
“Pero el más terrible de los terremotos que me ha tocado vivir ha sido el del pasado 13 de enero. Me encontraba sentado en mi silla de ruedas y frente a la ventana mirando hacia la calle. Me gusta ver a la gente pasar y recibir sus saludos, pero ese día estaba pendiente de que llegara un amigo con unos documentos que me había prometido”.
“De repente sentí el suave movimiento de mi silla y cómo fue intensificándose hasta que tuve que agarrarme del balcón de la ventana. Qué horrible es sentir que la pared se le pueda venir encima a uno, vi cómo un árbol se desgajaba y los adornos de la casa caían”.
“Al igual que en 1965, el ruido que no voy a olvidar es el de las campanas de la iglesia de Don Rúa. Fue otro verdadero concierto que duró largo tiempo.

 

Después que acabó el sismo abrí la puerta que da hacia la calle y vi cómo la gente corría asustada en busca de su casa y por esta calle que no es muy transitada, la recorrieron quizá unos 150 carros”.
“El terremoto del 13 de enero pasado es el que más me ha impresionado por los alcances que ha tenido en todo el país. Por un lado le doy gracias a Dios de estar vivo y no haber perdido nada, pero por el otro me duele ver a tanta gente afectada”.
“No quiero presumir de indiferente frente a estos fenómenos naturales, pero nunca he temido. Hasta ahora no me explico cómo Dios me ha dado estas oportunidades de presenciar tantos terremotos. Quizá no alcance a ver otro, eso sólo Dios lo sabe”.

Terremoto de 1986

Terremoto de 2001

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