|

El terremoto del 10 de octubre de 1986 dejó
1,500 muertos y 60 mil casas destruidas. En 1998, la tormenta tropical
Mitch dejó 239 muertos, 20 desaparecidos y 85 mil damnificados;
el pasado terremoto del 13 de enero contabiliza hasta el momento más
de 726 muertos y más de un millón de damnificados según
datos del Comité de Emergencia Nacional (COEN) hasta el 23 de enero.
Cada uno de estos eventos deja en evidencia que los salvadoreños
no aprenden las lecciones y que no toman en serio la prevención
de desastres.
Esto demuestra que existe un alto grado de ignorancia sobre el manejo
de los riesgos potenciales que conducen a desgracias de gran magnitud,
a pesar de que la historia ha comprobado que El Salvador es un país
propenso a diferentes fenómenos naturales, tales como terremotos,
inundaciones, sequías y deslaves, que al combinarlos con la vulnerabilidad
se convierten en verdaderos desastres.
Ejemplos de esa vulnerabilidad son la tala de árboles en la base
de la Cordillera del Bálsamo, lo que propicia los deslaves o derrumbes;
también están los asentamientos humanos en riberas de ríos
o laderas, la construcción de viviendas y edificios con materiales
de mala calidad a expensas de ahorrar dinero, asimismo está el
poco interés de las instituciones o de la población para
prevenir un desastre.
Los ecólogos identifican tres variables que están presentes
en los desastres: la pobreza en la mayoría de la población,
la depredación ambiental y la inadecuada concentración poblacional.
Al mismo tiempo, las características propias del subdesarrollo
salvadoreño han hecho que el tema de la prevención sea considerado
como un aspecto irrelevante, frente a necesidades apremiantes del país
en las áreas de salud, educación e inversión pública.
Sin embargo, esa misma dejadez en cuanto a la prevención de desastres
tiene como resultado las altas cifras de fallecidos y damnificados cada
vez que se sufre una tragedia.
Propuesta echada al olvido
Después de la desgracia que causó
el Mitch, la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) realizó
la propuesta de la Ley de prevención y mitigación
de desastres y de protección civil, debido principalmente
a la necesidad de contar con un instrumento legal que responda a las necesidades
de la sociedad salvadoreña en materia de desastres que periódicamente
la afectan.
Es así como el 5 de junio de 2000, la UNES entregó el anteproyecto
de ley a la Asamblea Legislativa; no obstante, hasta el momento esa propuesta
ni siquiera ha sido discutida por el pleno.

|
|
Ante las posibilidades de que la propuesta
pueda recibir muchos achaques, el director de la UNES, doctor Ángel
Ibarra, sostiene que nosotros defendemos esta ley con el más
pintado de los asesores, de aquí o de donde lo traigan... Lo que
nosotros proponemos es que trabajemos todo el país, los de izquierda,
los de derecha, los del centro, los de oriente, los de occidente; trabajemos
para prevenir los desastres y para mitigar su impacto.
Ya estamos viendo que los desastres aunque afectan mayormente a los pobres,
ya están, por su magnitud, están dejando de afectar sólo
a ellos; mucha de la gente de la que quedó soterrada no son estrictamente
pobres, son profesionales, de clase media.
Pero qué es lo que dicen los señores del COEN: que los desastres
no se pueden prevenir.
El problema de los que conducen este país es la ignorancia... pero
dado que vivimos en este país tan amenazado, lo que podemos prevenir
es la vulnerabilidad, y si lo principal es la destrucción ambiental,
entonces hay que trabajar para proteger el medio ambiente; y si es la
pobreza, entonces ésta debe combatirse.
El
letargo institucional
El aplazamiento de una normativa para prevenir
los desastres nos deja en desventaja con otros países de la región
que ya la tienen, como Costa Rica, República Dominicana, Cuba y
México; pero lo que es peor, nos deja en desventaja contra los
fenómenos naturales que luego se convierten en tragedias humanas.
El gobierno no sólo ha dejado de lado la propuesta de la UNES,
también se ha olvidado del Plan de Reducción de Desastres
que surgió como una iniciativa del Centro de Coordinación
para la Prevención de Desastres Naturales en América Central
(CEPREDENAC) y que fue ratificado por el El Salvador en 1993.
De igual forma se ha desatendido del plan Transformando El Salvador
para reducir su vulnerabilidad, presentado el 27 de mayo de 1999,
por el ex-vicepresidente Enrique Borgo Bustamante al Grupo Consultivo
para Centroamérica, en Estocolmo, Suecia. En dicho plan participó
el Foro de la Sociedad Civil, del que forma parte la UNES, y fue realizado
bajo el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD).
Asimismo, el gobierno, a través del Ministerio del Medio Ambiente
en coordinación con el COEN, ya debería tener el Plan Nacional
de Prevención y Contigencia; no obstante, este plan no se conoce
ni se sabe si ya está realizado.
El resultado de la falta de responsabilidad con los diferentes planes
y la no aprobación de la propuesta de la UNES, es que los salvadoreños
no tienen un mecanismo idóneo para prevenir los desastres, ni gente
preparada para rescates, a excepción de la Brigada de Búsqueda
y Rescate en Espacios Colapsados (BREC). Y lo que es peor, no cuenta con
equipo necesario de rescate ni tiene estructurado un proyecto de simulacros
periódicos para inundaciones y terremotos para las zonas que más
perjudicadas salen con estos fenómenos.
Además, a la hora de atender una emergencia no existe una planificación
que marque la guía para realizar rescates, atender damnificados
y canalizar la ayuda nacional y extranjera, por lo que cae en la desorganización
y la lentitud a la hora de atender emergencias y damnificados.
Bajo esta situación, ¿será necesario otro desastre
provocado por algún fenómeno natural conjugado con la vulnerabilidad,
para que sea tomada en cuenta la prevención que tanto piden los
ecologistas?
|
|

La
propuesta de Ley en breve
Entre los puntos importantes que contempla
esta propuesta de ley están:
1. La Ley de Prevención
y Mitigación de Desastres y de Protección Civil tiene como
finalidad prevenir y mitigar en forma efectiva los desastres naturales
en el país, y además desplegar en su eventualidad, el servicio
público de la protección civil, el cual debe caracterizarse
por su generalidad, obligatoriedad, continuidad y regularidad, para garantizar
la integridad física de las personas, así como la seguridad
de sus bienes y los públicos.
2. Constituir el Sistema
Nacional de Prevención y Mitigación de Desastres y de Protección
Civil, determinar sus objetivos e integrantes. Definir los atributos o
facultades de los organismos integrantes del Sistema; determinar los elementos
del Plan Nacional de Prevención; establecer el Fondo Nacional para
la Prevención y Mitigación de Desastres.
3. Elaborar y coordinar
planes y acciones para educar e informar a la población sobre la
necesidad de prevenir adecuadamente ante el evento de posibles desastres
de cualquier naturaleza.
4.
Diseñar e implementar planes de protección civil
para responder ante el evento de un desastre de cualquier naturaleza,
procurando mitigar sus daños o reducir sus impactos.
5. Elaborar planes
de atención de las emergencias en el ámbito nacional y planes
de contigencia en el caso de eventos específicos o de masas o de
otra situación que lo amerite por el peligro eventual que pueda
derivarse para las personas participantes o a la comunidad.
6. Elaborar y actualizar
periódicamente una guía sísmica para la construcción,
debiendo tomar en cuenta la opinión o los estudios que al respecto
realice el Consejo Asesor.
7. Los planes de desarrollo
industrial, urbanístico, turístico o de otra índole
en que se pueda comprometer de alguna forma la seguridad de las personas
o de sus bienes, realizados por personas privadas o por el gobierno, deberán
tomar en cuenta necesariamente los elementos que disminuyan tal riesgo
a través de estudios específicos de previsión que
comprendan las medidas preventivas eventuales. Este estudio es un requisito
para que la autoridad administrativa correspondiente y las municipalidades
otorguen el permiso de construcción, y deberá ser otorgado
por la Dirección General de Prevención y Mitigación
de Desastres.
|