27 de mayo de 2001

Cada minuto, un salvadoreño puede estar muriendo por alguna enfermedad relacionada con el tabaquismo y más del 30% de la población se fuma la vida. No hay programas nacionales de prevención ni leyes que controlen el problema.


Escríbanos

Unas flores adornan hoy su tumba y las lágrimas de su esposa parecieran regarlas cada vez que la visita. El mes pasado, Francisco Quintanilla cumplió un año de haber fallecido a causa de cáncer de pulmón.
Durante 45 años de su vida fue fumador. Nunca sintió molestias sino hasta que seis meses antes de morir consultó por fuertes dolores en la espalda. Visitó médicos y se hizo exámenes, pero nada le revelaron.
Un día de tantos, el dolor lo venció e ingresó a un hospital privado de San Salvador. Allí le practicaron infinidad de exámenes de pulmones y un TAC (tomografía axial computarizada) que revelaron cáncer crónico en ambos pulmones.
Cuando Francisco supo lo de su cáncer dejó de fumar y se mantuvo con la esperanza de vencerlo mediante las quimioterapias a las que se sometió durante cinco meses y otros tratamientos, pero todo fue en vano. Murió en el hospital un día en el que esperaba que le removieran mucosa de un pulmón.
Su esposa, Margarita, quien acostumbraba a fumar un cigarro todas las noches, ha quedado temerosa de adquirir la terrible enfermedad y no fuma más. Tanto ella como sus hijos no están afectados. Lo dijeron unos exámenes de pulmón que se les practicaron.
Francisco es ahora uno de los tantos ex-fumadores que yacen bajo tierra, uno de los aproximadamente 5,000 que mueren cada año como consecuencia de enfermedades relacionadas directamente con el tabaquismo.
Francisco Quintanilla murió sin saber que cada exhalada de humo que expelía cuarenta veces al dia significaba la liberación de más de 4,000 componentes tóxicos que ingresaban a sus pulmones y sangre, entre ellos el alquitrán, un hidrocarburo que produce cáncer.
"En El Salvador el tabaquismo es grave, aunque no tengamos cifras que reflejen su dimensión", apunta el neumólogo Víctor Manuel Castro Gómez.
Sin embargo, hace unos años el doctor Rafael Lara investigó este fenómeno y descubrió que cada minuto muere un salvadoreño a causa de una enfermedad relacionada con el consumo de tabaco.

Asociación directa

"Existe relación causa-efecto entre tabaco y aparecimiento de enfermedades como cáncer y de tipo cardíaco. En nuestro país todas las investigaciones han demostrado que hay relación entre tabaco y cáncer de pulmón y de matriz", explica la doctora Lilian Choto de Parada, coordinadora de la Clínica de Tabaco del ISSS.
Entre los casos de tumores cancerígenos registrados en el Hospital de Oncología del ISSS se encontró que el cáncer de pulmón ocupaba el sexto lugar de entre 147 tipos de cáncer allí atendidos y que la enfermedad pulmonar obstructiva crónica continúa siendo la segunda causa de consulta a nivel de especialistas.
Se ha comprobado que un fumador activo tiene un 40% más riesgo de contraer cáncer de pulmón, porque está aspirando directamente el alquitrán, pero además absorbe otras sustancias nocivas como el monóxido de carbono (que produce la mala oxigenación en las arterias del organismo) y la nicotina (que produce la adicción).
Por eso la doctora de Parada dice que el consumo de tabaco es además la causante única de la tercera parte de las enfermedades cardiovasculares que registra el ISSS, independiente de que la gente padezca arterioesclerosis, hipertensión, etc.
El doctor Raúl Armando Palomo dice que para el Ministerio de Salud, el tabaquismo representa un problema de salud muy importante porque está asociado con el incremento de casos de cáncer (entre ellos el de pulmón) y de enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas, que se ubican entre las primeras causas de morbilidad y mortalidad en El Salvador.
Según este funcionario, estimaciones epidemiológicas recientes en nuestro país apuntan que más del 30% de la población en general consume tabaco, que la frecuencia en los hombres es mayor y que cada fumador salvadoreño puede estar consumiendo más de 1,000 cigarrillos cada año.
Pero la escasa o la nula información y prevención sobre los efectos de esta adicción a la que accesa quizá la mayoría de fumadores salvadoreños los hace ignorar que se están matando a pausas.
Trinidad Ramos, residente en el municipio de San Gerardo (San Miguel), es una de ellas. Tiene cuarenta años y veinte de fumar. Ella está convencida de que el consumo de tabaco no es dañino porque nunca ha sentido molestias. Así transcurre el tiempo y aunque no es una fumadora compulsiva, dice incrementar sus cuatro cigarrillos al día cada vez que está malhumorada.

 

Como Trinidad, muchos están fumando por placer, sin percatarse siquiera de que con su humo afectan a quienes le rodean; incluso hasta ignoran prohibiciones de "No fumar" en ciertos lugares.
En un restaurante de comida rápida, una mujer de unos 40 años fumaba tranquilamente y muy próxima a un rótulo que decía "Gracias por no fumar", a poquísimos metros de las "Mesas para fumadores" y de unos niños que comían junto a su madre.
Se dice que el humo del cigarrillo se extiende un kilómetro a la redonda, por eso propugnan que se prohíba fumar en espacios cerrados y públicos. Pero en este país también hay miles de fumadores pasivos (no fumadores, pero expuestos al humo constante), que tienen un 35% más de riesgo de padecer cáncer de pulmón que la población en general.

Fumadores pasivos

Según neumólogos, los hijos y las esposas de fumadores son por lo general asmáticos y consultan frecuentemente por problemas respiratorios porque aspiran el humo dentro de sus hogares.
"Tengo 22 años de ser fumadora pasiva", afirma Marta Lila Turcios, cuyo marido ha pasado 51 de sus 63 años fumando tres cajetillas (60 cigarrillos) diarias dentro de su casa. "Vivía acostumbrada al humo hasta que me enfermé de bronquitis debido al humo del cigarro", dice esta mujer.
Mientras Marta Lila recae con bronquitis, su marido sigue fumando. Ella -y no él- se ha inscrito en la clínica de tabaquismo del ISSS para informarse sobre los efectos nocivos del tabaco y de las experiencias de ex-fumadores para trasladárselas a su esposo.
"Mi marido -dice ella- no acepta que es un adicto; dice que dejará el vicio cuando él quiera. Ni la infección bronquial crónica que padece a causa del cigarro lo ha convencido".
Y es que dejar el vicio del cigarrillo no es fácil, aun cuando sean conscientes o no de que están afectando a otros. Se ha encontrado que todo fumador desea vencer el tabaquismo, pero no todos lo logran.
Muchos que interrumpen abruptamente su adicción sufren el síndrome de privación o abstinencia. Comparado con la goma del alcohólico o la "cruda" del adicto a la cocaína u otra droga, enfrentan períodos de agresividad, sudoración en las manos, ansiedad, palpitaciones e insomnio.
La doctora de Parada dice que lo ideal es la suspensión abrupta del cigarrillo, pues por el hecho de ser una adicción (catalogada así desde 1960) debe ser cortada de raíz, pero todo depende de factores emocionales y de la intención de dejar el vicio.
Por eso, la clínica de tabaco del ISSS atiende mediante dos sesiones semanales a unos doce pacientes que se han decidido a dejar el cigarrillo y donde aprenden de la experiencia de ex-fumadores. Aunque tienen la asistencia de una neumóloga, un siquiatra, una sicóloga clínica y una trabajadora social, la terapia grupal es la base de su rehabilitación.

¿Por qué fuman?

Si está comprobado científicamente el efecto dañino del tabaquismo en la salud, ¿qué motiva a tantos en el mundo a absorber un humo tan venenoso?Una poderosa razón es la nicotina, que les produce adicción y actúa de manera rápida en el organismo. La doctora de Parada dice que el humo del cigarrillo sólo necesita de milésimas de segundos para llegar a los bronquios y de seis segundos para alcanzar el cerebro.
La doctora Marina de Estrada, sicóloga clínica, dice que se ha aceptado que hay un factor hereditario, pero que es el medio el que modifica al individuo, porque puede tener un gen, pero que puede dejarlo escondido y tener una vida libre de la adicción al tabaco.
"La adicción comienza en la adolescencia. En nuestro medio (ocurre) antes de esta etapa y generalmente por imitación a sus padres y abuelos y que lo hacen por pertenencia a grupos, porque les da categoría", afirma la doctora de Estrada.
Cuando la adicción comienza en la etapa adulta, según la sicóloga, es para calmar temores, ansiedad y hasta un problema familiar, pero todo es resultado de lo que aprendieron en sus hogares donde si era permitido fumar integró el cigarrillo a su vida como algo natural.
Para la doctora de Estrada, la publicidad de marcas de cigarrillos también aliena porque a los jóvenes les proyecta antivalores, como el que están alegres, que son capaces de integrar grupos, pero es un falsa imagen porque a la larga les produce daños a nivel orgánico, entorpece su buen rendimiento académico y afecta las respuestas motoras.
"La gente se autoengaña... Lo que pasa es que como el cigarrillo es una droga lícita, aceptada socialmente... entonces la gente no le teme... El cigarrillo es cinco veces más adictivo que la cocaína por su contenido de nicotina.

 

Esto no lo dicen los anuncios publicitarios", opina la doctora de Estrada.
Se calcula que en el país se consumen anualmente más de 40 millones de cajetillas de cigarros, una parte de ella comercializada ilegalmente. Y muchos coinciden en que este consumo es por efectos publicitarios.
El doctor Castro Gómez dice que la publicidad de los cigarrillos trabaja de manera subliminal, inquisidora y permanente, que el cuerpo humano no puede resistir.
Para la doctora de Estrada, está claro que "pelear contra la influencia de la publicidad es (como) hacerlo contra un monstruo bien fuerte", pero que los padres pueden contrarrestarla al dar ejemplo a sus hijos de conductas no adictivas.
La doctora de Parada asegura que se debe insistir en la protección a los niños y jóvenes, evitando que la publicidad de marcas de cigarrillos les induzca a fumar, que no se vendan cigarros sueltos ni en cajetillas que contengan menos de veinte unidades, que no se regalen muestras del producto y no se patrocine con estos productos actividades culturales y deportivas y que a cambio se implementen programas nacionales de prevención y curación, porque simplemente no los hay.
Las voces contra el tabaquismo en el país cobran mayor fuerza a medida que se acerca la celebración del Día Mundial sin Tabaco. Mediante charlas, conferencias y diversos actos públicos se intentará apelar a la conciencia del fumador, de legisladores y de quienes toman decisiones, pero... ¿y después?

No hay leyes

El neumólogo Víctor Manuel Castro Gómez cree que en el nuevo Código de Salud sólo hay esbozos, pero que la legislación para controlar el consumo de cigarrillos está incipiente.
El doctor Raúl Armando Palomo dice que actualmente se revisa la legislación existente en el Código de Salud relativa a los controles y a las regulaciones del consumo y publicidad del tabaco, y entre otras acciones para combatir los efectos negativos del tabaquismo están elaborando estrategias de prevención e información, orientadas principalmente a niños y jóvenes.
Varios neumólogos y ex-fumadores opinan que las leyes salvadoreñas deben ser más drásticas para prevenir el fumado en la adolescencia y en la juventud, y proteger a los fumadores pasivos.
En junio de 1995, el Centro para la Defensa del Consumidor (CDC) presentó a la Asamblea Legislativa un anteproyecto de Ley de Protección a la Salud de los Fumadores Pasivos que aún no ha sido estudiada.
Entre otros puntos, la propuesta contiene regulaciones a la publicidad de cualquier producto derivado del tabaco y restricciones a los fumadores activos y a la venta de productos derivados del tabaco.
"En América Latina, sólo en El Salvador y en Haití no hay leyes de control...", dice la doctora de Parada, quien es de las que opinan que ante este vacío legal, los jóvenes accesan libremente a esta droga y que -como está comprobado- si inician el fumado entre los 13 y los 20 años, un 67% de ellos será adicto cuando sea adulto.


Situación mundial

Uno de cada tres individuos fuma en el mundo y se cree que para el 2025 habrá un incremento a 1,600 millones de fumadores.
En América Latina existen unos 95 millones de fumadores mayores de 15 años.
Al año mueren en el mundo unos dos millones de personas como consecuencia directa del tabaco.
Un 90% de la población mundial comienza a fumar antes de los 20 años, lo que demuestra que la adicción entre niños y adolescentes va en aumento. Sólo en América Latina, el 75% de los fumadores inició entre los 14 y los 17 años.
De seguir ese ritmo, alrededor de 250 millones de los niños que están vivos en el mundo hoy morirán a causa del tabaco.
Cada cigarrillo consumido acorta 55 minutos a la vida del fumador.
El tabaquismo es considerada la primera causa prevenible de muerte prematura en el mundo.

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