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¿Quién no recuerda la magia
de "Cien años de soledad", el quinto libro de la cosecha
del colombiano Gabriel García Márquez, con el que hechizó
a millones de lectores alrededor del mundo al narrar la vida de 69 personajes
distribuidos en seis generaciones a lo largo de un siglo?
Recordar a este escritor es traer al pensamiento a Macondo, aldea de veinte
casas construidas de barro y caña brava a la orilla de un río
de aguas diáfanas.
Ahora este realismo mágico se descubre con "Tras las claves
de Melquíades", escrito por Eligio, el hermano menor de Gabriel
García Márquez, también orgulloso de ganar en 1982
el premio Nobel de Literatura.
Tras las claves de Melquíades es un reportaje de 630 páginas
que su autor comenzó a escribir en 1996. En él describe
cómo nació el mundo mítico de "Macondo",
nombre tomado de una finca de banano de la región natal del Gabo.
Eligio relata que su hermano escribió esta famosa obra cuando tenía
40 años y que tardó cerca de doce meses en concluirla. La
primera frase de "Cien años de soledad" en boca del coronel
Aureliano Buendía y que reza "Muchos años después,
frente al pelotón de fusilamiento..." nació en un hotel
de Acapulco (México), donde pasaba unas vacaciones.
Este párrafo inicial figura como un homenaje al escritor Juan Rulfo,
pues la frase es muy semejante a una que el mexicano usó en Pedro
Páramo: "El padre Rentería se acordaría muchos
años después de la noche en que la dureza de su cama lo
tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche
en que murió Miguel Páramo".
Eligio pone al desnudo cómo en la localidad bananera de Aracataca
(costa caribeña), su padre llega de telegrafista y enamora a la
que sería su madre, Luisa Santiaga. El sitio también trae
especial recuerdo al ser donde su hermano Gabriel recibe en sus primeros
diez años la influencia de su abuela Tranquilina Iguarán.
Este efecto materno obliga a Gabriel a narrar historias como las que contaba
su abuela Tranquilina. Y así nace la idea de crear la novela por
la que desfilan las seis generaciones de los Buendía.
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Ficha
técnica
Título:
Tras
las claves de Melquiades
Publicación: 3/2001
Autor:
Eligio
García Marquez
Páginas: 632
Precio: $19.00, ¢166.25
A la venta en: Editorial
Norma, Tel. 260-0173
Otra de las claves descifradas por el hermano
del premio Nobel es el auténtico trabajo de alta alquimia desarrollado
por Melquíades en el laboratorio de los Buendía para convertir
los metales en oro. (Este personaje fue retomado por Gabo del vidente
Nostradamus).
También de la tía que tejió su propia mortaja (Amaranta
Úrsula), la hermana de su abuela, que se convierte en amante de
uno de los tantos Aurelianos (Petra Cotes), o Rebeca, la joven que comía
tierra de las matas, basada en Margarita, la hermana del novelista.
Los datos más crudos revelados de esta obra están reflejados
en los trenes bananeros cargados de cadáveres listos a ser lanzarlos
al mar tras la "masacre de las bananeras" en 1928.
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La matanza ocurrió en
las tierras de Macondo, finca de ricos, comprada más tarde por
la compañía estadounidense "United Fruit", que
manejaba repúblicas bananeras y cuyos intereses eran defendidos
por fragatas de Estados Unidos atracadas frente a la bahía de esa
ciudad.
"Tras las claves de Melquíades", historia de "Cien
años de soledad" ilumina los secretos de la novela colombiana
más importante del siglo XX. Eligio García Márquez
busca restablecer el sendero invisible que antecede a una obra maestra
y señalar al lector cuál fue el origen de esta novela fecunda.
Esta obra literaria no incurre en los hermetismos de ciertas interpretaciones
literarias, se erige como un ejemplo de la concepción ética
que debe acompañar al buen trabajo periodístico.
Pese al buen manejo del reportaje, su lectura no deja de sentirse pesada
y rígida por momentos, de ahí que su mejor comprensión
supone una concentración extra por parte del lector.
El
secreto de Gabriel
Con el coronel Aureliano
Buendía, Gabo tuvo una relación extraña, como lo
revela una anécdota curiosa narrada por Eligio. El escritor tuvo
golondrinos durante cinco años. Este es un término médico
poético para denominar "un infarto glandular en los sobacos".
"No me los pudieron quitar con nada. Me hicieron toda clase de tratamientos(
)
Y nunca, durante cinco años, hubo nada que hacer. Se me quitaban
y me volvían a dar".
Un día, durante la escritura de la novela, decidió ponerle
los golondrinos a su personaje para atormentarlo y "tú sabes
que desde el momento en que ya el coronel Aureliano Buendía quedó
con los golondrinos, a mí se me quitaron. Y de esto hace diez años,
y nunca más, nunca más me volvieron a dar", relata
el premio Nobel a su hermano menor.
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