27 de mayo de 2001

El trueque prehispánico no es cosa del pasado. Algún pueblo, los periódicos y la internet reflejan que esta ancestral forma de intercambio comercial está vigente.


Escríbanos

Con su cargamento de vasijas de barro sobre su espalda o "a lomo", algunos artesanos de Guatajiagua, en Morazán, salen rumbo a cantones y caseríos como San Bartolo y Meanguera para vender su mercancía, de manera, quizá para muchos, anticuada.
Estos artesanos de escasos recursos aún aceptan cambiar sus ollas u otros objetos de barro por maíz, gallinas, arroz y frijoles, entre otros alimentos que les ofrecen sus clientes, también pobres.
"Nosotros vamos a venderles, pero a veces necesitan una olla, por ejemplo, pero no tienen dinero, así que nos ofrecen algún alimento a cambio. Si la vasija vale más de lo que nos dan, nos pagan el complemento, y así dependiendo", dice don Natividad Aguirre.
Ramón Elías Canales, director de la Casa de la Cultura de Guatajiagua, dice que este cambalache se da entre artesanos y familias conocidas de ellos, pero que sólo es la sombra de lo que este tipo de transacción comercial significó cuarenta o cincuenta años atrás en esa localidad.
"Según testimonios de algunos artesanos, el canje ya no es como en la década del sesenta y setenta cuando se daba con mayor frecuencia, aunque mucho tiempo atrás era una costumbre más arraigada", dice el señor Canales.
En ciudades como San Salvador, el trueque persiste en la memoria de algunos ancianos como algo del pasado. Don Juan Manuel Castro recuerda como entre 1919 y 1920, una tía intercambiaba -por ejemplo- candelas por huevos, pero que aquello no era una costumbre y que eso lo hacían ocasionalmente entre vecinos amigos.
Algunas personas entrevistadas al azar creen que incitar a las personas a que adquieran un televisor nuevo y que pidan uno viejo en calidad de prima o el simple juego de niños que intercambian sus calcomanías y estampas reflejan que la herencia no se ha perdido del todo, pero que ésta pasa inadvertida.
Inadvertida, quizá, porque muy pocos encuestados se percataron de que a través de los espacios de clasificados de los periódicos, muchos salvadoreños de diferentes pueblos y ciudades hacen a diario trueque o cambalache.

Los "cambalacheros"

"Cuatro lotes en Santa Teresa, Chalchuapa, por lo que usted tenga...", "Un vehículo y un bus por un rancho en la playa o cualquier cambalache..", "Tengo ¢25,000 en ferretería, cambio por pick up...", "Se vende terreno y se recibe camión Mercedes 85 en adelanto a cuenta", rezaban algunos clasificados de la edición de EL DIARIO DE HOY del 9 de mayo pasado.

 

El licenciado Hugo Nolasco, jefe del departamento de Clasificados del periódico, dice que las propuestas de cambiar terrenos por vehículos es la más común entre los anunciantes de la sección de cambalaches, que alcanza en la actualidad un promedio mensual de 400 anuncios.
"La demanda es regular y ha bajado por la misma situación económica que vivimos en el país. El año pasado recibíamos unos 800 cada mes sólo en esta sección", dice el licenciado Nolasco.
¿Por qué se hace cambalache? Para algunas personas, como René Córdova, el cambalache le permite deshacerse de algo que no usa y de sustituirlo por otro más útil. Por eso anuncia en este rotativo su propuesta de cambiar un edificio ubicado en el centro capitalino valorado en ¢650,000 por una casa de menor valor y que le den el complemento en efectivo para invertirlo en otro negocio.
"Ya tengo tres ofertas. Estoy estudiándolas para ver cuál me conviene o espero una mejor. Hacer cambalache no es mal negocio porque vender de contado en este tiempo es difícil", comenta René, quien además piensa que el canje es más para gente que le sobra un poco.
Otro cliente de EL DIARIO DE HOY, que prefirió no identificarse, coincide con René.
"Sólo fíjese, piden deshacerse de un rancho en la playa por cualquier cambalache. Eso significa que tienen algo que les sobra para cambiarlo por algo más útil", dice el cambalachero anónimo.
Si se tiene de sobra o no, el trueque de hoy también satisface una necesidad, por eso los cambalacheros aprovechan todo espacio de difusión, incluyendo los más sofisticados como la internet para deshacerse o hacerse de terrenos, vehículos y casas, entre otras cosas.

Canje electrónico

En su página cibernética, la empresa Trueque.com afirma que el comercio vía electrónica está creciendo en el mundo, ya que un 65% de las empresas que venden sus acciones en la Bolsa de Nueva York hace trueque, y que sólo en 1998 el volumen de comercio por cambalache alcanzó los $65,000 millones en todo el mundo.
Trueque.com afirma que el cambalache a través de la internet permite acceso a nuevos productos y servicios, y a una clientela potencial sin gastar en publicidad, así como una oportunidad para liberarse del exceso de un inventario, que de otra forma pudo perderse o ser vendido a un precio menor al establecido en el mercado.
Estas perspectivas también promete la empresa nacional "Cambalache.com.sv", un espacio que según su director ejecutivo, Rafael Domínguez, es el único en el mercado cibernético salvadoreño dedicado exclusivamente al servicio completo de clasificados y que publica fotografías adjuntas al anuncio.
Según Rafael, "en la sección de cambalache se hace mucho cambalache", sin precisar cuántos de los entre 600 y 700 clasificados que registran cada mes ni cuántas de las casi 6,000 visitas que han recibido en el semestre de operaciones son para hacer canje.

 

En lo que sí está seguro Domínguez es en que los clasificados en internet funcionan y prometen mucho más porque hay un amplio potencial de más de 100,000 clientes conectados a este medio en el país por el momento.
"Esto nos garantiza una circulación mayor que la de los periódicos", dice Domínguez, quien además de garantizar efectividad y ahorro para los que se anuncian y acceden a este espacio, ofrece costos bajos que oscilan entre ¢25 y ¢250 por mes, dependiendo del producto que se anuncia.
De esta manera, los periódicos, la internet y quizá a nivel privado o entre amigos, el trueque, la más antigua forma de intercambio comercial de nuestra historia que se conoce sobrevive, aun en medio de una era electrónica que nos ha invadido con tantos servicios.

Canje pipil

Según el libro "Historia de El Salvador", tomo uno, en vísperas de la conquista, el cacao era el principal producto del comercio del sur de Mesoamérica; era usado como pago de tributo a los soberanos indígenas y como dinero.
Pero no todos los pueblos indígenas contaban con el cacao. Mientras los pueblos de la provinica de los izalcos era su principal producto agrícola para el consumo y el intercambio, para los de la provincia de Cuscatlán, como Cojutepeque, Cuscatlán y Ateos, era el maíz.
Se especula que antes de la época colonial, los pipiles de Cuscatlán que producían un excedente de algodón confeccionaban tejidos como mantas y toldillos, y los intercambiaban con los pipiles de Izalco por cacao.
Probablemente Izalco también intercambió cacao por obsidiana y jade procedentes del altiplano de Guatemala, y que otros productos como el pescado y la sal fueron llevados por mercaderes de una provincia a otra.
Después de la conquista y de la colonización españolas, las cosas cambiaron y aunque se dice que los españoles adoptaron la unidad monetaria del cacao, creando la "carga" (equivalente a 50 libras de semillas), también introdujeron el uso de fichas de oro y de plata.
Para inicios del siglo 19, los indígenas conservaban sus cultivos tradicionales, aunque habían incorporado el azúcar, el tabaco, el añil y el bálsamo, así como la ganadería, pero seguían intercambiando con productos y cacao.

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