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Con su cargamento de vasijas de barro sobre
su espalda o "a lomo", algunos artesanos de Guatajiagua, en
Morazán, salen rumbo a cantones y caseríos como San Bartolo
y Meanguera para vender su mercancía, de manera, quizá para
muchos, anticuada.
Estos artesanos de escasos recursos aún aceptan cambiar sus ollas
u otros objetos de barro por maíz, gallinas, arroz y frijoles,
entre otros alimentos que les ofrecen sus clientes, también pobres.
"Nosotros vamos a venderles, pero a veces necesitan una olla, por
ejemplo, pero no tienen dinero, así que nos ofrecen algún
alimento a cambio. Si la vasija vale más de lo que nos dan, nos
pagan el complemento, y así dependiendo", dice don Natividad
Aguirre.
Ramón Elías Canales, director de la Casa de la Cultura de
Guatajiagua, dice que este cambalache se da entre artesanos y familias
conocidas de ellos, pero que sólo es la sombra de lo que este tipo
de transacción comercial significó cuarenta o cincuenta
años atrás en esa localidad.
"Según testimonios de algunos artesanos, el canje ya no es
como en la década del sesenta y setenta cuando se daba con mayor
frecuencia, aunque mucho tiempo atrás era una costumbre más
arraigada", dice el señor Canales.
En ciudades como San Salvador, el trueque persiste en la memoria de algunos
ancianos como algo del pasado. Don Juan Manuel Castro recuerda como entre
1919 y 1920, una tía intercambiaba -por ejemplo- candelas por huevos,
pero que aquello no era una costumbre y que eso lo hacían ocasionalmente
entre vecinos amigos.
Algunas personas entrevistadas al azar creen que incitar a las personas
a que adquieran un televisor nuevo y que pidan uno viejo en calidad de
prima o el simple juego de niños que intercambian sus calcomanías
y estampas reflejan que la herencia no se ha perdido del todo, pero que
ésta pasa inadvertida.
Inadvertida, quizá, porque muy pocos encuestados se percataron
de que a través de los espacios de clasificados de los periódicos,
muchos salvadoreños de diferentes pueblos y ciudades hacen a diario
trueque o cambalache.
Los
"cambalacheros"
"Cuatro lotes
en Santa Teresa, Chalchuapa, por lo que usted tenga...", "Un
vehículo y un bus por un rancho en la playa o cualquier cambalache..",
"Tengo ¢25,000 en ferretería, cambio por pick up...",
"Se vende terreno y se recibe camión Mercedes 85 en adelanto
a cuenta", rezaban algunos clasificados de la edición de EL
DIARIO DE HOY del 9 de mayo pasado.

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El licenciado
Hugo Nolasco, jefe del departamento de Clasificados del periódico,
dice que las propuestas de cambiar terrenos por vehículos es la
más común entre los anunciantes de la sección de
cambalaches, que alcanza en la actualidad un promedio mensual de 400 anuncios.
"La demanda es regular y ha bajado por la misma situación
económica que vivimos en el país. El año pasado recibíamos
unos 800 cada mes sólo en esta sección", dice el licenciado
Nolasco.
¿Por qué se hace cambalache? Para algunas personas, como
René Córdova, el cambalache le permite deshacerse de algo
que no usa y de sustituirlo por otro más útil. Por eso anuncia
en este rotativo su propuesta de cambiar un edificio ubicado en el centro
capitalino valorado en ¢650,000 por una casa de menor valor y que
le den el complemento en efectivo para invertirlo en otro negocio.
"Ya tengo tres ofertas. Estoy estudiándolas para ver cuál
me conviene o espero una mejor. Hacer cambalache no es mal negocio porque
vender de contado en este tiempo es difícil", comenta René,
quien además piensa que el canje es más para gente que le
sobra un poco.
Otro cliente de EL DIARIO DE HOY, que prefirió no identificarse,
coincide con René.
"Sólo fíjese, piden deshacerse de un rancho en la playa
por cualquier cambalache. Eso significa que tienen algo que les sobra
para cambiarlo por algo más útil", dice el cambalachero
anónimo.
Si se tiene de sobra o no, el trueque de hoy también satisface
una necesidad, por eso los cambalacheros aprovechan todo espacio de difusión,
incluyendo los más sofisticados como la internet para deshacerse
o hacerse de terrenos, vehículos y casas, entre otras cosas.
Canje
electrónico
En su página cibernética, la
empresa Trueque.com afirma que el comercio vía electrónica
está creciendo en el mundo, ya que un 65% de las empresas que venden
sus acciones en la Bolsa de Nueva York hace trueque, y que sólo
en 1998 el volumen de comercio por cambalache alcanzó los $65,000
millones en todo el mundo.
Trueque.com afirma que el cambalache a través de la internet permite
acceso a nuevos productos y servicios, y a una clientela potencial sin
gastar en publicidad, así como una oportunidad para liberarse del
exceso de un inventario, que de otra forma pudo perderse o ser vendido
a un precio menor al establecido en el mercado.
Estas perspectivas también promete la empresa nacional "Cambalache.com.sv",
un espacio que según su director ejecutivo, Rafael Domínguez,
es el único en el mercado cibernético salvadoreño
dedicado exclusivamente al servicio completo de clasificados y que publica
fotografías adjuntas al anuncio.
Según Rafael, "en la sección de cambalache se hace
mucho cambalache", sin precisar cuántos de los entre 600 y
700 clasificados que registran cada mes ni cuántas de las casi
6,000 visitas que han recibido en el semestre de operaciones son para
hacer canje.
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En lo que sí está seguro Domínguez
es en que los clasificados en internet funcionan y prometen mucho más
porque hay un amplio potencial de más de 100,000 clientes conectados
a este medio en el país por el momento.
"Esto nos garantiza una circulación mayor que la de los periódicos",
dice Domínguez, quien además de garantizar efectividad y
ahorro para los que se anuncian y acceden a este espacio, ofrece costos
bajos que oscilan entre ¢25 y ¢250 por mes, dependiendo del
producto que se anuncia.
De esta manera, los periódicos, la internet y quizá a nivel
privado o entre amigos, el trueque, la más antigua forma de intercambio
comercial de nuestra historia que se conoce sobrevive, aun en medio de
una era electrónica que nos ha invadido con tantos servicios.
Canje
pipil
Según el libro "Historia de El
Salvador", tomo uno, en vísperas de la conquista, el cacao
era el principal producto del comercio del sur de Mesoamérica;
era usado como pago de tributo a los soberanos indígenas y como
dinero.
Pero no todos los pueblos indígenas contaban con el cacao. Mientras
los pueblos de la provinica de los izalcos era su principal producto agrícola
para el consumo y el intercambio, para los de la provincia de Cuscatlán,
como Cojutepeque, Cuscatlán y Ateos, era el maíz.
Se especula que antes de la época colonial, los pipiles de Cuscatlán
que producían un excedente de algodón confeccionaban tejidos
como mantas y toldillos, y los intercambiaban con los pipiles de Izalco
por cacao.
Probablemente Izalco también intercambió cacao por obsidiana
y jade procedentes del altiplano de Guatemala, y que otros productos como
el pescado y la sal fueron llevados por mercaderes de una provincia a
otra.
Después de la conquista y de la colonización españolas,
las cosas cambiaron y aunque se dice que los españoles adoptaron
la unidad monetaria del cacao, creando la "carga" (equivalente
a 50 libras de semillas), también introdujeron el uso de fichas
de oro y de plata.
Para inicios del siglo 19, los indígenas conservaban sus cultivos
tradicionales, aunque habían incorporado el azúcar, el tabaco,
el añil y el bálsamo, así como la ganadería,
pero seguían intercambiando con productos y cacao.
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