26 de Noviembre de 2000

En boca de líderes espirituales, artistas y otros ciudadanos, estos seres celestiales existen entre nosotros, actúan en nuestro favor.


Escríbanos

Si nos remitimos a la Biblia, estos seres celestiales están en todas partes. Sus apariciones eran frecuentes. El patriarca Abraham los invitó a comer en su tienda y el profeta Eliseo no se inmutó cuando se vio sitiado por un numeroso ejército sirio y dijo a su criado: “No tengas miedo porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos”.
La Biblia revela que Eliseo pidió a Dios que le revelara al criado su respaldo divino. “...Y miró (el criado), y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo y de carros de fuego alrededor de Eliseo”, se lee en el libro segundo de Reyes.
El mismo anuncio que el arcángel le hizo a María de haber sido escogida para ser la Madre del Salvador del Mundo o la hueste de ángeles que cantaron y anunciaron a los pastores sobre el nacimiento de Jesús son algunos de los numerosos relatos bíblicos en materia angelical.
Pero el accionar de los ángeles no parece ser un mero registro bíblico e histórico, ni tampoco tiene límites geográficos. En nuestro país hay testimonios de personas que dicen haber sido ayudadas y fortalecidas en momentos difíciles, no por seres alados y aureolas, sino por ángeles con forma humana.

Ayudadores invisibles

En el testimonio que dejara el pastor evangélico Juan Maldonado antes de morir, los ángeles tomaron forma de guardias nacionales y los escoltaban a él y otros feligreses cuando regresaban de un culto en el poblado de Las Viñas en el volcán de San Salvador durante los años sesenta.
Se suponía que aquella escolta angelical, que los evangélicos no percibieron, los protegía de una turba de católicos que los acechaban escondidos para golpearlos. Eran disputas religiosas que ese día terminaron en nada y quedaron como testimonio de que Dios había intervenido.
“¡No estamos solos en este mundo! Estoy convencido de que estos seres celestiales existen y nos proporcionan ayuda invisible”, afirma el predicador Billy Graham en su libro “Los ángeles”, aparecido en 1975.
Jorge Marroquín y Jaime Aguirre no se conocen, pero tienen algo común: a sus escasos cuatro años y dos años respectivamente jugaron con niños invisibles, traviesos y juguetones, que sus parientes siguen pensando que eran angelitos.
A juicio de la doctora Margarita Mendoza-Burgos, los niños de dos a tres años generalmente tienen una gran fantasía, sobre todo si son inteligentes, y si están muy solitarios suelen tener amigos invisibles o imaginarios.
Según la sicóloga Mendoza-Burgos hay gente con capacidad de visualizar o presentir cosas que otras no tienen, pero hay otras que alucinan, sobre todo en algunos estadios del sueño, enfermedades (no sicosis o locura) y efectos de algún medicamento entre otros factores.
“No se puede decir que es algo malo o positivo; sí es llamativo. Habría que estudiar el contexto y la frecuencia en que ocurre en una persona o si está distorsionando su vida, porque puede responder a algo patologico o ser explicable de alguna manera”, afirma la doctora Mendoza-Burgos.
El padre Óscar Rodríguez, párroco de la iglesia María Auxiliadora, dice que la existencia de los ángeles es una realidad aceptada por la fe, cuya misión es proteger al mundo y a cada persona, pero no que tomen una apariencia humana, aunque nosotros los representemos según nuestra imaginación.
“Los ángeles no se ven porque son espirituales... (El que se aparezcan) es una opinión netamente personal, pero no demostrable. La Iglesia no las avala.. (además) esa no es la forma de actuar de Dios... por lo general esas cosas no suceden, ellos se manifiestan con una asistencia de tipo espiritual”, afirma el sacerdote.
Pero personas como el pastor Rubén Pimentel están convencidas de que seres sobrenaturales como los ángeles están “por millares a nuestro alrededor”.
Desde 1955, cuando se le aparecieron dos ángeles en una finca en Chalchuapa, las experiencias han sido frecuentes. “Hace tres años en un retiro espiritual en La Palma, Chalatenango, no podía dormir y me senté en la hamaca; de repente vi al ángel, alto, posado sobre un árbol, con ropa luminosa. No me habló, solo me sonrió y sentí gozo y paz. Creo que quizo decirme que el Señor estaba con nosotros allí”, dice.

La palabra ángel, una voz que procede del griego “aggelos” y significa “mensajero”, define claramente su función. El libro bíblico de Hebreos los llama “espíritus ministradores” porque ejecutan las órdenes de Dios.
La revelación bíblica como de otras religiones sobre su existencia han dado origen a numerosas creencias, como el que cada persona tenga su ángel guardián o que podamos platicar con ellos.
 

Guardianes personales

“Yo creo que tengo un ángel que me cuida, por eso les enseño a mis hijos la oración que yo aprendí de chiquita: Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”, dice Delmy Guardado, una vendedora ambulante.
En una pequeña encuesta hecha al azar en el centro capitalino, las mujeres tienden a creer que tienen un ángel personal que las cuida, mientras que los hombres piensan que ellos aparecen solo cuando los necesitamos.
Los que creían tener su ángel guardián dijeron hablarles y pedirles cada día su protección, pero el pastor Ramírez no está de acuerdo. “La Biblia no me enseña que debo hablar con los ángeles sino con Dios, pues Él no necesita mensajeros para saber nuestras necesidades porque Él está aquí con nosotros”.
Rubén Pimentel cree, por el contrario, que cada persona y nación tiene su ángel, y que cada vez que un cristiano ora a Dios están allí oyendo, pero que no tienen poder para contestar las peticiones, sino solo Dios.
Para el padre Rodríguez, cada uno de nosotros tiene por la fe un ángel que Dios ha puesto de nuestro lado para que nos cuide y es recomendable que una persona hable con su ángel y se encomiende a su “especialísima protección”.
Esta creencia quizá motive a muchos a buscar ese respaldo a través de estampas u otros objetos relacionados con estas figuras celestiales; otros a venerarlos. Pero ¿hasta qué punto está permitido?

¿Veneración vedada?

“Yo le tengo fe a San Rafael Arcángel porque me ha librado de muchas cosas y me ayuda intercediendo pr mí ante el Creador, por eso siempre le enciendo velitas”, dice Petrona Alfaro, una anciana católica devota.
“Yo los he visto, pero nunca los he adorado; los he respetado porque son enviados del Señor. Ellos solo están para ayudarnos a los cristianos, para librarnos de algún peligro”, dice el pastor Pimentel.
“La Biblia es enfática al decirme que debo hablar con Dios, quien está cercano, es omnipresente (está en todas partes) y puede ordenarle a sus ángeles a que actúen en favor mío. No debo confesarme con los ángeles ni adorarlos”, afirma el pastor Ramírez.
El pastor refiere el libro del Apocalipsis, donde el ángel que le revelaba los juicios futuros al apóstol Juan le exhorta a no adorarlo: “Mira, no lo hagas porque soy consiervo tuyo. Adora a Dios”.
El sacerdote Rodríguez coincide en que no se les debe adorar, sino solamente a Dios. “A los ángeles solo los veneramos porque no son dioses”.
La encuesta entre transeúntes del centro capitalino reflejó que la mayoría cree que merecen respeto y cierto grado de adoración porque son como representantes de Dios, que solo los pueden ver aquellos que están cercanos a Dios y que si pudieran ver alguno sentirían miedo.

El pastor Ramírez cree que precisamente por eso no se nos revelan a todos, porque “la presencia de lo divino siempre nos da un sobrecogimiento y Dios, que es Dios de paz, tampoco quiere que nos olvidemos de Él, pues los seres humanos tendemos a darle importancia a lo que vemos y palpamos. Dios no se deja ver pero está allí presente.
Para el pintor Guillermo Romero, reconocido por sus continuas series de ángeles, creer en ellos es cuestión de fe. “Yo creo simplemente que existen, lo pueden ayudar a uno; Dios los puso para eso”, afirma.
El pintor y escultor Ángel Mendoza, Premio Nacional de Cultura 2000, dice que siempre le han intrigado los ángeles, que hace esculturas de ellos, pero que “es difícil llegar a una conclusión de la verdad cuando se habla de ellos”.
En el caso de Romero, pintar ángeles tiene una significación especial porque hasta ahora no sabe si fue un ángel quien le guió hacia la salida de las ruinas de Tikal en Guatemala mientras emprendía el camino equivocado junto a su esposa hace algunos años.
“Unos tucanes nos distrajeron y nos detuvimos a admirarlos, pero de repente volví a ver hacia atrás y estaba un joven vestido con ‘jeans’ y de piel morena señalándome el camino correcto. Cuando volví mi rostro otra vez hacia él ya no estaba, había desaparecido en cuestión de segundos”, afirma.
En cada aparición angelical que se testifica siempre ha habido un propósito: auxiliar, resolver un problema, transmitir paz, tranquilidad o consolar en medio de la angustia. ¿Cuántas experiencias faltan por ocurrir? No se sabe. “Para mí los ángeles no han terminado aún su misión en la tierra”, dice el pastor Pimentel.

 

“Ahora sé que no estoy sola”

“Me encontraba en el hospital con dolores de parto y la presión altísima, por lo que proyectaban hacerme una cesárea. Me acompañaba una persona muy amiga, quien oraba intensamente a Dios para que todo saliera bien.
Repentinamente cerré los ojos, no sé si me dormí o me desmayé; no sentí más dolor, y empecé a ver un espacio en blanco que iba moviéndose hacia arriba, luego aparecieron flores de colores increíbles... Me sentía feliz, muy tranquila.
De repente apareció el ángel, con figura de hombre, estatura inmensa, imponente, que no provocaba miedo —y yo soy bien miedosa—; tenía apariencia diáfana, vestidura luminosa. Me vio y me dijo: Te quiero mucho. Yo le dije: ¿Y usted por qué me quiere si no me conoce? Él solo sonrió y volvió a decirme con ternura: Te quiero mucho.
Abrí los ojos. Estaba llorando y recuerdo que dije a aquella persona amiga: “Acabo de ver a un ángel y me dijo que me quería”. Ella, que también lloraba, secó mis lágrimas y me contestó: Yo también, pues lo había visto entrar a la habitación y pararse al pie de mi cama.
Sentí nuevamente los dolores, pero mi presión estaba normal, había dilatado lo necesario y en cuestión de diez minutos había nacido mi hijo. Fue un momento de sensaciones encontradas. No he olvidado su rostro sereno, pero tampoco puedo describirlo. ¿Cómo describir la paz y la bondad?
Si fue un sueño o cosa de mi mente, no lo sé; tampoco es mi propósito convencer a nadie. Lo único que puedo decir es que el amor y la paz que sentí en aquel momento fue real y no necesito más pruebas. Tampoco fue una casualidad que mi presión se normalizara de golpe.
Dios hizo eso para que yo supiera que él es real, que está conmigo y me tiene gran amor... Desde entonces mi vida cambió... Ahora sé que no estoy sola... ”.

Testimonio de licenciada
María Teresa Rivera
.

Para leer sobre ellos

A continuación se brindan algunas opciones para leer sobre el tema de los ángeles:

Bookshop:
“La educación de los ángeles”.
“Un ángel caído del cielo”.
“Descubre a tus ángeles”.

Librería Bautista:
“Ángeles: De las tinieblas
y de la luz”.
“Los nombres de los ángeles”.
“Doctrina de los ángeles y del hombre”.

La Casita:
“Entrevista con un ángel”.
“El libro de los ángeles”.
“365 meditaciones con los ángeles”.’

Librería Josué:
“Angeles en misiones especiales”.
“La verdad sobre los ángeles”.
“Todo sobre los ángeles”.

¿Cómo son?

* La Biblia no dice de qué materia o elementos están compuestos los ángeles, tampoco describe su fisonomía; solo dice que fueron creados por Dios, que son eternos, asexuales (no tienen sexo), numerosos, piensan, sienten y manifiestan emociones. También son capaces de transportarse rápidamente de un lugar a otro, de hacerse visibles al ojo humano tomando forma humana.

* La Biblia los clasifica en buenos y malos. Los buenos se distribuyen en ángeles (ejecutan los planes de Dios en beneficio de la humanidad); arcángeles (se creen son los de mayor jerarquía), los querubines (los que están cercanos a Dios y custodian su presencia) y los serafines (los continuos adoradores del Creador).

* Los ángeles malos tuvieron su origen, según la Biblia, en la rebelión de Satanás contra Dios y arrastró la tercera parte de los servidores de Dios a la tierra. Se les clasififa en tres tipos: satanás, el principal líder; los demonios, que son sus partidarios y están en el aire, y los caídos que están presos en lugares de oscuridad.

arriba
Click Click Click Click
Copyright 1995 - 2000. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com