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El pasado viernes 17, Eugenio Martínez
Orantes presentó oficialmente su nuevo libro, un anecdotario
de 84 páginas sobre la vida de Luis Salvador Efraim Salazar Arrué,
conocido en el ámbito artístico como Salarrué.
Esta obra está escrita con un estilo libre, coloquial y ameno,
tal como son las conversaciones de Martínez Orantes. El libro
gusta porque despierta la curiosidad de conocer cómo era, vivía
y sufría Salarrué.
Al principio me extrañó la forma en que fue escrito, con
entretítulos seguidos, breves explicaciones, muy concisas. Es
una obra en la que no descubría el hilo conductor, casi sin forma.
Pero conociendo a Orantes, un escritor que al igual que Salarrué
simplemente hace lo que le da la gana, entonces comprendí la
esencia del libro. Al final de la lectura queda la satisfacción
de que has conocido lo oculto de Salarrué, lo que nos da la nueva
imagen de un artista ingenioso, fuera de lo común y cuasi loco.
Un buen ejemplo de esto es su intento de suicidio en el Puerto de La
Libertad porque no podía asistir a las clases de pintura. Esa
intención de acabar con su existencia le cambió su vida
hacia las artes, gracias a la ayuda del presidente Carlos Meléndez,
quien observó todo el suceso.
Esta y otras historietas son las que Eugenio nos muestra en El
vuelo del torogoz. Por eso hemos hablado con él para averiguar
un poco más sobre su quehacer literario.
¿Desde cuándo nace la idea de
hacer este libro?
Nace en 1999, cuando fui invitado a dar una charla en un colegio de
Sonsonate. Inicialmente yo creía que iba a ser una invitación
para que yo leyera mis cosas, pero en reunión de proferores me
pidieron que diera una conferencia sobre Salarrué.
Afortunadamente ya tenía muchos datos sobre Salarrué,
porque las tomé de mi libro 32 escritores salvadoreños.
También tenía muchas anécdotas, las que me había
contado Serafín Quiteño en 1986, de las cuales había
publicado una parte y la otra estaba inédita.
Di la conferencia. Y cuando ya venía de regreso de Sonsonate
pensé que sería importante ampliar el material que poseía
y publicar un libro. Ya en el 2000, un poco menos del año de
haber dado la conferencia, lo tenía completo.
¿Quiénes proporcionaron las
anécdotas?
Básicamente Serafín Quiteño. De él fue la
mayor cantidad de dados y muy reales, con la total seguridad de que
todo lo que él decía era real. Carmen Fuentes viuda de
Lindo me contó la historia que yo hice como cuento del intento
de suicidio de Zélie (esposa de Salarrué), que quedó
una cosa preciosa, bien bonita.
El intento de suicidio de Salarrué en el Puerto de La Libertad
lo contó Raúl Elá Reyes en un programa de Luis
Salazar Retana en el canal 10. Retana nos invitó a Ricardo Lindo,
a Raúl Elá Reyes y a mí para hablar sobre Salarrué,
porque éramos los tres que sabíamos un poco más
de Salarrué.
De ahí fueron surgiendo otros, como el doctor Alfredo Martínez
Moreno, con la anecdota del primer premio de Salarrué en Costa
Rica, por una escultura. Y también me contó la renuncia
de Salarrué en Nueva York.
Hay muchas personas más... Había una historia de Álvaro
Menéndez Leal, que no la quise poner porque alguien me dijo que
Álvaro era muy mentiroso, ja, ja, ja, ja.
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¿Hay anécdotas que no se publicaron?
Sí, hay varias anécdotas que no se publicaron; son pocas,
unas cuatro o cinco.
De estas anécdotas que no se publicaron,
¿habrá alguna que podríamos mencionar en Hablemos?
No, por de pronto no, porque no se publicaron en este momento, pero
sí posiblemente en una segunda o tercera edición.
¿Por qué no las publicó?
Porque dudaba de la veracidad, pero parece que sí tenían
veracidad, pero eso lo tengo que reforzar con otras anécdotas
que van a contar otras personas; por ejemplo Alberto Arene. Cuando yo
le dije de una anéctoda que había sacado, me dijo: Pues
fíjese que eso es bien posible que sea cierto, por esto,
esto y esto. Yo voy a esperar que la mamá de Arene venga al país,
y aunque no era de la edad de Claudia (Lars) estaba en el mundito de
las Bellas Artes, porque el esposo de ella, Nicolás Arene, un
músico, estaba muy en contacto con todas esas cosas y los chismes
que circulaban.
Entonces ¿ampliará la segunda
edición?
Sí, sí. La investigación sigue, la investigación
seguirá hasta que me muera.
Ahora que ya está publicado el libro,
¿tiene alguna autocrítica?
Autocrítica, no, ninguna.
¿Habrá alguna crítica
contra su libro?
Del libro hay que esperar que la gente lo lea y lo critique. Es posible
que haya gente que no esté de acuerdo con el romance de Claudia
(Lars) con Salarrué, porque mistificamos a las personas. La mayoría
de personas que conocimos a Claudia la vimos a ella de abajo para arriba.
Para mí Claudia era una diosa; la admiraba y la sigo admirando,
y siempre dije que era mejor que la Gabriela Mistral y lo sigo afirmando.
Por su alta calidad poética, por su sensibilidad, por el gran
oficio que poseía, pero más que todo... por su creación
y su forma de crear.


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¿Por qué Claudia no trascendió
como Mistral?
El país en el que vivimos. Este es el país más
enemigo de los escritores. En primer lugar, los mandatarios de distintas
épocas han visto al escritor como a un enemigo. Tal vez no exactamente
eso, pero sí como un posible enemigo, que tarde o temprano los
va a atacar...
Para muchas personas en El Salvador, el artista no es más que
un loco, un desocupado que escribe versos o que escribe cuentos. No
le dan la mayor importancia a la literatura en este país. El
Salvador es un país de comerciantes.
¿Actualmente está trabajando
en otra obra?
Tengo una biografía de Claudia que no he terminado, sólo
es cosa de tener tres meses disponibles y afinar algunas partes. Posiblemente
la publiquemos a mediados del siguiente año.

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