26 de agosto de 2001

El escritor Eugenio Martínez Orantes ha publicado el libro “El vuelo del torogoz. Lo jamás escrito sobre Salarrué”, obra que recopila las más curiosas e interesantes anécdotas del pintor y cuentista sonsonateco.


El pasado viernes 17, Eugenio Martínez Orantes presentó oficialmente su nuevo libro, un anecdotario de 84 páginas sobre la vida de Luis Salvador Efraim Salazar Arrué, conocido en el ámbito artístico como Salarrué.
Esta obra está escrita con un estilo libre, coloquial y ameno, tal como son las conversaciones de Martínez Orantes. El libro gusta porque despierta la curiosidad de conocer cómo era, vivía y sufría Salarrué.
Al principio me extrañó la forma en que fue escrito, con entretítulos seguidos, breves explicaciones, muy concisas. Es una obra en la que no descubría el hilo conductor, casi sin forma.
Pero conociendo a Orantes, un escritor que al igual que Salarrué simplemente hace lo que le da la gana, entonces comprendí la esencia del libro. Al final de la lectura queda la satisfacción de que has conocido lo oculto de Salarrué, lo que nos da la nueva imagen de un artista ingenioso, fuera de lo común y cuasi loco.
Un buen ejemplo de esto es su intento de suicidio en el Puerto de La Libertad porque no podía asistir a las clases de pintura. Esa intención de acabar con su existencia le cambió su vida hacia las artes, gracias a la ayuda del presidente Carlos Meléndez, quien observó todo el suceso.
Esta y otras historietas son las que Eugenio nos muestra en “El vuelo del torogoz”. Por eso hemos hablado con él para averiguar un poco más sobre su quehacer literario.

¿Desde cuándo nace la idea de hacer este libro?
Nace en 1999, cuando fui invitado a dar una charla en un colegio de Sonsonate. Inicialmente yo creía que iba a ser una invitación para que yo leyera mis cosas, pero en reunión de proferores me pidieron que diera una conferencia sobre Salarrué.
Afortunadamente ya tenía muchos datos sobre Salarrué, porque las tomé de mi libro “32 escritores salvadoreños”. También tenía muchas anécdotas, las que me había contado Serafín Quiteño en 1986, de las cuales había publicado una parte y la otra estaba inédita.
Di la conferencia. Y cuando ya venía de regreso de Sonsonate pensé que sería importante ampliar el material que poseía y publicar un libro. Ya en el 2000, un poco menos del año de haber dado la conferencia, lo tenía completo.

¿Quiénes proporcionaron las anécdotas?
Básicamente Serafín Quiteño. De él fue la mayor cantidad de dados y muy reales, con la total seguridad de que todo lo que él decía era real. Carmen Fuentes viuda de Lindo me contó la historia que yo hice como cuento del intento de suicidio de Zélie (esposa de Salarrué), que quedó una cosa preciosa, bien bonita.
El intento de suicidio de Salarrué en el Puerto de La Libertad lo contó Raúl Elá Reyes en un programa de Luis Salazar Retana en el canal 10. Retana nos invitó a Ricardo Lindo, a Raúl Elá Reyes y a mí para hablar sobre Salarrué, porque éramos los tres que sabíamos un poco más de Salarrué.
De ahí fueron surgiendo otros, como el doctor Alfredo Martínez Moreno, con la anecdota del primer premio de Salarrué en Costa Rica, por una escultura. Y también me contó la renuncia de Salarrué en Nueva York.
Hay muchas personas más... Había una historia de Álvaro Menéndez Leal, que no la quise poner porque alguien me dijo que Álvaro era muy mentiroso, ja, ja, ja, ja.

 

¿Hay anécdotas que no se publicaron?
Sí, hay varias anécdotas que no se publicaron; son pocas, unas cuatro o cinco.

De estas anécdotas que no se publicaron, ¿habrá alguna que podríamos mencionar en Hablemos?
No, por de pronto no, porque no se publicaron en este momento, pero sí posiblemente en una segunda o tercera edición.

¿Por qué no las publicó?
Porque dudaba de la veracidad, pero parece que sí tenían veracidad, pero eso lo tengo que reforzar con otras anécdotas que van a contar otras personas; por ejemplo Alberto Arene. Cuando yo le dije de una anéctoda que había sacado, me dijo: “Pues fíjese que eso es bien posible que sea cierto”, por esto, esto y esto. Yo voy a esperar que la mamá de Arene venga al país, y aunque no era de la edad de Claudia (Lars) estaba en el mundito de las Bellas Artes, porque el esposo de ella, Nicolás Arene, un músico, estaba muy en contacto con todas esas cosas y los chismes que circulaban.

Entonces ¿ampliará la segunda edición?
Sí, sí. La investigación sigue, la investigación seguirá hasta que me muera.

Ahora que ya está publicado el libro, ¿tiene alguna autocrítica?
Autocrítica, no, ninguna.

¿Habrá alguna crítica contra su libro?
Del libro hay que esperar que la gente lo lea y lo critique. Es posible que haya gente que no esté de acuerdo con el romance de Claudia (Lars) con Salarrué, porque mistificamos a las personas. La mayoría de personas que conocimos a Claudia la vimos a ella de abajo para arriba. Para mí Claudia era una diosa; la admiraba y la sigo admirando, y siempre dije que era mejor que la Gabriela Mistral y lo sigo afirmando. Por su alta calidad poética, por su sensibilidad, por el gran oficio que poseía, pero más que todo... por su creación y su forma de crear.

 

¿Por qué Claudia no trascendió como Mistral?
El país en el que vivimos. Este es el país más enemigo de los escritores. En primer lugar, los mandatarios de distintas épocas han visto al escritor como a un enemigo. Tal vez no exactamente eso, pero sí como un posible enemigo, que tarde o temprano los va a atacar...
Para muchas personas en El Salvador, el artista no es más que un loco, un desocupado que escribe versos o que escribe cuentos. No le dan la mayor importancia a la literatura en este país. El Salvador es un país de comerciantes.

¿Actualmente está trabajando en otra obra?
Tengo una biografía de Claudia que no he terminado, sólo es cosa de tener tres meses disponibles y afinar algunas partes. Posiblemente la publiquemos a mediados del siguiente año.

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