26 de agosto de 2001

Después de varios años de letargo, desplazado por otros medios de transporte, olvidado por muchos y excluido de toda posibilidad de convertirse en una alternativa de transporte colectivo nacional, el ferrocarril despierta ante toda adversidad.


Faltaban pocos minutos para las siete de la mañana de un sábado de agosto en Aguilares, al norte de San Salvador. A esa hora, la estación ferroviaria, conocida por “La toma”, recibía la afluencia de personas provenientes de la capital y de lugareños que tenían destinos diferentes: Nueva Concepción, Río Sucio, San Isidro, Los Jobos, Guarnecia, Texistepeque, etc.
Pupusas, quesadillas de queso, tostadas de plátano y yuca, entre otros platillos típicos, se ofrecían a niños y adultos que se apresuran a abordar el ferrocarril, mientras que otros aprovechaban darle el último sorbo a un humeante café, al mismo tiempo que el silbato del caballo de hierro anunciaba su partida.
Atrás quedaba la vieja estación, grande, con techo de láminas y paredes de madera, como la mayoría de las que aún existen, y atrás quedó también el bullicio de la gente.
La mañana era fresca y prometía un día despejado. Desde el tren, los maizales parecían ofrecer un rito sublime al Creador por un nuevo día. El panorama se transformaba mientras la máquina avanzaba; incluso el clima se volvió más frío, producto de una neblina que lo cubrió en su trayecto. Los cerros y las planicies daban apariencia de estar cubiertos de algodón.
Dentro del coche, el ambiente era fresco, se respiraba tranquilidad y armonía. Era el lugar perfecto para eliminar el estrés acumulado de la semana, para huir de la rutina.
Algunos pasajeros dormían o comían; otros preferían la lectura e incluso había tiempo hasta para bordar.

El pasaje desde Aguilares hasta Texistepeque tiene un costo de ¢4.50. De Armenia hasta Sonsonate ¢2.00.

Más de 800 pasajeros diarios

Grande era el número de personas que subían y bajaban en las estaciones del recorrido.

El transporte de carga es otro de los servicios que prestan estos ferrocarriles.

 

Según estadísticas de Ferrocarriles Nacionales de El Salvador (FENADESAL), viajan alrededor de ochocientas personas a diario por este tramo (Distrito 2, que comprende desde Aguilares hasta Texis Junction, en Santa Ana) y más de mil quinientas desde Armenia a Sonsonate y viceversa (Distrito 3), los únicos servicios para pasajeros que se prestan actualmente.
El que hacía su recorrido desde la estación de FENADESAL hasta el puerto de Cutuco, en La Unión (Distrito 1), dejó de funcionar hace varios años.

El tiempo durante el viaje transcurre lentamente. Así llegamos a la estación de San Isidro, departamento de Santa Ana. Ahí el vagón de carga se llenó con sacos de maíz, frijoles, elotes, cajas de gaseosas; cerdos y gallinas, productos que los lugareños comercializan en otros sectores o utilizan para su consumo, según manifestó don José Guevara, propietario de unos cerdos que transportaba a Guarnecia (Santa Ana) para venderlos.
Lo más impresionante de este recorrido, decía el maquinista don Rafael Jovel, con 26 años de experiencia en trenes, es la vista al río Lempa. “Algunos pasajeros me piden bajarlos en San Isidro, a orillas del Lempa, para darse un chapuzón o para acampar”, asegura el maquinista.
Durante el recorrido Armenia-Sonsonate se puede divisar el “Faro del Pacífico”, el volcán de Izalco y el río Shutecath.
Las panorámicas que se pueden contemplar solo son posibles viajando en tren, lo que se convierte en un gran placer para la vista y para todos los sentidos.

Reactivarán trayecto

FENADESAL espera reactivar el servicio de trenes de pasajeros en el proyecto “San Salvador-Sitio del Niño”, que pasaría por Calle Real, Apopa, Nejapa, Quezaltepeque y Sitio del Niño.
El conductor German Gutiérrez coincidió con muchos de los usuarios en que el tren es un medio de transporte que no contamina, es de bajo costo y además muy seguro.
“Guarneciaaa! Llegamos a Guarneciaaa”, gritaba don German, mientras los viajantes se apresuraban a bajar, complacidos del servicio, como doña Margarita de González, fiel usuaria del ferrocarril.
Luego de tres horas de recorrido llegamos a La Cruzadilla, a pocos metros de la estación Texis Junction, en Metapán. Ahí todos los pasajeros bajaron del caballo de hierro, satisfechos por el servicio recibido.


 

En los talleres de FENADESAL se modifican 36 vagones para el servicio de pasajeros.

Cada coche tiene la capacidad de transportar a más de 80 personas.

Rafael Jovel, maquinista.

arriba
Visite las demás ediciones publicadas Regrese a la edición mas reciente Nombres de personal que labora en esta revista Envíenos sus consultas a nustro buzón
Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com