26 de agosto de 2001

“De tortillera pasé a ser vendedora de maní con dulce y chile. Este negocio, que es muy rentable, lo formé con el financiamiento de Fosofamilia, entidad crediticia que me ha permitido salir adelante con mi familia”. (Milagro Ortiz de Santillana, santaneca, 35 años).


Vendedores de verduras en los mercados, de dulces, tortilleras, zapateros, entre otros comerciantes en pequeño, hoy pueden ver prosperar sus negocios gracias a los créditos que brinda el Fondo Solidario para la Familia Microempresaria (Fosofamilia).
“Somos una institución financiera con enfoque de género, orientada a la atención de la familia microempresaria. Ofrecemos un servicio de calidad a través de personal comprometido y calificado que busca mejorar las condiciones de vida de la población salvadoreña”, explica el licenciado Jesús Antonio Peña, presidente de la entidad.
Según el entrevistado, la institución tiene como objetivo ofrecer créditos a los comerciantes en pequeño, en especial a los liderados por mujeres.
Esta entidad de crédito, creada en octubre de 1999, con un patrimonio otorgado por la Secretaría Nacional de la Familia (SNF), pretende lograr la reactivación de la microempresa salvadoreña por medio de financiamientos individuales y colectivos.
Una de las beneficiadas es Milagro Ortiz de Santillana, quien cambió la palmeada de la masa de maíz para dedicarse a la venta de confites elaborados con semillas cubiertas de miel y aderezos picantes.
Sin esconder su satisfacción explica como de tortillera pasó a ser vendedora de maní con chile y dulce, un negocio que le ha resultado rentable y ha sido fuente de trabajo para toda la familia.

 

“Todo lo formé con el financiamiento individual que Fosofamilia me proporcionó”, dice sonriente Milagro, quien inició el negocio hace cinco años cuando uno de sus hermanos fue en busca del “sueño norteamericano” y le encomendó no abandonar a la clientela que él ya había establecido.
La solicitud no cayó en saco roto. A la fecha, la señora ha incrementado el negocio del maní y hasta lo ha organizado tan bien que presume de tener cuatro rutas de ventas que cubre con su esposo e hijos.

De soldado a microempresario

Otra persona que ha experimentado un desarrollo ascendente en su negocio gracias a Fosofamilia es Amílcar Acosta, un microempresario que a base de suela, cuero y lustre ha montado su propia zapatería en Santa Ana.
“Yo elaboro cien pares de zapatos a la semana. El producto que saco lo comercializo en casi todas las tiendas de aquí en la ciudad”, expresa con aire de orgullo este zapatero, quien se instruyó en el oficio cuando era soldado hace más de una década.
En la actualidad guía a cuatro personas, a quienes adiestra en el manejo preciso de la cuchilla para un corte perfecto del cuero que servira de calzado.
Amílcar es también de los favorecidos por los créditos otorgados en forma grupal por Fosofamilia, con montos que van desde los ¢400 hasta ¢63,000, de acuerdo con el tipo de préstamo requerido.
Él está sujeto a pagar a la institución tres colones con veinticinco centavos mensuales de interés por cada cien prestados. La forma de pago que este trabajador del calzado posee es semanal y está sujeto a cuotas fijas que incluyen capital, interés y ahorro, con un plazo máximo del crédito otorgado que no pasa de un año.
Las garantías por este tipo de crédito son hipotecarias (bienes inmuebles) e implican el correspondiente registro en el Centro Nacional de Registros. Por tanto se requiere que el cliente o solicitante sea propietario del terreno en el que se ubica el “hábitat productivo” que se quiere formar o incrementar. Fosofamilia busca el desarrollo de microempresas que pertenezcan a grupos familiares de bajos ingresos, así como el crecimiento de los comerciantes en pequeño que por sus características socioeconómicas, tamaño y tipo de negocio no tienen acceso a ofertas crediticias dirigidas a la atención del sector.

 

Esta entidad viene a ser una alternativa viable para aquellas personas interesadas en formar un nuevo negocio o hacer crecer el que poseen, todo para contribuir a una mejor calidad de vida de su respectivo grupo familiar.

¿Qué necesita?

* Para disponer de un crédito individual o grupal deberán estar respaldados por garantías de fiadores, prendas e hipotecas.

* Los montos a prestar están en el rango de ¢400 a ¢ 63,000. Este último monto está disponible para los que ya son clientes.

* Todo solicitante deberá ser mayor de edad (18 años) y salvadoreño por nacimiento.

* Iniciar o realizar una actividad productiva; formar parte activa de un grupo y disponer de moral de pago.

* En la actualidad, Fosofamilia ha otorgado un aproximado de diez mil créditos a los microempresarios y posee oficinas en Santa Ana, San Miguel y San Salvador.

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